Jueves, 31 de marzo de 2011

Fuente: Vatican.va
Autor: Beatriz Cruz

EXTRACTO DEL DISCURSO DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI
A LOS CARDENALES, ARZOBISPOS, OBISPOS
Y PRELADOS SUPERIORES DE LA CURIA ROMANA


[..] Y, por ?ltimo, Aparecida. De un modo muy particular me conmovi? la estatuilla de la Virgen. Algunos pobres pescadores, que repetidamente hab?an arrojado en vano sus redes, sacaron la estatuilla de las aguas del r?o, y despu?s, por fin, se produjo una pesca abundante. Es la Virgen de los pobres, que se hizo tambi?n pobre y peque?a. As?, precisamente mediante la fe y el amor de los pobres, se form? en torno a esta figura el gran santuario, que, haciendo siempre referencia a la pobreza de Dios, a la humildad de la Madre, constituye d?a tras d?a una casa y un refugio para las personas que rezan y esperan.

Fue un acierto que nos reuni?ramos all? y elabor?ramos el documento sobre el tema: "Disc?pulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en ?l tengan vida". Ciertamente, alguien podr?a formular inmediatamente la pregunta: ?Era ese el tema m?s adecuado para esta hora de la historia que estamos viviendo? ?No era quiz? un giro excesivo hacia la interioridad, en un momento en que los grandes desaf?os de la historia, las cuestiones urgentes sobre la justicia, la paz y la libertad exigen el compromiso pleno de todos los hombres de buena voluntad y, de modo particular, de la cristiandad y de la Iglesia? ?No hubiera sido mejor que afront?ramos, m?s bien, esos problemas, en vez de retirarnos al mundo interior de la fe?

M?s tarde afrontaremos esta objeci?n, pues antes de responder a ella es necesario comprender bien el tema mismo en su aut?ntico significado; cuando lo hayamos hecho, la respuesta a la objeci?n llegar? por s? misma. La palabra clave del tema es: encontrar la vida, la vida verdadera. As? el tema supone que este objetivo, sobre el que tal vez todos est?n de acuerdo, se logra en el discipulado de Jesucristo, as? como en el compromiso en favor de su palabra y de su presencia. Por consiguiente, los cristianos en Am?rica Latina, y con ellos los de todo el mundo, est?n llamados ante todo a ser cada vez m?s "disc?pulos de Jesucristo", algo que, en el fondo, ya somos en virtud del bautismo, lo cual no quita que debamos llegar a serlo siempre de forma nueva mediante la asimilaci?n viva del don de ese sacramento.

?Qu? significa ser disc?pulos de Cristo? En primer lugar, significa llegar a conocerlo. ?C?mo se realiza esto? Es una invitaci?n a escucharlo tal como nos habla en el texto de la sagrada Escritura, como se dirige a nosotros y sale a nuestro encuentro en la oraci?n com?n de la Iglesia, en los sacramentos y en el testimonio de los santos.

Nunca se puede conocer a Cristo s?lo te?ricamente. Con una gran doctrina se puede saber todo sobre las sagradas Escrituras, sin haberse encontrado jam?s con ?l. Para conocerlo es necesario caminar juntamente con ?l, tener sus mismos sentimientos, como dice la carta a los Filipenses (cf. Flp 2, 5). San Pablo describe brevemente esos sentimientos as?: tener el mismo amor, formar una sola alma (s?mpsychoi), estar de acuerdo, no hacer nada por rivalidad y vanagloria, no buscar cada uno s?lo sus intereses, sino tambi?n los de los dem?s (cf. Flp 2, 2-4).

La catequesis nunca puede ser s?lo una ense?anza intelectual; siempre debe implicar tambi?n una comuni?n de vida con Cristo, un ejercitarse en la humildad, en la justicia y en el amor. S?lo as? avanzamos con Jesucristo en su camino; s?lo as? se abren los ojos de nuestro coraz?n; s?lo as? aprendemos a comprender la Escritura y nos encontramos con ?l. El encuentro con Jesucristo requiere escucha, requiere la respuesta en la oraci?n y en la pr?ctica de lo que ?l nos dice. Conocer a Cristo es conocer a Dios; y s?lo a partir de Dios comprendemos al hombre y el mundo, un mundo que de lo contrario queda como un interrogante sin sentido.

As? pues, ser disc?pulos de Cristo es un camino de educaci?n hacia nuestro verdadero ser, hacia la forma correcta de ser hombres. En el Antiguo Testamento, la actitud fundamental del hombre que vive la palabra de Dios se resum?a con el t?rmino zadic: el justo; el que vive seg?n la palabra de Dios, llega a ser un justo. El justo practica y vive la justicia. Luego, en el cristianismo, la actitud de los disc?pulos de Jesucristo se expresaba con otra palabra: el fiel. La fe lo comprende todo. Esta palabra ahora indica a la vez estar con Cristo y estar con su justicia. En la fe recibimos la justicia de Cristo, la vivimos nosotros mismos y la transmitimos.

El Documento de Aparecida concreta todo esto hablando de la buena nueva sobre la dignidad del hombre, sobre la vida, sobre la familia, sobre la ciencia y la tecnolog?a, sobre el trabajo humano, sobre el destino universal de los bienes de la tierra y sobre la ecolog?a: dimensiones en las que se articula nuestra justicia, se vive la fe y se da respuesta a los desaf?os del tiempo.

Ese mismo Documento nos dice que el disc?pulo de Jesucristo tambi?n debe ser "misionero", mensajero del Evangelio. Tambi?n aqu? surge una objeci?n: ?es l?cito tambi?n hoy "evangelizar"? ?No deber?an, m?s bien, todas las religiones y concepciones del mundo convivir pac?ficamente, tratando de hacer juntas lo mejor para la humanidad, cada una a su modo?

Es indiscutible que todos debemos convivir y cooperar con tolerancia y respeto rec?procos[...] El reconocimiento com?n de la existencia de un ?nico Dios, Creador providente y Juez universal de la conducta de cada uno, constituye la premisa para una acci?n com?n en defensa del respeto efectivo de la dignidad de toda persona humana con vistas a la edificaci?n de una sociedad m?s justa y solidaria.

Pero, ?esta voluntad de di?logo y colaboraci?n significa, al mismo tiempo, que ya no podemos transmitir el mensaje de Jesucristo, que ya no podemos proponer a los hombres y al mundo esta llamada y la esperanza que deriva de ella? Quien ha reconocido una gran verdad, quien ha encontrado una gran alegr?a, debe transmitirla; de ning?n modo puede conservarla s?lo para s?. Dones tan grandes nunca est?n destinados a una persona sola. En Jesucristo surgi? para nosotros una gran luz, la gran Luz: no podemos ponerla debajo del celem?n; debemos colocarla sobre el candelero, para que alumbre a todos los que est?n en la casa (cf. Mt 5, 15).

San Pablo estuvo incansablemente en camino llevando consigo el Evangelio. Incluso sent?a una especie de "constricci?n" para anunciar el Evangelio (cf. 1 Co 9, 16), no tanto impulsado por la preocupaci?n de la salvaci?n de personas que no estaban bautizadas, que no conoc?an el Evangelio, cuanto porque era consciente de que la historia en su conjunto s?lo pod?a llegar a su cumplimiento cuando la totalidad de los pueblos hubiera acogido el Evangelio (cf. Rm 11, 25). Para llegar a su cumplimiento, la historia necesita el anuncio de la buena nueva a todos los pueblos, a todos los hombres (cf. Mc 13, 10).

De hecho, es muy importante que confluyan en la humanidad fuerzas de reconciliaci?n, fuerzas de paz, fuerzas de amor y de justicia. Es muy importante que en el "balance" de la humanidad, frente a los sentimientos y a las realidades de la violencia y la injusticia que la amenazan, se susciten y se robustezcan fuerzas antagonistas. Eso es precisamente lo que sucede en la misi?n cristiana. Mediante el encuentro con Jesucristo y sus santos, mediante el encuentro con Dios, el balance de la humanidad se enriquece con las fuerzas del bien sin las cuales todos nuestros programas de orden social no se hacen realidad, sino que, ante la enorme presi?n que ejercen otros intereses contrarios a la paz y a la justicia, se quedan en teor?as abstractas.

De este modo hemos vuelto a las preguntas que nos planteamos al inicio: ?Hizo bien Aparecida, buscando la vida para el mundo, en dar prioridad al discipulado de Jesucristo y a la evangelizaci?n? ?Era una retirada equivocada hacia la interioridad? No. Aparecida decidi? lo correcto, precisamente porque mediante el nuevo encuentro con Jesucristo y su Evangelio, y s?lo as?, se suscitan las fuerzas que nos capacitan para dar la respuesta adecuada a los desaf?os de nuestro tiempo.

Vaticano,21 de diciembre de 2007.


Publicado por mario.web @ 20:27
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