Domingo, 27 de febrero de 2011

El espejo es implacable con nuestra belleza y nuestras imperfecciones. A todos podemos enga?ar, menos al espejo... y a Dios.

Podemos disimular, podemos recubrir las cicatrices, podemos usar los mejores ung?entos, las mejores pinturas, podemos poner aspecto juvenil con ropa nueva, con un nuevo peinado, con unos buenos lentes, podemos sonre?r a diestra y siniestra, pero a la hora de la verdad, al enfrentarnos al espejo, todo eso pasa y nos encontramos la figura y la imagen de nosotros mismos ante quien no podemos definitivamente fingir ni disimular. Y el espejo es implacable con el paso del tiempo. Alg?n d?a llega en que nos volvemos irreconocibles a nosotros mismos, pues hicieron presencia las arrugas y las canas, y llegamos a preguntarnos: ?Este soy yo? ?Tanto tiempo ha pasado? ?Verdaderamente ?ste soy yo?

Pero adem?s de reflejarnos a nosotros mismos el espejo nos revela la semejanza y el parecido con nuestros progenitores. Somos figura de nuestros padres. De esa misma manera, el espejo nos tendr?a que decir que cada d?a nos parecemos m?s a Dios si en verdad somos imagen y semejanza suya. Cada d?a tendr?amos que parecernos m?s a Dios si en verdad somos hijos suyos.

Tendremos que reflejar en nuestro rostro y en nuestra vida la creatividad, el ingenio, la alegr?a, el amor para mejorar este mundo maravilloso y encantador en el que nos ha tocado vivir, y emplear toda nuestra capacidad para mejorar este mundo que sali? bello y arm?nico de las manos de Dios. Somos hechura del Padre que se complaci? en nosotros e hizo este mundo bello como el teatro en que tenemos que ir realizando nuestro papel cocreador con nuestro Dios, engendrando un mundo en que la armon?a entre las cosas y los seres humanos sea la nota distintiva, empleando toda nuestra capacidad para desterrar la basura, el desorden, el destrozo de la naturaleza, y realzar la armon?a entre los mismos seres humanos, que tenemos entre otras muchas cosas bellas que Dios nos ha dado, la capacidad de engendrar nuevos seres para este mundo. No le tengamos miedo a la vida. Es el distintivo de nuestro Creador y tiene que ser tambi?n el distintivo de los humanos. Cuando viene la primavera los tallos de las plantas que hab?an estado inactivos, como muertos, cobran nueva vida y aparecen los botones y enseguida las flores vario-pintas y fragantes. As? tiene que ser la primavera de nuestra vida que se prolonga de d?a en d?a.

Pero tambi?n tenemos que parecernos cada d?a un poquito m?s a Cristo el Se?or, a Jes?s, al Salvador, al Hijo de Dios, que tiene su delicia estar con los hombres, hermanarlos, hacerlos una sola familia, acercarlos los unos a los otros, de manera que las barreras que nos dividen, el color, la raza, el dinero, las comodidades, los bienes materiales nos lleguen a parecer rid?culos y tendamos puentes para que la miseria, los vicios, los cr?menes, las violaciones, la maldad, la divisi?n y la muerte se nos conviertan en cosa del pasado. Parece dif?cil, ?pero no nos dijo Jes?s: ?Yo estar? todos los d?as con ustedes hasta el fin del mundo?? ?A qu? tenerle miedo? A?n un vaso de agua dado en el nombre de Jes?s no quedar? sin recompensa, ?qu? pasar? si empe?amos toda nuestra vida en lograr la unidad y la paz entre todos los hombres?

Pero ya que hemos seguido esta l?nea, algo que siempre denotar? nuestro espejo invisible, ser? el amor con que Dios nos ha adornado, y que tendr? que ser perfectamente reconocible cuando nos presentemos al tribunal de Dios. Y no tendr? que ser cualquier amor, hecho seg?n las dimensiones del coraz?n humano, sino el Amor mismo de Dios manifestado en la persona de Cristo Hijo de Dios que se entreg? por nosotros y tambi?n por el Esp?ritu Santo de Dios al que llamamos el Esp?ritu de Amor, y que se refleja en cada uno de los que nos rodean, sobre todo en los m?s peque?os: ?Todo lo que hiciste con el m?s peque?o de mis hermanos a m? me lo hiciste?, nos dice Jes?s. Ver a Jes?s en los peque?os, en los pobres, en los necesitados hasta verlos como mis propios hermanos, ser? fruto de la presencia del Esp?ritu Santo en nosotros, y as? seremos m?s parecidos al Dios que nos ha dado la vida.

Por cierto, al llegar a este punto, debo decirles que estamos celebrando la Fiesta de la Sant?sima Trinidad, ante la que no caben sino dos actitudes: en primer lugar, la contemplaci?n, la acci?n de gracias, la alabanza, la alegr?a por Dios que se nos ha manifestado en su intimidad porque nos quiere y nos ama, y segundo, una vida nueva, de entrega, de generosidad, de amor a todos los que nos rodean y a todo lo que nos rodea, pretendiendo vivir inmersos en ese Amor de Dios manifestado en su Hijo y en el Esp?ritu Santo, hasta ser como los pececillos en el agua.

Felicidades, Oh Trinidad Santa, Oh Trinidad inmaculada, Felicidades Oh Dios Creador, Felicidades Oh Esp?ritu de Amor, Felicidades Oh Jes?s, Hijo de Dios que nos has metido a la inmensidad del Amor de nuestro Dios, hasta lanzarnos la invitaci?n a vivir en ese seno de amor y de esperanza.

Felicidades a todos mis amigos, porque en cada uno de ustedes veo el rostro de mi Se?or, de mi Creador, del Dios que nos ama a todos con locura.


Publicado por mario.web @ 17:22
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