Domingo, 27 de febrero de 2011

Bajo el altar de la imponente Bas?lica de San Pablo Extramuros en Roma se halla un sarc?fago que encierra los restos del Ap?stol. Un pu?ado de huesos, polvo, y nada m?s.

Pero, ?y su esp?ritu?...

Nadie lo ha expresado mejor que San Juan Cris?stomo, el admirador y entusiasta perdido de Pablo:
?Quisiera ver las cenizas de su coraz?n, del cual podr?a afirmarse que es el coraz?n del mundo. El coraz?n de Pablo es el coraz?n de Cristo y la tabla en que el Esp?ritu Santo escribi? el libro de la gracia; el coraz?n que logr? amar a Cristo como no le am? ning?n otro?.

?El coraz?n del mundo?, esta es la verdad.
Convencido de que ?ya no hay ni jud?o ni griego, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer, sino que todos son uno en Cristo Jes?s?, y sinti?ndose ?deudor de civilizados y de b?rbaros, de sabios e ignorantes?, Pablo no conoci? fronteras en su vida legendaria.

Viv?a obsesionado por una sola idea: ?Todo el mundo ha de ser conocedor y esclavo del Evangelio de Cristo!
Y como lo sent?a, as? se empe?? en conseguirlo, hasta poder decir con satisfacci?n no contenida:
- Desde el Oriente conocido hasta el extremo Occidente al que pronto llegar?, ?en virtud del Esp?ritu de Dios, todo lo he llenado del Evangelio de Cristo?.

?C?mo pudo realizar esto? S?lo haciendo que su propio coraz?n fuera el mismo coraz?n de Cristo.
Lo cual no es s?lo una frase atinada y bella del Cris?stomo, sino la expresi?n de lo que el mismo Pablo hab?a dicho de si:
-?Mi vivir es Cristo?. Porque no tengo otro pensar, otro querer, otro respirar sino Cristo, el cual ha suplantado mi persona entera, ?de modo que ya no soy yo quien vive, sino que Cristo es quien vive en m?.

Sinti?ndose portador de la salvaci?n, y con un amor de Cristo que le urg?a, que le empujaba, que no le dejaba quieto ni un momento, lleg? a hacer de su vida la vida m?s incre?ble que admira la Iglesia entre todos sus hijos, y una de las m?s inexplicables tambi?n que ha contemplado el mundo.

Si todos admiramos a Pablo, Pablo es el ?nico que no se admira a s? mismo.
??Yo???, sigue pregunt?ndose Pablo. ?Si soy el menor de los ap?stoles; si soy indigno del nombre de ap?stol por haber perseguido a la Iglesia de Dios??

En esta su propia indignidad descubri? Pablo el porqu? Dios lo escogi? de manera tan singular:
?Consegu? misericordia a fin de que Jesucristo mostrase en m? el primero su paciencia, para ejemplo de los que han de creer en ?l y conseguir la salvaci?n?.

?Y claro est?! Como Pablo conoc?a lo que fue para ?l la Sangre redentora de Cristo, pudo clamar entonces, y sigue hoy clamando a voz en grito:
-Mundo entero, ?no te creas perdido! ?S?panlo todos bien!...: ?Que Cristo Jes?s ha venido para salvar a los pecadores, el primero de los cuales soy yo?.

Cuando Pablo daba un testimonio brillante de Cristo ante la asamblea de Cesarea, hubo de o?r de labios de aquel digno Procurador romano un reproche cordial:
-Pablo, las muchas letras te han trastornado los sesos.
A lo cual respond?a el prisionero:
-No, Excelent?simo Festo, no estoy loco, sino que proclamo cosas verdaderas y plenamente sensatas.

Harto sab?a Pablo que en su boca no hab?a mentira, desde que fue el mismo Jesucristo quien le hab?a adoctrinado con una ciencia alt?sima.
El rayo que le tumb? de la cabalgadura y el resplandor que le ceg? los ojos, no fueron sino los s?mbolos con que Jesucristo le mostr? a Pablo lo que iba a ser su vida entera:
-Atravesar?s el mundo de punta a punta como un rayo, esparciendo la luz de mi verdad a la que nadie podr? resistir.

La historia de Pablo es capaz de suscitar hoy los hombres y mujeres que nuestro mundo necesita.
Si hoy volviera Pablo, lo ver?amos volar de Jerusal?n a Nueva York, de Roma a R?o Janeiro, de Shangai a Nairobi en el coraz?n del ?frica, de Sydney a Mosc??

Y hablar?a en las iglesias, en los estadios, en las universidades, en los almacenes de los puertos, a doctores y a campesinos, a las amas de casa y a los ni?os de las escuelas?
En todas partes y para todos tendr?a su mensaje, que se resumir?a siempre en lo mismo:

-?Crean en Jesucristo! ?Entr?guense a Jesucristo! ?Sigan a Jesucristo!
Cuando todos les digan que no hay nada que hacer, porque todo est? perdido, ?no hagan caso!
Yo me levant? sobre un mundo totalmente pagano, sobre la esclavitud institucionalizada y sobre todos los vicios divinizados.
Ustedes no digan que no se pueden alzar sobre la incredulidad, la injusticia, la droga, la inmoralidad reinante?
?Jesucristo puede m?s que todo y que todos!
Jesucristo es el Salvador, y se luce salvando en las situaciones m?s desesperadas?
El mundo al que Jesucristo me mand? a m? no era mejor que el de ustedes.
Y por m? llev? Jesucristo la salvaci?n a innumerables almas en aquellos d?as primeros.

Pablo es un l?der que apasiona y cuestiona a cualquiera que lo mira:
-?Amar yo a Jesucristo? Como Pablo por lo menos?
-?Trabajar por Jesucristo? Como Pablo y un poco m?s?
Pablo es una figura se?era en la Iglesia, y de ella no se puede prescindir.

El arranque de todo est? en aquella ruidosa ca?da, obra del Se?or y de nadie m?s.
La conversi?n de Pablo ─el mayor enemigo, trocado en el ap?stol m?s grande y m?s genial─, es un hecho trascendental de la Historia, no ya de la Iglesia sino de la Historia universal.
Si la historia del mundo dio un giro de 180 grados con una Cruz en el Calvario y un Sepulcro vac?o, la historia de la Iglesia recibi? su orientaci?n y el impulso definitivo a partir de las puertas de Damasco.

?Pablo! ?Nuestro admirado y querido Pablo! Dinos, ?t?, qui?n eres?... Hemos recorrido tu vida, hemos le?do tus cartas, pero ?sabemos qui?n eres t??...
No acabamos de entenderte, y nos limitamos a decir con profundo convencimiento:
?Gracias sean dadas a Dios por haber dado a su Iglesia al ap?stol Pablo! ?Gracias por siempre!...


Publicado por mario.web @ 17:34
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios