Lunes, 28 de febrero de 2011

El triunfo de Mar?a es tambi?n el triunfo de sus hijos. Mar?a ha subido al cielo en cuerpo y alma para decirnos que un d?a estaremos con Ella, de manera semejante. Ah? nos espera; en ninguna otra parte, con los brazos abiertos para abrirnos la puerta de la gloria.

La mujer que podemos definir como Amor vivi? en este mundo s?lo amando: amando a Dios, a su Hijo Jes?s desde que lo llevaba en su seno hasta que lo tuvo en brazos desclavado de la cruz. Am? a su querido esposo san Jos?, y am? a todos y cada uno de sus hijos desde que Jes?s la proclam? madre de todos ellos.

Desde su asunci?n a los cielos ha seguido amando durante dos mil a?os a Dios y a los hombres: Es un amor muy largo y profundo. Y apenas ha comenzado la eternidad de su amor.

Dentro de ese oc?ano de ternura que es el Coraz?n de Mar?a estamos t? y yo para alegrarnos infinitamente. Desde el cielo una Madre nos ama con singular predilecci?n. La fe en este amor debe llenar nuestra vida de alegr?a, de paz y de esperanza.

Dios adelant? el reloj de la eternidad para que Mar?a pudiese inaugurar con su hijo nuestra eternidad. Mientras nosotros esperamos, Ella goza de Dios con su cuerpo inmaculado, el que fue cuna de Jes?s durante nueve meses.

El cuerpo en el que Dios habit? es digno de todo respeto. Est? eternizado en el cielo, incorrupto, feliz como estar? un d?a el nuestro. El cuerpo que vivir? eternamente en el cielo es digno de todo respeto. No se debe degradar lo que ser? tan dignamente tratado. Pasar? por la corrupci?n, pero s?lo para resucitar en nueva espiga y nuevo cuerpo inmortal, incorrupto, puro y santo.

"Voy a prepararos un lugar": As? hablaba Jes?s a los ap?stoles con emoci?n contenida. Personalmente se encargar?a de tener listo ese lugar. Pero sabemos qui?n le ayudar?a cari?osamente a preparar dicho lugar: Mar?a Sant?sima. Ella le ayud? -y de qu? manera tan eficaz- en sus primeros pasos a la Iglesia militante. Ella sigue ayudando con su amorosa intercesi?n a la Iglesia purgante y, de manera muy particular, a preparar la definitiva estancia a la Iglesia triunfante.

Podremos estar seguros de ver un ramo de flores con una tarjeta y nuestro nombre: Hijo, hija, cu?nto me costaste. Pero ya est?s aqu?. Tambi?n habr? un crucifijo con esta leyenda: ?Te am? y me entregu? a la muerte por ti?. Jes?s. Habr? un ramo de almendro florido colocado por Jes?s de parte de Mar?a.

El premio de los justos es el cielo, la felicidad eterna. Poco lo pensamos. Mucho lo ponemos en peligro. ?Alegraos m?s bien de que vuestros nombres est?n escritos en el cielo?. Sabremos entonces por qu? dec?a Jes?s estas solemnes palabras, cuando veamos con los ojos extasiados lo que ha preparado Dios a sus hijos. Si les dio su sangre y su vida, ?no les iba a dar el cielo?

Pero aqu? andamos distra?dos, perdidos, olvidados, comiendo los frutos agraces del pecado que pudre la sangre y envenena el alma. Cuantas veces emprendimos el camino del infierno. Tantas otras una mano cari?osa y firme nos hizo volver al camino del cielo. Pensamos en todo menos en los mejor y lo m?s hermoso. ?Pobres ignorantes, ingratos, desconsiderados!


El cielo es cielo por Dios y Mar?a. Al fin nos encontraremos cara a cara con los dos m?s grandes amores de nuestra vida. Entonces sabremos lo que es estar locamente enamorados y para siempre de las personas m?s dignas de ser amadas. Enamorados de Dios, en un ?xtasis eterno de amor: amados por el Amor Infinito, la Bondad Infinita. Ah? comprenderemos los misterios del amor aqu? muy poco comprendidos. Volveremos a Bel?n a amar infinitamente, eternamente a aquel Dios hecho ni?o por nosotros. Volveremos a la fuente de Nazareth donde Jes?s llen? el c?ntaro de Mar?a tantas veces. Volveremos al Cen?culo a quedar de rodillas y extasiados ante la instituci?n de la Eucarist?a, y comprenderemos las palabras del evangelista Juan: ?Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los am? hasta el extremo?.

Volveremos al Calvario y querremos quedarnos all? mucho, mucho tiempo, siglos para contemplar con el coraz?n en llamas el amor m?s grande, la ternura m?s delicada, y comprenderemos cada uno lo que Pablo dec?a: ?L?breme Dios de gloriarme en nada si no es en la cruz de nuestro Se?or Jesucristo?. Pediremos permiso de bajar a la tierra para visitar los Santos lugares no como turistas sino como locamente enamorados.

Al cielo subi? la Puerta del cielo. Sue?o en ese momento en que tocar? a la puerta. Y saldr? a abrirme con los brazos abiertos y una sonrisa celestial Mar?a Sant?sima. Tendr? que sostenerme para no morir otra vez, pero de puro gozo al ver sus ojos de cielo, su rostro bell?simo, su amor incre?ble pero real.

Mar?a es la mujer m?s triunfadora. La humilde esclava del Se?or ha logrado lo que ninguna mujer famosa ha conseguido. Eligi? como meta cumplir la voluntad de Dios; como motivaci?n el amor. El Premio: La Asunci?n los cielos en cuerpo y alma. As? nos ense?a de forma contundente la mejor forma de vivir.


Publicado por mario.web @ 7:32
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