Jueves, 24 de marzo de 2011

Un hecho innegable: la necesidad del perd?n de mis pecados

Todos tenemos muchas cosas buenas?, pero al mismo tiempo, la presencia del mal en nuestra vida es un hecho: somos limitados, tenemos una cierta inclinaci?n al mal y defectos; y como consecuencia de esto nos equivocamos, cometemos errores y pecados. Esto es evidente y Dios lo sabe. De nuestra parte, tonto ser?a negarlo. En realidad? ser?a peor que tonto? San Juan dice que "si decimos que no tenemos pecado, nos enga?amos y la verdad no est? en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, fiel y justo es El para perdonar nuestros pecados y purificarnos de toda injusticia. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos mentiroso y su palabra no est? en nosotros" (1 Jn 1, 9-10).

De aqu? que una de las cuestiones m?s importantes de nuestra vida sea ?c?mo conseguir "deshacernos" de lo malo que hay en nosotros? ?de las cosas malas que hemos dicho o de las que hemos hecho mal? Esta es una de las principales tareas que tenemos entre manos: purificar nuestra vida de lo que no es bueno, sacar lo que est? podrido, limpiar lo que est? sucio, etc.: librarnos de todo lo que no queremos de nuestro pasado. ?Pero c?mo hacerlo?

No se puede volver al pasado, para vivirlo de manera diferente? S?lo Dios puede renovar nuestra vida con su perd?n. Y El quiere hacerlo? hasta el punto que el perd?n de los pecados ocupa un lugar muy importante en nuestras relaciones con Dios.

Como respet? nuestra libertad, el ?nico requisito que exige es que nosotros queramos ser perdonados: es decir, rechacemos el pecado cometido (esto es el arrepentimiento) y queramos no volver a cometerlo. ?C?mo nos pide que mostremos nuestra buena voluntad? A trav?s de un gran regalo que Dios nos ha hecho.

En su misericordia infinita nos dio un instrumento que no falla en reparar todo lo malo que podamos haber hecho. Se trata del sacramento de la penitencia. Sacramento al que un gran santo llamaba el sacramento de la alegr?a, porque en ?l se revive la par?bola del hijo prodigo, y termina en una gran fiesta en los corazones de quienes lo reciben.

As? nuestra vida se va renovando, siempre para mejor, ya que Dios es un Padre bueno, siempre dispuesto a perdonarnos, sin guardar rencores, sin enojos, etc. Premia lo bueno y valioso que hay en nosotros; lo malo y ofensivo, lo perdona. Es uno de los m?s grandes motivos de optimismo y alegr?a: en nuestra vida todo tiene arreglo, incluso las peores cosas pueden terminar bien (como la del hijo pr?digo) porque Dios tiene la ?ltima palabra: y esa palabra es de amor misericordioso.

La confesi?n no es algo meramente humano: es un misterio sobrenatural. Consiste en un encuentro personal con la misericordia de Dios en la persona de un sacerdote.

Dejando de lado otros aspectos, aqu? vamos sencillamente a mostrar que confesarse es razonable, que no es un invento absurdo y que incluso humanamente tiene much?simos beneficios. Te recomiendo pensar los argumentos? pero m?s all? de lo que la raz?n nos pueda decir, vale la pena acudir a Dios pidi?ndole su gracia: eso es lo m?s importante, ya que en la confesi?n no se realiza un di?logo humano, sino un di?logo divino: nos introduce dentro del misterio de la misericordia de Dios.


Algunas razones por las que tenemos que confesarnos

- En primer lugar porque Jes?s dio a los Ap?stoles el poder de perdonar los pecados. Esto es un dato y es la raz?n definitiva: la m?s importante. En efecto, reci?n resucitado, es lo primero que hace: "Reciban el Esp?ritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedar?n perdonados, a los que no se los perdonen, les quedar?n sin perdonar " (Jn 20, 22-23). Los ?nicos que han recibido este poder son los Ap?stoles y sus sucesores. Les dio este poder precisamente para que nos perdonen los pecados a vos y a m?. Por tanto, cuando quieres que Dios te borre los pecados, sabes a quien acudir, sabes quienes han recibido de Dios ese poder.

Es interesante notar que Jes?s vincul? la confesi?n con la resurrecci?n (su victoria sobre la muerte y el pecado), con el Esp?ritu Santo (necesario para actuar con poder) y con los ap?stoles (los primeros sacerdotes): el Esp?ritu Santo act?a a trav?s de los Ap?stoles para realizar en las almas la victoria de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte.

- Porque la Sagrada Escritura lo manda expl?citamente: "Confiesen mutuamente sus pecados" (Sant 5, 16). Esto es consecuencia de la raz?n anterior: te dar?s cuenta que perdonar o retener presupone conocer los pecados y disposiciones del penitente. Las condiciones del perd?n las pone el ofendido, no el ofensor. Es Dios qui?n perdona y tiene poder para establecer los medios para otorgar ese perd?n. De manera que no soy yo quien decide c?mo conseguir el perd?n, sino Dios el que decidi? (hace dos mil a?os de esto?) a qui?n tengo que acudir y qu? tengo que hacer para que me perdone. Entonces nos confesamos con un sacerdote por obediencia a Cristo.

- Porque en la confesi?n te encuentras con Cristo. Esto debido a que es uno de los siete Sacramentos instituidos por El mismo para darnos la gracia. Te confiesas con Jes?s, el sacerdote no es m?s que su representante. De hecho, la formula de la absoluci?n dice: "Yo te absuelvo de tus pecados" ?Quien es ese ?yo?? No es el Padre Fulano -quien no tiene nada que perdonarte porque no le has hecho nada-, sino Cristo. El sacerdote act?a en nombre y en la persona de Cristo. Como sucede en la Misa cuando el sacerdote para consagrar el pan dice "Esto es mi cuerpo", y ese pan se convierte en el cuerpo de Cristo (ese ?mi? lo dice Cristo), cuando te confiesas, el que est? ah? escuch?ndote, es Jes?s. El sacerdote, no hace m?s que ?prestarle? al Se?or sus o?dos, su voz y sus gestos.

- Porque en la confesi?n te reconcilias con la Iglesia. Resulta que el pecado no s?lo ofende a Dios, sino tambi?n a la comunidad de la Iglesia: tiene una dimensi?n vertical (ofensa a Dios) y otra horizontal (ofensa a los hermanos). La reconciliaci?n para ser completa debe alcanzar esas dos dimensiones. Precisamente el sacerdote est? ah? tambi?n en representaci?n de la Iglesia, con quien tambi?n te reconcilias por su intermedio. El aspecto comunitario del perd?n exige la presencia del sacerdote, sin ?l la reconciliaci?n no ser?a ?completa?.

- El perd?n es algo que ?se recibe?. Yo no soy el art?fice del perd?n de mis pecados: es Dios quien los perdona. Como todo sacramento hay que recibirlo del ministro que lo administra v?lidamente. A nadie se le ocurrir?a decir que se bautiza s?lo ante Dios? sino que acude a la iglesia a recibir el Bautismo. A nadie se le ocurre decir que consagra el pan en su casa y se da de comulgar a s? mismo? Cuando se trata de sacramentos, hay que recibirlos de quien corresponde: quien los puede administrar v?lidamente.

- Necesitamos vivir en estado de gracia. Sabemos que el pecado mortal destruye la vida de la gracia. Y la recuperamos en la confesi?n. Y tenemos que recuperarla r?pido, b?sicamente por tres motivos:

a) porque nos podemos morir? y no creo que queramos morir en estado de pecado mortal? y acabar en el infierno.

b) porque cuando estamos en estado de pecado ninguna obra buena que hacemos es meritoria cara a la vida eterna. Esto se debe a que el principio del m?rito es la gracia: hacer obras buenas en pecado mortal, es como hacer goles en "off-side": no valen, carecen de valor sobrenatural. Este aspecto hace relativamente urgente el recuperar la gracia: si no queremos que nuestra vida est? vac?a de m?rito y que lo bueno que hacemos sea in?til.

c) porque necesitamos comulgar: Jes?s nos dice que quien lo come tiene vida eterna y quien no lo come, no la tiene. Pero, no te olvides que para comulgar dignamente, debemos estar libres de pecado mortal. La advertencia de San Pablo es para temblar: "quien coma el pan o beba el c?liz indignamente, ser? reo del cuerpo y sangre del Se?or. (?) Quien come y bebe sin discernir el cuerpo, come y bebe su propia condenaci?n" (1 Cor 11, 27-28). Comulgar en pecado mortal es un terrible sacrilegio: equivale a profanar la Sagrada Eucarist?a, a Cristo mismo.

- Necesitamos dejar el mal que hemos hecho. El reconocimiento de nuestros errores es el primer paso de la conversi?n. S?lo quien reconoce que obr? mal y pide perd?n, puede cambiar.

- La confesi?n es vital en la luchar para mejorar. Es un hecho que habitualmente una persona despu?s de confesarse se esfuerza por mejorar y no cometer pecados. A medida que pasa el tiempo, va aflojando? se ?acostumbra? a las cosas que hace mal, o que no hace, y lucha menos por crecer. Una persona en estado de gracia -esta es una experiencia universal- evita el pecado. La misma persona en pecado mortal tiende a pecar m?s f?cilmente.


Otros motivos que hacen muy conveniente la confesi?n

- Necesitamos paz interior. El reconocimiento de nuestras culpas es el primer paso para recuperar la paz interior. Negar la culpa no la elimina: s?lo la esconde, haciendo m?s penosa la angustia. S?lo quien reconoce su culpa est? en condiciones de liberarse de ella.

- Necesitamos aclararnos a nosotros mismos. La confesi?n nos "obliga" a hacer un examen profundo de nuestra conciencia. Saber qu? hay ?adentro?, qu? nos pasa, qu? hemos hecho, c?mo vamos? De esta manera la confesi?n ayuda a conocerse y entenderse a uno mismo.

- Todos necesitamos que nos escuchen. ?En qu? consiste el primer paso de la terapia de los psiquiatras y psic?logos sino en hacer hablar al "paciente"? Y te cobran para escucharte? y al "paciente" le hace muy bien. Estas dos profesiones han descubierto en el siglo XX algo que la Iglesia descubri? hace muchos siglos (en realidad se lo ense?? Dios). El decir lo que nos pasa, es una primera liberaci?n.

- Necesitamos una protecci?n contra el auto-enga?o. Es f?cil enga?arse a uno mismo, pensando que eso malo que hicimos, en realidad no est? tan mal; o justific?ndolo llegando a la conclusi?n de que es bueno, etc. Cuando tenemos que contar los hechos a otra persona, sin excusas, con sinceridad, se nos caen todas las caretas? y nos encontramos con nosotros mismos, con la realidad que somos.

- Todos necesitamos perspectiva. Una de las cosas m?s dif?ciles de esta vida es conocerse uno mismo. Cuando "salimos" de nosotros por la sinceridad, ganamos la perspectiva necesaria para juzgarnos con equidad.

- Necesitamos objetividad. Y nadie es buen juez en causa propia. Por eso los sacerdotes pueden perdonar los pecados a todas las personas del mundo? menos a una: la ?nica persona a la que un sacerdote no puede perdonar los pecados es ?l mismo: siempre tiene que acudir a otros sacerdote para confesarse. Dios es sabio y no pod?a privar a los sacerdotes de este gran medio de santificaci?n.

- Necesitamos saber si estamos en condiciones de ser perdonados: si tenemos las disposiciones necesarias para el perd?n o no. De otra manera correr?amos un peligro enorme: pensar que estamos perdonados cuando ni siquiera podemos estarlo.

- Necesitamos saber que hemos sido perdonados. Una cosa es pedir perd?n y otra distinta ser perdonado. Necesitamos una confirmaci?n exterior, sensible, de que Dios ha aceptado nuestro arrepentimiento. Esto sucede en la confesi?n: cuando recibimos la absoluci?n, sabemos que el sacramento ha sido administrado, y como todo sacramento recibe la eficacia de Cristo.

- Tenemos derecho a que nos escuchen. La confesi?n personal m?s que una obligaci?n es un derecho: en la Iglesia tenemos derecho a la atenci?n personal, a que nos atiendan uno a uno, y podamos abrir el coraz?n, contar nuestros problemas y pecados.

- Hay momentos en que necesitamos que nos animen y fortalezcan. Todos pasamos por momentos de pesimismo, des?nimo? y necesitamos que se nos escuche y anime. Encerrarse en s? mismo solo empeora las cosas?

- Necesitamos recibir consejo. Mediante la confesi?n recibimos direcci?n espiritual. Para luchar por mejorar en las cosas de las que nos confesamos, necesitamos que nos ayuden.

- Necesitamos que nos aclaren dudas, conocer la gravedad de ciertos pecados, en fin? mediante la confesi?n recibimos formaci?n.


Algunos "motivos" para no confesarse

- ?Qui?n es el cura para perdonar los pecados?? S?lo Dios puede perdonarlos

Hemos visto que el Se?or dio ese poder a los Ap?stoles. Adem?s, perm?teme decirte que ese argumento lo he le?do antes? precisamente en el Evangelio? Es lo que dec?an los fariseos indignados cuando Jes?s perdonaba los pecados? (puedes mirar Mt 9, 1-8).

- Yo me confieso directamente con Dios, sin intermediarios

Genial. Me parece b?rbaro? pero hay algunos "peros"?
Pero? ?c?mo sabes que Dios acepta tu arrepentimiento y te perdona? ?Escuchas alguna voz celestial que te lo confirma?
Pero? ?c?mo sabes que est?s en condiciones de ser perdonado? Te dar?s cuenta que no es tan f?cil? Una persona que robara un banco y no quisiera devolver el dinero? por m?s que se confesara directamente con Dios? o con un cura? si no quisiera reparar el da?o hecho -en este caso, devolver el dinero-, no puede ser perdonada? porque ella misma no quiere "deshacerse" del pecado.

Este argumento no es nuevo? Hace casi mil seiscientos a?os, San Agust?n replicaba a quien argumentaba como vos: "Nadie piense: yo obro privadamente, de cara a Dios? ?Es que sin motivo el Se?or dijo: ?lo que atareis en la tierra, ser? atado en el cielo?? ?Acaso les fueron dadas a la Iglesia las llaves del Reino de los cielos sin necesidad? Frustramos el Evangelio de Dios, hacemos in?til la palabra de Cristo."

- ?Porque le voy a decir los pecados a un hombre como yo?

Porque ese hombre no un hombre cualquiera: tiene el poder especial para perdonar los pecados (el sacramento del orden). Esa es la raz?n por la que vas a ?l.

- ?Porque le voy a decir mis pecados a un hombre que es tan pecador como yo?

El problema no radica en la ?cantidad? de pecados: si es menos, igual o m?s pecador que vos?. No vas a confesarte porque sea santo e inmaculado, sino porque te puede dar al absoluci?n, poder que tiene por el sacramento del orden, y no por su bondad. Es una suerte -en realidad una disposici?n de la sabidur?a divina- que el poder de perdonar los pecados no dependa de la calidad personal del sacerdote, cosa que ser?a terrible ya que uno nunca sabr?a qui?n ser?a suficientemente santo como para perdonar? Adem?s, el hecho de que sea un hombre y que como tal tenga pecados, facilita la confesi?n: precisamente porque sabe en carne propia lo que es ser d?bil, te puede entender mejor.

- Me da verg?enza...

Es l?gico, pero hay que superarla. Hay un hecho comprobado universalmente: cuanto m?s te cueste decir algo, tanto mayor ser? la paz interior que consigas despu?s de decirlo. Adem?s te cuesta, precisamente porque te confiesas poco?, en cuanto lo hagas con frecuencia, ver?s como superar?s esa verg?enza.

Adem?s, no creas que eres tan original?. Lo que vas a decir, el cura ya lo escuch? trescientas mil veces? A esta altura de la historia? no creo que puedas inventar pecados nuevos?

Por ?ltimo, no te olvides de lo que nos ense?? un gran santo: el diablo quita la verg?enza para pecar? y la devuelve aumentada para pedir perd?n? No caigas en su trampa.

- Siempre me confieso de lo mismo...

Eso no es problema. Hay que confesar los pecados que uno ha cometido? y es bastante l?gico que nuestros defectos sean siempre m?s o menos los mismos? Ser?a terrible ir cambiando constantemente de defectos? Adem?s cuando te ba?as o lavas la ropa, no esperas que aparezcan machas nuevas, que nunca antes hab?as tenido; la suciedad es m?s o menos siempre del mismo tipo? Para querer estar limpio basta querer remover la mugre? independientemente de cu?n original u ordinaria sea.

- Siempre confieso los mismos pecados...

No es verdad que sean siempre los mismos pecados: son pecados diferentes, aunque sean de la misma especie? Si yo insulto a mi madre diez veces? no es el mismo insulto? cada vez es uno distinto? No es lo mismo matar una persona que diez? si mat? diez no es el mismo pecado? son diez asesinatos distintos. Los pecados anteriores ya me han sido perdonados, ahora necesito el perd?n de los "nuevos", es decir los cometidos desde la ?ltima confesi?n.

- Confesarme no sirve de nada, sigo cometiendo los pecados que confieso...

El des?nimo, puede hacer que pienses: "es lo mismo si me confieso o no, total, nada cambia, todo sigue igual". No es verdad. El hecho de que uno se ensucie, no hace concluir que es in?til ba?arse. Uno que se ba?a todos los d?as? se ensucia igual? Pero gracias a que se ba?a, no va acumulando mugre? y est? bastante limpio. Lo mismo pasa con la confesi?n. Si hay lucha, aunque uno caiga, el hecho de ir sac?ndose de encima los pecados? hace que sea mejor. Es mejor pedir perd?n, que no pedirlo. Pedirlo nos hace mejores.

- S? que voy a volver a pecar... lo que muestra que no estoy arrepentido

Depende? Lo ?nico que Dios me pide es que est? arrepentido del pecado cometido y que ahora, en este momento quiera luchar por no volver a cometerlo. Nadie pide que empe?emos el futuro que ignoramos? ?Qu? va a pasar en quince d?as? No lo s? Se me pide que tenga la decisi?n sincera, de verdad, ahora, de rechazar el pecado. El futuro d?jalo en las manos de Dios?

- Y si el cura piensa mal de mi...

El sacerdote est? para perdonar? Si pensara mal, ser?a un problema suyo del que tendr?a que confesarse. De hecho siempre piensa bien: valora tu fe (sabe que si est?s ah? contando tus pecados, no es por ?l? sino porque vos crees que representa a Dios), tu sinceridad, tus ganas de mejorar, etc. Supongo que te dar?s cuenta de que sentarse a escuchar pecados, gratis -sin ganar un peso-, durante horas, ? si no se hace por amor a las almas? no se hace. De ah? que, si te dedica tiempo, te escucha con atenci?n? es porque quiere ayudarte y le importas? aunque no te conozca te valora lo suficiente como para querer ayudarte a ir al cielo.

- Y si el cura despu?s le cuenta a alguien mis pecados...

No te preocupes por eso. La Iglesia cuida tanto este asunto que aplica la pena m?s grande que existe en el Derecho Can?nico -la ex-comuni?n- al sacerdote que dijese algo que conoce por la confesi?n. De hecho hay m?rtires por el sigilo sacramental: sacerdotes que han muerto por no revelar el contenido de la confesi?n.

- Me da pereza...

Puede ser toda la verdad que quieras, pero no creo que sea un obst?culo verdadero ya que es bastante f?cil de superar? Es como si uno dijese que hace un a?o que no se ba?a porque le da pereza?

- No tengo tiempo...

No creo que te creas que en los ?ltimos ___ meses? no hayas tenidos los diez minutos que te puede llevar una confesi?n? ?Te animas a comparar cu?ntas horas de TV has visto en ese tiempo? (multiplica el n?mero de horas diarias que ves por el n?mero de d?as?)?

- No encuentro un cura...

No es una raza en extinci?n, hay varios miles. Toma la gu?a de tel?fono (o llama a informaci?n). Busca el tel?fono de tu parroquia. Si ignoras el nombre, busca por el obispado, ah? te dir?n? As? podr?s saber en tres minutos el nombre de un cura con el que te puedes confesar? e incluso pedirle una hora? para no tener que esperar.


Publicado por mario.web @ 9:09  | religion
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