Domingo, 27 de febrero de 2011

Empezamos hoy con una pregunta: ?Qu? nos dice Pablo sobre el Esp?ritu Santo? ?qui?n era el Esp?ritu Santo para San Pablo?...
Porque en los Hechos de los Ap?stoles, y despu?s en sus cartas, Pablo trata al Esp?ritu Santo de una manera tal que lo cita continuamente, le atribuye toda la vida de la Iglesia, lo ve mover la existencia entera del cristiano.

Pablo sabe que al Esp?ritu Santo le debe su misi?n, desde que en la asamblea de Antioqu?a se escuch? aquella voz:
?Sep?renme a Saulo y Bernab? para la obra a que los tengo llamados? (Hch 13,1)
A partir de este momento, el Esp?ritu lo gu?a o le detiene los pasos, de modo que Pablo no es m?s que el instrumento d?cil que cumple siempre un encargo superior.

En la vida y en las cartas de Pablo, el Esp?ritu Santo est? siempre activo, siempre se mueve, nunca est? sentado en su trono de gloria para recibir adoraciones aunque sea Dios.
El Esp?ritu Santo que conoce Pablo no tiene m?s preocupaci?n que la Iglesia y cada uno de los hijos e hijas de la Iglesia.
Mientras la Iglesia peregrine en la tierra y haya un cristiano en el mundo, el Esp?ritu Santo no se tomar? el descanso divino que le corresponde en la gloria.

Al hablar as?, no lo hacemos con irreverencia a una de las Tres Divina Personas, sino con un cari?o grande al Esp?ritu Santo, el dulce Hu?sped de las almas.

Pablo ve al Esp?ritu Santo llenando y animando totalmente a la Iglesia.
La Iglesia es el Cuerpo M?stico de Cristo, el organismo de Cristo, y el Esp?ritu Santo es el alma que le da vida.
Es lo que Pablo expresa con estas palabras:
?Un solo cuerpo y un solo Esp?ritu? (Ef 4,4)

El cristiano, cuando se bautiz?, se convirti? en hijo de Dios, en un miembro del Cuerpo de Cristo, y qued? a su vez lleno del Esp?ritu Santo.
As?, el Esp?ritu de Jes?s, el Esp?ritu Santo, ha venido a ser el alma de todos los miembros de Cristo, de todo el Cuerpo de Cristo, de toda la Iglesia.

?Y qu? quiere Pablo entonces de cada cristiano y de la Iglesia entera?
Pablo ve a la Iglesia, y a cada cristiano en particular, como un templo del Esp?ritu Santo, conforme a las palabras tantas veces repetidas:
??No saben que son templo de Dios y que el Esp?ritu Santo habita en ustedes??.

El cristiano no puede destruir en si mismo con la impureza ese templo que es ?l mismo, ni tampoco destruir con divisiones el templo que es la Iglesia:
??No saben que su cuerpo es templo del Esp?ritu Santo??. ?Y si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruir? a ?l; porque el templo de Dios es sagrado, ese templo que son ustedes? (1Co 6,19; 3,16-17)

Por eso Pablo dice algo duramente:
?El que no tiene el Esp?ritu de Cristo, ha dejado de ser un miembro suyo? (Ro 8,9)
?Y qui?n es el que no tiene el Esp?ritu de Cristo?...
Seg?n San Pablo, es aquel que se deja arrastrar de nuevo por aquellas malas tendencias de antes, ya que ?los que son de Cristo las tienen clavadas con Cristo en su cruz? (Gal 5,24)

Pablo ve a la Iglesia como la gran testigo de Cristo, del que da testimonio, como dice a los de Corinto (2Co 3,3) con expresi?n muy bella:
?Ustedes son la carta de Cristo, escrita no con tinta, sino con el Esp?ritu del Dios vivo?.
A los que son esta carta, les dicta Pablo tres preciosos textos, que lo resumen todo.

Primero. El Esp?ritu Santo es don de Dios y prenda de su divina gracia, de su protecci?n, de la vida eterna.
Y as? les dice: ?Dios nos marc? con su sello y nos dio en arras el Esp?ritu Santo en nuestros corazones? (2Co 1,22)

Segundo. El amor cristiano es obra del Esp?ritu Santo.
Es el Esp?ritu quien aviva el fuego, desde el momento que se meti? dentro de cada uno de los bautizados, conforme a la palabra de Pablo tantas veces repetida:
?El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones, por el Esp?ritu Santo que se nos ha dado? (Ro 5,5)

Tercero. Con el Esp?ritu Santo en los corazones, se gozan anticipadas las alegr?as que se esperan para el Cielo, tan diferentes de la felicidad vana que puede ofrecer la tierra.
Lo dice Pablo con palabras fuertes:
?No se emborrachen con vino, causa de libertinaje, sino embri?guense de Esp?ritu Santo, que les har? estallar en salmos, himnos y c?nticos inspirados, para cantar en su coraz?n al Se?or? (Ef 5,18-19)

Cuando se conoce al Esp?ritu Santo por lo que nos dice Pablo, se aprecia de verdad eso que se ha dicho del Divino Esp?ritu: que ilumina, que enciente, que empuja.
?C?mo hace ver los misterios de Dios!
?C?mo abrasa el coraz?n!
?C?mo impulsa a hacer algo por el Se?or!...

El Esp?ritu Santo, que nunca est? quieto en la Iglesia, no deja tampoco en paz ociosa al cristiano, que, al dejarse guiar por el Esp?ritu, tiene siempre en sus labios la consabida plegaria: ?Ven, Esp?ritu Santo!...

Entre los himnos de la Liturgia de la Iglesia al Esp?ritu Santo hay uno precioso por dem?s.
Cada uno de los versos puede probarse sin esfuerzo alguno con un texto de San Pablo, como si Pablo fuera dictando cada uno de esos versos con palabras propias suyas.
Dice as? ese himno tan bello:

?Ven, Esp?ritu divino, manda tu luz desde el cielo. Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espl?ndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo.

?Ven, dulce hu?sped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las l?grimas y reconforta en los duelos.

?Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriqu?cenos. Mira el vac?o del hombre, si t? le faltas por dentro; mira el poder del pecado, cuando no env?as tu aliento.

?Riega la tierra en sequ?a, sana el coraz?n enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma el esp?ritu ind?mito, gu?a al que tuerce el sendero.

?Reparte tus siete dones, seg?n la fe de tus siervos; por tu bondad y tu gracia, dale al esfuerzo su m?rito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno?.

Este himno en lat?n es muy viejo, y muy moderna su traducci?n a nuestra lengua. Pero, en lat?n o espa?ol, estemos seguros que merece esta firma: Pablo, ap?stol de Jesucristo.


Publicado por mario.web @ 16:47
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios