Jueves, 31 de marzo de 2011

Fuente: Yo Influyo
Autor: Ana Teresa L?pez de Llergo

En alguna ocasi?n, a prop?sito de una clase de antropolog?a impartida a profesores, surgi? la pregunta ?qui?n es el ser humano y c?mo lo podemos definir?

Se hizo el silencio y luego, poco a poco, hubo una lluvia de ideas. No falt? quien se sintiera incompetente para dar una definici?n, y no s?lo sino que generaliz? la imposibilidad de poder darla. Y as? fueron manifestando muchas caracter?sticas totalmente acertadas y muy experimentadas en la propia vida. Algunas de ellas, compartidas con otras criaturas, como la sensibilidad, la movilidad, la facultad de reaccionar...; otras exclusivas de las personas, como la capacidad de elegir lo que se desea saber, o en qui?n se puede uno apoyar por sus cualidades que garantizan los resultados...

La cuesti?n es interesante, parece incre?ble poder saber de los dem?s y no de uno mismo, incluso trat?ndose de profesores cuya ?materia prima? y destinataria de su labor son las personas, y a?n as? no saben c?mo descifrarla. Es cierto que definir es dif?cil, es cierto que llegar a lo esencial cuesta trabajo, es cierto que es m?s f?cil quedarse en la superficie y describir, es cierto que cada ser humano es un misterio, es cierto que a?n cuando tenemos la misma naturaleza encontramos grandes diferencias con nuestros semejantes. Por eso, se justifica el temor a definir seres tan ricos, pero esa misma riqueza nos capacita para definirnos. Adem?s, hay quienes ya lo han hecho y lo han hecho muy bien.

Arist?teles define al ser humano como animal racional. Santo Tom?s de Aquino, como sujeto de naturaleza espiritual. Tambi?n, a?ado: la persona es un all? corp?reo-espiritual capaz de utilizar su libertad para transformar lo transformable e intercambiar bienes con los otros y trascender (1).

Por lo tanto, en las personas, situadas en el mundo, existe tambi?n un mundo interior, una realidad profunda manifiesta en la racionalidad, en la espiritualidad, en el ejercicio de la libertad, en la capacidad de transformar, en la capacidad de convivir. Todas estas caracter?sticas tienen un orden, ellas son posibles por la espiritualidad.

La espiritualidad es la parte no material que capacita al ser humano para pensar, para querer. Precisamente por no ser material no se capta por los sentidos, se capta por las operaciones que impulsa. Por ejemplo, hablamos de un mundo interior y, si reflexionamos sobre ello, hemos de admirarnos de que en nuestra intimidad quepan tantas vidas de nuestros seres queridos y de otras personas conocidas. Est?n dentro porque las podemos relatar y, sin embargo, caben todas porque no ocupan lugar como lo ocupan los cuerpos.

El ser humano es alguien con intimidad, por eso podemos ensimismarnos y descubrir lo que nos sucede por dentro, para luego comunicarlo y encontrar consejo, consuelo... o, tambi?n, para aconsejar, para consolar. Muchas veces esta riqueza interior asusta y hay quienes prefieren no enterarse pues no saben qu? hacer con tanto poder.

Aunque de manera negativa, algo caracter?stico de la persona humana que la coloca en un plano absolutamente distinto de los animales, es la capacidad de disimular, de ocultar lo que siente, lo que piensa, lo que quiere. Puede esconder y guardar su mundo para s?, a?n a sabiendas de que tal hermetismo le puede da?ar. S?lo el ser humano se puede poner una m?scara y representar una comedia. Y nadie m?s.

Es muy importante conocer qui?nes somos, pues a partir de ese dato, podemos abrirnos a todo lo dem?s. Por ejemplo, nos hacemos idea de la psicolog?a animal y entonces captamos lo que sienten porque sabemos lo que sentimos nosotros. Pero tambi?n somos puntos de referencia para los conceptos b?sicos de las ciencias, como fuerza, velocidad, tiempo, que no basta describir con par?metros matem?ticos pues est?n vinculados con la experiencia humana inmediata y sensorial. Tambi?n los conceptos m?s elevados, necesarios para entender las formas superiores de la realidad como la finalidad, la estructura, la organizaci?n, la relaci?n, remiten tambi?n a la propia experiencia interna de nuestro esp?ritu. Sin estos conceptos no podr?amos ni analizar ni sintetizar.

Nada es m?s pr?ximo a nuestro conocimiento que nosotros mismos, aunque como ya dijimos, somos una realidad rica y compela, no f?cil de abarcar. Para incursionar en nuestra intimidad es necesario dividir y convertirnos en objeto de nuestra propia reflexi?n.

Cada uno de nuestros aspectos solamente se puede analizar despu?s de objetivarlo, compar?ndolo con otras realidades m?s simples. Podemos conocer m?s de la composici?n de nuestro cuerpo cuando conocemos m?s de la composici?n de la materia. Y podemos caer m?s en las peculiaridades de nuestro esp?ritu cuando conocemos mejor la psicolog?a animal. Todas las variadas comparaciones que podemos hacer desde distintas perspectivas enriquecen el conocimiento de qui?nes somos y estructuran las distintas ciencias que nos estudian. Los descubrimientos de una y otra ciencia se complementan y as? ampliamos la perspectiva de nuestra realidad inagotable (2).

Sin embargo, el paisaje de nuestro mundo interior, de nuestra espiritualidad, es tan rico y complejo que descubrirlo en su integridad es casi imposible, y lo alcanzable es arduo. El trabajo intelectual es complicado y muchas veces no resulta f?cil trenzar los datos, pero nos ayuda la luz de la intuici?n, fruto de las m?ltiples experiencias indispensables para llegar a tener este fen?meno. Con la intuici?n nos ahorramos pasos aunque nunca suplen la tarea de la investigaci?n. Por eso, intuici?n e investigaci?n se complementan para facilitar el buceo en nuestra realidad profunda.


Publicado por mario.web @ 19:28
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