Viernes, 08 de abril de 2011
Existen muchos peligros que no nos dejan practicar nuestra fuerza de voluntad.
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Vamos a recordar un poco la definici?n de la fuerza de voluntad ?Es la facultad capaz de impulsar la conducta y dirigirla hacia un objeto determinado, contando con dos ingredientes b?sicos: la motivaci?n y la ilusi?n?.

En nuestro art?culo anterior dimos a conocer algunas herramientas para fortalecer nuestra voluntad. Algo as? como una ?gimnasia para fortalecer la voluntad?. Como toda facultad, si no se usa, puede atrofiarse. Y la voluntad tambi?n puede atrofiarse cuando no se practica. Existen muchos peligros hoy en d?a que no nos dejan practicar nuestra fuerza de voluntad. Vamos a explicar algunos de ellos y as? estar conscientes del efecto que pueden causarnos en nuestro camino para alcanzar la santidad.

El primer enemigo de nuestra voluntad somos nosotros mismos, es decir, la falta de confianza en nosotros mismos. Al proponernos un ideal tan alto como es el de la santidad nos puede parecer un ideal tan alto que lo convertimos en una quimera, es decir en un sue?o, en una idea buena, pero inalcanzable. No nos sentimos capaces de llegar nunca a nuestra meta. Nos descorazonamos antes de comenzar. Esta actitud paraliza de ra?z nuestra voluntad, puesto que muy en lo interior de nosotros mismos sabemos que no vamos nunca a ser santos. No se trata de ser ingenuos y pretender alcanzar la santidad s?lo con buenos deseos o en un abrir y cerrar de ojos, como tantas veces lo hemos repetido a lo largo de esta serie de art?culos. Pero si desde el principio desconfiamos de nosotros mismos, nos desalentamos, entonces paralizamos autom?ticamente la voluntad.

?C?mo va a ser posible que la voluntad me lleve a cumplir los prop?sitos de mi programa de reforma de vida, si en el fondo yo creo que no voy a conseguir nada objetivo en orden a la santidad? Y esta actitud muy bien puede tener su origen en la soberbia o en la sensualidad.

Soberbia porque no quiero dejar de ser como soy para transformarme en lo que Dios quiere que sea. Es una soberbia muy sutil, muy ?encaramelada? muy cubierta de buenas formas: ?as? soy yo?, ?yo no he nacido para esto?, ?me conformo con no hacer mal a nadie?. Y puede darse tambi?n una actitud de sensualidad porque sabemos que el cambio implica sacrificio, dejar posturas c?modas, h?bitos arraigados y ante la lucha nos viene temor, dudamos, no estamos seguros de nosotros mismos.

Otro obst?culo para lograr una voluntad grande y fuerte es el formado por nuestros sentimientos. Nos dejamos llevar por los sentimientos de cada d?a. Hoy puedo haberme levantado con una gran ilusi?n por ser santo, pero... mi marido no se despidi? de m? con un beso como siempre sueles hacerlo..., mi jefe en el trabajo me impuso unas ?rdenes que a m? no me corresponden cumplir..., el profesor en la clase fue injusto conmigo y me dej? m?s tarea que a los dem?s... Y cada uno de estas circunstancias nos golpean nos hieren. Eso es normal. No somos de palo y si Dios nos ha dado una sensibilidad es para enriquecer nuestro esp?ritu, para vibrar con las necesidades de los dem?s, para comprender el dolor ajeno. Los sentimientos son pasajeros: van y vienen. Pero nuestra raz?n debe imponerse a ellos, es m?s debe aprender a gobernarlos y as?, puede aprovechar aquellos sentimientos positivos y rechazar los negativos. Si yo en la ma?ana me levanto con ganas de comerme el mundo, pero el d?a que est? nublado y lluvioso hace que me deprima y que me quede en la cama o que salga con una cara de enfado y malestar, se?al es que soy una persona que se deja llevar por los sentimientos. Si por el contrario, tengo metas claras y una voluntad forme, entonces aprovechar? ese sentimiento positivo con el que amanec? y encauzar? las ganas de comerme el mundo en forma positiva para cumplir con perfecci?n mi deber. Y si el d?a est? nublado pues aplicar? lo de ?al mal tiempo, buena cara?. Es decir, que teniendo una voluntad firme, no me dejar? llevar por los sentimientos. Dejarme llevar por los sentimientos es soltar el tim?n de mi vida y dejarla al garete de las circunstancias, de los hechos, de las emociones. De esa forma el barco no puede llegar a ning?n puerto.

Otro peligro que puede atacar mi voluntad, hasta el punto de paralizarla es el hedonismo. Tener el placer y la comodidad como el m?ximo valor en mi vida y por lo tanto, encauzar todo mi ser a la adquisici?n de aquellos bienes o circunstancias que me proporcionen mayor placer, mayor bienestar, mayor comodidad. Frente a un sacrificio que me pueda exigir mi programa de reforma de vida, si toda mi persona tiende a la ley del m?nimo esfuerzo, no ser? capaz de mover un solo dedo para sacrificarme y lograr la meta que me he propuesto. El hedonismo se va pegando en toda mi persona hasta tal punto que compromete mi libertad esclaviz?ndola. ?Te has preguntado cu?ntas veces has elegido lo m?s c?modo, lo m?s f?cil, lo m?s inmediato, porque te hac?a sentir bien? ?Eres capaz de sacrificar un poco de charla insustancial con las amigas o con los amigos para dedicar ese tiempo a alg?n apostolado o alguna acci?n social en beneficio de los m?s necesitados? Preguntas sencillas, como las de una encuesta, pero que nos permiten conocer hasta qu? punto estamos esclavizados por lo m?s inmediato, por lo que nos proporciona un placer pasajero.

Estos son los peligros que pueden enredar y entorpecer mi voluntad hasta llegar a atrofiarla. Con la voluntad atrofiada no podr? conseguir nunca mi meta de alcanzar la santidad.

Para fortalecer mi voluntad, adem?s de hacer esos actos voluntarios en los que yo me niego a m? mismo con el fin de ejercitar el ?m?sculo? de la voluntad y as? siempre tener flexible en cualquier momento, debo contar con un mot-or. Mot-or viene de la uni?n de dos palabras claves en la formaci?n de mi voluntad. Mot: de motivaci?n. Or: de orden.

Motivaci?n. No es f?cil ponernos metas en nuestras vidas. M?s dif?cil es luchar por conseguirlas. Y much?simo m?s dif?cil es tener constancia para adquirirlas. Si yo no estoy motivado por alcanzar esas metas, como los boxeadores ?voy a tirar la toalla? a la mitad de la pelea, o.. cuando comience lo dif?cil de la pelea. Estar motivado no es s?lo ?desear? hacer las cosas. Estar motivado es quererlo alcanzar y tener siempre en mente el ideal al que queremos llegar. ?Te acuerdas de la imagen del espejo que utilizamos al comienzo de esta serie de art?culos? Bueno, pues estar motivado es tener siempre presente esa imagen, ese modelo que queremos alcanzar. Y nuestro modelo por excelencia es Cristo. Debemos, como nos invita el Papa en la Carta Apost?lica Novo Millenio Ineunte no. 1 aprender a ?contemplar el rostro de su Esposo y Se?or?. Ver a Cristo, no como alguien lejano, perdido en el pasado hist?rico, sino como nuestra meta. Alguien al que debemos imitar, al que debemos seguir de cerca. Viendo su rostro podremos tener la motivaci?n necesaria para alcanzar la santidad, para no desfallecer en el camino. Si no tenemos constantemente presente ese rostro, nos desalentaremos frente a los fracasos y dejaremos de luchar por alcanzar la santidad de vida a la que estamos llamados. Ver el rostro de Cristo es revisar cada noche nuestro programa de reforma de vida, aceptar humildemente nuestras derrotas, dar gracias por los ?xitos y proponernos ser mejores el d?a siguiente para parecernos, para convertirnos m?s a Cristo. Ver el rostro de Cristo y motivarnos en nuestra vida, debe ser una misma cosa.

Orden Trabajar con orden, con m?todo. Trabajar con nuestro programa de reforma de vida. En los negocios, en los proyectos, existe una ruta cr?tica que debemos seguir; un programa una gu?a un calendario. Los pilotos de vuelos, los capitanes de barco siguen una bit?cora de viaje para llegar a tiempo y sanos y salvos a su destino. Los mejores platillos en la cocina se preparan siguiendo minuciosamente las recetas. Las tareas en la escuela se realizan siguiendo un orden. Si queremos conseguir algo estable y duradero debemos seguir un orden. Lo mismo en nuestra vida espiritual. Hay que fijarnos metas, hay que dar los pasos necesarios para adquirir esas metas. Es necesario un orden. Tu puedes fijarte en tu programa de reforma de vida las metas para cada mes. Recuerda lo que dec?a Tom?s de Kempis en su libro ?La imitaci?n de Cristo?: ?Si cada a?o quit?ramos de nuestra vida un defecto, al final de nuestras vidas ser?amos santos?. Pero para quitar un defecto cada a?o es necesario trabajar con orden, con constancia. ?Festina lente?, despacio, que voy deprisa, dec?an los latinos. Tenemos prisa por ser santos, pero debemos trabajar cada d?a luchando por adquirir la virtud necesaria para combatir nuestro defecto dominante.

Recuerda el motor, motivaci?n y orden en el momento de ponerte a trabajar en tu programa de reforma de vida.

Publicado por mario.web @ 9:54  | religion
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