Mi?rcoles, 20 de abril de 2011
Ense?ar, santificar y gobernar es lo que tiene que hacer quien est? investido de autoridad en la vida consagrada
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Psicolog?a y Espiritualidad. Intervenciones por parte de la superiora de comunidad
Psicolog?a y Espiritualidad. Intervenciones por parte de la superiora de comunidad
?Qu? papel representas?
Autoridad y obediencia. Son dos palabras que en ciertos ambientes no se pueden pronunciar sin que haya incierto resquemor, sin que se incurra en una cierta pol?tica incorrecta. 1 El culto que nuestra sociedad rinde a la libertad individual hace parecer la autoridad y la obediencia como enemigos declarados de la realizaci?n personal. Este fen?meno que inicia propiamente con la revoluci?n cultural de 19682 es fruto del relativismo que vive el mundo y ha dado origen a un individualismo exagerado.

Esto que contemplamos en la sociedad ha tenido tambi?n su influjo en la vida consagrada, que no siendo del mundo se encuentra en el mundo. Este es uno de los aspectos m?s importantes de la vida consagrada en la ?poca del postconcilio. Los padres conciliares, guiados sin duda alguna por la inspiraci?n del Esp?ritu Santo, hab?an lanzado a la Iglesia a la tarea de la renovaci?n, es decir del adecuar toda la riqueza contenida en el evangelio, los mandamientos, los dogmas, el magisterio, en pocas palabras, la gran noticia de la salvaci?n, adecuarla a la cultura del hombre. Para ello, era necesario no cambiar nada del mensaje de la salvaci?n, sino hacerlo accesible a la cultura del hombre actual. Un hombre que sin duda alguna hab?a cambiado en su aspecto externo, pero que segu?a siendo el mismo de siempre en su esencia.

Esta adecuaci?n requer?a por parte de la Iglesia un doble trabajo: conocer el hombre al que deber?a hacer llegar el mensaje de la salvaci?n y conocer las realidades del mensaje de la salvaci?n. Un trabajo por tanto que requer?a el conocimiento profundo del mensaje de la salvaci?n, los medios m?s adecuados para hacer llegar dicho mensaje al hombre y, l?gicamente, conocimiento del hombre al que deber?a hacerle llegar dicho mensaje.

El trabajo de adaptaci?n del mensaje de la salvaci?n puede partir de diversos puntos de vista, bien sea del mensaje mismo de la salvaci?n o del conocimiento del hombre al que se le quieren hacer llegar dicho mensaje. Es importante sin embargo se?alar que en este proceso de adaptaci?n se debe necesariamente distinguir entre los elementos esenciales, que forman el contenido del mensaje de salvaci?n, inmutables, y los elementos accesorios, cambiantes, que har?n de veh?culo para expresar mejor los elementos esenciales. Las personas que llevan a cabo este proceso de adaptaci?n deben saber distinguir en todo momento lo esencial de lo accidental, para saber adaptar lo esencial a lo accidental y no sufrir el efecto contrario de querer adaptar lo accidental a lo esencial. Podemos por tanto establecer que para la vida consagrada, como para cualquiera de los elementos que conforman el mensaje de salvaci?n, ser? necesario que se conozcan muy bien los elementos esenciales de la vida consagrada y que se expresen coherentemente de acuerdo con las manifestaciones culturales m?s actuales, sin dejar que dichas manifestaciones culturales opaquen o diluyan los elementos de la vida consagrada. 3

Esta simbiosis entre fe y cultura, entre los elementos esenciales, fe, y los elementos cambiantes, cultura, ya la hab?a descrito el Decreto Perfectae caritatis, en dos de las l?neas trazadas para la adecuada renovaci?n de la vida consagrada. ?Redunda en bien mismo de la Iglesia el que todos los Institutos tengan su car?cter y fin propios. Por tanto, han de conocerse y conservarse con fidelidad el esp?ritu y los prop?sitos de los Fundadores, lo mismo que las sanas tradiciones, pues, todo ello constituye el patrimonio de cada uno de los Institutos. (?) Promuevan los Institutos entre sus miembros un conocimiento adecuado de las condiciones de los hombres y de los tiempos y de las necesidades de la Iglesia, de suerte que, juzgando prudentemente a la luz de la fe las circunstancias del mundo de hoy y abrasados de celo apost?lico, puedan prestar a los hombres una ayuda m?s eficaz.? 4 De esta manera, conociendo el esp?ritu y las finalidades propias de cada Instituto, se conocer?n los elementos esenciales de cada congregaci?n que deber?n adaptarse a las condiciones de los hombres y de los tiempos, es decir, a la cultura de cada tiempo y lugar.

Para poder ejercitar la autoridad como un servicio y saberla expresar adecu?ndola a las circunstancias culturales de tiempos y lugares, ese necesario por tanto conocer con exactitud cu?l es la tarea que le corresponde realizar, cu?les son sus l?mites y sus posibilidades, cu?l es su esencia. Pero no basta un conocimiento acad?mico, fr?o. Es necesario enamorarse, apasionarse del concepto en tal forma que pueda ser vivido con coherencia, con frescura. De esa manera la persona consagrada que ejerce este papel estar? en grado de buscar las mejores connotaciones culturales que expresen con exactitud el elemento esencial de la autoridad.

En nuestra ?poca se habla mucho de las caracter?sticas que debe tener el servicio de la autoridad en la vida consagrada. Hay quien la ve desde el punto de vista psicol?gico, enfatizando el papel que juega la superiora de comunidad en la armonizaci?n de los distintos caracteres y personalidades que se conjugan en la vida fraterna. Hay quien fija su atenci?n en los aspectos sociol?gicos, promoviendo la figura de la superiora como una leader5 que promueve la distensi?n en toda la comunidad, focaliz?ndose en el desarrollo de diversas cualidades de l?der. No falta quien de alguna manera no ha evolucionado en el concepto de autoridad, reduciendo su papel a un autoritarismo o a una mera gesti?n administrativa, como el manager de un gran hotel que se encarga de vigilar las entradas y las salidas de los inquilinos. Muchas de estas concepciones de la autoridad se refieren casi exclusivamente a aspectos culturales, que si bien es necesario tomar en cuenta en el ejercicio de las funciones de una superiora, no deben ser el elemento esencial. Son elementos culturales, circunstanciales que deben tomarse en cuenta para mejor expresar la esencia de la autoridad, pero no puede girar toda la autoridad en funci?n de esos conceptos, pues no representan la esencia de la autoridad. En lugar de adaptar toda la riqueza de la autoridad a esos conceptos culturales, tal parece que muchos han optado por adaptar dichos elementos culturales de la psicolog?a, de la sociolog?a y de la administraci?n de empresas a la esencia de al autoridad. Pero al vaciarla de su esencia, la autoridad deja de ser lo que deber?a de ser para convertirse en un mero suced?neo de la psicolog?a, la sociolog?a o las ciencias de la administraci?n empresarial.

Conviene por tanto que la superiora de comunidad conozca con certeza cu?l es la esencia de la autoridad, para que despu?s adapte dicha esencia a las circunstancias particulares de una cultura actual, utilizando como medios la psicolog?a, la sociolog?a o los aportes de cualquier otra ciencia. Cuando se confunden la esencia, los medios y los elementos culturales en los que se debe de encarnar la autoridad, se corre el riesgo de que el cazador venga cazado por la presa, es decir, que la realidad que quer?a ser inculturada, sea la que inculture a la esencia. ?En ambientes marcados fuertemente por el individualismo, no resulta f?cil reconocer y acoger la funci?n que la autoridad desempe?a para provecho de todos. Pero se debe reafirmar la importancia de este cargo, que se revela necesario precisamente para consolidar la comuni?n fraterna y para que no sea vana la obediencia profesada. Si bien es cierto que la autoridad debe ser ante todo fraterna y espiritual, y que quien la detenta debe consecuentemente saber involucrar mediante el di?logo a los hermanos y hermanas en el proceso de decisi?n, conviene recordar, sin embargo, que la ?ltima palabra corresponde a la autoridad, a la cual compete tambi?n hacer respetar las decisiones tomadas.? 6


Para no caer en el subjetivismo.
Es necesario conocer el concepto de autoridad, para luego verdaderamente enamorarse de este servicio, no del concepto, sino de la posibilidad real que el servicio de la autoridad puede donar a la Iglesia, a la congregaci?n, al Instituto religioso a la persona que ejerce dicho servicio y a quienes se benefician del mismo.

Conocer un concepto para luego hacerlo vida requiere que se vaya al centro de dicho concepto, es decir, a su esencia. Y aqu?, puede asaltarnos una vez m?s el fantasma del relativismo pretendiendo integrar en la definici?n de la autoridad todos los puntos de vista que existen en la cultura actual. As?, quien ejerce la autoridad deber?a ser en primer lugar un leader, o un psic?logo experto en las relaciones interpersonales y las din?micas de grupo. Se confunde en este caso la esencia con los aspectos accidentales, los aspectos culturales. Es cierto que la autoridad puede ser considerada desde diversos puntos de vista, tomando en cuenta el punto de partida del an?lisis de la autoridad. Se debe por tanto respetar las categor?as en las que se est? trabajando y no mezclarlas. De esta forma, quien se pregunte y cuestione por el concepto de autoridad en una oficina de correos, podr? utilizar conceptos afines a dicha categor?a, pero resultar? un poco iluso el que trate de aplicar los conceptos de la vida consagrada a la autoridad en la oficina de correos. Sin duda alguna que podr? ayudarse de algunos elementos de la vida consagrada que podr?a aplicar, con las debidas adaptaciones a la autoridad que se debe ejercer en dicha oficina. Pero no puede pretender que la oficina de correos se convierta en una comunidad mon?stica de clausura. Adem?s de ser rid?culo, es irreal. Se deber? estudiar cu?l es la categor?a real a la que corresponde la autoridad de una oficina de correo y en base a ese concepto esencial de autoridad se buscar?n aquellas variables que mejor ayuden a vivir e interpretar dicha realidad, enriqueci?ndola, por qu? no, de los valores de la vida consagrada, pero haciendo de ?sta el centro para definir y hacer vivir la autoridad en dicha oficina.

Si queremos por tanto saber cu?l es el concepto de autoridad en la vida consagrada tenemos que analizar cu?l es el concepto de autoridad para dicha realidad, para ese estilo de vida. Ya despu?s, analizando las circunstancias de tiempos y lugares, se buscar?n las variables culturales que mejor expresen y que m?s ayuden a expresar el concepto de autoridad seg?n la vida consagrada.

Para ello la vida consagrada cuenta con una grande ayuda en el magisterio de la Iglesia. ? "El oficio de interpretar aut?nticamente la palabra de Dios, oral o escritura, ha sido encomendado s?lo al Magisterio vivo de la Iglesia, el cual lo ejercita en nombre de Jesucristo" (DV 10), es decir, a los obispos en comuni?n con el sucesor de Pedro, el obispo de Roma. "El Magisterio no est? por encima de la palabra de Dios, sino a su servicio, para ense?ar puramente lo transmitido, pues por mandato divino y con la asistencia del Esp?ritu Santo, lo escucha devotamente, lo custodia celosamente, lo explica fielmente; y de este ?nico dep?sito de la fe saca todo lo que propone como revelado por Dios para ser cre?do" (DV 10).? 7 Conociendo lo que ha dicho el magisterio de la Iglesia con respecto a la autoridad en la vida consagrada, podemos estar seguros que estamos buscando en la categor?a adecuada.

El estudio de los documentos del magisterio de la Iglesia, especialmente los generados en el per?odo postconciliar, puede darnos muchas luces sobre la esencia de la autoridad. Pero m?s que sumergirnos en una serie de citaciones hist?ricas8 , convendr? hacer un an?lisis inteligente de los mismos. Es necesario establecer antes que nada la necesidad de este elemento, esencial en la vida consagrada, para despu?s focalizar nuestra atenci?n en las funciones de la superiora, lo que debe hacer, y despu?s analizar el c?mo lo debe hacer. De lo contrario, la cantidad de citaciones, s?lo enlistadas en orden cron?logo pueden traer m?s oscuridad que luz.

El documento Elementos esenciales sobre la vida religiosa es el resultado de un largo y fatigoso camino que sigui? la vida consagrada en una ?poca caracterizada por la contestaci?n a la autoridad, la abolici?n de todo aquello que tuviera que ver con la imposici?n de normas, reglamentos y leyes que impidieran, supuestamente, la realizaci?n personal. Al cabo de unos a?os de experimentaci?n, el documento recoge dichas experiencias para fijar, de una vez por todas, los elementos esenciales de la vida consagrada. ?Su intento es presentar una s?ntesis clara de la doctrina de la Iglesia acerca de la vida religiosa, en un momento especialmente significativo y oportuno.? 9 De esta forma el magisterio de la Iglesia establece ciertos elementos esenciales< b=""><> , entre los que se encuentra un tipo de gobierno, basado en la fe.

Se habla por tantote la necesidad de contar con la autoridad como respuesta a un estilo de vida en el que se responde a la llamada de Cristo para seguirlo en un estilo de vida inaugurado por ?l. La autoridad por tanto no es simple imposici?n, sino que se presenta como un medio para responder a la donaci?n total que la persona consagrada hace de su ser y de su haber a la persona de Cristo. La autoridad por tanto tiene su fundamento en el estilo de vida que Cristo ha querido para s? y para sus disc?pulos. 11 Nace por tanto la autoridad como una respuesta a un estilo de vida, con una jerarqu?a de valores clara y definida.

Las funciones de esta autoridad vienen resumidas en el documento Mutuae relationes, que en el n?mero 13 establece la funci?n de ense?ar, la funci?n de santificar y la funci?n de gobernar. 12 Ense?ar, santificar y gobernar es lo que tiene que hacer quien est? investido de autoridad en la vida consagrada. Es este el elemento esencial que deber? buscar los mejores medios culturales para expresarse, los mejore canales para hacer brillar con m?s fuerza esta riqueza espiritual. Las dem?s citaciones que encontramos en el magisterio de la iglesia, vienen a explicitar este qu?, es decir, estas funciones de la autoridad. Algunas de ellas tambi?n toman en consideraciones los elementos de nuestra cultura y tratar?n de explicitar el c?mo debe ejercerse dicha autoridad. Menci?n especial merece el n?mero 50 del documento Vida fraterna en comunidad, en donde recalca la importancia de que esta autoridad se ejerza siempre desde el punto de vista espiritual. ?Una autoridad espiritual

Si las personas consagradas se han dedicado al servicio total de Dios, la autoridad favorece y sostiene esta consagraci?n. En cierto sentido se la puede considerar como ?sierva de los siervos de Dios?. La autoridad tiene la misi?n primordial de construir, junto con sus hermanos y hermanas, ?comunidades fraternas en las que se busque a Dios y se le ame sobre todas las cosas?. Es necesario, por tanto, que sea, ante todo, una persona espiritual, convencida de la primac?a de lo espiritual, tanto en lo que se refiere a la vida personal como en la edificaci?n de la vida fraterna; es decir, que sea consciente de que, cuanto m?s crece el amor de Dios en los corazones, tanto m?s se unen esos mismos corazones entre s?. Su misi?n prioritaria consiste, pues, en la animaci?n espiritual, comunitaria y apost?lica de su comunidad.? 13

Nos encontramos por tanto de frente a la categor?a expl?cita de la autoridad en la vida consagrada. Es una autoridad eminentemente espiritual. Su esencia es la ayuda que la persona que detenta la autoridad debe ejercer para el bien de las almas de quienes han elegido responder a Dios con un estilo de vida muy definido y delineado por la Iglesia, que es el estado de la vida consagrada. Su esencia consiste por tanto en una triple funci?n de ense?ar, santificar y gobernar, ejercido siempre desde el punto de vista espiritual. Los elementos culturales, circunstanciales y de lugar, deben servir para hacer brillar este tipo de autoridad. Se deben elegir por tanto aquellos elementos culturales que mejor expresen este tipo de autoridad. Dichos elementos culturales podr?n servir como veh?culos para mejor expresar el don de la autoridad en la vida consagrada.

La intervenci?n de la psicolog?a, como elemento cultural.
A nadie le es oculto el giro que ha dado la teolog?a con respecto a la psicolog?a, especialmente despu?s del Concilio Vaticano II. Pero tambi?n a nadie se le oculta las graves deformaciones que se han introducido en la vida consagrada originadas, no tanto por la psicolog?a, sino por quien ha querido sustituir con la psicolog?a lo que deber?a haberse hecho con la teolog?a, especialmente con la teolog?a espiritual. Trataremos de explicar estos fen?menos.

Despu?s del Concilio vaticano II, quienes hicieron de ?l una ideolog?a y no se suscribieron a lo que era su verdadero esp?ritu. Muchas de estas personas de Iglesia cayeron en una idolatr?a de la antropolog?a, es decir, ?L?uomo sembra divenuto l?unico oggetto dei nostri pensieri, dei nostri interessi, della Nostra adorazione. E, nel desiderio di coglierlo in se stesso, nella sua autonoma e singolare natura, si ? addirittura proposto da qualcuno che anche il credente debba guardare l?uomo <>, come se Dio non ci fosse, prescindendo cio? dal suo Creatore e valutando soltanto l?umanit? come tale, presa a s? e separata da qualunque dipendenza e da qualunque superiore significazione.? 14 Lo que tendr?a que ser un di?logo entre la verdadera naturaleza del hombre y la cultura en la que se estaba desenvolviendo se convirti? en un mon?logo en d?nde la voz cantante la llevaba no una sana antropolog?a sino una antropolog?a que no ve?a en el hombre la imagen de Dios, y que exclu?a al Creado de toda posible realidad.

De esta manera, al cortar el elemento trascendente del hombre, el elemento fundamental, que es el elemento esencial, al quedar vaciado de su n?cleo vital, se busc? en suced?neos culturales las soluciones a los problemas que emergen de una creatura que es eminentemente espiritual. Cortando el trascendente, o m?s bien, ignorando el trascendente, el esp?ritu se trat? de curar el alma con la psicolog?a, con la sociolog?a, con aquellos elementos culturales que estuvieran m?s de moda o que m?s pudieran paliar las dificultades emergidas por el esp?ritu. Se tem?a caer en un espiritualismo vano y ef?mero y se cay? sin embargo en el otro extremo, en el de utilizar elementos culturales para buscar soluciones a las enfermedades del esp?ritu.

Olvidando lo que suger?a el Concilio Vaticano II a la vida consagrada, ?orden?ndose ante todo la vida religiosa a que sus miembros sigan a Cristo y se unan a Dios por la profesi?n de los consejos evang?licos, habr? que tener muy en cuenta que aun las mejores adaptaciones a las necesidades de nuestros tiempos no surtir?an efecto alguno si no estuvieren animadas por una renovaci?n espiritual, a la que, incluso al promover las obras externas, se ha de dar siempre el primer lugar,? 15 se descuid? la vida espiritual.

De esta forma muchas superioras descuidaron la animaci?n espiritual que les correspond?a y dejaron que cada religiosa siguiera su propio camino. Falt? ese enamoramiento de su funci?n peculiar, la animaci?n espiritual y carism?tica.

Sin embargo nunca es tarde para empezar. Como creatura espiritual, el sano y santo ejercicio de la autoridad puede a?n recuperarse con los beneficios que todos pueden obtener. La superiora debe por tanto enamorarse de su papel de animadora del esp?ritu y para ello puede valerse del propio carisma, pues en ?l encontrar? los elementos espirituales m?s importantes con los que poder animar su comunidad: una comprensi?n espec?fica del evangelio, una experiencia del esp?ritu que d? sost?n a toda su vida y un seguimiento espec?fico de Cristo. Estos ser?n los elementos esenciales. Sin duda alguna que se deber? valer de aquellos medios culturales que mejor expresen estos elementos espirituales. Es aqu? y s?lo aqu? en d?nde entrar? en juego una buena psicolog?a, que le permita ayudar m?s y mejor a las religiosas.

Las intervenciones de la superiora de comunidad tendr?n que ver siempre con el ambiente espiritual de la comunidad. Esta es la regla suprema, la regla de oro. Si para ello necesita ayudarse de las ciencias humanas, como la psicolog?a, lo puede hacer, pero s?lo como un subsidio, no como la poci?n m?gica que pretende solucionarlo todo.


NOTAS

1 ? ?Autoridad?? ?obediencia?. Siendo francos, estas palabras no se pronuncian hoy f?cilmente. Palabras como ?stas representan ?una piedra de tropiezo? para muchos de nuestros contempor?neos, especialmente en una sociedad que justamente da mucho valor a la libertad personal. Y, sin embargo, a la luz de nuestra fe en Cristo, ?el camino, la verdad y la vida?, alcanzamos a ver el sentido m?s pleno, el valor e incluso la belleza de tales palabras.? Benedicto XVI, Homil?a, 20.4.2008.

2 Benedicto XVI ha descrito en pocas palabras el desarrollo del movimiento de 1968 y sus consecuencias para la Iglesia. ?E nel concreto del dopo-Concilio dobbiamo constatare che vi sono due grandi cesure storiche. Nel dopo-Concilio, la cesura del ?68, l?inizio o l?esplosione - oserei dire - della grande crisi culturale dell?Occidente. Era finita la generazione del dopoguerra, una generazione che dopo tutte le distruzioni e vedendo l?orrore della guerra, del combattersi e constatando il dramma delle queste grandi ideologie che avevano realmente condotto le persone verso il baratro della guerra, avevamo riscoperto le radici cristiane dell?Europa e avevamo cominciato a ricostruire l?Europa con queste ispirazioni grandi. Ma finita questa generazione si vedevano anche tutti i fallimenti, le lacune di questa ricostruzione, la grande miseria nel mondo e cos? comincia, esplode la crisi della cultura occidentale, direi una rivoluzione culturale che vuole cambiare radicalmente. Dice: non abbiamo creato, in duemila anni di cristianesimo, il mondo migliore. Dobbiamo ricominciare da zero in modo assolutamente nuovo; il marxismo sembra la ricetta scientifica per creare finalmente il nuovo mondo. E in questo ? diciamo ? grave, grande scontro tra la nuova, sana modernit? voluta dal Concilio e la crisi della modernit?, diventa tutto difficile come dopo il primo Concilio di Nicea. Una parte era del parere che questa rivoluzione culturale era quanto aveva voluto il Concilio, identificava questa nuova rivoluzione culturale marxista con la volont? del Concilio; diceva: questo ? il Concilio. Nella lettera i testi sono ancora un po? antiquati, ma dietro le parole scritte sta questo spirito, questo ? la volont? del Concilio, cos? dobbiamo fare. E dall?altra parte, naturalmente, la reazione: cos? distruggete la Chiesa. La reazione ? diciamo ? assoluta contro il Concilio, la anti-conciliarit? e ? diciamo ? la timida, umile ricerca di realizzare il vero spirito del Concilio. E come dice un proverbio ?Se cade un albero fa grande rumore, se cresce una selva non si sente niente perch? si sviluppa un processo senza rumore? e quindi durante questi grandi rumori del progressismo sbagliato, dell?anti-conciliarismo cresce molto silenziosamente, con tante sofferenze e anche con tante perdite nella costruzione di un nuovo passaggio culturale, il cammino della Chiesa.? Benedicto XVI, Discurso, 24.6.2007.

3 Esta simbiosis entre fe y cultura la exprime el Cardenal Giacomo Biffi de la siguiente manera. ?La fede, restando fede, deve farsi anche ?cultura?: lo deve a se stessa, alla radicalit? e alla totalit? del rinnovamento che essa introduce nell?uomo, nella storia, nell?universo. Essa non sopprime, non mortifica, non trascura nessuno dei ?valori? che trova nel suo dispiegarsi; ma tutti li assume, li purifica, li esalta, li trasfigura in una ?cultura? nuova e diversa, che sempre si rifonda e si arricchisce, mantenendo la sua tipicit? e la sua irriducibilit?.? Giacomo Biffi, Memorie e digressioni di un italiano cardinale, Edizioni Cantagalli, Siena 2007, p. 225.

4 Concilio Vaticano II, Decreto Perfectae caritatis, 25.10.1965, n. 2b, d.

5 Gian Franco Poli, Giuseppe Crea, Dall?autorit? all?autorevolezza, Per una leadership in tempo di crisi, Editrice Rogate, Roma 2008.

6 Juan Pablo II, Exhortaci?n apost?lica postsinodal Vita consecrata, 25.3.1996, n. 43.

7 Catecismo de la Iglesia Cat?lica, nn. 85 ? 86.

8 Quien desee, por estudio propio, hacer un estudio de las citaciones de la autoridad en el magisterio de la Iglesia, le recomiendo el cap?tulo octavo del libro Gian Franco Poli, Giuseppe Crea, Dall?autorit? all?autorevolezza, Per una leadership in tempo di crisi, Editrice Rogate, Roma 2008, pp. 193 ? 236.

9 Sagrada congregaci?n para los religiosos e institutos seculares, Elementos esenciales sobre la vida religiosa, 31.5.1983, n. 4.

10 ?La Iglesia considera ciertos elementos como esenciales para la vida religiosa: la vocaci?n divina, la consagraci?n mediante la profesi?n de los consejos evang?licos con votos p?blicos, una forma estable de vida comunitaria, para los institutos dedicados a obras de apostolado, la participaci?n en la misi?n de Cristo por medio de un apostolado comunitario, fiel al don fundacional espec?fico y a las sanas tradiciones; la oraci?n personal y comunitaria, el ascetismo, el testimonio p?blico, la relaci?n caracter?stica con la Iglesia, la formaci?n permanente, una forma de gobierno a base de una autoridad religiosa basada en la fe.? Ib?dem.

11 ?El fundamento evang?lico de la vida consagrada se debe buscar en la especial relaci?n que Jes?s, en su vida terrena, estableci? con algunos de sus disc?pulos, invit?ndoles no s?lo a acoger el Reino de Dios en la propia vida, sino a poner la propia existencia al servicio de esta causa, dejando todo e imitando de cerca su forma de vida. Tal existencia ? cristiforme ?, propuesta a tantos bautizados a lo largo de la historia, es posible s?lo desde una especial vocaci?n y gracias a un don peculiar del Esp?ritu.? Juan Pablo II, Exhortaci?n apost?lica postsinodal Vita consecrata, 25.3.1996, n. 14.

12 ?a) funci?n de magisterio: los Superiores religiosos tienen la misi?n y autoridad del maestro de esp?ritu con relaci?n al contenido evang?lico del propio Instituto; dentro de ese ?mbito, pues, deben ejercitar un a verdadera direcci?n espiritual de toda la Congregaci?n y de las comunidades de la misma; lo cual procurar?n llevar a la pr?ctica en armon?a sincera con el magisterio aut?ntico de la Jerarqu?a, conscientes de realizar un mandato de grave responsabilidad dentro del ?mbito del ?rea evang?lica se?alada por el Fundador;
b) funci?n de santificaci?n: es propio de los Superiores la misi?n y mandato de perfeccionar, con diversas incumbencias, en todo aquello que tiene relaci?n con el incremento de la vida de caridad conforme al modo de ser del Instituto; y esto tanto por lo que se refiere a la formaci?n, fundamental y continua de los cohermanos, como en lo referente a la fidelidad comunitaria y personal, a la pr?ctica de los consejos evang?licos seg?n las propias Constituciones. Una tal misi?n cumplida con exactitud ser? para el Romano Pont?fice y los Obispos un auxilio precioso en el cumplimiento de su ministerio fundamental de santificaci?n;
c) funci?n de gobierno: los Superiores deben ejercitar el servicio de ordenar la vida de su propia comunidad, organizar los efectivos del Instituto en orden al fomento de la misi?n peculiar del mismo y a su inserci?n en la acci?n eclesial bajo la gu?a de los Obispos.? Sagrada congregaci?n para los religiosos e institutos seculares, Mutuae relationes, 14.5.1978, n. 13.

13 Congregaci?n para los Institutos de vida consagrada y sociedades de vida apost?lica, Vida fraterna en comunidad, 2.2.1994, n. 50.

14 Giacomo Biffi, La bella, la bestia e il cavaliere, Saggio di teologia inattuale, Editoriale Jaca Book, Milano 1984, p. 22.

15 Concilio Vaticano II, Decreto Perfectae caritatis, 25.10.1965, n. 2e.

Publicado por mario.web @ 9:44
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