Viernes, 11 de marzo de 2011

En muchas culturas la broma forma parte de la vida. Hay bromas entre ni?os y entre ancianos, entre amigos y entre desconocidos, en un programa televisivo, en el parlamento, en la f?brica o en el bar.

Las bromas son de muchos tipos. Simp?ticas o de mal gusto, de descanso o provocadoras, de tensi?n o de ira, capaces de humillar y herir a una persona o llenas de sana alegr?a, traicioneras o capaces de restablecer una amistad en quiebra, inocentes o llenas de malicia.

La broma nace desde una idea y se concreta en palabras o en acciones. Puede dirigirse a una o a varias personas, a un familiar, a un amigo, a un desconocido, a uno que nos resulta simp?tico o antip?tico. Puede ser breve y provocar un momento de risa, o larga, y crear una extra?a situaci?n entre lo c?mico y lo tr?gico. Puede mostrar la simpat?a del bromista o su bajeza y falta de escr?pulos.

?C?mo juzgar el fen?meno de las bromas? En el Catecismo de la Iglesia cat?lica no aparece ni una sola vez la palabra ?broma?. Tampoco se encuentra la palabra ?chiste?, aunque s? es mencionada una vez, en clave positiva, la palabra ?humor? (cf. n. 1676, al citar un documento del episcopado latinoamericano).

Podr?amos ver si se aplican a las bromas algunas indicaciones dadas sobre la mentira, pues hay bromas que se basan en enga?os de mayor o menor gravedad (cf. Catecismo de la Iglesia cat?lica nn. 2475-2487). Cuando las bromas faltan seriamente contra la verdad, entonces podr?an ser consideradas como un pecado, especialmente cuando hieren gravemente la confianza que los dem?s tienen en nosotros.

El novio, en broma, simula salir con otra. O hace creer que toma drogas ligeras, o que va a romper con la novia por un capricho, s?lo para jugar y para ?gastar una broma?. Sus gestos, aunque aparentemente inocentes, o quiz? incluso pensados como algo ?cari?oso?, pueden abrir heridas imprevistas en la novia, pues la psicolog?a de cada coraz?n es tan compleja que no siempre un gesto inocente es interpretado as? por quien recibe la broma.

En la mayor?a de las ocasiones, las bromas ser?n bien acogidas. Crear?n un clima de distensi?n, de confianza, de simpat?a. Especialmente con ayuda de esas bromas simp?ticas que nos muestran el ingenio de los dem?s y que nos llevan tambi?n a re?rnos un poco de nosotros mismos. Ser?n bromas bienvenidas, que acogeremos y que repetiremos para re?rnos juntos, para crear un clima alegre en nuestras relaciones humanas.

Con una sana dosis de prudencia, sabremos discernir con qui?n y hasta qu? medida gastar una broma. En caso de duda, lo mejor es no bromear: m?s vale parecer un poco serios que no, por bromas inoportunas o molestas, abrir una peque?a herida en alg?n hermano nuestro.

La prudencia tambi?n nos llevar? a reconocer que un exceso de bromas, el vivir continuamente entre chistes e iron?as, puede hacer pensar que somos personas superficiales. La broma vale en un contexto adecuado y sin abusos. Cuando llega la hora de tocar temas serios, sin llegar a ser r?gidos como un soldado de plomo, hay que saber cambiar de actitud, reconocer que existe un momento para cada cosa.

Acojamos, pues, las bromas, como parte de esa riqueza humana que nos permite descansar y darle un toque alegre a la vida. A pesar de tantas sombras y de tantos problemas, cada uno, desde las distintas situaciones de la vida, puede re?r un poco y crear un clima fraterno de alegr?a y de descanso, con buenas bromas y, sobre todo, con el cari?o de quien busca hacer felices a los dem?s.


Publicado por mario.web @ 14:46
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