Lunes, 07 de marzo de 2011

As? como hay dolor y alegr?a, as? como hay inquietud y paz; as? el hombre tiene en su vida dos cauces por donde transcurre su existencia: La palabra y el silencio.

La palabra, del lat?n par?bola, es la facultad natural de hablar. Solo el hombre disfruta de la palabra. La palabra expresa las ideas que llevamos en nuestra mente y es el mejor conducto para decir lo que sentimos. Hablar es expresar el pensamiento por medio de palabras. Es algo que hacemos momento tras momento y no nos damos cuenta de que es un constante milagro. Hablar, decir lo que sentimos, comunicar todos nuestros anhelos y esperanzas o poder descargar nuestro coraz?n atribulado, cuando las penas nos alcanzan, a los que nos escuchan.

Nuestra era es la era de la comunicaci?n y de la informaci?n. Pero la palabra tiene tambi?n su parte contraria: El silencio.

Nuestro vivir transcurre entre estos cauces: la palabra y el silencio. O hablamos o estamos en silencio.

Cuando hablamos "a voces" la fuerza se nos va por la boca... hablamos y hablamos y muchas veces nos arrepentimos de haber hablado tanto... Sin embargo el hablar es algo muy hermoso que nos hace sentir vivos, animosos y nos gusta que nos escuchen.

El silencio es un tesoro de infinito valor. Cuando estamos en silencio somos m?s aut?nticos, somos lo que somos realmente.

El silencio es algo vital en nuestra existencia para encontrarnos con nosotros mismos. Es poder darle forma y respuesta a las preguntas que van amalgamando nuestro vivir. ?Qui?n soy? ?De d?nde vengo? ?A d?nde voy? Y va a ser en ese silencio donde vamos a encontrar las respuestas, no en el bullicio, en el ajetreo, en el nerviosismo, la m?sica ruidosa, en el "acelere" de la vida inquieta y conflictiva porque es en el silencio y por el silencio donde se escucha la voz de Dios pues bien dicen que "Dios habla quedito"

Meditando en estas cosas pienso en Jos? el carpintero de Nazaret. El hombre a quien se le encomend? la protecci?n y el cuidado de los personajes m?s grandes de la Historia Sagrada y no nos dej? el recuerdo de una sola palabra suya. Nada nos dijo pero con su ejemplo nos lo dijo todo. M?s que el m?s brillante de los discursos fue su testimonio callado y lleno de amor.

San Jos?, el santo que le dicen: "Abogado de la buena muerte". Porque... ?A qui?n no le gustar?a morir entre los brazos de Jes?s y de Mar?a como ?l muri??

Jos? tuvo una entrega total. Una vida consagrada al trabajo, un desvelo, un cuidado amoroso para estos dos seres que estaban bajo su tutela y supo, como cualquier hombre bueno y padre de familia, del sudor en la frente y el cansancio en las largas jornadas en su taller de carpinter?a y supo del dolor en el exilio de una tierra extranjera y supo en sus noches calladas y de vigilia del orar a Dios mirando el suave dormir de Jes?s y de Mar?a, pidiendo fuerzas para cuidar y proteger a aquellos amad?simos seres que tan confiadamente se le entregaban. No tuvo que hablar.

No hay palabras que superen ese silencio de amor y cumplimiento del deber. Ah? est? todo. Ah? est? Dios. En las peque?as cosas de todos los d?as, en la humildad del trabajo cotidiano.

El no fue poderoso, ?l no tuvo un puesto importante en el Sanedr?n, ?l... supo cumplir su misi?n y su silencio fue su mayor grandeza.

Las almas grandes no lo van gritando por las plazas y caminos, se quedan en silencio para poder hablar con Dios y Dios sonr?e cuando las mira.

Que podamos tener cada d?a, aunque sean cinco minutos de silencio, para o?r la voz de Dios.


Publicado por mario.web @ 22:48  | religion
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