Lunes, 28 de febrero de 2011

?Qu? prueba tan dolorosa! Prep?rate, Madre, para la hora del Calvario. Ah? lo perdiste por tres d?as terribles; pero lo recuperaste entero. All? te lo matar?n a mordiscos todos los pecados de los hombres, como rabiosos lobos. Al final, cuando pudiste recoger lo que quedaba de tu Hijo; era un muerto y un cad?ver destruido desde la cabeza a los pies; la cabeza rota por las hondas espinas; la cara desfigurada por las bofetadas; el pecho y la espalada aradas por los latigazos; las manos y pies horadados por los clavos: el coraz?n partido por una lanza.

Perdido y hallado. Perdido y no encontrado en el callej?n l?brego de la muerte. Perdido y hallado vivo. Perdido y hallado muerto, destinado solo para el sepulcro. Y ah? termin? la muerte; en un sepulcro p?treo que impedir? acercarse a los restos del amado hijo,

Prepararnos a las separaciones. Vivir un cierto tiempo es separarse de algunas personas. Vivir un trecho m?s es separarse de m?s seres. Durar m?s tiempo es separarse uno de los que me sobreviven. Cada separaci?n es un desgarr?n. Uno muere al final desgarrado y desgarrando a alguien m?s.

?Por qu? me buscabais? La pregunta que toca la herida abierta, haci?ndola sangrar. Mar?a sangraba por aquella herida de su coraz?n. El doloroso por qu? de Mar?a qued? acallado con el misterioso por qu? del Hijo. Mar?a sab?a que aquel hijo ser?a cada vez menos de Ella y m?s del Padre y de todos. Mar?a acept? del desgarr?n del hijo que se va de la casa, por ley de la vida, en este caso por ley divina. Pero acept? sangrando.

Mar?a conservaba todas estas cosas en su coraz?n.
Su coraz?n sangraba. Con oraci?n y obediencia la curaba pero al mismo tiempo la abr?a,, porque esa herida nunca se cerr?. Y de pronto un d?a, en el Calvario se abri? completamente y sangr? a torrentes. S?lo en el cielo se ha cerrado del todo aquella herida, Mar?a ya no pregunta m?s; ha recibido todas las respuestas y una corona eterna por no haber preguntado indiscretamente sobre los misterios que le rodeaban.

Ens??anos, Mar?a a aceptar sin preguntar, hasta que Dios quiera ofrecernos su respuesta. Al final, todos diremos que Dios tuvo la raz?n, para que nuestra fe fuera meritoria.


Publicado por mario.web @ 9:31
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios