Domingo, 13 de marzo de 2011
Hoy m?s que nunca, Dios necesita de un pu?ado de hombres y mujeres, rebeldes con causa
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1. ?Por qu? llama Dios?
1. ?Por qu? llama Dios?

He aqu? la primera gran cuesti?n que nos podemos plantear, y no sin raz?n: si Dios ha creado todo de la nada, sin ninguna colaboraci?n externa; si Dios ha llevado a cabo la gran obra de la Redenci?n enviando al mundo a su propio Hijo; si Dios, en definitiva, como Omnipotente que es, no necesita de nadie ni de nada para actuar; ?por qu? llama a su servicio a determinados hombres y mujeres?

Evidentemente, la argumentaci?n tiene todo su peso. Y la respuesta no puede ser otra que el Amor.

Por Amor hacia sus hijos, Dios permite que cada uno, en uso de su libertad, pueda elegir entre el camino de la correspondencia y el de la separaci?n de su Padre.

Por Amor, se queda con nosotros y a nuestra disposici?n en el Sacramento de la Eucarist?a, expuesto a la desidia, al abandono o al desprecio de los hombres.

Y por Amor quiere contar con la ayuda de algunos hombres y mujeres que, entregados a su servicio, est?n dispuestos a dar su vida por la salvaci?n de los dem?s.

Ese Amor se pone de manifiesto, en primer lugar, hacia los propios elegidos, haci?ndoles participar de la felicidad que conlleva la intimidad con Dios. Quiz?s al lector, madre o padre, le resulte sencillo entender esta argumentaci?n pensando en tantas ocasiones en las que ha pedido la ?inestimable colaboraci?n? de un hijo peque?o para llevar a cabo cualquier tarea en el hogar. Probablemente, en la mayor parte de los casos, el peque?o entorpec?a m?s de lo que ayudaba. Pero al final, ?qu? gran satisfacci?n experimentaba al ver la labor realizada ?entre los dos?!

Y en segundo lugar, hacia el resto de la humanidad, poniendo a su alcance a otros hombres y mujeres como ellos, con sus mismas dificultades, con sus mismas debilidades, que les entienden, y que consecuentemente est?n en una disposici?n inmejorable para prestarles ayuda y consejo. Es cierto que Dios podr?a haber establecido ?por escrito? el camino a recorrer, y que cada cual actuase en consecuencia. Pero como Padre que es, conocedor de la condici?n humana, prefiere poner un grupo de escogidos al servicio de sus semejantes para que esa cercan?a nos facilite el camino del Cielo.

Como en otras muchas cuestiones, el recurso al an?lisis de la historia facilita la comprensi?n de los argumentos. Basta con la lectura de los Hechos de los Ap?stoles para darse cuenta de c?mo se produc?a la elecci?n de los ministros entre los primeros cristianos, y como los designados ten?an claramente asumido su papel de privilegiados y, simult?neamente, de servidores de los dem?s.

Esta visi?n de la llamada divina se ha mantenido a lo largo de los siglos. Tradicionalmente, para toda familia cristiana era un signo de predilecci?n contar entre sus miembros con alguno o algunos que entregaran su vida a Dios. Con esta concepci?n, aplicando unos criterios educativos coherentes, y dado que habitualmente las familias ten?an un n?mero de hijos considerable, lo normal era que efectivamente surgieran en su seno las vocaciones.

En las ?ltimas d?cadas este proceso se ha visto frenado debido a la alteraci?n de los factores anteriores: la generalizaci?n del denominado ?estado del bienestar?, con sus componentes positivos ?mejora en las condiciones de vida? pero tambi?n negativos ?exaltaci?n del consumismo hasta los m?ximos niveles? hacen que cualquier concepci?n de la vida como servicio, sobre todo si va acompa?ado de importantes dosis de renuncia como es el caso, sea rechazada como algo abominable. Si a eso a?adimos que las familias distan mucho de ser numerosas, la consecuencia l?gica es que el n?mero de personas decididas a entregar su vida a Dios descienda alarmantemente.

Puedes estar seguro, amigo lector, de que esta sociedad que hoy se encuentra emborrachada de autocomplacencia y satisfacci?n por los logros que se van alcanzando a?o tras a?o, se lamentar? a no mucho tardar al ver las consecuencias que se siguen de su comportamiento ego?sta. Por eso, hoy m?s que nunca, Dios necesita de un pu?ado de hombres y mujeres, rebeldes con causa, que no tengan reparo en dedicar todo su tiempo y todas sus energ?as en gritar a sus semejantes que abandonen esos caminos de egocentrismo que s?lo llevan a la desgracia y busquen la verdadera felicidad: la correspondencia al Amor.


Publicado en Folletos MC, "Me lo han robado".


Publicado por mario.web @ 9:11
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