Domingo, 27 de febrero de 2011

En solo unas cuantas palabras ha encerrado San Pablo una verdadera arenga, ?bamos a decir que llena de entusiasmo, pero, digamos mejor, llena de una sabidur?a grande y de alcances muy largos.

Le escribe a su querido disc?pulo Timoteo:
-?Hagan oraci?n en las Iglesias!
?Rueguen por las autoridades, para que tengamos paz!
?Pidan a Dios, el cual quiere que todos los hombres se salven!
?Y conf?en, conf?en, porque tenemos ante Dios un valedor poderoso!
?Saben qui?n es? ?Jesucristo! El ?nico Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jes?s. Un Hombre como nosotros, que se entreg? a S? mismo en la Cruz como rescate por todos (1Tm 2,1-6)

La clave de esta ardiente exhortaci?n se encuentra en una sola palabra: ?Mediador?.
Jesucristo es el puente que une a los hombres con Dios. Un puente por el que Dios baja a los hombres y por el que los hombres suben a Dios. Puente firm?simo, que desafiar? los siglos, por inundaciones que se echen sobre el mundo. En una orilla est? Dios, en la otra, la Humanidad.

?Y por qu? Jesucristo es el ?nico Mediador, capaz de unir a los hombres con Dios?
Por esto precisamente: porque Jesucristo es Dios, y se mantiene firm?simo en una de las orillas; y porque es tambi?n Hombre, y se mantiene firm?simo igualmente en la orilla opuesta. Por Jesucristo Dios, Dios llega a los hombres; y por Jesucristo Hombre, los hombres llegamos a Dios.

Parece que estamos jugando con las palabras, pero este es el sentido grandioso de esta afirmaci?n de Pablo:
?Hay un solo Dios, y tambi?n un solo Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jes?s, hombre tambi?n?.

Tal como lo vemos en todo el Antiguo Testamento, los jud?os ve?an en Mois?s al gran mediador entre Dios y el pueblo. Y lo fue ciertamente.

Impresiona a este respecto el cap?tulo 19 del ?xodo, donde vemos intercambiarse a Dios y el pueblo mediante el caudillo Mois?s, con este di?logo:
Dice Dios: -Mois?s, habla as? a la casa de Jacob y anuncia esto a los hijos de Israel.
Habla Mois?s: -Pueblo de Israel, estas son las palabras que Yahv? te ha mandado.
Contesta el pueblo: -Dile a Yahv? que haremos todo lo que nos ha ordenado.

Pero Mois?s fue mediador ?nicamente en s?mbolo, en figura, como una representaci?n del Mediador que hab?a de venir, Cristo Jes?s. Llegado el momento culminante de la Historia, Jes?s realiz? con su Misterio Pascual, su muerte y su resurrecci?n, todo lo que la Antigua Ley significaba.
Jesucristo, Dios y Hombre a la vez, era inmensamente superior a Mois?s.
Como Hijo de Dios, era Dios igual que Dios su Padre. Como hombre, nos representaba plenamente a los hombres sus hermanos.

Al ofrecerse a S? mismo como sacrificio en la cruz, agradaba y glorificaba a Dios de una manera plena, total, porque Jes?s era Dios.
Y por eso Dios otorgaba a los hombres el perd?n absoluto, con una amnist?a completa, anulando la condenaci?n que pesaba sobre la Humanidad por todas sus culpas.

Mirando a Jes?s, el que se ofrec?a en sacrificio derramando su sangre, pasma la magnanimidad, la generosidad, el amor inmenso con que iba a la cruz este Hombre sin igual.
Pablo lo pondera con estas palabras:
-Comprendemos que haya alguien que se ofrezca a morir por un amigo, por un bienhechor, por un inocente, por una persona buena.
Pero, ?qui?n es el que se ofrece a morir por un criminal?
Sin embargo, esto es precisamente lo que hizo Jes?s, inocente del todo.
Carg? con nuestros pecados, y muri? para que nosotros, los criminales y pecadores, nos salv?ramos todos ante Dios (Ro 5,8)

San Pablo, al considerar esto, saca muchas consecuencias de lo que por nosotros hizo Cristo el Se?or.
Es comprensible el gozo que nos llena a los hijos de la Nueva Alianza, a los cristianos.
Sabemos que est?bamos irremisiblemente perdidos, pero Cristo nuestro Mediador respondi? por nosotros, ?y qu? ocurri??

Cuando nos hall?bamos sin fuerzas para salvarnos, y ?ramos pecadores, inmundos delante de Dios, vino Cristo y muri? por nosotros, los imp?os...

Ahora, ?estamos santificados por la sangre de Jes?s, y la ira de Dios ya no nos puede alcanzar!...

Somos santos, y, por lo mismo, hijos de Dios, el ?nico Santo, que nos ha admitido a un trato ?ntimo con ?l al darnos un esp?ritu filial, no el de esclavos como antes, que nos hac?a temblar ante el Dios justiciero.

Pablo acaba este p?rrafo precioso con una confesi?n llena de orgullo santo:
??Ahora nos gloriamos en Dios, por nuestro Se?or Jesucristo, por quien hemos obtenido la reconciliaci?n? (Ro 5,6-11)

Juan en el Apocalipsis exclamar? de la misma manera:
?Al que nos ama y con su sangre nos ha lavado de nuestros pecados, y ha hecho de nosotros un Reino de sacerdotes para Dios y Padre suyo, a ?l la gloria y el poder los siglos de los siglos? (Ap 1,5-6)

Es un gozo contemplar a Jes?s, en quien las figuras del Antiguo Testamento se hacen realidad.
Pasan las sombras, y la luz aparece en todo su esplendor.
Mois?s, el mediador de entonces, simple hombre mortal, deja paso al Mediador verdadero y eterno.
Jesucristo, el cordero pascual, es sustituido por Jesucristo, el ?Cordero de Dios que quita el pecado del mundo?, y que renueva continuamente en su Iglesia por la Eucarist?a el mismo sacrificio del Calvario.
La Redenci?n, ya no es la liberaci?n de Egipto: s?lo un pueblo, Israel, que queda libre, sino la de todos los pueblos, libres de la esclavitud del pecado y de una condenaci?n eterna.
Los bautizados, ya no son esclavos de una Ley opresora, sino hombres y mujeres libres, hijos e hijas de Dios, sin otra ley que la del Esp?ritu Santo que llevan en sus corazones.

Hoy repetimos mucho la palabra de Pablo: ?Hay un solo Dios, y un solo Mediador, Jesucristo el Hombre Dios?.

?Qu? feliz la sociedad que vive esta verdad grandiosa!
Vamos a caminar hacia Dios, agarrados de un Hombre hermano nuestro, Jesucristo, que sabe muy bien la senda y que no nos suelta de su mano?


Publicado por mario.web @ 17:24
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