Jueves, 31 de marzo de 2011
Conferencia impartida por Mons Valentino Miserachs, director del Coro de la Capilla Sixtina en el Congreso de M?sica Sagrada de M?xico 2006.
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La m?sica Sacra antes y despu?s del Concilio Vaticano II
La m?sica Sacra antes y despu?s del Concilio Vaticano II
Es con verdadera emoci?n que me encuentro por segunda vez en M?xico, y ahora no como simple turista, sino para tomar parte activa en este XXVIII Congreso Nacional de M?sica Sagrada. Como ?preside? ? o director ? del Pontificio Istituto di Musica Sacra no pude rehusar la amable invitaci?n episcopal. El Exc.mo Sr. Obispo Francisco Moreno Barr?n se person? en Roma para formular tal invitaci?n, y aunque fuera para m? algo complicado dejar el Instituto y la Bas?lica de Santa Mar?a la Mayor durante tantos d?as, juzgu? que val?a la pena hacer un esfuerzo para venir a M?xico, y por muchas y poderosas razones, a m?s de la amabilidad que supon?a la invitaci?n y el afecto con el que est?bamos m?s que seguros que ser?amos recibidos, puesto que ya ten?a la experiencia del pasado viaje y, adem?s, el trato con estudiantes y maestros mexicanos es para m? una agradable relidad de todos los d?as.

Este es el punto que considero el m?s importante, o sea las hondas y provechosas relaciones que el PIMS tuvo ya desde su fundaci?n ? y est? teniendo en nuestros d?as ? con M?xico, con el mundo musical y lit?rgica de la Iglesia de M?xico. Las experiencias que voy a vivir ? que estoy viviendo ? en estos d?as son para m? muy enriquecedoras, y tal vez la presencia y el trato con el Preside de M?sica Sacra, junto con el Maestro Parodi, puede ser ben?fico para dar un espaldarazo a vuestras fatigas y empe?os. No puedo dejar de pensar ? in primis ? en las escuelas de m?sica sacra de M?xico, especialmente en las que est?n vinculadas a nosotros por lazos de afiliaci?n. Estos lazos, para que sean efectivos, necesitan del contacto vivo con las personas y las instituciones. Hay que trazar juntos un balance de la situaci?n actual, y juntos mirar c?mo podemos avanzar para obtener siempre mejores resultados.

Les ruego, pues, que acepten mi modesta persona como si se tratara de un mensajero de la m?sica sacra. Efectivamente, yo no soy especialista ni en musicolog?a, ni en canto gregoriano, ni en liturgia y tanto menos en historia, sino que yo me defino como un m?sico pr?ctico, a quien ha tocado sin embargo la responsabilidad, en momentos delicados, de representar de alguna manera la m?sica lit?rgica de la Iglesia cat?lica desde una instituci?n acad?mica pontificia. Y les puedo asegurar que, desde hace ya diez a?os, pongo en ello mi m?ximo empe?o y toda la buena voluntad de qu? soy capaz. Que no se busque, pues, en mis intervenciones un rigor cient?fico que no es de mi especialidad, sino la buena voluntad de un mensajero que cree un deber moral hablar tambi?n de las cosas que practica. S?lo bajo estas condiciones he aceptado varias invitaciones a hablar en congresos y jornadas de estudio.

Otra premisa que me parece ?til es esta: que voy a usar ordinariamente la expresi?n ?m?sica sacra? en el sentido de ?m?sica lit?rgica?, o sea destinada a la celebraci?n de los sagrados misterios, en el mismo sentido en que viene usada en los documentos de la Iglesia, inclusive el documento de san P?o X. Es importante, ya que la expresi?n ?m?sica sacra? se presta a confusi?n. Hay, sin duda, m?sica sacra cuyo destino no es la liturgia, sino el concierto. Y a?n aqu? cabr?a distinguir: hay m?sica sacra, basada sobre texto lit?rgico, que en algunas latitudes es exclusivamente ?de concierto?, por sentido com?n, mientras que en otras se ejecuta en las iglesias como m?sica lit?rgica: las misas de Mozart o de Schubert, por ejemplo, son ?de concierto? en el mundo latino, mientras que en el mundo anglosaj?n se ejecutan todav?a en celebraciones eucar?sticas.

Veremos que el mismo san P?o X deja la puerta abierta a estas posibilidades, con delicado sentido pastoral, y con ciertas condiciones. Las Pasiones y las Cantatas de Bach son m?sica ?de concierto? para nosotros, mientras que son m?sica lit?rgica para las iglesias reformadas. Un ?Requiem alem?n? de Brahms (?Ein deutsches Requiem?), aunque se base exclusivamente sobre textos de la Sagrada Escritura, creo que no tiene cabida en ninguna liturgia, ni en rito cat?lico ni protestante; es m?sica pensada por el mismo autor para el concierto. No digo ?sala de concierto?, ya que puede haber tambi?n concierto en las iglesias, aunque ser?a mejor llamarlo ?elevaci?n espiritual?, acompa?ada de lecturas.

La misma instrucci?n de la Sagrada Congregaci?n de Ritos del 1967, relativa al cap. VI de la constituci?n ?Sacrosanctum Concilium? sobre la liturgia, del Vaticano II, exhorta a dar cabida en este tipo de marco espiritual a aquellas m?sicas, sacras o religiosas, que no pueden razonablemente entrar en la liturgia, empezando por aquellas que eran usuales antes de la reforma conciliar (pienso, por ejemplo, en los responsorios de la Semana Santa de T.L. de Victoria y de otros grandes polifonistas).

Nuestra consideraci?n va a partir de la historia pr?xima, o sea de los primeros a?os del siglo XIX. En 1903 se produce un hecho de capital importancia para la m?sica sacra. Es el ?motu proprio? de san P?o X; la conmemoraci?n de su centenario, que di? ocasi?n al quir?grafo de Juan Pablo II, es todav?a reciente. Por eso voy a insistir en este cap?tulo.

HISTORIA GEN?TICA DEL MOTU PROPRIO

Pasemos pues a ver un poco la historia, el g?nesis, por decirlo as?, de este documento capital, sin duda el m?s importante de la historia de la Iglesia dedicado al tema de la m?sica sacra, por lo menos hasta el Vaticano II. Importante tambi?n por la repercusi?n que tuvo y por las ben?ficas consecuencias que trajo consigo. Entre el Concilio de Trento y el Vaticano II, fueron varios los pont?fices que intentaron poner orden en las cosas de la m?sica sacra, especialmente Benedicto XIV con la enc?clica ?Annus qui? del 1749, y tambi?n los immediatos predecesores y sucesores de San P?o X, o directamente o a trav?s de la Congregaci?n de Ritos (actualmente ?del Culto y disciplina de los sacramentos?). Pero los tiempos no estaban maduros y, antes de san P?o X, todo qued? en el terreno de las buenas intenciones. A ?l le cupo el ?xito: las circunstancias y la preparaci?n del ambiente por lo menos desde 25 a?os atr?s, con el esp?ritu restaurador de lo antiguo y original propio de su ?poca, le permitieron tomar las cosas en serio y, a pesar de la previsi?n de muchas dificultades, tener la fundada confianza que no faltar?a un ?motor?, que ya estaba funcionando, capaz de llevar a la pr?ctica cuanto ?l expon?a doctrinalmente en el nuevo ?c?digo jur?dico de la m?sica sacra?.

No se llega ciertamente al ?Tra le sollecitidini? porque un buen d?a se levanta el Papa Sarto y se dice a s? mismo: hoy me siento inspirado, y voy a escribir ese documento. Como no se hubiera llegado al Vaticano II, a pesar de la inspirada intuici?n de Juan XXIII, sin que muchos a?os antes se preparase ya el terreno con la evoluci?n de la historia y de la misma conciencia de la Iglesia. Los que somos ya algo mayores nos acordamos de c?mo las decisiones conciliares, particularmente en el campo lit?rgico, ven?an a sancionar unos deseos que en muchos sitios hab?an sido ya objeto, m?s o menos t?midamente, de reflexi?n e incluso de experimentaci?n.

Situaci?n da la m?sica sacra en el siglo XIX

Ante todo, ?cu?l era la situaci?n de la m?sica sacra en el siglo XIX, cu?l era, digamos, el estado de prostraci?n que provoc? la toma de conciencia de algunos grupos y personas hasta la cristalizaci?n de tales deseos en el documento pontificio? Una descripci?n fenomenol?gica y sint?tica, la hallamos en la carta pastoral que el Patriarca Sarto hab?a dirigido a clero y fieles de Venecia poco antes de su elevaci?n al solio de san Pedro, exactamente en 1895. El cardenal Sarto describe as? los efectos de la invasi?n del estilo teatral en la m?sica de iglesia: ?De tal g?nero (profano) es el estilo teatral que arreci? en Italia durante este siglo. No presenta nada que recuerde el canto gregoriano y las formas m?s severas de la polifon?a; su car?cter intr?nseco es la ligereza sin reservas; su forma mel?dica, aunque muy agradable al o?do, es dulzona hasta el exceso (?). Su fin es el placer de los sentidos, y no busca otra cosa que el efecto musical, tanto m?s agradable para el vulgo cuanto m?s amanerado en las piezas concertadas y clamoroso en los coros; su forma es lo m?ximo del convencionalismo: (?) aria del bajo, romanza del tenor, duetto, cavatina, cabaletta y coro final, piezas todas convencionales, y que no faltan nunca (?). Muchas veces se tomaron las mism?simas melod?as teatrales aplic?ndoles por fuerza el texto sacro; m?s a menudo se compusieron otras nuevas, pero siempre de estilo teatral, o con reminiscencias, convirtiendo las funciones m?s augustas de la Religi?n en representaciones profanas, cambiando la iglesia en teatro, profanando los misterios de nuestra fe hasta el punto de merecer la repulsa de Cristo a los mercenarios del templo: lo hab?is convertido en cueva de ladrones? .

?C?mo se pudo llegar a una tal degeneraci?n? Esclarecer las causas nos llevar?a muy lejos. Tal vez ser?a conveniente analizar, al menos ?per summa capita?, la entera historia de la m?sica de la Iglesia. Brevemente: despu?s del per?odo de oro del canto gregoriano (ss. IX-XI) empez? la proliferaci?n de formas amplificativas, muy del gusto de la ?poca, como las secuencias y los tropos, que llegar?an a desembocar en el teatro medieval. Poco despu?s, empez? a dar sus primeros vagidos la polifon?a, muy imperfecta en sus inicios, hasta adquirir un gran prestigio en la ?poca del Renacimiento (s. XVI).

El Concilio de Trento no prohibi? la polifon?a, pero pretendi? de ella gran claridad y simplificaci?n, para que se entendiera bien el texto, exhortando al mismo tempo a que las obras polif?nicas se basaran en la tem?tica del canto gregoriano. Los nombres de Palestrina, Lasso, Morales, De Victoria, Guerrero y muchos otros son lo bueno y mejor de la polifon?a, los autores que mejor encarnan los ideales tridentinos. El Concilio de Trento intent? tambi?n potenciar el canto gregoriano, que hab?a deca?do mucho; se le llamaba ?canto llano?. Pero faltaban las premisas para ello; cabr?a esperar unos siglos todav?a para que el renacimiento del canto gregoriano se pudiera basar en estudios serios, sin los cuales no puede existir una pr?ctica aceptable y de categor?a art?stica.

Lo que pas? desde Trento hasta mediados del siglo XIX se puede resumir en esta frases de Giacomo Baroffio: ?De hecho (?) en pleno siglo XVII la polifon?a absorbe la cultura musical de la ?poca (la m?sica concertada del barroco). Y de tal contaminaci?n no se eximir? ni el mismo canto mon?dico lit?rgico (?). La presencia de centenares de formularios escritos en los ss. XVII-XVIII en este estilo -rico de pr?stamos de canciones populares (?)-, abre la puerta a una total insensibilidad relativamente al car?cter peculiar de la m?sica en la liturgia. La situaci?n precipitar?. A pesar de algunas cr?ticas aisladas, en las iglesias italianas acabar? imponi?ndose el estilo oper?stico hasta la reforma de san P?o X? .

Quisiera notar, antes de pasar adelante, una cosa que no deja de ser curiosa, y que es fruto de mi observaci?n y, digamos, de mi oficio. Los maestros de capilla de nuestras bas?licas, en los siglos XVII-XIX, a pesar de escribir mucha m?sica concertada en el estilo de la ?poca, tambi?n de vez en cuando se acordaban de ser sucesores de Palestrina y de los grandes polifonistas, e intentaban escribir en el estilo antiguo, con buena t?cnica pero, claro est?, con artificio y sin el perfume de las cosas aut?nticas. El lenguaje tonal se hab?a impuesto de manera aplastante, los viejos modos eran ya s?lo un recuerdo fantasmag?rico. De todas maneras, podr?a decirse que la devoci?n sacral al canto gregoriano y a la grande polifon?a nunca se apag? del todo, por lo menos en algunas iglesias privilegiadas.

?Preparaci?n pr?xima? del documento

San P?o X, nacido en Riese (Treviso) en 1835, habiendo vivido en ambiente musical desde la infancia, y habiendo practicado la m?sica antes de ser obispo, incluso como maestro de coro, sensible a todo lo que se estaba moviendo en su tiempo para intentar salir del pantano de la m?sica teatral, estaba destinado a ser el hombre de la Providencia por lo que se refiere a la restauraci?n de la m?sica sacra. La reforma se prepar?, y no s?lo en Italia, en el seno de las Asociaciones de Santa Cecilia. La m?s antigua es la de Ratisbona, y remonta al 1868, con Franz Xaver Witt. La escuela de m?sica de esa ciudad fue fundada ya antes del ?motu proprio?; el mismo Perosi fue alumno de ella. En Munich trabajaron Ett, Aiblinger y Prosker. ?Qui?n no se acuerda de los nombres de Haller y Mitterer, cuyas obras cant?bamos en nuestra juventud? En Italia los nombres m?s importantes, entre los precursores, son los de Guerrino Amelli y del P. Angelo De Santi, S.I., que fue el primer Pr?side de le Escuela Superior de M?sica Sacra -hoy Pontificio Istituto di Musica Sacra- despu?s que san P?o X la fundara en 1911. En 1888 el Patriarca Sarto pidi? al P. De Santi que la preparara una relaci?n o ?voto? seg?n lo que iba escribiendo en sus magistrales art?culos de ?La Civilt? Cattolica?. Pues bien, este ?voto?, con muy peque?os retoques, es el texto del futuro ?motu proprio? de san P?o X. Es consabido -y cosa normal- que los peritos preparan los documentos y los Papas los firman y hacen suyos.

Entre los m?sicos que empezaron a trabajar en Italia seg?n los criterios del ?motu proprio? estaban Salvatore Meluzzi (maestro de la ?Cappella Giulia? de San Pedro), el friulano Jacopo Tomadini, hasta llegar a Lorenzo Perosi, Ernesto Boezi, Augusto Moriconi, Licinio Refice (mi gran predecesor en la capilla de Santa Mar?a la Mayor, de cuya muerte, acaecida en 1954, se cumplieron los cincuenta a?os el mes de septiembre de 2004) y Raffaele Casimiri, a quien cabe el grande m?rito de ser el restaurador de la polifon?a cl?sica, con sus estudios, transcripciones y ejecuciones con sus ?cantori romani? que, segun confesi?n de ancianos colaboradores, arrancaban aplausos propios de un estadio de f?tbol en los conciertos que daban por todo lo ancho del mundo. De la herencia de Casimiri, muerto en 1943, el mismo a?o en qu? yo nac?a , todav?a estamos viviendo; la pr?ctica polif?nica que yo mismo ense?o a nuestros alumnos de Roma es la que proviene de Casimiri, a trav?s del magisterio personal?simo de Domenico Bartolucci.


Tambi?n el ?rgano italiano fue objeto de revisi?n y de reconstrucci?n ideal, como instrumento y como repertorio. Los nombres de Costantino Remondini, Marco Enrico Bossi, Ulisse Matthey, con nuestro Mons. Raffaele Manari, son los m?s destacados. Digo nuestro, porque ?l fue el profesor de ?rgano de nuestro Instituto, y dos grandes nombres salieron de su escuela: Fernando Germani y Ferruccio Vignanelli, am?n de otros muchos. Manari proyect? y estren? el grande ?rgano Mascioni de cinco teclados de nuestra Sala Acad?mica, que por cierto est? siendo integralmente restaurado con el contributo de la ?Generalitat de Catalunya?, teniendo en consideraci?n que tres de los ocho ?pr?sides? que han gobernado el Instituto en su historia casi centenaria han sido o son catalanes: un gregorianista come el abad Gregori M. Su?ol, un music?logo como Mons. Higini Angl?s, y, actualmente, ya lo ven, el ?m?sico pr?ctico? que ahora les est? hablando. El ?rgano se est? restaurando una vez terminados los trabajos de acondicionamiento da la Sala Acad?mica seg?n las normas internacionales m?s modernas, y este ser? el broche de oro de unas obras de restauraci?n total del edificio y del parque circunstante de la sede did?ctica del Instituto, sita en Via di Torre Rossa n. 21 (ex-abad?a de San Girolamo), enfrente del Colegio Espa?ol. La obra ingente que est? llevando a cabo la Administraci?n del Patrimonio de la Sede Apost?lica se integra con la restauraci?n total de la Biblioteca, promovida por la Fundaci?n ?Pro Musica e Arte Sacra?; tambi?n la Sala Acad?mica, junto al grande ?rgano, se ver? enriquecida con un magn?fico piano de gran cola Fazioli, regalado al Papa Juan Pablo II para nosotros por Telecom Italia.

Perdonen esta digresi?n, pero creo interesante constatar que no todo es negativo en estos momentos, y que hay inter?s por parte de la Santa Sede en potenciar la m?sica sacra. Tambi?n esto, a cien a?os de distancia, se puede considerar un fruto del ?motu proprio? de san P?o X.

Los congresos tuvieron una importancia extraordinaria, especialmente el ?Congresso Cattolico di Venezia? del 1874, el de Mil?n de 1880, el de Soave (Verona) de 1889, y los que se celebraron despu?s del ?motu proprio?; entre ellos quisiera mencionar el de Barcelona de 1912, Tercer Congreso Nacional Espa?ol de M?sica Sacra, en el cual se puso de manifiesto hasta qu? punto el ?motu proprio? hab?a sido acogido con fervor en toda Espa?a, y particularmente en Catalu?a. En dicho congreso fueron protagonistas nuestros grandes maestros: Millet, con su ?Orfe? Catal?? (por quien Mons. Casimiri, presente en el congreso, sent?a una admiraci?n ilimitada), Mn. Romeu, Nicolau, Gibert, etc. Los nombres destacados en todo el ?mbito geogr?fico espa?ol son constelaci?n: Ota?o, Torres, Iruarr?zaga, Goicoechea, Urtega, Beobide, Guridi, etc., etc Ya quisiera yo a?adir todos los de M?xico, pero me voy a limitar a un nombre ilustre entre todos, gloria tambi?n de nuestro Instituto : el Maestro Miguel Bernal Jim?nez..

Tuvieron gran influjo los peri?dicos y, naturalmente, las escuelas. Ya antes de la fundaci?n de la escuela de Roma, am?n de la de Ratisbona, surge en Par?s, en 1878, la famosa ?Schola Cantorum?, precedida en 1817 por la ?Institution royale de musique classique et r?ligieuse?; en B?lgica, bajo el numen de Lemmens y de Gevaert, funcionaba en Malinas la escuela de m?sica sacra. La ?Associazione italiana di Santa Cecilia? (A.I.S.C.) naci? en 1880. Ya en 1873 hab?a surgido en Estados Unidos una asociaci?n ceciliana, y una Asociaci?n de San Gregorio Magno se fund? en Holanda en 1876, y en 1884 nace una asociaci?n ceciliana en Inglaterra.

Como podemos ver, el ambiente estaba bien caldeado. Efectivamente san P?o X, apenas elegido pont?fice romano en 1903, teniendo entre sus primeras preocupaciones -tra le sollecitudini- el problema della liturgia y de la m?sica sacra, puede publicar solemnemente su capital documento convencido que, a pesar de las previsibles resistencias que iba a encontrar, de todas formas su voz no se perder?a en el desierto.

LOS PRINCIPIOS PERENNES


Despu?s de este esbozo del contexto hist?rico en que naci? y se propag? el ?motu proprio?, con peculiares referencias a Italia, por ser la cuna de san P?o X y de su documento, y el centro de la Iglesia Cat?lica, y tambi?n por ser el lugar habitual de mi residencia y de mi trabajo desde hace m?s de cuarenta a?os, vamos ahora a pasar a una an?lisis y breve comentario de los puntos esenciales, que son la introducci?n, los principios generales y los g?neros de la m?sica sacra. Todo esto, en l?neas generales, contin?a manteniendo su validez. Es en las disposiciones concretas donde m?s se acusa el paso del tiempo y, por lo tanto, son de menor inter?s para nosotros. Les remito a la lectura integral del documento, compar?ndolo con el cap. VI de la ?Sacrosanctum Concilium? del Vaticano II y la subsiguiente instrucci?n de la Sagrada Congregaci?n de Ritos de 1967. Naturalmente, no faltar? alguna referencia al quir?grafo de Juan Pablo II.

Aunque no pertenezca directamente al tema que nos ha sido delimitado, es casi imposible, leyendo la descripci?n del Patriarca Sarto sobre la penosa situaci?n de prostraci?n de la m?sica sacra en el siglo XIX, y la saludable reacci?n restauradora que el ?motu proprio? sancion?, es casi imposible, repito, no ver las analog?as con la situaci?n actual, a la que alude el mismo Juan Pablo II en su reciente enc?clica ?Ecclesia de Eucharistia? cuando dice que ?cabe lamentar que, sobre todo a partir de los a?os de la reforma lit?rgica postconciliar, a causa de un malentendido af?n de creatividad y de adaptaci?n, no hayan faltado abusos (?). Una reacci?n al ?formalismo? ha llevado algunos (?) a considerar no obligatorias la ?formas? escogidas (?) y a introducir innovaciones no autorizadas y a menudo no convenientes. Siento por tanto el deber de exhortar con calor a que, en la celebraci?n eucar?stica, se observen con gran fidelidad las normas lit?rgicas?. Vendr?, pues, espont?neo -y no creo que sea desatinado ni in?til- hacer alguna consideraci?n de este tipo de en la exposici?n del contenido del ?motu proprio?, a la que vamos a pasar acto seguido.

Vamos a fijarnos primeramente en lo que podr?amos llamar ?principios perennes? de la m?sica sacra, breve y magistralmente expuestos por san P?o X. Notemos ya desde ahora que su doctrina, con algunos matices, es asumida por el Concilio Vaticano II en el mencionado cap. VI de la Constituci?n sobre la Liturgia. El Concilio alude claramente al ?motu proprio? cuando, con relaci?n a la doctrina pontificia habida durante los siglos sobre esta cuesti?n, dice expl?citamente: ?pr?eunte Sancto P?o X?; como para afirmar que el Papa Sarto eman? el documento m?s importante de toda la historia de la Iglesia sobre nuestra cuesti?n, m?s notable en cuanto fueron mayores los ?xitos que obtuvo. Importantes documentos anteriores, como la enc?clica ?Annus qui? de Benedicto XIV, ya vimos que quedaron en la pr?ctica letra muerta San P?o X, dando el valor de ?c?digo jur?dico de la m?sica sacra? a su ?motu proprio?, enumera las connotaciones que la deben caracterizar, y que nacen de una premisa imprescindible, es decir: ?la m?sica sacra, como parte integrante de la liturgia, participa de su finalidad general, que es la gloria de Dios y la santificaci?n de los fieles?. Fustigando aquella m?sica que no se armoniza con esta finalidad, usa estas tremendas palabras: ?ser?a vano esperar que (?) descienda abundante sobre nosotros la benedici?n del Cielo, cuando nuestro obsequio al Alt?simo, en lugar de ascender en olor de suavidad, pone, en cambio, en las manos del Se?or los azotes con los cuales el Divino Redentor arrojara del templo a los idignos profanadores?. Debiendo, pues, ser la m?sica sacra c?nsona a la ?dignidad y santidad del templo?, y siendo ?sta una exigencia de todo tiempo y de todo lugar, de ello se desprende que ?la m?sica sacra tiene que poseer en el mejor de los grados las cualidades que son propias de la liturgia?, que se reducen a tres: santidad, arte verdadera o bondad de formas, de las que fluye espont?neamente la tercera cualidad, que es la universalidad.

La ?santidad? de la m?sica sacra

La m?sica sacra ?debe ser santa, con exclusi?n de cualquier profanidad, no s?lo en s? misma, sino tambi?n en el modo de ser propuesta por parte de los ejecutores?.

Ya hemos dicho que la m?sica ?profana?, o de sabor profano, que san P?o X pretend?a alejar del templo era la de molde teatral. La acci?n del Papa quiere ser sumamente en?rgica, obligando en conciencia a todo el mundo, desde los obispos hasta el ?ltimo ?agente? lit?rgico, desafiando con firmeza la impopularidad que la instrucci?n, seg?n la previsi?n catastr?fica de muchos, iba a encontrar. En la conclusi?n del documento no se olvida de nadie: ?Se recomienda a los maestros de capilla, cantores, personas del clero, p?rrocos y rectores de iglesias, can?nigos de colegiatas y catedrales, y sobre todo a los ordinarios diocesanos, que favorezcan con todo el celo estas sabias reformas, deseadas desde hace mucho tiempo y concordemente invocadas por todos, a fin de que no caiga en menosprecio la misma autoridad de la Iglesia, que repetidamente las ha propuesto y ahora nuevamente las inculca?. Contra las posibles reacciones desfavorables, y para que no suceda como en el pasado, invoca el prestigio de la autoridad de la Iglesia, que tiene que ser salvado con la colaboraci?n de todos.

En la carta pastoral de Venecia hab?a esgrimido un argumento que tiene resonancias muy actuales, cuando dec?a: ?el solo placer no fue nunca el recto criterio para juzgar de las cosas sagradas, y el pueblo no tiene que ser nunca favorecido en las cosas malas (non buone), sino educado e instruido?. Este es un principio que habr?a que tener muy presente cuando, con el pretexto de atraer al pueblo, y sobre todo a los j?venes, se introducen hoy en la liturgia ? ?con qu? competencia y con qu? autorizaci?n?- tonadillas insulsas y ef?meras, mala imitaci?n de productos ligeros o ex?ticos que, a todas vistas, son y ser?n, en su esencia endeble, nada m?s que musiquillas ?profanas?, que ser?a mejor, seg?n el sentido etimol?gico de la palabra ?profano?, tener fuera del templo, lejos de la celebraci?n de los sagrados misterios. Ya s? que hoy no es f?cil entender la palabra ?santidad? en sentido un?voco cuando tanto han sido ensalzadas las realidades ?profanas? y lo proprio de cada latitud. Incluso san P?o X reconoce lo vidrioso del tema cuando dice en la introducci?n del ?motu proprio?: ?sea por la naturaleza de esta arte (la m?sica), que es fluctuante y variable, sea por la sucesiva alteraci?n del gusto y de las costumbres en el decurso del tiempo, o bien por el funesto influjo que ejerce en el arte sagrado el arte profano y teatral, o por el placer que la m?sica directamente produce y que resulta dif?cil contener en sus justos l?mites, (?) hay una continua tendencia a desviarse de la recta norma (?)?.

Yo me pregunto: si todo el mundo est? de acuerdo -cosa hoy muy dif?cil- en que hay que observar un cirto estilo en los ornamentos sagrados, en la arquitectura y decoraci?n de las iglesias, no digamos en la correcci?n y sobria elegancia de las versiones de los textos lit?rgicos, etc?, ?es posible que la m?sica sea el ?rancho grande? donde lo bueno y lo malo tengan el mismo valor, y donde el concepto mismo de ?profanidad? ya no tenga que ser tenido en cuenta?

Yo creo que las comisiones diocesana e interdiocesanas -?y ojal? que Roma asumiera tambi?n sus responsabilidades!- tendr?an que controlar los repertorios locales y excluir aquellas m?sicas -y aquellos textos, naturalmente- que son descaradamente profanos, y que, en todo caso, son pasables para encuentros conviviales o excursiones, pero que desentonan en el contexto sacro de la celebraci?n de los sacramentos, y especialmente de la misa. San P?o X a?ad?a, con relaci?n a la ?santidad?: ?no s?lo en s? misma, sino tambi?n en el modo de ser propuesta por parte de los ejecutores?. ?Creen Vds. que es aceptable ver junto a los sagrados ministros, junto al altar sagrato, a veces en el mism?simo sagrado presbiterio, conjuntos de guitarras, bater?as y otras hierbas, como si estuvi?ramos en una discoteca? Para terminar este p?rrafo, voy a recordar una frase de Pablo VI dirigida al congreso del A.I.S.C. en 1968: ?No todo lo que se encuentra fuera del templo tiene aptitudes para franquear sus umbrales?.

La ?bondad de forma? de la m?sica sacra

El segundo ?principio perenne? que el ?motu proprio? pretende de la m?sica sacra es el concepto de ?arte verdadera? o de ?bondad de formas?. Es un principio de evidente buen sentido. Yo dir?a que no cualquier m?sica, aunque se trate de m?sica de verdad y bien escrita, es digna ?ipso facto? de entrar en el patrimonio sacro.

Es evidente. Los valses de Strauss son bell?simos y de factura impecable, pero no son para la iglesia. Pero me parece igualmente evidente el pretender que cualquier m?sica sacra tenga que ser ?m?sica de verdad?, escrita y ejecutada con todas las reglas del arte, por m?s que se trate de m?sica sencilla o popular. Pensemos en lo sublime de la ?Missa Brevis? gregoriana. Pensemos en la nobleza de inspiraci?n y riqueza de m?dulos musicales de un canto que nuestro pueblo catal?n ejecuta todav?a a pulm?n henchido: el ?Crec en un D?u? de Mn. Romeu. L?mpidos ejemplos de c?mo puede haber m?sica lit?rgica simple y popular, que sea, al mismo tiempo, excelso producto de arte.

Quisiera subrayar que las reformas da la m?sica sacra operadas en el curso de los siglos, inclusive la de san P?o X, tuvieron el car?cter de una purificaci?n; pero est? el hecho de que las m?sicas que se pretend?a alejar del repertorio, aun en el caso de ser mediocres o inadecuadas, por lo menos presentaban una cierta ?correcci?n formal?. El Concilio de Trento no prohibi? la polifon?a, sino un cierto tipo de polifon?a de car?cter exhibicionista, de grandes alardes t?cnicos, pero que poco ten?a en cuenta el texto lit?rgico, que era mero pretexto para encumbrar una vanidad humana de alta sabidur?a t?cnica y de sofisticada ejecuci?n. San P?o X tuvo que luchar para desterrar la m?sica teatral, de repelente sabor profano, pero escrita, en el fondo, siguiendo las reglas de la armon?a y de la sintaxis musical.

En cambio, la reforma a la que hoy se aspira tiene que hab?rselas muchas veces con ?musiquillas? que ni tan s?lo conocen el abecedario de la gram?tica musical. ?C?mo se podr?a hablar de ?verdadera arte? cuando nos hallamos con productos banales, a imagen y semejanza de la ?m?sica de consumo? m?s trivial, melod?as sin melod?a, ritmos obsesionantes, sin otra armonizaci?n que algunas sumarias indicaciones de acordes para ejecuciones ?guitarreras?? Esto es lo que tristemente emerge repasando el repertorio de la mayor?a de iglesias italianas; mas no creo que el problema se limite a Italia.

Tampoco hay que ignorar los nobles esfuerzos que en muchas partes se hacen para limpiar y mejorar el repertorio. ?Y lejos de m? afirmar que hoy todo es malo, y que lo que se hizo a ra?z del ?motu proprio? todo fue bueno! Los mayores nos acordamos, por ejemplo, de una misa que circulaba y gozaba de gran popularidad en nuestras iglesias de Catalu?a; esta misa pretend?a inspirarse en el ?motu proprio? y, para m?s inri, ostentaba el t?tulo de ?Misa de P?o X?; su autor era un tal Juli?n Vilaseca. Era la cosa m?s ramplona de este mundo, de una pedestre teatralidad, exactamente la m?sica que san P?o X pretend?a desterrar. ?Qui?n podr?a perorar la ?santidad? y la ?bondad de forma? de esa m?sica irrisoria y de efectismos casi c?micos, compar?ndola con la nobleza, la profunda piedad y la sublime perfecci?n art?stica de una ?Preg?ria a la Verge del Remei? de Millet, o de ?l?Himnari dels Fidels? de Dom Ireneu Segarra?

La ?universalidad? de la m?sica sacra

Pasemos ahora a la tercera ?connotaci?n?, al tercer ?principio perenne?: la ?universalidad?. El Concilio Vaticano II prefiri? no mencionar este punto. Ni la ?Sacrosanctum Concilium? ni la instrucci?n de 1967 hablan de ?universalidad?. Es m?s, el comentario aut?ntico de esta Instrucci?n afirma textualmente que ?habiendo puesto el Concilio el principio de admitir en la Sagrada Liturgia aquellas expresiones peculiares que responden a la ?ndole, cultura y tradici?n de cada pueblo, este tercer elemento (la ?universalidad?) ya no se pod?a proponer?.

Yo me permito no estar de acuerdo con una tal conclusi?n, que me parece apresurada. Tal vez la ?culpa? sea de P?o XII, que en su enc?clica ?Music? sacr? disciplina? vinculaba la connotaci?n de ?universalidad? al solo canto gregoriano, haciendo, a mi juicio, un paso atr?s con respecto al documento de San P?o X.

Que el canto gregoriano, impuesto con el lat?n a todo el mundo que usa el rito romano, pudiera tener un car?cter de universalidad, es evidente. Pero aqu? se trata de convencer, no de vencer. El canto gregoriano puede ser ?universal? menos por su imposici?n que por sus caracter?sticas intr?nsecas. Y esas son las que pondera san P?o X. Desde luego, el ?canto gregoriano? en s? mismo, patrimonio acumulado en el curso de tantos siglos con la fusi?n arm?nica de tantas y tan distintas tradiciones, incluso heterog?neas, sobre las alas de la lengua latina, ten?a y tiene por su misma personalidad y fuerza art?stica y espiritual, vocaci?n de universalidad. En este canto sublime -bajado directamente del cielo junto con el canto popular, en frase del M? Llu?s Millet- es donde San P?o X ve brillar ?in grado sommo? los tres principios que juzga indispensables para la m?sica sacra: santidad, bondad de formas, universalidad.

Esto por lo que al canto gregoriano se refiere. Pero san P?o X no es exclusivo; tambi?n la mejor polifon?a sacra, empezando por la escuela romana o palestriniana, reluce por estas cualidades, sobre todo cuando sus temas nacen del canto gregoriano, y con este sublime canto mon?dico comparte modalidad, libertad r?tmica (primado del texto), claridad (compatible con la grandiosidad arquitect?nica) etc. La apertura de san P?o X es total hacia la m?sica de nueva composici?n, mientras est? sujeta a los principios generales enucleados, y, desde luego, la piedra de toque para verificar la validez de una m?sica nueva para la liturgia -que se supone escrita ?a regola d?arte?- es siempre el canto gregoriano: ? Fue siempre considerado -dice- el modelo supremo de la m?sica sacra, y se puede establecer con todo fundamento la siguiente ley general: una nueva composici?n de iglesia ser? m?s sacra y lit?rgica cuanto m?s se acerque en su aire, en su inspiraci?n y en su sabor a la melod?a gregoriana, y ser? menos digna del templo cuanto m?s se aleje de aquel supremo modelo?.

La norma es, pues, no la letra sino el ?esp?ritu? del canto gregoriano?.


El ?esp?ritu? del canto gregoriano

El ?esp?ritu? se halla, por supuesto, en el mismo canto gregoriano. Mi experiencia me ense?a que el canto gregoriano tiene cualidades para poder ser propuesto a todas las culturas. Cuantas veces lo he preguntado a nuestros alumnos, que provienen de todos los cuatro puntos cardinales de la tierra, la respuesta ha sido siempre positiva, un?nime. Entonces yo me pregunto: ?c?mo se justifica el abandono general del canto gregoriano en nuestra Europa, sobre todo en los pa?ses de cultura latina, que deber?an ser los m?s pr?ximos a este canto por tradici?n musical, ling??stica y cultural? ?Tal vez el Vaticano II dijo que hab?a que arrinconar el canto gregoriano? Esto es lo que suelen decir muchos curas cuando una cosa no les va a genio: ?lo ha prohibido el Concilio! En el tanto citado cap. VI de la ?Sacrosanctum Concilium?se lee todo lo contrario: ?La Iglesia reconoce el canto gregoriano como canto proprio de la liturgia romana; por esto, en las acciones lit?rgicas, en paridad de condiciones, se le reserve el lugar principal?. Impl?citamente, a m?s de la normativa expl?cita, se prescribe el uso del lat?n, al canto gregoriano indisolublemente unido. ?Como ha sido posible un abandono tan general? ?Con qu? ventajas? Tal abandono, que a veces roza el hast?o, tanto de conocimiento como de pr?ctica del canto gregoriano, es, a mi juicio, una de las causas de la pobreza actual. Nos lamentamos de ella, pero nos falta el coraje para encontrar ant?dotos y, muchas veces, preferimos ni hablar del tema.

Creo necesario, si se quiere pensar seriamente en una ?reforma?, en el sentido de fidelidad al Concilio, que se restituya el canto gregoriano seg?n las posibilidades de cada comunidad, sino olvidar que nada que valga la pena se obtiene sin constancia y sin esfuerzo. Adem?s, habr?a que conservar un repertorio ?de base? (por lo menos el ?Jubilate Deo? de Pablo VI) o, aun mejor, el ?Liber cantualis?, en todos los repertorios locales. El canto gregoriano nos une a todos, pone de manifiesto y ?crea? la unidad de la Iglesia, tiene un valor de tipo sacramental.

El ?esp?ritu? del canto gregoriano tendr?a que informar toda m?sica de iglesia; ser?a ya de por s? una garant?a de que las nuevas composiciones de cualquier g?nero (polif?nico, concertado, mon?dico, complejo, simple, popular, etc.) estuvieran en condiciones de tener las cualidades necesarias. No se trata de copiar, sino de impregnarse del ?esp?ritu?. Pensemos en las composiciones lit?rgicas de un Durufl?, de Bartolucci, del P. Segarra, en la ?missa del Roser? y en la del Centenario de Balmes, de Mn. Romeu, en el oc?ano de m?sica espiritual y religiosa de nuestros grandes maestros.

El canto gregoriano, siendo producto genuino de antiguas tradiciones, incluso populares, de nuestro mundo mediterr?neo, europeo y oriental -incluso el canto de la sinagoga-, tiene puntos de contacto, analog?as, con todas las tradiciones musicales aut?nticamente populares esparcidas en lo ancho del mundo. Me encanta escuchar melod?as africanas, asi?ticas, americanas, con todos sus ritmos, sus instrumentos, sus percusiones, siempre que de aut?ntica tradici?n popular se trate. Cantos orientales, ?rabes, lo que sea. Sus modos, sus escalas, sus melod?as son parientes del canto gregoriano. Basta non confundir lo aut?nticamente ?popular? con la pseudo-cultura de la ?Coca-cola?. La fusi?n hermanadora entre canto gregoriano y cantos de las m?s diversas regiones ser?a una excelente base para la ?inculturaci?n?, que tendr?a que ser de doble direcci?n, y que resultar?a tanto m?s acertada cuanto m?s cada cultura local se ?inculturase? en el tesoro tradicional de la Iglesia. Este es uno de los retos que est?n ya desafiando muchos de nuestros ex-alumnos de estos pa?ses.

Y todav?a una consideraci?n final, que habla de la apertura de ?nimo de san P?o X. Mientras P?o XII, como dec?amos, vinculaba la ?universalidad? de la m?sica de iglesia al solo canto gregoriano, el ?motu proprio? reconoce el derecho ?a cada naci?n de admitir en las composiciones de iglesia aquellas formas particulares que constituyen en cierto modo el car?cter espec?fico de su propia m?sica, con tal que se subordinen a los caracteres generales de la m?sica sacra (santidad y bondad de formas), de tal manera que ninguna persona de otra naci?n pueda llevarse una mala impresi?n al escucharlas?. Creo que san P?o X pensaba en la tradici?n de usar en la liturgia m?sicas concertadas y orquestales, propias de los paises anglosajones. Oyendo una misa de Mozart o de Schubert en sede lit?rgica, podemos pensar que no son propias de nuestra tradici?n, pero en modo alguno nos llevamos una mala impresi?n o nos escandalizamos. S?lo los que se creen el ombligo del mundo son propensos al esc?ndalo.

Pero es que el horizonte se ensancha. Tampoco creo que puedan producir una mala impresi?n las aut?nticas expresiones de cultura ?popular? de cualquier rinc?n del mundo. La puerta est? abierta para reconocer el carisma de ?universalidad? a cualquier tradici?n musical que pueda exhibir las connotaciones consabidas de ?santidad? o verdadera expresi?n de religiosidad, y de ?arte verdadera?, aunque sencilla y popular. Hay que ir con m?s cuidado, en cambio, con la m?sica ?culta?, en el sentido de que no todas las producciones ?sacras? contempor?neas (o del pasado), con ser tal vez ?arte de verdad?, pueden entrar indiscriminadamente en el repertorio lit?rgico, o por hermetismo de lenguaje, o por otras rarezas, que ponen en tela de judicio su ?universalidad?. Dice con frase feliz Giacomo Baroffio que ?el oratorio no tiene que convertirse en laboratorio?. Sedes habr? m?s adecuadas para este tipo de experimentos que las celebraciones lit?rgicas, que tienen que ser ?aptas para todos los p?blicos?.

La formaci?n musical

Otro aspecto valid?simo del ?motu proprio?, sobre el cual ya no nos es posible detenernos, pero s? por lo menos insinuarlo, es el de la educaci?n. Para obtener los efectos deseados, adem?s de comisiones de m?sica sacra que tienen que velar por el repertorio y por su ejecuci?n, es necesario que la m?sica se estudie en los seminarios y casas religiosas, y que se creen ?schol? canturum? para la ejecuci?n de la polifon?a y de la buena m?sica lit?rgica. Quiere que se hable de la m?sica sacra en las clases de otras disciplinas (liturgia, moral, derecho can?nico) en los puntos que tengan relaci?n con ella; asimismo, se instituyan ?schol? cantorum?, de mayor o menor grado, en todas las iglesias. Para tener buenos formadores, cabe sostener y promover las escuelas superiores de m?sica sacra y fundar otras nuevas.

Casi con las mism?simas palabras de san P?o X se expresa tambi?n el Concilio Vaticano II. El P.I.M.S. y otras muchas instituciones en todo el mundo, est?n cumpliendo con vitalidad y entusiasmo estas consignas. Tambi?n las escuelas de m?sica sacra de M?xico. Hay que profundizar en este tema.

Pero es justo hacer otra observaci?n: las condiciones de la vida moderna, en comparaci?n can las del per?odo preconciliar, son muy distintas. En los seminarios de nuestra juventud hab?a clase diaria de solfeo y, despu?s, de canto gregoriano y de canto religioso, ejercit?ndonos en la polifon?a en la ?schola cantorum?, y estudiando piano y ?rgano quien lo deseaba o ten?a cualidades. Actualmente, ni siquiera en la ?ratio studiorum? propuesta por la Congregaci?n de la Educaci?n cat?lica hay rastro alguno de m?sica, de ning?n tipo. Por lo menos hasta hace poco tiempo. Creo que son muchos los que desean que se insista otra vez, junto con los estudios ?human?sticos?, base id?nea donde asentar filosof?a y teolog?a, tambi?n en estudios musicales, por lo menos elementales, sin cuyo conocimiento no se puede cencebir un estudio y una pr?ctica concreta de la m?sica sacra.

CONCILIO Y POSTCONCILIO

As?, de la mano de san P?o X, llegamos a los mismos umbrales del Concilio Vaticano II. Los documentos de P?o XII y de la Congregaci?n de Ritos se limitaron a aplicar el ?motu proprio?, a veces limitando su amplia visi?n. Lo que pas? despu?s del Concilio, lo hemos vivido en nuestra carne, y a menudo como misterio de pasi?n. Sobretodo al constatar que la praxis ha seguido rutas muy distintas ? por no decir opuestas ? a cuanto dijo el Concilio. Me voy a limitar a dar un resumen de lo que se lee en el cap. VI de la Constituci?n ?Sacrosanctum Concilium? sobre la Liturgia, cap?tulo dedicado enteramente a la m?sica sacra:

1. La Iglesia aprueba todas las formas de arte aut?ntico, adornadas de las cualidades necesarias, y las admite en el culto divino. La finalidad de la m?sica sacra es la gloria de Dios y la santificaci?n de los fieles.

2. Es necesario conservar y fomentar con la m?xima atenci?n el tesoro de la m?sica sacra y promover diligentemente las ?scholae contorum?, sin olvidar la participaci?n activa de los fieles.

3. Hay que dar mucha importancia a la formaci?n y a la pr?ctica musical en seminarios, noviciados, casas de estudios religiosos, etc. (...) Tambi?n se recomienda la erecci?n de institutos superiores de m?sica sacra.

4. La Iglesia reconoce el canto gregoriano como canto propio de la liturgia romana; por eso en las acciones lit?rgicas, en paridad de condiciones, le corresponde el lugar principal.

5. No se excluyen los otros g?neros de m?sica sacra, especialmente la polifon?a.

6. El ?rgano tubular ha de ser tenido en grande estima en la Iglesia latina. Su sonido puede a?adir un admirable fulgor a las cerimonias y elevar potentemente las almas a Dios y a las cosas superiores. Se podr?n admitir otros instrumentos, siempre y cuando sean aptos o adaptables al uso sagrado, sean c?nsonos a la dignidad del templo y ayuden de verdad a la edificaci?n de los fieles. (...)

7. Los m?sicos cristianos deben sentirse llamados al cultivo de la m?sica sacra. Compongan melod?as que tengan las caracter?sticas de la aut?ntica m?sica sacra, para los coros grandes, los m?s modestos, y para el pueblo.

La Instrucci?n de la Congregaci?n de Ritos del 5 de marzo de 1967 da mayores precisiones, como es natural, poniendo de relieve, entre otras cosas, la importancia a?n mayor de la ?Schola?, pero sin apartarse en nada de lo decidido por el Concilio. Juzguen ahora ustedes mismos si, en lo que nos ha tocado vivir en estos cuarenta a?os de postconcilio, se ha venido observando lo que entonces fue decidido o no. Yo me atrevir?a a decir que en ning?n ?mbito de los que abord? el Concilio ? y fueron pr?cticamente todos ? se ha producido desviaci?n mayor que en el campo de la m?sica sacra.

Se podr?a hablar durante horas, pero creo que todo lo que ha pasado se podr?a resumir en una palabra, y es esta: anarqu?a. En un sector tan importante por su estrecha, ?ntima, inseparable vinculaci?n con los sagrados misterios, Roma nunca hubiera debido declinar su gran responsabilidad normativa, como desgraciadamente ha pasado. Ha sido necesario esperar cuarenta a?os para que se produjera un documento pontificio de importancia, como es el quir?grafo de Juan Pablo II, cuyo t?tulo es ?Mossi dal vivo desiderio?, conmemorativo del centenario del ?motu proprio? de san P?o X. Pero ?qui?n conoce tal documento? ?Qui?n ha hablado de ?l? Yo les puedo s?lo decir que es la convalidaci?n de la doctrina de san P?o X, sin cambiar ni una coma de lo que es esencial; es m?s, recuperando algunos aspectos a los que el Concilio hab?a puesto la sordina, como la connotaci?n de ?universalidad?, en el sentido de aptitud para todos los p?blicos. Ustedes pueden encontrar este documento en la antolog?a de textos espec?ficos del Magisterio de la Iglesia publicada recientemente por nuestro Instituto, cuyo t?tulo es ?Iucunde laudemus?.

Hace ya algunos a?os que me esfuerzo en convencer a mis superiores ? y la cosa ya es de p?blico dominio, por tanto el clamor va ?in crescendo? ? de la necesidad de un organismo pontificio que tenga autoridad normativa en un sector tan vital para la Liturgia de la Iglesia. Una autoridad y competencia que muchos creen que pertenece al Pontificio Istituto di Musica Sacra, mientras que no es as?: nosotros somos s?lo una instituci?n acad?mica, y si alguna autoridad tenemos es s?lo moral, lo que en italiano llaman ?autorevolezza?. No creo lejano el d?a en que la Iglesia del Papa Benedicto XVI vaya a dar este paso que podr?a ser, a mi modesto juicio, de grande ayuda para salir del atolladero en que nos encontramos.




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Publicado por mario.web @ 20:38
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