Domingo, 27 de febrero de 2011

Tras el pecado sigue la pena. Pena porque no cortamos la tentaci?n, porque dejamos que entrase la sospecha, porque coqueteamos con el mal, porque le dimos un s? al ego?smo y un no al amor.

Pena porque otra vez le fallamos a Cristo y traicionamos la conciencia. Porque pisoteamos los mandamientos, porque dimos esc?ndalo en la familia; o porque todo qued? oculto ante los hombres, pero no ante Dios ni ante m? mismo.

Esa pena lleva a la angustia mala, a la tristeza diab?lica, si nos aparta de Dios y nos deja solos con nuestra miseria. Esa pena, en cambio, puede ayudarme a crecer en el amor, si recuerdo que, m?s all? del pecado, y m?s all? de la propia nada, existe un Amor que no se deja vencer por los fallos de sus hijos.

En esos momentos, y entre las l?grimas ante mi pecado, deber?a escuchar una invitaci?n, una llamada, un ruego que llega desde el mismo coraz?n de mi Padre Dios.

?Ven, d?jate llamar por el Maestro. ?l est? aqu? y te llama (cf. Jn 11,28). ?l quiere tomar tu vida y unirla a la suya. D?jate atraer por ?l. No mires ya tus heridas, mira las suyas. No mires lo que te separa a?n de ?l y de los dem?s; mira la distancia infinita que ha abolido tomando tu carne, subiendo a la Cruz que le prepararon los hombres y dej?ndose llevar a la muerte para mostrar su amor. En estas heridas, te toma; en estas heridas, te esconde. No rechaces su amor? (Benedicto XVI, meditaci?n ante la Eucarist?a, Lourdes, 14 de septiembre de 2008).

Esa invitaci?n ha llegado en el pasado a miles y miles de hombres y mujeres que primero fueron pecadores, pero luego fueron santos. ?Eran pecadores y lo sab?an, pero aceptaron no mirar sus heridas y mirar s?lo las heridas de su Se?or, para descubrir en ellas la gloria de la Cruz, para descubrir en ellas la victoria de la Vida sobre la muerte? (Benedicto XVI).

Esa invitaci?n llega ahora a mi vida. Cristo quiere que le mire, que me deje tomar por sus manos taladradas, que le deje abrazarme junto a su coraz?n herido.

Quiere que hoy mi dolor se una al suyo, que le pida perd?n con toda el alma. Quiere que me confiese, y que empiece a vivir en la experiencia m?s sublime, m?s profunda, m?s hermosa, que puedo realizar ya en esta vida: la de vivir por entero en el mundo de la misericordia hecha Pasi?n en una Cruz bendita...


Publicado por mario.web @ 17:37
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