Lunes, 25 de abril de 2011
No es f?cil cortarle las alas, pero podemos, con un poco de prudencia y un mucho de valor, detener el da?o de su lengua.
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El veneno de la calumnia
El veneno de la calumnia

Las palabras son s?lo ruido si no nos dicen nada. Las palabras son algo peor que un ruido si nos ense?an mentiras.

Las calumnias son mentiras contagiosas. Basta una iron?a, una insinuaci?n, una conjetura, un art?culo o un libro, y se construye una historia falsa en la que alg?n "pobre hombre" queda pintado como un loco, un criminal, un man?aco o una reencarnaci?n de la maldad. La mentira pasa de boca en boca, r?pido, como un fuego que no puede detenerse. Tal vez pasa luego al escrito, a la prensa, a la historia, y dura por meses, a?os o, incluso, siglos...

Hay personas que tienen la lengua f?cil. Suponen delitos en todos, en las personas y en los grupos, en las razas y en las religiones. Basta que alguien tenga suerte en los negocios, para que susurren que debe haber robado. Si un pol?tico vence las elecciones, habr? comprado muchos votos.

Si un sacerdote es conocido por sus buenas homil?as, seguro que debe tener alguna amante escondida en las oficinas parroquiales. Si una se?ora bien parecida sale todas las tardes a pasear con su marido, alguno no tarda en insinuar maliciosamente que por las ma?anas seguramente se ofrecer? a su jefe de trabajo para servicios no muy mecanogr?ficos.

La maledicencia es como un mundo oscuro que ve el mal donde no se encuentra, y se ciega para ver cualquier forma de bien. No entiende de valores, ni de hero?smo, ni se santidad. El murmurador salpica todo lo que pueda ser bueno a su alrededor para que el mundo se vista de tinieblas, ego?smos y bajezas. Nadie puede ser bueno para el murmurador, quiz? porque el ladr?n piensa que todos son de su condici?n...

El murmurador no puede ser un hombre feliz. Su lengua ponzo?era refleja una envidia profunda, un fracaso existencial, una amargura de quien no soporta ver a alguien que pueda vivir honestamente en su trabajo y en su familia.

La Escritura no puede ser m?s clara ante este pecado: "Pero si ten?is en vuestro coraz?n amarga envidia y esp?ritu de contienda, no os jact?is ni mint?is contra la verdad. Tal sabidur?a no desciende de lo alto, sino que es terrena, natural, demon?aca.

Pues donde existen envidias y esp?ritu de contienda, all? hay desconcierto y toda clase de maldad" (St 3, 14-16). San Agust?n nos recuerda que la envidia es el "pecado diab?lico por excelencia". San Gregorio Magno, por su parte, muestra la relaci?n entre envidia y maledicencia: "De la envidia nacen el odio, la maledicencia, la calumnia, la alegr?a causada por el mal del pr?jimo y la tristeza causada por su prosperidad".

Nadie quisiera ser tan miserable. Todos podemos serlo un poco si acogemos y aceptamos esas semillas de muerte que va sembrando, aqu? y all?, el murmurador con sus mentiras. No es f?cil cortarle las alas, pero podemos, con un poco de prudencia y un mucho de valor, detener el da?o de su lengua.

No divulgar ni una sola palabra de cr?tica a nadie si notamos que se trata de una simple suposici?n o conjetura. Dejar que el veneno quede ah?, sobre el suelo, ante nuestra indiferencia: no queremos ser c?mplices de los que viven para denigrar a los dem?s.

El murmurador vive para despreciar y odiar. No sabe lo que es amar, ni ha entrado nunca en el Evangelio. Dios puede salvarlo de sus bajezas, si reconoce su pecado, conf?a en Dios y repara en p?blico el da?o que haya podido ocasionar con sus mentiras y sus insinuaciones maliciosas.

Nunca es tarde para el cambio. Siempre es tiempo para amar, para vencer el mal a fuerza de bien (Rm 12, 21). No es f?cil, ciertamente, ofrecer amor y misericordia al que ha calumniado y ha quitado, con sus bajezas, con su lengua miserable y traicionera, la fama y el honor de otros, tal vez nuestra propia buena fama...

Pero s?lo venceremos el mal de la envidia y la calumnia con la fuerza del perd?n y de la misericordia. Entonces, s?, seremos de verdad cristianos, y no nos faltar? la felicidad que nos promete Jesucristo: "Bienaventurados ser?is cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa ser? grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros" (Mt 5,11-12).




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Publicado por mario.web @ 18:54
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