Viernes, 08 de abril de 2011
La humildad es necesaria para el crecimiento en la vida espiritual
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Nos hemos dado cuenta que para ser santos, para convertirnos en otro Cristo, debemos aceptar nuestra condici?n de criaturas: salimos de Dios, somos de Dios y regresaremos a Dios. Esta verdad, tan sencilla y que se expresa de un modo tan concreto, nos cuesta mucho trabajo vivirla. No nos gusta que nadie nos diga lo que tenemos que hacer. Las pasiones, que se reflejan principalmente en nuestro defecto dominante, llegan a apoderarse de tal manera de nuestra vida, que hay ocasiones en las que no sabemos quien vive en nosotros: no distinguimos ya entre nuestros propios deseos y las ?rdenes que nos lanza nuestras pasiones y nuestro defecto dominante. Hacemos de nuestra vida un modo para satisfacer y dar gusto a nuestro defecto dominante.

Es cierto que con nuestro programa de reforma de vida, estamos creciendo interiormente, pero mientras no tengamos una clara conciencia de que somos criaturas de Dios, de que dependemos de ?l, nuestro avance ser? lento en el camino para adquirir la santidad. Estaremos construyendo nuestra santidad en la arena y no en roca firme, como nos sugiere el Evangelio. Podemos entusiasmarnos por unos d?as, por unas semanas, o por unos meses en este camino que hemos emprendido. Pero tarde o temprano, si en la base de este combate contra el defecto dominante no est? la humildad, nos desanimaremos y dejaremos de realizar cualquier esfuerzo para seguir adelante.


?Qu? debemos hacer para ser humildes?

Toma tu evangelio y ?brelo en el cap?tulo 15 de San Lucas, de los vers?culos 11 al 31. Ah? Cristo nos relata la historia del hijo pr?digo. ?Cu?ntas veces hemos meditado estas par?bolas? Ahora quiero que las leas con calma, sabore?ndolas y aplic?ndolas a tu vida, principalmente a tu programa de crecimiento interior. Detente un poco en esta frase: ?Y entrando en s? mismo dijo: ?Cu?ntos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aqu? me muero de hambre! Me levantar?, ir? a mi padre y le dir?: Padre, pequ? contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, tr?tame como a uno de tus jornaleros. Y, levant?ndose, parti? hacia su padre.? (Lc. 15, 17-20)

Para ser humilde debemos seguir los pasos de este hijo pr?digo en ese momento, que es el momento de su conversi?n. Este hijo pr?digo, despu?s de desperdiciar la herencia, se da cuenta que lo ha perdido todo:?Cu?ntos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aqu? me muero de hambre! ?l, como nosotros, ha malgastado la hacienda que le ha dado su padre, que no es otra cosa que la capacidad de ser Hijo de Dios. Nosotros como criaturas nos hemos revelado frente a Dios, como los ?ngeles ca?dos (2Pe, 4) y le hemos dicho que preferimos seguir con nuestro defecto dominante que seguirlo a ?l.

La humildad es reconocerse criatura de Dios. Y muchas veces criatura alejada de Dios por el pecado.

La humildad no es una lamentaci?n de nuestra condici?n de pecadores que se han alejado de Dios, sino constataci?n de una verdad: soy hijo de Dios, soy criatura. Y como criatura que soy debo seguir las indicaciones de mi Creador. Lo que sucede es que muchas veces no sigo esas indicaciones, sino que sigo las indicaciones de mi pereza o de mi soberbia, es decir, de mi defecto dominante.

Muchos autores espirituales de nuestros d?as han expresado esta idea con diversos simbolismos. Escuchemos a uno de ellos:

?Yo anhelo, Se?or, esta santa indiferencia
que me anular? a m? mismo para fundirme en Ti.
Y poder yacer en tus manos como fiel de balanza
Para que T? lo inclines hacia donde se te antoje.

Y como papel en blanco,
Para que en ?l escribas lo que quieras.
Y como agua cristalina entre tus manos,
Para que T? la viertas en el vaso que te plazca.
Y como barro de alfarero,
Para que T? lo moldees como te convenga.
Y como borrico de carga,
Para llevarme donde m?s me necesites.

Y como ni?o de pecho en brazos de su madre,
Para no poder ir donde T? no vayas
Y para ir contigo siempre a dondequiera que T? fueres.

Y como baratija en manos de un ni?o
Para que a tu antojo, te diviertas o me destroces...
Mas, ?qu? alta est?, Dios m?o,
la cumbre de esta perfecci?n!
?Y c?mo se enredan en mis pies
los ?speros matorrales de sus senderos!?



Esta es la cumbre de la perfecci?n a la que estamos llamados: como criaturas de Dios depender en todo de ?l, sabiendo que s?lo en ?l se encuentra la felicidad. Lo que sucede es que tratamos de llenar esa felicidad con mil y un suced?neos: cosas materiales, afectos, sentimientos, ansias de poder y todo lo que nos proponen nuestras pasiones a trav?s de nuestro defecto dominante.

Pero ser humilde no es buscar en el exterior las cosas que nos hagan ser m?s humildes. Humilde no es el que vive arrumbado en un rinc?n, lejos de la vista de todos, con la mirada siempre agachada, temeroso de que lo vean. Esa puede ser una caricatura de la humildad y esconder ah? una gran soberbia. Humilde es el que se reconoce como hijo de Dios y bas?ndose en ese reconocimiento acepta las condiciones de esa filiaci?n, acepta las condiciones de la amistad con Cristo. Que esas condiciones le piden aceptar una enfermedad, o un malestar f?sico pasajero... pues las acepta gozoso porque es humilde y se sabe que es lo que Dios quiere de ?l en ese momento. Que a su esposo le ha ido bien en el negocio y pueden disfrutar de un fin de semana extra o comprarse un vestido nuevo, pues lo acepta por que en esos momentos es la voluntad de Dios y no lo anda presumiendo entre sus amigas. Que uno de sus hijos est? pasando por un mal momento y necesita quiz?s un poco m?s de comprensi?n y cercan?a... como es humilde sabe renunciar quiz?s a una tarde de domin? con los amigos y decide invitar a ese hijo o hija a cenar, a tomar un caf? y platicar con ?l o con ella, a estar cerca de ?l. Que en la Universidad me han ofrecido el plan de irme de vacaciones de Semana Santa a una playa de ensue?o, pero s? que tambi?n podr?a dedicar ese tiempo para catequizar a comunidades que pocas o raras veces tienen la oportunidad de escuchar la palabra de Dios... como es humilde sabe posponer los planes personales por los planes de Dios.

No podemos dar un recetario m?gico ni una casu?stica pormenorizada de los casos en que se vive la humildad. Debemos partir de la base que cada uno debe reconocerse como hijo de Dios para aceptar las condiciones de esta filiaci?n y de esta amistad. Esto requiere mucha reflexi?n. Mucho dominio de s? mismo y mucha valent?a. La humildad es una virtud para almas fuertes, para almas que quieren ser santos y no para almas apoquinadas que se conforman con ?ir tirando m?s o menos? en su vida de cristianos.

Tienes la meta que es tu conversi?n, tu santidad. Tienes los medios que son tu programa de reforma de vida, tu programa de crecimiento interior. Tienes el motor motivaci?n-orden, que es tu fuerza de voluntad. Pero si no tienes la base que es la humildad para reconocer lo que eres, en donde te encuentras y hacia donde quieres llegar, no podr?s avanzar mucho en tu camino hacia la santidad.

Para ser humilde debes reconocerte en todo momento como hijo o hija de Dios. Y cuando fallas, aceptar esas fallas como un alejamiento de lo que Dios quiere de ti. Eso lo veremos en el siguiente art?culo, cuando hablemos de las fallas en tu condici?n de criatura. Te dejo con unas claves de la humildad que te ayudar?n a vivir cada d?a tu condici?n de criatura. No son f?ciles de leer, porque no son f?ciles de vivir, pero bien vale la pena hacer el esfuerzo.

Estas claves te recordar?n a cada momento lo que debes ser. A veces parecer?n duras, pero en realidad llevan una gran sabidur?a espiritual. Intenta vivir una cada d?a. Ver?s como al final de un tiempo t? mismo acabar?s por no reconocerte. Empezar?s a ser verdaderamente una criatura de Dios: hijo de Dios y hermano de Jesucristo.



Las claves de la humildad.

Librame Jes?s del deseo de ser:
Estimado
Amado
Proclamado
Ensalzado
Alabado
Preferido
Consultado
Aprobado
Justipreciado

Librame Jes?s del temor de ser:
Humillado
Despreciado
Despedido
Rechazado
Calumniado
Olvidado
Ridiculizado
Injuriado
Sospechoso

Librame Jes?s del disgusto de que no se siga mi opini?n

Jes?s, que los dem?s:
Sean m?s amados que yo
Sean preferidos a m?
Crezcan en la opini?n del mundo y yo disminuya.
Sean llamados a ocupar cargos y yo relegado al olvido
Sean alabados y nadie se preocupe de m?
Sean preferidos a m? en todo.

Publicado por mario.web @ 10:01  | religion
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