Lunes, 28 de febrero de 2011

Durante la misa, nuestro Obispo es asistido en ella por un sacerdote, dos monaguillos y un seminarista de quien, y por casualidad, apenas s? su nombre.

Me pregunto, Madre querida, cu?l habr? sido el camino que debi? recorrer ese joven para llegar hasta...

- Hasta un especial sitio en mi Inmaculado Coraz?n.- Me respondes mientras le miras desde tu imagen del altar.

- Madre, por caridad, cu?ntame lo que ?l y tantos como ?l, significan para ti.

Tu imagen de La Dolorosa, al pie de la Cruz, y junto a San Juan, parece murmurar una respuesta. As? es Madre, tu siempre eres para tus hijos, respuesta serena al alma.

- Ver?s, hija, desde aquellos tiempos en que ve?a a los Ap?stoles ir recorriendo lentamente los caminos que Jes?s les mostraba. Desde que aprend? a conocer sus dudas, sus preguntas, sus renuncias.Desde aquellos d?as mi coraz?n ha ansiado ser compa?era de camino en quienes entregan su vida al servicio de Dios. Ese camino que empez?, para m?, el d?a de la Anunciaci?n, en medio de un indescriptible gozo, pero que continu?, m?s tarde, en medio del silencio y la rutina de Nazaret.

- Comprendo, Madre, o casi... pero, a ellos, a nuestros seminaristas, ?C?mo les acompa?as?

- Cuando un alma escucha el llamado de Dios y responde, le invito a compartir mi alegr?a en el d?a de la Anunciaci?n. Luego, le acompa?o fielmente en las dificultades que debe afrontar, pues les espera un viaje a Bel?n, no programado, y muchas puertas que han de cerrarse. Tendr? una Nochebuena con canto de ?ngeles y tambi?n un Sime?n anunciando espadas. Deber? buscar, en medio de tantas noches oscuras, un sitio seguro pararesguardarse de las tentaciones. Oh! Hija, no puedes imaginar cu?n hermoso, sereno y perfumado, es el sitio que tengo reservado para ese amado hijo.

-Es ?Tu Coraz?n? O s?, seguro ha de ser tu Coraz?n, Madre querida. All? tienes, para el alma, una exquisita ternura, un refugio seguro en las tormentas del alma, y, sobre todo, el camino m?s corto, seguro y f?cil para llegar a Jesucristo.

-As? es hija. Desde mi coraz?n, le llevar? a los d?as en que Jes?s se perdi? y yo le buscaba. Le contar? que muchas veces deber? hacer esta b?squeda a lo largo de su vida. Despu?s, le traer? conmigo a los d?as de Nazaret, al silencio, a lo cotidiano, a las peque?as cosas.

- Entonces, Madre, un seminario ?Es como un peque?o Nazaret?

- Pues... s?.

- Y, si esNazaret, entonces ?estas t?!. Siempre, cada d?a, cada ma?ana.

- Cada ma?ana- y tus ojos parecen recorrer todos los seminarios del mundo-, cada ma?ana le pregunto, si quiere permanecer junto a m? en Nazaret. Y su "s?" me alegra el alma. Y nos vamos juntos a buscar agua al pozo. ?l alivia mis cansados brazos y yo le sirvo agua fresca cuando estudia en la biblioteca. Tambi?n me ayuda a cargar la le?a y encender el fuego y yo le regalo gracias a su alma, para que su oraci?n no sea una simple repetici?n de palabras sino un torrente de amor que, desde su coraz?n, llegue al Coraz?n de Jes?s.

Miro hacia el altar y all?, en un rinc?n, en un Nazaret de silencio, el joven seminarista se arrodilla durante la Consagraci?n.

- Hija m?a- susurras a mi coraz?n- ahora soy yo la que quierepedirte algo.

- Dime, Madre, dime, pues mi coraz?n halla gozo en servirte.

- Ora, hija, ora por ese joven y por todos los seminaristas. Ora para que, en medio del ruido del mundo, puedan escuchar el canto del viento de Nazaret, el perfume de aquel hogar, que ahora habitan. Ora para que, cada ma?ana, su coraz?n elija, nuevamente, acompa?arme al Coraz?n de Jes?s, de donde brotan r?os de agua viva.. Ora para que sientan mi mano en la suya, mi abrazo en la noche oscura del alma, mi compa??a en cada d?a, en cada alegr?a, en cada soledad, en cada pena. ?Puedo, hija, contar con tus oraciones?.

-S?, Madre, s?, y perd?name por no hab?rtelas ofrecido antes. Perd?name por haber esperado, c?modamente, que siempre haya un sacerdote en la parroquia, sin haber pensado que, para hallarlo, primero debi? existir unseminarista que, cada ma?ana, eligi? ser tu compa?ero en Nazaret. Que sinti? tu mano, cuando yo s?lo le regalaba olvido, que sinti? tu abrazo, cuando yo ni siquiera me preocup? por saber su nombre.

La misa ha terminado. Todos se han retirado. El joven seminarista atiende los peque?os detalles para la siguiente misa. Ahora s? que est? contigo en Nazaret, ordenando la casa, esperando a Jes?s.

Te regalo, Madre, mi oraci?n por ?l. Reg?lale tu, todo el perfume de Nazaret.


NOTA DE LA AUTORA "Estos relatos sobre Mar?a Sant?sima han nacido en mi coraz?n y en mi imaginaci?n por el amor que siento por ella, basados en lo que he le?do. Pero no debe pensarse que estos relatos sean consecuencia de revelaciones o visiones o nada que se le parezca. El mismo relato habla de "Cerrar los ojos y verla" oexpresiones parecidas que aluden exclusivamente a mi imaginaci?n, sin intervenci?n sobrenatural alguna."


Publicado por mario.web @ 9:31
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