Lunes, 25 de abril de 2011
Documento de Mons. Alejandro Goic Karmelic, Obispo de Rancagua en el que habla de la primac?a del trabajador, el trabajo frente al capital y la econom?a solidaria.
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La persona humana es lo primero
La persona humana es lo primero

Mons. Alejandro Goic Karmelic, Obispo de Rancagua
y Presidente de la Conferencia Episcopal de Chile.


Al celebrar el D?a del Trabajo (1? de Mayo)(?) la sociedad est? llamada a reconocer en justicia su aporte y su entrega. Quiero invitar a toda la comunidad a reflexionar sobre el sentido del trabajo.

Juan Pablo II en su carta sobre el ?trabajo humano? destaca dos grandes pilares sobre los cuales deben construirse las relaciones laborales: 1) la primac?a del trabajador y 2) la prioridad del trabajo frente al capital. Sobre la base de estos pilares podr? existir verdaderamente una cultura de la justicia, una cultura del amor.

1) La primac?a del trabajador

Lo que verdaderamente importa es el sujeto del trabajo, es decir, el hombre, la mujer, que realiza el trabajo es lo primero, lo m?s valioso, lo m?s sagrado.

El primer fundamento del valor del trabajo es el hombre mismo.

Un trabajador vale, no por lo que produce, que puede ser de gran o poco valor, seg?n sean sus talentos, la educaci?n adquirida, los medios y capitales a su disposici?n. Un trabajador vale por lo que es, una persona, igual en derechos y en deberes a cualquier otra persona. En afirmaci?n de Juan Pablo II: ?El trabajo est? en funci?n del hombre y no el hombre en funci?n del trabajo?.

2) La prioridad del trabajo frente al capital

El principio de la primac?a del sujeto del trabajo implica otro principio fundamental: el de la prioridad del trabajo frente al capital, que es en definitiva s?lo una expresi?n de la primac?a del hombre respecto de las cosas.

El ser humano, todo ser humano, cualquier ser humano, vale m?s que todos los bienes de este mundo. S?lo la persona humana, por sobre los dem?s seres de la creaci?n, es imagen y semejanza de Dios. Por eso merece siempre y en toda circunstancias ser dignificado y valorado. Una sociedad es m?s justa y m?s humana cuando cada persona crece en dignidad y en valoraci?n real. As? la sentencia Juan Pablo II: ?El capital est? en funci?n del trabajo y no el trabajo en funci?n del capital.?

La vida del hombre es as? un bien absoluto y la propiedad algo relativo y subordinado. La ?nica propiedad leg?tima es s?lo aquella que sirve y hace posible este derecho a la vida.

As? dice el Papa: ?Los medios de producci?n no pueden ser pose?dos contra el trabajo, no pueden ser ni siquiera pose?dos para poseer, porque el ?nico t?tulo leg?timo para su posesi?n es que sirvan al trabajo y hagan as? posible el destino universal de los bienes y el derecho a su uso com?n?.

De este principio derivan normas de distribuci?n que privilegian el salario del trabajo con respecto a la recompensa del capital.

En s?ntesis: primero est? la persona del trabajador; primero es el trabajo, antes que el capital.

A la luz de los principios fundamentales reci?n enunciados invito a la comunidad a vivir actitudes nuevas.

a) Hacia una econom?a solidaria

Las grandes utilidades obtenidas por un gran n?mero de empresas, permite pensar que hay posibilidades reales de mejorar la situaci?n de los salarios. De llegar a una m?s justa redistribuci?n de los ingresos.

Mejorar las condiciones de vida de los trabajadores, especialmente de los m?s pobres, aparece como prioritario, dada las condiciones en que viven actualmente una gran cantidad de hermanos nuestros y as? mismo para colaborar en la necesaria estabilidad social.

Cada d?a se hace m?s necesario avanzar decididamente hacia una distribuci?n de los ingresos m?s justa y equitativa, atenuando diferencias, que en algunos casos resultan crueles y escandalosas.

?C?mo hacerlo? En di?logo franco y sincero entre empresarios, trabajadores, autoridades. Es necesario llegar a acuerdos que permitan cambios y que mejoren la situaci?n de grandes grupos humanos. Es fundamental una actitud nueva en el coraz?n. El ponerse realmente en el lugar de los m?s pobres y preguntarse si uno podr?a vivir, con un m?nimo de dignidad, con los ingresos mensuales que tienen miles de familias de nuestro pueblo. Es necesario tener un coraz?n solidario. Equilibrar el sano desarrollo del Pa?s y su crecimiento econ?mico, con salarios dignos contin?a siendo un gran desaf?o. Ser? posible transformarlo en una realidad hermosa, cuando todos nos pongamos en el lugar de los m?s pobres.

Juan Pablo II sostiene que los empleos y salarios dignos son la mejor manera de verificar, de manera concreta, la justicia de todo el sistema econ?mico-social.

b) Hacia una organizaci?n dignificadora de personas.

Los sindicatos son un elemento indispensable de la vida social. Deben ser un exponente ?de la lucha por la justicia social, por los derechos de los hombres de trabajo, seg?n las distintas profesiones.?

No se trata de una lucha contra los dem?s, ?ni de una lucha para eliminar al adversario?, ya que el trabajo tiene como caracter?sticas propia, que antes que nada, una a los hombres y en esto consiste su fuerza social: la fuerza de construir una comunidad?.

Los sindicatos, en su tarea, no pueden olvidar la situaci?n econ?mica general del pa?s, ni transformar sus exigencias en una especie de ego?smo de grupo. Sobre todo los sindicatos con mayor organizaci?n y capacidad deber?n mirar a sus hermanos trabajadores m?s despose?dos. Las organizaciones sindicales no deben aceptar ser convertidos en simples instrumentos de las luchas ideol?gicas o pol?ticas, perdiendo su independencia. Ayuda a la construcci?n del tejido social que sus diversas organizaciones conserven su identidad propia y espec?fica.

Un sindicalismo aut?ntico ser? el mejor factor para integrar a los trabajadores en las organizaciones que defiendan con verdad sus leg?timos derechos. Es de alentar todos los esfuerzos de unidad que se realizan en la organizaci?n de los trabajadores.

c) Hacia una humanizaci?n del trabajo

Si la persona es lo primero, si el trabajo es un valor que lo dignifica, es necesario tambi?n recordar otro gran valor relacionado con el trabajo: el descanso, el ocio.

Hay trabajadores que pr?cticamente nunca descansan. Hay estructuras de trabajo que esclavizan y que hacen perder dimensiones profundas del ser humano. La producci?n de bienes no puede transformarse en un absoluto, al que se sacrifica todo.

No nos cansaremos nunca de decirlo: el ser humano es primero. Sin el ocio, el descanso, no se puede nutrir el amor matrimonial, falta tiempo para el desenvolvimiento de las relaciones entre padres e hijos, y para los compromisos con otros grupos importantes: otros miembros de la familia, la comunidad de amistades, la comunidad cristiana y la santificaci?n del D?a del Se?or, el barrio, las organizaciones sociales, deportivas, culturales, religiosas, etc.

En mi peregrinar de pastor me encuentro con tantos hombres y mujeres, cansados y fatigados, sin tiempo ni posibilidad para vivir otras dimensiones de la vida humana. Sin tiempo para vivir el desarrollo del esp?ritu humano, especialmente en las dimensiones de fe y en la santificaci?n del d?a Domingo. El trabajo debe liberar, nunca esclavizar. Este es un aspecto fundamental que deben tomar en cuenta Dirigentes Sindicales y Empresarios, Estado y Organizaciones Sociales. La persona humana es lo primero.


(*) Extracto de Homil?a con motivo de la celebraci?n del D?a Internacional de los Trabajadores.
Abril 30, 2005

Publicado por mario.web @ 19:12
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