Domingo, 27 de febrero de 2011


Tenemos en la mano la ?ltima carta de Pablo, un grito de angustia y un testamento espiritual a su hijo m?s querido: Timoteo, a quien hab?a dejado en ?feso.

Est? por acabar el a?o 66, pues leemos en las ?ltimas l?neas:
-Timoteo, ?ven!... Junto con los libros de las Escrituras, especialmente los pergaminos, tr?eme el abrigo que dej? en Tr?ade, y date prisa en llegar antes de que se eche encima el invierno (4,13 y 21)

?Qu? ha ocurrido entre las cartas anteriores a Timoteo y Tito y esta ?ltima?... Pablo pod?a estar por Oriente, quiz? en Tr?ade, cuando le detuvo sin m?s la polic?a romana:
-??ste es el jefe cristiano que estamos buscando!...
Ya no dicen ?jud?o?, sino ?cristiano?, porque los pretorianos saben distinguir bien desde la persecuci?n desatada por Ner?n.

Si Pablo cay? en manos de la polic?a por el Oriente, fue llevado prisionero de nuevo a Roma despu?s de una breve prisi?n en ?feso, capital de la provincia de Asia..
Pero tambi?n pudo viajar a Roma por su cuenta a finales del a?o 66, y trabajar de nuevo en la Urbe, con mucha prudencia aunque se viera libre.

Quiz? a este tiempo se refiere el recuerdo de su casa en la orilla izquierda del T?ber, por la Ar?nula, junto a la R?gola.
Es muy incierto cuanto se refiere a este ?ltimo a?o.
Pero, preso en Oriente y tra?do a Roma, o detenido en la misma Urbe, Pablo fue internado en la c?rcel del Tulliano, llamada despu?s popularmente la Mamertina.

Durante la primera prisi?n, Pablo estaba en custodia libre, en casa propia alquilada, con un soldado que lo guardaba, pero con libertad de movimientos.
Ahora, no. Ahora se hallaba atado con cadenas a una columna, sin poderse mover casi, condenado a una inacci?n completa.
No tiene consigo m?s que a Lucas, el querido y fiel Lucas, que le visita todo lo que puede. Pablo le va dictando a ratos esta carta, que para nosotros es un tesoro inapreciable, cargada de hondos sentimientos, y con ense?anzas inolvidables..

La carta comienza con desahogos muy naturales.
-?Timoteo, mi hijo querido! Tengo deseos de verte, para que me llenes de alegr?a.
Ahora me tienes aqu?, soportando estos sufrimientos, pero no me averg?enzo, porque estoy seguro de que Jesucristo guarda ?ntegra mi fe hasta aquel ?ltimo d?a de su manifestaci?n gloriosa (1,12)
Haz t? lo mismo. ?Conserva la fe mediante el Esp?ritu Santo que habita en nosotros!

Ones?foro ha sido igual que t?. Me reconfort? muchas veces y no se avergonz? de mis cadenas. Adem?s de los servicios que me prest? en ?feso y que t? sabes, apenas lleg? a Roma me busc? hasta dar conmigo. ?Dios lo bendiga! (1,13-18)

Ante esta amistad cari?osa y la fe tan bien conservada de Timoteo, Pablo sabe lo que es el desamor, la traici?n de amigos y hasta la apostas?a de la fe. Aqu? se queja amargamente:
-Ya sabes t? que todos de Asia me han abandonado, y entre ellos Figelo y Herm?genes. Alejandro, el herrero, me ha hecho mucho mal.

Despu?s de estos desahogos primeros, aparece el Pablo de siempre, el luchador incansable, ahora agotado pero no rendido:
-Timoteo, soporta las fatigas conmigo, como buen soldado de Cristo Jes?s. Porque yo he peleado el buen combate. He sido el soldado de Cristo que deb?a ser. ?l es mi jefe, y s?lo a ?l quiero agradarle; por eso, no me enredo en negocios de este mundo. Jesucristo, su Evangelio?, y lo dem?s no da conmigo. (2,3-4; 4,7)

Pasa despu?s a otra comparaci?n muy suya:
-Lo mismo que el atleta ─que no recibe la corona si no se ha portado seg?n el reglamento─, yo he cubierto siempre fielmente la carrera hacia la meta. Y ahora no me queda sino la corona que me entregar? el Se?or como justo Juez (2,5 y 4,7-8)

Otra comparaci?n tambi?n muy querida:
-El labrador que trabaja es el primero que tiene derecho a percibir los frutos. Si cada uno recibir? su salario seg?n su trabajo, yo lo espero, porque somos colaboradores de Dios en ese su campo que son los creyentes. He arado y he trillado con esperanza de recibir mi parte, que me toca ya ahora (2,6; 1Co 3,8-9 y 9,10)
?Verdad, Timoteo, que me entiendes?... (2,7)

Y vienen despu?s esas palabras de Pablo que tantas veces se nos repiten:
-Acu?rdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos; por ?l estoy yo sufriendo hasta llevar cadenas como un malhechor. Pero la palabra de Dios no est? encadenada (2,8-9)
?Qu? riqueza la de este consejo y la de esta afirmaci?n!
Con Jesucristo el resucitado siempre en la mente, ?qu? poco se tiembla en la vida!...

A continuaci?n, un recuerdo familiar de Pablo para Timoteo, con otra exhortaci?n que se nos repite sin cesar y que tenemos siempre en los labios:
-T?, hijo m?o, persevera en la fe, teniendo presentes a las que te lo ense?aron, tu abuela Loide y tu madre Eunice, pues desde ni?o conoces las sagradas Escrituras, las cuales te dan la sabidur?a que te lleva a la salvaci?n mediante la fe en Cristo Jes?s (3,14-15)

Es imponderable este elogio de la abuelita, de la madre y de Timoteo, el hijo y nieto.
Timoteo fue Timoteo porque la abuela Loide y la madre Eunice formaron a su nieto e hijo en la piedad m?s honda con el amor a las Sagradas Escrituras.

Pablo aprovecha eso de las Escrituras para escribir a continuaci?n otras palabras inolvidables:
-Toda Escritura, inspirada por Dios, es ?til para ense?ar, para arg?ir, para corregir y para educar en la justicia o santidad; as? el hombre de Dios se encuentra perfecto y preparado para toda obra buena (4,16-17)
Entre el ejemplo de Loide y Eunice, el disc?pulo aprovechado Timoteo, y el maestro incomparable Pablo, se nos mete bien adentro el amor a la sagrada Biblia, tesoro singular del cristiano?

Pablo, detenido en la c?rcel y enfrentado a la muerte, no se abate, y canta resignado y triunfante a la vez:
-Estoy a punto de ser inmolado en sacrificio, y el momento de mi partida es inminente. He peleado el buen combate, he llegado a la meta en la carrera, he conservado la fe. (4,6-7)
Sentimos envidia del valiente y estamos orgullosos de nuestro h?roe.

Esto es Pablo. El testamento que escribi? a Timoteo nos lo leg? a todos nosotros.
Vale la pena ser cristiano. Vale la pena luchar por Jesucristo.
La vida entonces tiene sentido, ya que est? toda entera al servicio de un ideal.
E ideal m?s alto que Jesucristo no existe, porque no puede existir?


Publicado por mario.web @ 17:32
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