Jueves, 31 de marzo de 2011
Ofrecemos un fragmento, publicado por el diario Corriere della Sera, de L?Europa di Benedetto nella crisi della cultura, el nuevo libro del Papa Benedicto XVI. Se incluye comentario de Juan Luis V?zquez.
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Crisis europea (fragmento del libro de Benedicto XVI)
Crisis europea (fragmento del libro de Benedicto XVI)
L?Europa di Benedetto nella crisi della cultura: nuevo libro del Papa Benedicto XVI

Sin Dios, nada se construye





En el debate acerca de la definici?n de Europa, en torno a su nueva forma pol?tica, no est? en juego una batalla nost?lgica por una cierta vuelta a ?pocas pasadas, sino sobre todo una gran responsabilidad por la Humanidad de hoy.

Echemos una mirada de cerca a la contraposici?n entre las dos culturas que han marcado Europa. En el debate sobre el Pre?mbulo de la Constituci?n europea, tal contraposici?n se hace evidente en dos puntos concretos: la referencia a Dios y la referencia a las ra?ces cristianas de Europa. Se dice que, visto que en el art?culo 52 se garantizan los derechos institucionales de la Iglesia, podemos estar tranquilos. Pero eso significa que, en la vida de Europa, la Iglesia tiene un lugar en el ?mbito del compromiso pol?tico, mientras que, en lo que se refiere a las bases de Europa, la impronta de su contenido no encuentra espacio alguno. Las razones que se dan en el debate p?blico a este neto No son superficiales, y es evidente que, m?s que indicar la verdadera motivaci?n, la esconden. La afirmaci?n de que la menci?n a las ra?ces cristianas hiere los sentimientos de muchos que no son cristianos, es poco convincente, ya que se trata, ante todo, de un factor hist?rico que nadie puede negar seriamente. Naturalmente, esta menci?n hist?rica contiene tambi?n una referencia al presente, desde el momento en que, al hablar de la ra?ces, se indican las fuentes de orientaci?n moral, y ?stas son un factor de identidad en esta formaci?n que es Europa. ?Qui?n se siente ofendido? ?Qui?n ve su identidad amenazada? Los musulmanes, con los que tanto cuidado se tiene, no se sienten amenazados por nuestras bases morales cristianas, sino por el cinismo de una cultura secularizada que niega estas mismas bases. Tampoco nuestros conciudadanos hebreos no se sienten ofendidos por la referencia a las ra?ces cristianas, en cuanto esas ra?ces se extienden al monte Sina?: llevan la impronta de las voces que se hicieron sentir sobre el monte de Dios, y nos ligan a las grandes orientaciones fundamentales que el Dec?logo ha legado a la Humanidad.
Lo mismo vale para la referencia a Dios: no es la menci?n de Dios lo que ofende a los que pertenecen a otras religiones, sino sobre todo la intenci?n de construir la comunidad humana absolutamente sin Dios.
Las motivaciones para este doble No son profundas. Presupongo la idea de que solamente la cultura ilustrada radical, la cual ha alcanzado su pleno desarrollo en nuestro tiempo, podr?a ser constitutiva de la identidad europea. Junto a ella pueden coexistir diferentes culturas religiosas con sus respectivos derechos, a condici?n de que respeten los criterios de la cultura ilustrada y se subordinen a ella. La cultura de la Ilustraci?n est? sustancialmente definida por el derecho a la libertad. Parte de la libertad como un valor fundamental que lo mide todo: la libertad de elecci?n religiosa, que incluye la neutralidad religiosa del Estado; la libertad de expresar la propia opini?n, a condici?n de que no ponga en duda este canon; el ordenamiento democr?tico del Estado, con el consiguiente control parlamentario de los organismos estatales; la libre formaci?n de partidos; la independencia del poder judicial; y la tutela de los derechos del hombre y la prohibici?n de discriminaci?n. Aqu? el canon est? todav?a en v?as de formaci?n, ya que hay derechos que parecen confrontados, como por ejemplo el deseo de libertad de la mujer y el derecho a la vida del nasciturus. As?, el concepto de discriminaci?n se alarga cada vez m?s, y la prohibici?n de discriminar se puede transformar en una limitaci?n de la libertad de opini?n y de la libertad religiosa.



Confusa ideolog?a de la libertad

Bien pronto no se podr? afirmar que la homosexualidad, como ense?a la Iglesia cat?lica, constituye un desorden objetivo en la estructuraci?n de la existencia humana. Y el hecho de que la Iglesia est? convencida de no tener el derecho a conferir la ordenaci?n sacerdotal a las mujeres, est? considerado por algunos como algo irreconciliable con el esp?ritu de la Constituci?n europea. Es evidente que este canon de la cultura ilustrada contiene valores importantes, de los que no podemos prescindir; pero tambi?n es evidente que la concepci?n mal definida ?o no definida, de hecho? de la libertad, comporta inevitablemente contradicciones. Un uso radical de la libertad conlleva limitaciones que esta generaci?n no puede siquiera imaginar. Una confusa ideolog?a de la libertad conduce a un dogmatismo que se revela, como siempre, hostil a la libertad.
En el di?logo, necesario, entre no creyentes y cat?licos, nosotros los cristianos debemos permanecer fieles a esta l?nea de fondo: vivir una fe que proviene del Logos, de la Raz?n creadora, y por tanto abierta a todo aquello que es verdaderamente racional. Pero en este punto quiero, en mi calidad de creyente, hacer una propuesta a los no creyentes: en la ?poca de la Ilustraci?n se intent? entender y definir las normas morales esenciales diciendo que ser?an v?lidas etsi Deus non daretur, aun en el caso de que Dios no existiese. Ante las contraposiciones de las diferentes confesiones y en la crisis referida a las distintas im?genes de Dios, se intent? poseer valores morales esenciales m?s all? de contradicciones, y buscar para ellos una evidencia independiente de las divisiones e incertezas de las distintas filosof?as y confesiones. As?, se quer?a asegurar las bases de la convivencia y, en general, de la Humanidad. En aquella ?poca parec?a posible, en cuanto que las grandes convicciones de fondo, procedentes en gran parte del cristianismo, parec?an innegables. Pero ya no es as?. La b?squeda de una certeza tranquilizadora, que pudiese mantenerse incontestada m?s all? de todas las diferencias, es algo fallido. Ni siquiera el esfuerzo, verdaderamente grandioso, de Kant ha podido crear la necesaria certeza compartida. Kant hab?a negado que Dios pudiese ser conocido en el ?mbito de la sola raz?n; pero, al mismo tiempo, hab?a situado a Dios, la libertad y la inmortalidad como postulados de la raz?n pr?ctica, sin los cuales, seg?n ?l, no era posible la actuaci?n moral. ?La situaci?n al d?a de hoy no nos podr?a hacer pensar que puede tener raz?n? Lo dir? con otras palabras: la tentativa, llevada hasta el extremo, de plasmar las cosas humanas dejando completamente de lado a Dios nos conduce siempre a lo m?s hondo del abismo, al desamparo total del hombre. Deber?amos, entonces, dar la vuelta al argumento de los ilustrados y decir: tambi?n quien no ha encontrado la v?a de Dios deber?a buscar vivir y dirigir su vida si Deus daretur, como si Dios existiese. ?ste es el consejo que ya daba Pascal a los amigos no creyentes; es el consejo que damos tambi?n hoy a los amigos que no creen. As? ninguno queda limitado en su libertad, y as? todas nuestras cosas encuentran un sost?n y un criterio del cual tenemos urgente necesidad.

Benedicto XVI



Denuncia y esperanza

El nuevo libro de Benedicto XVI, publicado hace dos semanas en Italia, fue presentado por el Presidente del Senado italiano, Marcello Pera, y por el Presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, cardenal Camillo Ruini, en un clima de expectaci?n por la actualidad de su contenido

La cultura, la vida, la fe y una Europa en busca de su identidad son los grandes temas que recorre el Papa Benedicto XVI en su ?ltimo libro, L?Europa di Benedetto nella crisi della cultura, ya publicado en Italia. Los encargados de la presentaci?n fueron Marcello Pera y el cardenal Camillo Ruini. El Presidente del Senado italiano, que se ha declarado no creyente, afirm? que ?este libro es profundamente actual, porque habla en t?rminos claros de la crisis de Europa y de temas de bio?tica. Es un libro asumible tambi?n por los no creyentes, por lo acertado de sus propuestas de vida. Es tambi?n un gran libro de denuncia: contra un cristianismo que reduce el n?cleo del mensaje de Cristo a los valores del Reino ?al hacerlo, se olvida a Dios mismo y se le sustituye por los solos valores?; denuncia tambi?n de una cultura laicista que tiende a eliminar toda confesi?n de fe de la vida p?blica. Europa ha desarrollado una cultura que, de un modo desconocido en la historia de la Humanidad, excluye a Dios de la conciencia p?blica?.

El cardenal Camillo Ruini afirm?, en la presentaci?n del libro, que el Papa ?ha afrontado los nudos decisivos de la cultura europea en relaci?n con el cristianismo, que en Europa ha recibido su impronta cultural e intelectual m?s eficaz, y permanece, por tanto, vinculado de modo especial a Europa misma. En nuestros d?as, se ha desarrollado una racionalidad cient?fica y funcional que ha tra?do como consecuencia la concepci?n de que Dios no existe o, cuando menos, no puede ser aceptado, por lo que toda referencia a ?l debe ser eliminada de la esfera p?blica. El libro contiene una propuesta positiva: lo propio del cristianismo es ser la religi?n del Logos; ?sa es su fuerza, frente a una cultura en la que prima una naturaleza irracional en la que el hombre y su racionalidad ser?an un subproducto. De hecho, la racionalidad del universo no puede ser explicada sobre la base de lo irracional, por lo que el Logos, la Inteligencia creadora, resulta la mejor hip?tesis. Este Logos se ha manifestado como amor en Cristo crucificado, y s?lo como amor se concreta la plena realizaci?n de nuestra existencia?.

Publicado por mario.web @ 20:55
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