Lunes, 28 de marzo de 2011

Martes segunda semana Cuaresma. Ser coherentes con lo que pensamos, decimos y actuamos, por amor a Cristo.
Autor: P. Cipriano S?nchez LC | Fuente: Catholic.net

Constantemente, Jesucristo nuestro Se?or, empuja nuestras vidas y nos invita de una forma muy insistente a la coherencia entre nuestras obras y nuestros pensamientos; a la coherencia entre nuestro interior y nuestro exterior. Constantemente nos inquieta para que surja en nosotros la pregunta sobre si estamos viviendo congruentemente lo que ?l nos ha ense?ado.

Jesucristo sabe que las mayores insatisfacciones de nuestra vida acaban naciendo de nuestras incoherencias, de nuestras incongruencias. Por eso Jesucristo, cuando hablaba a la gente que viv?a con ?l, les dec?a que hicieran lo que los fariseos les dec?an, pero que no imitaran sus obras. Es decir, que no vivieran con una ruptura entre lo que era su fe, lo que eran sus pensamientos y las obras que realizaban; que hicieran siempre el esfuerzo por unificar, por integrar lo que ten?an en su coraz?n con lo que llevaban a cabo.

Esto es una de las grandes ilusiones de las personas, porque yo creo que no hay nadie en el mundo que quisiera vivir con incongruencia interior, con fractura interior. Sin embargo, a la hora de la hora, cuando empezamos a comparar nuestra vida con lo que sentimos por dentro, acabamos por quedarnos, a lo mejor, hasta desilusionados de nosotros mismos. Entonces, el camino de Cuaresma se convierte en un camino de recomposici?n de fracturas, de integraci?n de nuestra personalidad, de modo que todo lo que nosotros hagamos y vivamos est? perfectamente dentro de lo que Jesucristo nos va pidiendo, aun cuando lo que nos pida pueda parecernos contradictorio, opuesto a nuestros intereses personales.

Jes?s nos dice: ?El que se enaltece, ser? humillado; y el que se humilla ser? enaltecido?. ?Qu? curioso, porque esto parecer?a ser la contraposici?n a lo que nosotros generalmente tendemos, a lo que estamos acostumbrados a ver! Los hombres que quieren sobresalir ante los dem?s, tienen que hacerse buena propaganda, tienen que ponerse bien delante de todos para ser enaltecidos. Por el contrario, el que se esfuerza por hacerse chiquito, acaba siendo pisado por todos los dem?s. ?C?mo es posible, entonces, que Jesucristo nos diga esto? Jesucristo nos dice esto porque busca dar primac?a a lo que realmente vale, y no le importa dejar en segundo lugar lo que vale menos. Jesucristo busca dar primac?a al hecho de que el hombre tiene que poner en primer lugar en su coraz?n a Dios nuestro Se?or, y no alguna otra cosa. Cuando Jes?s nos dice que a nadie llamemos ni gu?a, ni padre, ni maestro, en el fondo, a lo que se refiere es a que aprendamos a poner s?lo a Cristo como primer lugar en nuestro coraz?n. S?lo a Cristo como el que va marcando aut?nticamente las prioridades de nuestra existencia.

Cristo es consciente de que si nosotros no somos capaces de hacer esto y vamos poniendo otras prioridades, sean circunstancias, sean cosas o sean personas, al final lo que nos acaba pasando es que nos contradecimos a nosotros mismos y aparece en nuestro interior la amargura.

?ste es un criterio que todos nosotros tenemos que aprender a purificar, es un criterio que todos tenemos que aprender a exigir en nuestro interior una y otra vez, porque habitualmente, cuando juzgamos las situaciones, cuando vemos lo que nos rodea, cuando juzgamos a las personas, podemos asignarles lugares que no les corresponden en nuestro coraz?n. El primer lugar s?lo pertenece a Dios nuestro Se?or. Podemos olvidar que el primer escal?n de toda la vida s?lo pertenece a Dios. Esto es lo que Dios nuestro Se?or reclama, y lo reclama una y otra vez.

Cuando el profeta Isa?as, en nombre de Dios, pide a los pr?ncipes de la tierra que dejen de hacer el mal, podr?a parecer que simplemente les est? llamando a que efect?en una aut?ntica justicia social: ?Dejen de hacer el mal, aparten de mi vista sus malas acciones, busquen la justicia, auxilien al oprimido, defiendan los derechos del hu?rfano y la causa de la viuda?. ?Somos conscientes de que lo que verdaderamente Dios nos est? pidiendo es que todos los hombres de la tierra seamos capaces de poner en primer lugar a Dios nuestro Se?or y despu?s todo lo dem?s, en el orden que tengan que venir seg?n la vocaci?n y el estado al cual hemos sido llamados?
Si cometemos esa primera injusticia, si a Dios no le damos el primer lugar de nuestra vida, estamos llenando de injusticia tambi?n los restantes estados. Estamos cometiendo una injusticia con todo lo que viene detr?s. Estaremos cometiendo una injusticia con la familia, con la sociedad , con todos los que nos rodean y con nosotros mismos.

?No nos pasar?, muchas veces, que el deterioro de nuestras relaciones humanas nace de que en nosotros existe la primera injusticia, que es la injusticia con Dios nuestro Se?or? ?No nos podr? pasar que estemos buscando arreglar las cosas con los hombres y nos estemos olvidando de arreglarlas con Dios? A lo mejor, el lugar que Dios ocupa en nuestra vida, no es el lugar que le corresponde en justicia.

?C?mo queremos ser justos con las criaturas -que son deficientes, que tienen miserias, que tienen ca?das, que tienen problemas-, si no somos capaces de ser justos con el Creador, que es el ?nico que no tiene ninguna deficiencia, que es el ?nico capaz de llenar plenamente el coraz?n humano?

Claro que esto requiere que nuestra mente y nuestra inteligencia est?n constantemente en purificaci?n, para discernir con exactitud qui?n es el primero en nuestra vida; para que nuestra inteligencia y nuestra mente, purificadas a trav?s del examen de conciencia, sean capaces de atreverse a llamar por su nombre lo que ocupa un espacio que no debe ocupar y colocarlo en su lugar.

Si logr?ramos esta purificaci?n de nuestra inteligencia y de nuestra mente, qu? distintas ser?an nuestras relaciones con las personas, porque entonces les dar?amos su aut?ntico lugar, les dar?amos el lugar que en justicia les corresponde y nos dar?amos a nosotros tambi?n el lugar que nos corresponde en justicia.

Hagamos de la Cuaresma un camino en el cual vamos limando y purificando constantemente, en esa penitencia de la mente, nuestras vidas: lo que nosotros pensamos, nuestras intenciones, lo que nosotros buscamos. Porque entonces, como dice el profeta Isa?as: ?[Todo aquello] que es rojo como la sangre, podr? quedar blanco como la nieve. [Todo aquello] que es encendido como la p?rpura, podr? quedar como blanca lana. Si somos d?ciles y obedecemos, comeremos de los frutos de la tierra?.

Si nosotros somos capaces de discernir nuestro coraz?n, de purificar nuestra inteligencia, de ser justos en todos los ?mbitos de nuestra existencia, tendremos fruto. ?Pero si se obstinan en la rebeld?a la espada los devorar?. Es decir, la enemistad, el odio, el rencor, el vivir sin justicia aut?ntica, nos acabar? devorando a nosotros mismos, perjudic?ndonos a nosotros mismos.

Jesucristo sigue insistiendo en que seamos capaces de ser congruentes con lo que somos; congruentes con lo que Dios es para nosotros y congruentes con lo que los dem?s son para con nosotros. En esa justicia, en la que tenemos que vivir, es donde est? la realizaci?n perfecta de nuestra existencia, es donde se encuentra el aut?ntico camino de nuestra realizaci?n.

Pid?mosle al Se?or, como una aut?ntica gracia de la Cuaresma, el vivir de acuerdo a la justicia: con Dios, con los dem?s y con nosotros mismos.


Publicado por mario.web @ 20:46
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