Jueves, 31 de marzo de 2011
Art?culo que habla del poder de la televisi?n y la responsabilidad de los emisores, productores y receptores
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TV as? o as?...
TV as? o as?...
La tele
Dos ni?os sentados, muy quietos ellos, en el jard?n de la casa frente a una caja de cart?n. ?Qu? hac?is?, les dice su mam?. Y responden: ?Estamos jugando a ver la televisi?n! Nada tiene de extra?o tal escena en esta sociedad nuestra en que la caja tonta bien podr?a llamarse tambi?n el ama de casa, omnipresente, en la sala de estar, en los dormitorios, y hasta en la cocina.

Hay otras escenas, en cambio, m?s esperanzadoras. Le sucedi? a la asistenta que, por primera vez, acud?a a limpiar la casa. Despu?s de una hora en la que hab?a recorrido ya todas las habitaciones, le dice extra?ad?sima a la se?ora: ?Pero ?d?nde tienen la tele?! Le costaba trabajo creer que pudiera haber alg?n hogar sin televisi?n. En aquella casa, evidentemente, no hab?a peligro de que la vitalidad de los hijos sufriera la par?lisis televisiva. Hay que recordar, una vez m?s, que la televisi?n, en s? misma, es hija de la luz, y que del uso que se haga de ella depender? su claridad u opacidad. Cuando se la sirve, en lugar de servirse de ella, la irresponsable dejaci?n de los padres la convierte en la primera maestra y educadora de sus hijos. Esta dejaci?n no es s?lo pasividad; en numerosos casos hay que a?adir la ausencia, para nuestros ni?os y adolescentes, de aut?nticos modelos de humanidad a seguir.

Hace unos d?as escrib?a as? una madre al director de un peri?dico italiano: Hay un telefilm que atrae sobremanera a mi hija peque?a; por un tiempo la he complacido viendo con ella las proezas de la princesa guerrera, explic?ndole lo necesario; pero gradualmente se producen escenas m?s complicadas y absurdas, suscitando batallas no contra los malos y prepotentes, sino luchas psicol?gicas entre energ?as positivas y negativas, para terminar con la reencarnaci?n afirmada como verdad. Cada d?a tengo que buscar alguna excusa para disuadirla de este programa, pero no es nada f?cil, porque a ella le gusta la hero?na; con los mayores puedo discutir, pero con ella no es posible, y me pregunto cuantos ni?os contin?an vi?ndolo dej?ndose influenciar.

El peri?dico responde: Hay que hacer algo, y no por prurito moralista, sino por responsabilidad civil.

Los peque?os siguen el comportamiento de los mayores. Algo tan elemental hoy parece completamente olvidado a la hora de programar y de ver televisi?n. Se habla de leyes para tutelar a los menores; pero ?c?mo van a ser tutelados por unos adultos que se permiten para s? lo que dicen no desear para sus hijos? Hace ya unos a?os, a prop?sito de ciertas revistas espa?olas para adolescentes, a cuyos evidentes da?os la mayor?a de los medios de comunicaci?n no se les ocurr?a otra cosa que oponer esta ocurrencia: Como en los pa?ses m?s avanzados y democr?ticos, deber?a ponerse en tales revistas el mensaje "para adultos", en estas mismas p?ginas nos hac?amos la misma pregunta: ?Qu? clase de sociedad se pretende construir cuando se considera malo para los ni?os lo que se ve como normal para los adultos? Si los ni?os crecen, necesariamente, siguiendo las pautas de comportamiento de los adultos, ?c?mo van a crecer sanos si se les dice que el "veneno" prohibido para ellos es alimento "para mayores"? ?Acaso cualquier ni?o normal del mundo no quiere ser como su pap??

S?lo unos padres que buscan la belleza, el bien y la verdad pueden ofrecer a sus hijos algo m?s que la par?lisis m?s contraria a su propia naturaleza: jugar a ver la televisi?n delante de una caja, no ya tonta y aburrida las m?s de las veces, sino nociva, aunque tantas veces se muestre aparentemente inocua. Tener la televisi?n en su justo lugar, al servicio de lo aut?nticamente humano, y no sometidos a ella, es sin duda una de las m?s urgentes necesidades en estos umbrales del tercer milenio, si no queremos que sea una era quiz?s con m?s impresionantes medios a?n de te?rica comunicaci?n, pero de triste incomunicaci?n real y pr?ctica.

Publicado por mario.web @ 20:09
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