Lunes, 28 de febrero de 2011

Toda tu vida, Mar?a Sant?sima, es para tus hijos ense?anza y camino. Al meditar sobre tus d?as, tus pasos, palabras, silencios y gestos de amor, hallamos respuesta a nuestro dolor, nuestras dudas, tristeza o soledad. Desde tu ejemplo y compa??a aprendemos a caminar, en el alma, los senderos de tu Hijo.

Y no s?lo es tu vida la que nos ense?a, Madre, sino tambi?n los hermosos regalos con que el Padre, enternecido de amor por tu gracia y fidelidad, te ha adornado.
Uno de esos regalos es tu Admirable Asunci?n.

?Ay, Madre, cu?nto me gustar?a pedirte que me dejaras caminar cerca de ti en ese ?ltimo d?a! S?, ese ?ltimo d?a tuyo entre nosotros en que el sol te habr? besado con m?s fuerza y las flores se deshicieron en perfumes para acompa?arte... ?Y los p?jaros!!! Seguro se habr?n alborotado en los ?rboles cercanos, acomod?ndose en los mejores sitios para deleitarte con sus gorjeos...

Madre, el m?s peque?o de los pajarillos es m?s digno que yo de hacerte compa??a. Pero a?n as?, desde mi nada, mi alma se atreve a so?ar que te despide en un mediod?a pleno de perfumes y trinos.

- Hija, aunque me acompa?ases y despidieses, como t? dices, de poco te servir?a si no intentas meditar el significado de este regalo de amor de Dios en tu propia vida.

-?C?mo se hace eso Se?ora?

- Intentar? explicarte. Desde el d?a de la Asunci?n pude ser m?s plenamente madre de todos, fuera ya de los l?mites del tiempo. Y no solamente Madre para que me llames en los problemas temporales que te inquietan sino, por sobre todo, Madre para acompa?arte en el camino hacia mi Hijo. Madre para que comprendas que, a cada instante, Dios te est? dando oportunidades para que le descubras, para que te venzas en aquellos defectos que m?s opacan tu coraz?n. Quiero que un d?a todos est?n aqu?, en la gloria de Dios Padre. Poder abrazarlos y decirles cuanto les he amado, cuanto les amo.

- ?Podr?, entonces, abrazarte un d?a, Mar?a?

- Querida, eso no depende de m?, sino de ti. Yo puedo ayudarte y, de hecho, lo hago. Por ejemplo, te he dado a ti, a todos, el Santo Escapulario del Carmen. Pero por s? mismo no puede salvarte. Eres t? la que debe conservarse, el mayor tiempo posible, en estado de gracia. Mi Hijo les ha dejado el Sacramento de la Reconciliaci?n y se ha quedado con ustedes en la Eucarist?a. Los medios est?n, hija. Pero, si los aprovechas o no, si los valoras o no, ?sa es ya tu propia decisi?n. El camino es tuyo ?comprendes? Nadie puede recorrerlo por ti. Y el camino es interior. Es m?s dif?cil para ti llegar a descubrir las profundidades de tu coraz?n que trepar una monta?a para llegar a un santuario. Y muchas veces eliges la monta?a ?Y no te bastar?a toda la cordillera si no te decidieras a conocerte a ti misma y cambiar de ti lo que te aleja de mi Hijo! ?Puedes comprender?

- Ay Madrecita... cu?nto debo caminar, a?n, hacia los desconocidos paisajes de mi coraz?n.

- Debes saber que all? encontrar?s cosas hermosas, como por ejemplo los dones que el Esp?ritu Santo te ha dado en el Santo Bautismo y a?n no has utilizado. ??salos antes de que te sean quitados! Tambi?n hallar?s vanidades, ego?smos y rencores ?Arr?ncalos antes de que te ahoguen! Entonces hija, estar?s caminando hacia el coraz?n de Jes?s. Hacia mi coraz?n. Ambos te esperamos al final del camino. S? que no ser? tarea f?cil, que algunas veces tendr?s peque?as victorias y otras sentir?s que no puedes avanzar ni un paso. No te angusties hija, t? s?lo mant?n el deseo de caminar hacia Jes?s, que ?l te ir? proveyendo los medios. Eres libre, hija. Nadie puede impedirte recorrer este camino. Aunque est?s lisiada y postrada en una cama puedes realizar, dentro de ti, excursiones que no lograr?a el mejor de los alpinistas.


Voy comprendiendo, Madre, voy comprendiendo... poco a poco. No me es f?cil, pero s? que est?s all?, detr?s de cada alegr?a y de cada dolor.

Se que tu Asunci?n es ?una anticipaci?n de la resurrecci?n de los dem?s cristianos?(*). Y, al imaginarte en ese d?a pleno de trinos, flores y sol sereno, hallo las fuerzas para caminar seg?n tus consejos.
Madre, debo ahora comenzar a armar la mochila para la peregrinaci?n a mi interior. Para ello, consultar? con los que puedan aconsejarme.

Hablare con mi sacerdote, le pedir? su consejo y gu?a. Seguro me recomendar? buenos libros que ser?n como carteles luminosos en medio de la noche se?alando el camino. Adem?s, no debo olvidar la mejor de las br?julas. El Santo Rosario.

- Ve, hija, ve. No tengas miedo. Alimenta tu alma con la Santa Eucarist?a, y alivia tu carga con la Confesi?n. S? que ser? ?ste el mejor de tus viajes.
Es hora de partir. Te abrazo con el alma y me sonr?es.


- Feliz fiesta de la Asunci?n, Madre querida.

- Feliz viaje, hija m?a.

(*)Catecismo de la Iglesia Cat?lica


NOTA DE LA AUTORA "Estos relatos sobre Mar?a Sant?sima han nacido en mi coraz?n y en mi imaginaci?n por el amor que siento por ella, basados en lo que he le?do. Pero no debe pensarse que estos relatos sean consecuencia de revelaciones o visiones o nada que se le parezca. El mismo relato habla de "Cerrar los ojos y verla" o expresiones parecidas que aluden exclusivamente a mi imaginaci?n, sin intervenci?n sobrenatural alguna."


Publicado por mario.web @ 9:13
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