Jueves, 24 de marzo de 2011
Ignacio S?nchez C?mara profundiza en el qu?hacer del cat?lico en la vida p?blica, sus responsabilidades y obligaciones a la luz de la vivencia de su fe.
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Catolicismo y vida p?blica
Catolicismo y vida p?blica
Lo que hoy d?a se piensa y se dice del Catolicismo

El pasado fin de semana se celebr? en Madrid el III Congreso ?Cat?licos y vida p?blica?, organizado por la Fundaci?n Universitaria San Pablo-CEU. Como era previsible la repercusi?n social y ?medi?tica? ha sido, por decirlo suavemente, moderada.

Pese a que la mayor?a de los espa?oles son cat?licos y que los valores cristianos contin?an impregnando, quiz? s?lo vaga y superficialmente, nuestra sociedad, lo cierto es que el catolicismo parece condenado a jugar en campo contrario y con un ?rbitro casero. Quiz? la Providencia persiga la recuperaci?n de los valores originarios, promoviendo un regreso a la hostilidad padecida en sus principios. Al extendido reproche dirigido al cristianismo de vivir de espaldas a la Modernidad, como si adem?s en ella todo fueran luces y bienes, se suma, en el caso del catolicismo, la acusaci?n de promover la sumisi?n de la conciencia y de la libertad personales a la autoridad absoluta del Papa. Los cat?licos ser?an, as?, antimodernos y heter?nomos, en suma, ?medievales?. Por si esto fuera poco, abundan las voces que exigen que las creencias religiosas queden relegadas al ?mbito de la conciencia personal, a la esfera de lo privado, y que toda pretensi?n de que aspiren a impregnar la vida p?blica son expresi?n de un totalitarismo m?s o menos larvado. El lugar natural de la religi?n estar?a en las catacumbas de lo privado, cuando no en las de la persecuci?n.

Algunas consecuencias de la p?rdida
Y, sin embargo, no es poco lo que el catolicismo y los cat?licos pueden hacer para contribuir a la mejora intelectual y moral de una sociedad que diagnostican, no sin raz?n, como enferma, muchos de los que contribuyen a combatir los valores que podr?an sanarla. El cristianismo constituye la ra?z de los principales valores que sustentan nuestra civilizaci?n, o, lo que queda de ella, incluidos los de quienes, tal vez por ignorancia, lo combaten. Resulta f?cil diagnosticar en cada mal que nos agobia la ausencia clamorosa de un valor cristiano despreciado o ausente: el terrorismo, la violencia, la guerra, la corrupci?n, la insolidaridad, el materialismo,... Si del ?mbito de la moral pasamos al de la cultura en general, habr?a que recordar no s?lo la contribuci?n del cristianismo a la supervivencia y difusi?n de la cultura antigua cl?sica, sino tambi?n su labor de creaci?n de las m?s elevadas obras, desde las catedrales al gregoriano, desde la m?stica a Bach. El olvido de la religiosidad y de las epifan?as del esp?ritu es una de las causas fundamentales de la degradaci?n de la cultura contempor?nea.

Lo de supondr?a
El cristianismo, y la religiosidad en general, constituye un poderoso instrumento para mejorar el mundo, siempre que se acierte a eludir ciertos errores. Siempre que se supere la tentaci?n del fanatismo y la tendencia a no distinguir entre la moral y el derecho. Siempre que no se olvide que la moral cristiana es, ante todo, una invitaci?n a la reforma personal y que siempre han sido los que han seguido la v?a del perfeccionamiento interior, renunciando a transformar directamente el mundo, quienes han logrado ejercer el influjo m?s beneficioso y perdurable. Es preciso un cristianismo a la altura de los tiempos, que, en ning?n caso entra?a la renuncia a su mensaje originario o su mera adaptaci?n a las veleidades de la opini?n dominante. Impedir la difusi?n social de los principios cristianos, aparte de una injusta discriminaci?n cuantas tantas facilidades se dan a las m?s extravagantes e infames opiniones, es privarnos no s?lo de una esperanza de salvaci?n, sino tambi?n del arsenal de principios que nos permiten la recuperaci?n de la excelencia y de la dignidad agredidas. No se enciende una l?mpara para ocultarla.

Publicado por mario.web @ 9:53  | religion
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