Lunes, 28 de marzo de 2011

Mi?rcoles segunda semana Cuaresma. Pid?mosle a Cristo nos conceda abrir nuestro coraz?n al don de Dios, y nos permita abrir el nuestro para ser don de Dios para los dem?s.
Autor: P. Cipriano S?nchez LC | Fuente: Catholic.net


Nuestra vida no es simplemente una serie de circunstancias, una serie de d?as que van pasando uno detr?s de otro, sino que todos los d?as de nuestra vida son un don de Dios, no s?lo para nosotros, sino sobre todo un don de Dios para los dem?s, para aquellos que viven con nosotros. Un don de Dios que requiere, por parte nuestra, reconocerlo y hacernos conscientes de que efectivamente es un regalo de Dios. Y permitir, como consecuencia, que en nuestro coraz?n haya un esp?ritu agradecido por el hecho de ser un don de Dios.

En la historia de la Iglesia, Dios nuestro Se?or ha ido dando dones constantemente, y a veces ?l se prodiga de una forma particular en algunas circunstancias, por lo dem?s muy normales, muy corrientes, pero que se convierten de modo muy especial en don de Dios para sus hermanos. Es ?l quien decide dar hombres y mujeres a su Iglesia que ayuden a los dem?s a caminar, que ayuden a los dem?s a encontrarse m?s profundamente con Cristo; es ?l quien decide hacer de nuestras vidas un don para los dem?s.

Ciertamente que esto requiere, por parte de quien toma conciencia de ser un don de Dios para los dem?s, una correspondencia. No basta con decir ?yo me entrego a los dem?s?, ?yo soy un don de Dios para los dem?s?, es necesario, tambi?n, estar conscientes de lo que por nuestra parte esto va a suponer. A veces podemos convivir con el don de Dios y no ser conscientes de que lo tenemos a nuestro lado y no ser conscientes de que Dios est? junto a nosotros. Podemos estar conviviendo con el don de Dios y no reconocerlo.

Algo as? les hab?a pasado a Santiago y a Juan, los hijos de Zebedeo. A pesar de llevar ya tiempo con nuestro Se?or, no hab?an captado el don de Dios. Tanto es as? que, justamente despu?s que Cristo les habla de pasi?n, de muerte y de resurrecci?n, acompa?ados de su madre, llegan y le dicen a Jes?s: ?Queremos sentarnos uno a tu derecha y otro a tu izquierda?. Cuando Jes?s est? hablando de renuncia, de entrega, de sacrificio, de redenci?n, ellos le hablan a Cristo de dignidades, de cargos y de honores.
?Qu? misterio es el hecho de que se puede convivir con el don de Dios y, sin embargo, no reconocerlo! Nuestra vida puede ser una vida semejante a la de los hijos de Zebedeo, que ten?an el don de Dios m?s grande -Cristo nuestro Se?or-, y no lo hab?an reconocido.

El don de Dios, el Hijo de Dios caminaba con ellos, com?a con ellos, dorm?a con ellos, les hablaba, les ense?aba, y ?no lo hab?an reconocido! Es necesario tener los ojos abiertos y el coraz?n dispuesto a acoger el don de Dios, porque nos damos cuenta de que, no solamente Juan y Santiago no hab?an captado nada del don de Dios que era Cristo para sus vidas, tampoco nosotros mismos, muchas veces, lo hemos captado.

En este Evangelio encontramos una serie de caracter?sticas que tiene que tener nuestro coraz?n para ser capaz de reconocer el don de Dios: En primer lugar, estar dispuestos a servir a los dem?s; en segundo lugar, estar dispuestos a beber el c?liz del Se?or, y en tercer lugar, estar dispuestos a ir con Cristo, como corredentores, por el bien de los dem?s.

Corredentor, compa?ero y servidor son las caracter?sticas del coraz?n que est? dispuesto a reconocer el don de Dios y del coraz?n que est? dispuesto a ser don de Dios para nuestros hermanos. A nosotros, entonces, nos corresponder?a preguntarnos: ?Soy yo tambi?n corredentor? ?Tomo yo como m?a la misi?n de la Iglesia, la misi?n de Cristo, que es salvar a los hombres? ?Soy compa?ero de Cristo, es decir, lo tengo frecuentemente en mi coraz?n, bebo su c?liz, comparto con ?l todo? ?Su vida es mi vida, sus intereses los m?os, sus inquietudes las m?as? ?Soy servidor de los dem?s? ?Estoy dispuesto a ser de los que sirven, de los que ayudan, de los que colaboran, de los que cooperan, de los que se entregan, de los que dan sin esperar necesariamente una recompensa?

As? como el Hijo del Hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida como rescate de muchos, ?tenemos nosotros la conciencia de que ?ste debe ser el retrato de nuestra vida: corredentores, compa?eros y servidores de Cristo? Esta conciencia, que nos convierte en don de Dios para los dem?s, es la que nos convierte en colaboradores, en ayuda y en camino de Dios para nuestros hermanos los hombres.

No so?emos pensando que simplemente porque los criterios del Evangelio m?s o menos se nos emparejen y estemos de acuerdo con ellos, ya por eso tenemos claro el don de Dios. Si no eres con Cristo corredentor, si no eres capaz de beber su c?liz y si no eres con Cristo servidor de tus hermanos, ser?s lo que seas, pero no me digas que has encontrado el don de Dios, porque te est?s enga?ando.

Cuando el Se?or nos llama a la fe cristiana, es para llenarnos de cosas cotidianas y normales, como es cada una de nuestras vidas. En lo cotidiano est? el don, no tenemos que buscar cosas extraordinarias ni milagros ni cosas raras.

Pid?mosle a Cristo que nos conceda abrir nuestro coraz?n al don de Dios, pero tambi?n pid?mosle que nos permita abrir nuestro coraz?n para que tambi?n nosotros, corredentores, compa?eros y servidores, sepamos ser don de Dios para los dem?s.


Publicado por mario.web @ 20:57
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