Lunes, 28 de febrero de 2011

Se cuenta que el hijo de un rey de Francia, en edad joven, fue reprendido por su educador con palabras severas. El peque?o era consciente de su dignidad y protest?: ?No te atrever?as a hablarme as? si te dieras cuenta que soy el hijo de tu rey?. Pero el educador no se inmut?: ?Y t? no tendr?as el valor de protestar si te dieras cuenta de que yo soy hijo de tu Dios y de que lo llamo cada d?a ?Padre Nuestro?.

Jes?s nos revel? c?mo es el coraz?n de Dios, ?l es nuestro Padre. Jes?s recorr?a toda Galilea, ense?ando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y lo sigui? una gran muchedumbre de Galilea, Dec?polis, Jerusal?n y Judea, y del otro lado del Jord?n (Mt 4,23-25).

Jes?s es hijo de un tiempo y de un pueblo y as? hereda toda la rica tradici?n de la fe de Israel quien considera a Dios, sobre todo, como el Se?or, el Todopoderoso. Jes?s nos presenta una imagen de Dios mucho m?s cercano, es, sobre todo, Padre y as? lo invoca.

Dios es un padre bueno y amoroso para con todos los seres humanos, especialmente para con los ingratos y malos, los desorientados, los abatidos y deprimidos. ?l hace salir el sol para todos, el que sabe amar y perdonar, el que corre detr?s de la oveja descarriada, espera ansioso la vuelta del hijo que se fue de casa y encuentra gran alegr?a al encontrar lo que se hab?a perdido. Dios se alegra m?s con la conversi?n de un pecador que con noventa y nueve justos que no tienen necesidad de convertirse.
El Dios de Jes?s es el Dios que ama y perdona. Que es paciente y quiere la salvaci?n de todos; es el que le interesa la vida de cada uno; el que no oprime, sino que libera; que no condena, sino que salva; que no castiga, sino que perdona; el que ama la vida. Es el Dios de vivos, de la esperanza y del futuro.

?C?mo es el coraz?n de Dios? Jes?s lo describe en la par?bola del Hijo Pr?digo. Un hombre ten?a dos hijos. El menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte que me toca de la fortuna... ?porque este hijo m?o estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado?. Y comenzaron la fiesta... (Lc 15,11-32).

El protagonista de esta par?bola no es el hijo, es el coraz?n del Padre, con un amor incondicional, incluso, parece demasiado bueno, que respeta la decisi?n alocada del hijo, que huye en busca de placeres sin saber qu? rumbo tomar. Calla y les deja hacer. ?Y el Padre les reparti? la hacienda? (Lc 15,12). Podemos olvidarnos de Dios, pero ?l jam?s se olvida de nosotros. Dios nunca nos abandona, por mucho que corramos. ?l va siguiendo nuestros pasos. Un hijo puede olvidarse de su madre, pero la madre no se olvidar? nunca de su hijo; pues aunque ?sta se olvidar?, Dios no se olvidar? (Is 49,15-16). El padre sufr?a y amaba en silencio.

El padre no abandon? a su hijo, aunque se qued? en casa, su coraz?n segu?a palpitando con ?l, pues el amor no se puede encerrar en unas paredes y no sabe de distancias. El padre ve al hijo desde lejos y siempre est? dispuesto al encuentro. El padre esperaba con amor la vuelta del hijo.

?Dios lo perdona todo, porque lo comprende todo?, dice un viejo adagio, por eso tambi?n lo olvida todo. Oseas y los profetas posteriores a ?l nos hablan de Dios como de un esposo lleno de paciencia y de ternura, siempre dispuesto a acoger y a perdonar la infidelidad y a amar gratuitamente (Os 14,5). En la historia de la salvaci?n se nos ha manifestado el amor, la paciencia, la fidelidad de un Dios que nos ama sin medida. Dios es padre y madre y nos ama con ternura, es como un padre tierno para los fieles (Sal 103,13). Dios perdona y le gusta perdonar. ??Qu? Dios hay como t?, que perdone el pecado y absuelva el resto de tu heredad?? (Mi 7,18-20).

En el Antiguo Testamento aparece, algunas veces, la palabra "Padre" referida a Dios. Y cuando los jud?os la usaron, fue siempre en un clima de sumo respeto y majestad, a?adi?ndole t?tulos divinos ostentosos. Abb? era la palabra familiar que los ni?os jud?os empleaban para dirigirse a sus padres.

Jes?s siente en su vida la presencia amorosa de Dios y su alimento es hacer su voluntad; a Dios le llama Padre, y, seg?n parece, lo hac?a usando la palabra aramea "abb?"; 170 veces ponen los evangelios esta expresi?n en labios de Jes?s. A todos invita a creer en este Dios, para el que "todo es posible" (Mc 10,27). El Nuevo Testamento conserva la palabra aramea (abb?) para subrayar el hecho ins?lito del atrevimiento de Jes?s (Rm 8,15; Ga 4,6-7). La invocaci?n "Abb?" tiene, pues, un valor primordial, que ilumina toda la vida de Jes?s. Todo en ?l es consecuencia de esta actitud de fe. Jes?s deposita en su Padre toda la confianza posible. Digna es de destacar la escena en la que Jes?s "con la alegr?a del Esp?ritu Santo", bendice al Padre porque se ha ?revelado a la gente sencilla. S?, Padre, bendito seas, por haberte parecido eso bien? (Lc 10,21). Gracias da al Padre en la resurrecci?n de L?zaro, por haberle escuchado (Jn 11,42). Llenos de confianza est?n los ruegos de la oraci?n sacerdotal, la noche de su prisi?n. Pide al Padre protecci?n para los que les ha confiado, para que sean todos uno y que el amor del Padre est? con ellos (Jn 17,1-5).

La oraci?n del huerto es narrada por todos los evangelistas (Mt 26,39.42; Lc 22,42; Jn 12,27-29). Marcos se siente obligado a mantener en su escrito la misma palabra aramea usada por Jes?s: "?Abb?! ?Padre!: todo es posible para ti, aparta de m? este trago, pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres t?" (14,36). Jes?s se atreve a pedirle verse libre del trance de la pasi?n (Mt 16,21; Mc 8,31; Lc 9,22; 17,25). Afirma su sumisi?n a la voluntad del Padre, pero dando muestras de que ?l desear?a verse libre del dolor. Momentos antes de su muerte tambi?n se dirige al Padre pidiendo el perd?n de sus verdugos. Y encomienda su esp?ritu en manos de su Abb? (Lc 23,46), pero no deja deja de preguntarle las causas de su aparente abandono (Mc 15,34).

Jes?s no s?lo hablaba del Padre, sino que viv?a enteramente como hijo: con confianza plena, obediencia total, agradecimiento y piedad. ?Te doy gracias, Padre?, rezaba lleno de emoci?n y alegr?a. En la casa de mi Padre, S?, Padre, as? te ha parecido mejor. Lo que T? quieras. Si es posible, Padre... Jes?s hablaba siempre con emoci?n del Padre (Jn 20,17):

? De las manos del Padre, fuertes y acogedoras, que crean y sacan del abismo ( Jn 10,29; Lc 23,46)
? De la mirada del Padre, que ve en lo secreto ( Mt 6,4.6)
? De Las palabras del Padre, que son explicaciones de la Palabra ( Jn 8,35; 12,49-50; 14,24...)
? Del trabajo y las obras del Padre, que siempre son de amor ( Jn 5,17. 19-20)
? De la voluntad del Padre, que es su alimento ( Jn 4,34; Mt 6,9; 26,42...)
? Del amor del Padre, que es inmenso y misericordioso (Lc 15,11-32)
? De la gloria del Padre, que es el Esp?ritu (Jn 17,5).

Dios es amor, Padre y est? siempre presente, camina con nosotros y est? muy dentro de nosotros. ?l da sentido a nuestra existencia.

Esto lo explica muy bien la siguiente an?cdota.
Preguntaba una profesora a sus alumnos que c?mo sab?an que Dios existe, si nunca lo hab?an visto.

Un ni?o muy t?mido, levant? la mano y dijo:
- Mi madre me dijo que Dios es como el az?car en mi leche que ella
prepara todas las ma?anas. Yo no veo el az?car que est? dentro de la taza en medio de la leche, pero si ella me lo saca, queda sin sabor. Dios existe, y est? siempre en el medio de nosotros, solo que no lo vemos. Pero si ?l no est?, nuestra vida queda sin sabor.


Publicado por mario.web @ 7:28
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