S?bado, 12 de marzo de 2011

Se exige a los m?dicos una especial fortaleza para continuar afirmando que el aborto no resuelve nada, pero que mata al ni?o, destruye a la mujer y ciega la conciencia del padre del ni?o, arruinando a menudo, la vida familiar
Autor: SS Benedicto XVI | Fuente: Vatican. va

Se?ores cardenales,
venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio,
queridos hermanos y hermanas,

os acojo con alegr?a, con ocasi?n de la Asamblea anual de la Academia Pontificia para la Vida. Saludo en particular al presidente, monse?or Ignacio Carrasco de Paula, y le agradezco sus corteses palabras. ?Dirijo mi cordial bienvenida a cada uno de vosotros! En las actividades de estos d?as hab?is afrontado temas de relevante actualidad, que interrogan profundamente a la sociedad contempor?nea y la retan a encontrar respuestas que se adecuen al bien de la persona humana. La cuesti?n del s?ndrome post-aborto - es decir el grave malestar ps?quico experimentado frecuentemente por las mujeres que han recurrido al aborto voluntario - deja o?r la voz insoslayable de la conciencia moral y la herida grav?sima que ?sta sufre cada vez que la acci?n del hombre traiciona su innata vocaci?n al bien del ser humano, y del que da testimonio. En este reflexi?n ser?a ?til dirigir tambi?n la atenci?n sobre la conciencia, a veces borrosa, de los padres de los ni?os, que a menudo abandonan a las mujeres embarazadas. La conciencia moral - ense?a el Catecismo de la Iglesia cat?lica - es ?un juicio de la raz?n por el que la persona humana reconoce la cualidad moral de un acto concreto que piensa hacer, est? haciendo o ha hecho? (n? 1778).

Es, de hecho, deber de la conciencia moral discernir el bien del mal en las diversas situaciones de la existencia, con el fin de que, sobre la base de este juicio, el ser humano pueda libremente orientarse hacia el bien. Muchos quisieran negar la existencia de la conciencia moral en el hombre, reduciendo su voz al resultado de condicionamientos externos o a un fen?meno puramente emotivo, y es importante afirmar que la calidad moral de la acci?n humana no es un valor extr?nseco o bien opcional y no es ni siquiera un prerrogativa de los cristianos o de los creyentes, sino com?n en todo ser humano. En la conciencia moral Dios habla a cada uno y lo invita a defender la vida humana en todo momento. En este v?nculo personal con el Creador est? la dignidad profunda de la conciencia moral y la raz?n de su inviolabilidad.

En la conciencia de todo hombre - inteligencia, emotividad, voluntad - se cumple la propia vocaci?n al bien, de manera que la elecci?n del bien o del mal en las situaciones concretas de la existencia terminan por marcar profundamente a la persona humana en cada expresi?n de su ser. Todo el hombre, de hecho, queda herido cuando su actuaci?n se desarrolla contrariamente al dictamen de la propia conciencia.
Sin embargo, a?n cuando el hombre rechaza la verdad y el bien que el Creador le propone, Dios no le abandona, sino que a trav?s de la voz de la conciencia, contin?a busc?ndole y habl?ndole, para que reconozca su error y se abra a la Misericordia divina capaz de sanar cualquier herida.

Los m?dicos, en particular, no pueden dejar de considerar importante el grave deber de defender del enga?o a la conciencia de muchas mujeres que piensan encontrar en el aborto la soluci?n a las dificultades familiares, econ?micas, sociales, o a problemas de salud de sus hijos. Especialmente en esta ?ltima situaci?n, la mujer es convencida, a menudo por los mismos m?dicos, de que el aborto representa no s?lo una elecci?n moralmente l?cita, sino que adem?s es un acto ?terap?utico? necesario para evitar el sufrimiento del ni?o y de su familia y una carga ?injusta? para la sociedad.

Sobre un trasfondo cultural caracterizado por el eclipse del sentido de la vida, en el que se ha atenuado la percepci?n com?n de la gravedad moral del aborto y de otras formas de atentar contra la vida humana, se exige a los m?dicos una especial fortaleza para continuar afirmando que el aborto no resuelve nada, pero que mata al ni?o, destruye a la mujer y ciega la conciencia del padre del ni?o, arruinando a menudo, la vida familiar.

Este deber, sin embargo, no afecta s?lo a la profesi?n m?dica o a los profesionales sanitarios. Es necesario que toda la sociedad defienda el derecho a la vida del concebido y el verdadero bien de la mujer, que nunca, bajo ninguna circunstancia, ver? cumplido en la elecci?n del aborto. De la misma manera es necesario - como se ha indicado en vuestros trabajos - proveer de las ayudas necesarias a las mujeres que lamentablemente, ya han recurrido al aborto, y que ahora experimentan todo su drama moral y existencial. Hay m?ltiples iniciativas, a nivel diocesano o a trav?s de entes individuales de voluntariado, que ofrecen apoyo psicol?gico y espiritual para una recuperaci?n humana completa. La solidaridad de la comunidad cristiana no puede renunciar a este tipo de corresponsabilidad.

Querr?a recordar, a este prop?sito, la invitaci?n dirigida por el Venerable Juan Pablo II a las mujeres que han recurrido al aborto: ?La Iglesia sabe cu?ntos condicionamientos pueden haber influido en vuestra decisi?n, y no duda de que en muchos casos se ha tratado de una decisi?n dolorosa e incluso dram?tica. Probablemente la herida a?n no ha cicatrizado en vuestro interior. Es verdad que lo sucedido fue y sigue siendo profundamente injusto. Sin embargo, no os dej?is vencer por el des?nimo y no abandon?is la esperanza. Antes bien, comprended lo ocurrido e interpretadlo en su verdad. Si a?n no lo hab?is hecho, abr?os con humildad y confianza al arrepentimiento: el Padre de toda misericordia os espera para ofreceros su perd?n y su paz en el sacramento de la Reconciliaci?n. Pod?is confiar con esperanza a vuestro hijo a este mismo Padre y a su misericordia. Ayudadas por el consejo y la cercan?a de personas amigas y competentes, podr?is estar con vuestro doloroso testimonio entre los defensores m?s elocuentes del derecho de todos a la vida? (Enc. Evangelium vitae, 99).

La conciencia moral de los investigadores y de toda la sociedad est? ?ntimimamente implicada tambi?n en el segundo tema de vuestros trabajos: el uso de bancos de cord?n umbilical, para fines cl?nicos y de investigaci?n. La investigaci?n m?dico-cient?fica es un valor, y por tanto un compromiso, no s?lo para los investigadores sino para toda la comunidad civil. El resultado es el deber de promocionar las investigaciones ?ticamente v?lidas por parte de las instituciones, y el valor de la solidaridad de los individuos en la participaci?n en investigaciones dirigidas a promover el bien com?n.

Este valor, y la necesidad de esta solidaridad, se evidencian muy bien en el caso del empleo de las c?lulas madre provenientes del cord?n umbilical. Se trata de aplicaciones cl?nicas importantes y de investigaciones prometedoras a nivel cient?fico, pero que para su realizaci?n, muchas dependen de la generosidad, en la donaci?n de la sangre del cord?n en el momento del parto, por parte de las parturientas. Os invito, por tanto, a todos vosotros a ser promotores de una verdadera y consciente solidaridad humana y cristiana. A este prop?sito, muchos investigadores m?dicos con raz?n miran con perplejidad el creciente florecer de bancos privados de almacenamiento de la sangre del cord?n para exclusivo uso aut?logo. Tal opci?n - como demuestran los trabajos de vuestra Asamblea - adem?s de carecer de una real superioridad cient?fica respecto a la donaci?n del cord?n, debilita el genuino esp?ritu de solidaridad que debe animar constantemente la b?squeda de ese bien com?n al que, en ?ltima instancia, tienden la ciencia y la investigaci?n m?dica.

Queridos hermanos y hermanas, una vez m?s expreso mi gratitud al presidente y a todos los miembros de la Academia Pontificia para la Vida por el valor cient?fico y ?tico con el que cumpl?s con vuestro compromiso al servicio del bien de la persona humana. Mi esperanza es que manteng?is siempre vivo el esp?ritu de aut?ntico servicio que hace sensibles a los corazones y a las mentes para reconocer las necesidades de los hombres que son nuestros contempor?neos. A cada uno de vosotros y a vuestros seres queridos, imparto de coraz?n la Bendici?n Apost?lica.


Publicado por mario.web @ 14:02
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