Jueves, 31 de marzo de 2011

* La Pornograf?a a la Luz de la Teolog?a del Cuerpo y la Sexualidad

La perspectiva cristiana sobre el cuerpo y la sexualidad se basa en los relatos b?blicos de la creaci?n que tenemos en el libro del G?nesis, donde se describe a Dios creando el cuerpo con amor, y luego infundi?ndole el h?lito de vida (cf. Gn 2Secreto. La raza humana que as? empieza a existir se revela como creada por Dios para ser hombre y mujer (cf. Gn 1:27). La Encarnaci?n del Hijo de Dios reafirma que nuestra existencia corporal es buena, y Cristo eleva el estado natural de las criaturas con su sexualidad, para participar en la vida sobrenatural de la gracia me-diante la instituci?n del Sacramento del Matrimonio.

El acto sexual es parte del plan divino de la creaci?n, como parte del mandato que Dios dio a la humanidad de "Sean fecundos y multipl?quense" (cf. Gn 1:28). El texto b?blico resume elocuentemente la intimidad del acto conyugal para compartir la vida: "Por eso el hombre deja a sus padres para unirse a una mujer y son los dos una sola carne". (Gn 2:24). Al constituir el matrimonio como sacramento, Cristo da mayor claridad al prop?sito de la sexualidad que es fomentar una uni?n amorosa entre los c?nyuges y para la procreaci?n y crianza de los ni?os.

La pornograf?a es un atentado a la concepci?n divina del cuerpo y a la intimidad de la uni?n sexual. Enfoca ciertas funciones naturales del cuerpo sin modestia y de manera obsesiva. Es una ofensa contra la castidad en ge-neral y tambi?n de manera que revela males espec?ficos. Siguiendo el Catecismo de la Iglesia Cat?lica podemos identificar varias maneras en que la pornograf?a hace da?o a los que la producen y a los que la usan.

Al desplegar funciones naturales del cuerpo que normalmente tienen lugar en privado, y actos de la intimidad sexual que propiamente son parte del amor entre esposo y esposa, la pornograf?a viola el respeto que se le debe al cuerpo y le roba a la intimidad sexual su significado y prop?sito intr?nseco. Adem?s de los que producen la pornograf?a, todos los que la distribuyen y compran manchan su dignidad humana. No importa las razones que den, pero cada uno de ellos, en modos diferentes, se convierte en un objeto atrapado en un sistema para procurar placeres il?citos y beneficiarse. Todos los participantes son introducidos a "la ilusi?n de un mundo ficticio" (cf. CIC, no. 2354). Son privados de su habilidad de crecer en el compromiso maduro con otros cuya meta, para la mayor?a, es la alianza del matrimonio y la familia, y para unos cuantos, el sacrificio de la actividad sexual "por amor al Reino" (cf. Mt 19:12).

El Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales describe los males que causa la pornograf?a al comportamiento y al car?cter, tales como:

* Puede tener un efecto entumecedor progresivo, que hace que los indivi-duos se vuelvan moralmente insensibles.

* Puede causar adicci?n, provocando la necesidad en algunos usuarios de necesitar materiales cada vez m?s perversos para alcanzar el mismo grado de estimulaci?n.

*Puede minar el matrimonio y la familia ya que rebaja su valor sagrado.

*En algunos casos, puede incitar a los usuarios a cometer delitos m?s abiertamente violentos como la violaci?n, el acoso sexual de menores y hasta el homicidio (cf. Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, Pornograf?a y Violencia en los Medios de Comunicaci?n: Respuesta Pastoral, nos. 14-17).

Algunos cuestionan si verdaderamente esos efectos resultan de la pornograf?a. Basada en su larga experiencia pastoral, la Iglesia sabe que mucha gente realmente siente una conexi?n entre la pornograf?a y la tendencia hacia esos males personales y sociales. Las investigaciones modernas apoyan esa experiencia pastoral, en particular, en lo concerniente a la pornograf?a que es violenta sexualmente. Estudios particulares tambi?n notan las consecuencias negativas de la pornograf?a no violenta que degrada a la mujer como objeto sexual.

Si hemos de comprender plenamente lo que es la pornograf?a, hay que tomar en cuenta el misterio de la Ca?da. Una de sus consecuencias es que los seres humanos encuentran dificultad en responder al llamado que Dios les hace en la totalidad de su ser. Dios desea la perfecci?n de la persona. Los seres humanos, por tanto, deber?n ser receptivos a sus m?s verdaderos y profundos deseos que surgen del llamado de Dios. La perfecci?n no la logran los individuos aislados sino el individuo en su naturaleza social. No estamos creados para "estar solos" (Gn 2:18). Somos lo que somos mediante nuestras experiencias corporales de ser, hablar y escucharnos mutuamente. Dios desea que las fuerzas afectivas y agresivas se apoyen mutuamente para lograr la madurez del amor desinteresado que es fuerte y fiel. Cuando los afectos se convierten en lujuria y violencia agresiva, se pierden tanto la integridad de la persona como la comuni?n entre personas.

La vida en nuestra cultura moderna hace que sea m?s dif?cil alcanzar la perfecci?n a que hemos sido llamados porque hay tantas distracciones que nos sacan de lo que es indispensable al bienestar humano. Muchas de esas distracciones pronto revelan su vulgaridad y los h?bitos que ellas crean pueden cambiarse. Asuntos concernientes a la sexualidad, que aunque nos ofrece la experiencia m?s ?ntima del impulso hacia la comuni?n social, no se resuelven tan f?cilmente. Aun en medio de actos moralmente incorrectos, se vislumbra el potencial de la sexualidad para satisfacer el poderoso deseo de intimidad que tiene la humanidad. Esta es la promesa con que la pornograf?a muchas veces atrapa a la persona. El placer que ofrece es un substituto para la intimidad aut?ntica. El resultado de este placer no es la intimidad sino sentirse desconectado de uno mismo y de los dem?s. Tambi?n puede convertirse en una adicci?n. El cuerpo y sus funciones, incluyendo la sexualidad, se reducen a ser objeto de fantas?as cada vez m?s grotescas que se necesitan en mayor dosis para duplicar la excitaci?n inicial de la participaci?n en la pornograf?a.

Al enfrentarnos a la pornograf?a, es importante que no se trate s?lo el s?ntoma. Como respuesta ileg?tima a deseos leg?timos de intimidad emocional y f?sica, el remedio a la pornograf?a se basa en una conversi?n que permite ver el cuerpo y la sexualidad desde su sentido intr?nseco, as? como desde la perspectiva de la revelaci?n. Esta conversi?n culmina con un testimonio vivo a la dignidad de nuestra existencia corporal. Incluye sensibilidad a la necesidad, dada por Dios a cada persona, de estar relacionada a otros. Tal testimonio nos permite vencer los enga?os de la pornograf?a que nos separan del verdadero aprecio de nuestros cuerpos.

Ya que la sexualidad, tanto en su uso correcto como en su mal uso, es un elemento de la existencia humana, est? siempre presente en varias formas art?sticas y en los medios de comunicaci?n. Pero lo que no es necesariamente objetable para unos, sin embargo, puede ser no apropiado para j?venes o personas con sensibilidades particulares. Aislar la sexualidad de su contexto moral y usarla para impresionar o degradar a otros para beneficio y placer personal es siempre inmoral.


Publicado por mario.web @ 20:05
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