Lunes, 28 de febrero de 2011

Santa Mar?a no tuvo m?s coraz?n ni m?s vida que la de Jes?s. Una vida y un coraz?n humanos pero de Jes?s. ?Podemos, acaso, tu y yo amar y entregarnos de igual manera? El coraz?n humano de Mar?a pudo hacerlo. T? y yo tenemos su propio coraz?n como un escal?n a la Puerta Santa que es Jes?s. Con el ejemplo de la Santa Madre de Dios, no solo sabemos que podemos amar a Cristo, debemos amarle as? porque la tenemos a Ella misma como intercesora.

Coraz?n generoso y tierno coraz?n como por naturaleza es el de toda mujer que es madre, el de Mar?a nos inspira profundamente. Y podr?amos admirar a la Virgen por amar al Ni?o Dios, de igual manera que admiramos a cualquier madre que sostiene a su peque?o en los brazos. Pero el coraz?n de Mar?a ya era de Dios a?n antes de la Anunciaci?n. Hab?a decidido reservar su coraz?n a Dios sin necesitar alg?n prodigio. En la Anunciaci?n se consuma la previa entrega que ya se hab?a realizado. ?C?mo nos extra?a entonces que haya podido pronunciar esas palabras que la han subido a la c?spide de la Fe "H?gase en m? seg?n tu palabra"? Pens?ndolo con mayor hondura el coraz?n de Mar?a, s? es coraz?n humano, no solo era capaz de eso, sino de mucho m?s.

El coraz?n amoroso y entregado es, en su generosidad, un coraz?n fiel: Un coraz?n humano al pie de la cruz. Si con facilidad pod?amos imaginar la ternura de la escena en el pesebre, con gran dificultad podemos apenas hacer un esbozo en la imaginaci?n de la Sant?sima Virgen recibiendo de Jos? de Arimatea el cuerpo ensangrentado de su hijo. ?C?mo imaginar el dolor de una Madre que limpia, con mano tr?mula, la sangre de su hijo? Remueve en lo m?s profundo a?n a nuestro propio y dur?simo coraz?n el pensar en la mirada de Mar?a ante el rostro desfigurado y atrozmente golpeado de Jesucristo. Y su coraz?n dolido estaba ah?, fiel, al pie de la cruz. ?D?nde est? nuestra coraz?n? ?Al pie de la cruz como el de la Sant?sima Virgen o escondido y alejado como el de los disc?pulos que abandonaron al Se?or?

El coraz?n de Mar?a nos muestra todas las encontradas emociones que un coraz?n es capaz de sentir. Es el coraz?n de la Virgen uno tan grande y tan generoso, que es adem?s nuestro propio refugio. Su coraz?n es, adem?s de ejemplo y con dignidad sobresaliente para ser admirado, el consuelo para la aflicci?n. ?Cu?nto no comprender?s nuestros humanos dolores ella que enfrent? el dolor m?s profundo que se pueda experimentar?

Pero el coraz?n humano de nuestra Madre en Cristo no solo es un ejemplo de ternura amorosa o de abyecto dolor. Mar?a en su coraz?n es la Madre del buen consejo, y quien mejor nos puede ense?ar a vivir el amor al pr?jimo. Poderoso coraz?n el de Mar?a, que puede convertir nuestro ego?smo y amor propio en caridad y amor a Dios. El coraz?n entregado de Mar?a deber?a ense?arlos a pedirle confiados a Dios: "Padre, mi coraz?n puede poco ?Haz que te ame mas!".


Es a la Madre de Dios a quien hemos de acudir para pedirle que nos ense?e a amar m?s, a entregar m?s, a ser m?s justos, a rogarle que con su coraz?n dulc?simo nos proteja, nos ense?e, nos gu?e.

El coraz?n humano de Mar?a. Humano. Como el tuyo y como el m?o.


Publicado por mario.web @ 18:55
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