Domingo, 27 de febrero de 2011

??Aguanta y lucha conmigo, como buen soldado de Cristo Jes?s!? (2Tm 2,3). ??Combate en noble batalla? (1Tm 1,18). Es un placer escuchar palabras como ?stas en labios de Pablo.

Cuando vemos que se est?n perdiendo los valores del esp?ritu por la molicie y flojedad que reinan en nuestra sociedad del bienestar, est? bien que la palabra y el ejemplo de Pablo estimulen a la lucha, al hero?smo, a ser valientes en pro de la causa del Reino.

?Y qu? expresi?n tan bella que emplea el Ap?stol: Buen soldado!...
Palabra que hoy le cae tan bien a la mujer como al hombre, cuando vemos a la mujer lucir con tanto garbo como gracia el uniforme de polic?as por nuestras calles?

Dej?ndonos de romanticismos militares, San Pablo nos dice sin m?s que la vida cristiana es de lucha, y lo declara abiertamente cuando asegura que estamos en guerra con enemigos peligrosos y fuertes, aunque no tenemos miedo, pues reconocemos nuestra superioridad sobre ellos, sometidos como est?n por Jesucristo.

Esta lucha cristiana merece una observaci?n previa.
?No ha sido el demonio derrotado por la cruz?
?No ha sido el pecado vencido por la gracia?
?No ha quedado el bautizado convertido en una nueva criatura?
?De d?nde viene entonces ahora el luchar para mantenerse fieles a Dios, pues podemos fallar incluso en nuestra salvaci?n?...

Esto es un misterio, ciertamente. Pero miramos lo que Pablo dice a los de Corinto:
?Dios es fiel, y no permitir? que sean tentados sobre sus fuerzas. Antes bien, con la tentaci?n les dar? el modo de poderla resistir con ?xito? (1Co 10,13)

?Y contra qui?n es la lucha? Pablo no lo duda un instante, y lo dice claramente cuando justifica su proceder:
?Lo hice as? por ustedes en presencia de Cristo, para no ser enga?ados por Satan?s, pues no ignoramos sus prop?sitos? (2Co 2,10-11)

Como los demonios, seg?n la creencia popular, andaban sueltos por los aires, San Pablo especifica m?s claro su pensamiento:
?Nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mudo tenebroso, contra los esp?ritus del mal que est?n por los aires? (Ef 6,12)

Es decir, la lucha del cristiano es contra el diablo, que no es algo o alguien que nos hayamos inventado nosotros para dar miedo a los ni?os, sino un ser perverso y pervertidor, que sabe aliarse con todo lo que nos pueda apartar de Dios.

Por eso nos previene San Pablo: ?Rev?stanse de las armas de Dios para poder resistir a las asechanzas del diablo? (Ef 6,11)

Partimos, pues, del presupuesto de que la vida cristiana es lucha, combate, guerra declarada. Y Pablo, siguiendo la l?nea del mismo Jes?s, se presenta como verdadero estratega y como un jefe experimentado para ayudarnos a vencer.

Hacemos bien en poner a Jes?s ante nuestros ojos como el primer tentado. La carta a los Hebreos nos dice sin m?s:
?Jes?s puede compadecerse de nuestras flaquezas, ya que ha sido probado en todo como nosotros, menos en el pecado? (Hb 4,15)

Jes?s no pod?a sucumbir a la tentaci?n, pues ?l mismo dice: ?el Pr?ncipe de este mundo no tiene en m? ning?n poder? (Jn 14,30), y harto lo sab?a Satan?s desde aquellas tres tentaciones famosas del desierto.

Pero podemos sucumbir los suyos, y Jes?s se nos presenta como el primer vencedor en las pruebas que sufri?, de manera que ?es capaz de ayudar a los que est?n pasando las mismas que ?l? (Hb 2,18)

Ser?a interesante mirar ahora las grandes tentaciones a las que est? expuesto el cristiano de nuestros d?as y que ponen a prueba la fidelidad de su fe.

Por ejemplo, la secularizaci?n que se est? apoderando de grandes sectores de la sociedad, en la que Dios cuenta cada vez menos.

Dios no interesa.

La Verdad se convierte en relativismo, es decir, no depende de lo que ha dicho Dios, sino de lo que me parece a m?.
El fin ?ltimo est? muy lejano, y lo interesante es lo que tengo en las manos para disfrutarlo a gusto antes de que se pierda. Y como el decir ?soy ateo? da un poco de miedo, se sustituye por una forma m?s elegante: ?soy agn?stico?, que es lo mismo que crearse un dios a la propia medida?

?Qu? dice entonces la oraci?n? Nada.
?Qu? los Sacramentos, el culto a Dios? Nada.
?Qu? pinta Dios en la vida? Nada?

La consecuencia de este alejamiento de Dios se complica con una conducta cuya descripci?n -hecha por Pablo en ese cap?tulo primero de los Romanos-, hace estremecer.

?En qu? situaci?n se ve entonces el cristiano, para no contaminarse por el mundo ni ser vencido por Satan?s?.. No queda otro remedio para los hijos de la Iglesia que prepararse para la lucha, a la que les invita Pablo:
?Tomen en la mano las armas de Dios, para que puedan resistir, y mantenerse firmes despu?s de haber vencido todo? (Ef 6,13)
Con esto, Pablo no hace sino repetir el consejo de su compa?ero Pedro:
?Vigilen. Porque su enemigo el diablo ronda, como le?n rugiente, buscando a quien devorar. Res?stanle firmes en la fe? (1P 5,8-9)

Y con estas palabras, tanto Pedro como Pablo ponen en las manos del cristiano el arma primera y m?s eficaz: la fe:
?Revistamos la coraza de la fe?, ?embrazando siempre el escudo de la fe? (1Ts 5; Ef 6)
Hoy esta fe se manifiesta en la fidelidad inquebrantable a la Iglesia

San Pablo es un jefe que arenga con gran optimismo y seguridad en el triunfo:
?Las armas de nuestro combate no son carnales. ?No! Nuestras armas, para la causa de Dios, son capaces de arrasar fortalezas? (2Co 10,4)
Y sigue hablando imp?vido:
?En todo esto salimos f?cilmente vencedores gracias a aquel que nos am? (Ro 8,37)

Hoy se nos repite muchas veces que el Evangelio no es para gente apocada, sino para valientes.
Pablo nos lo recuerda con aire militar.
A cada uno, a cada una, le va repitiendo como a su querido Timoteo:
?Venga, valiente! ?Buen soldado? de Cristo Jes?s!...


Publicado por mario.web @ 17:24
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