Mi?rcoles, 27 de abril de 2011
El hombre tiene sin duda una tendencia natural a creer en lo intangible, indemostrable e invisible, pero adem?s ha sido lo suficientemente h?bil como para servirse de ello para progresar, como en el caso de la econom?a o de la Fe cat?lica.
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Confianza, Fe y sitema econ?mico
Confianza, Fe y sitema econ?mico


El hombre tiene sin duda una tendencia natural a creer en lo intangible, indemostrable e invisible, pero adem?s ha sido lo suficientemente h?bil como para servirse de ello para progresar, como en el caso de la econom?a o de la Fe cat?lica.



Cuando voy a la peluquer?a, me gusta divagar un poco durante los ratitos en que el tema de conversaci?n ha deca?do, o mejor dicho, he hecho que decaiga por miedo a que la falta de concentraci?n del profesional ocasione accidentalmente alg?n da?o a mi persona.

La ?ltima vez que visit? el establecimiento al que voy habitualmente, me di cuenta de lo rica que es una sociedad que se permite tener a gente dedicada a trabajos que no producen nada tangible, ni su labor contribuye a la producci?n de otros. Antes no pod?a uno cortarse el pelo a s? mismo, ahora s?, con un espejo y una maquinita que se pueden adquirir por algo m?s que el coste de un par de cortes de pelo, y sin embargo contin?o acudiendo a mi peluquer?a por motivos esencialmente est?ticos.

En efecto, los espa?oles actuales somos ricos, y mucho, con respecto a los de hace sesenta a?os, y dedicamos buena parte de nuestros ingresos a cosas tan bald?as como irnos en viaje maratoniano de placer, ir a "la pelu", comprarnos una bicicleta est?tica por si alg?n d?a decidimos utilizarla o un juego de herramientas de esas de maestro del bricolaje.

Ampliando el espectro, podr?a llegar a calificar de bald?o tambi?n, dada la actual espiral de precios, nuestro af?n por colocar el dinero de un banco en manos de un promotor, a costa de comprometer una mayor parte de los ingresos futuros para remunerar ese pr?stamo que nos hacen. Es incre?ble, ambos se lucran a mi costa, y yo obtengo unas paredes para refugiarme de las inclemencias del tiempo; s? ya s? que realmente no es eso por lo que he pagado lo que me han pedido, pero ?vale lo que he pagado?.

Nuestro af?n por ser propietarios de un inmueble, en la seguridad de que los precios de los mismos no disminuyen nunca, entra en la categor?a de los actos de fe. En Espa?a esto no siempre ha sido as? si consideramos las alzas de precios en t?rminos reales, y si miramos datos de otros pa?ses, como la Gran Breta?a thatcherista, podemos comprobar que nadie garantiza que cuando intentemos vender el inmueble vayamos a recuperar "lo puesto". As? pues, la creencia generalizada de la gente no est? sostenida desde el punto de vista racional por nada consistente.

Y es que el hombre tiene necesidad de tener fe. Los jud?os ya tuvieron problemas en los tiempos antiguos por adorar a un dios invisible, y los cat?licos creemos en el Dios invisible y ?en la resurrecci?n!, sin m?s prueba que las palabras de Jes?s de Nazaret, que nos han llegado a trav?s de los tiempos en documentos cuidadosamente transmitidos.

Creemos sin ver, como nos pidi? el Maestro, que a pesar de ello, nos dej? otro evangelio para que meditemos sobre ?l: la S?bana Santa o Santa Sindone, donde qued? su impronta para asombro de la ciencia y emoci?n de los creyentes. La duda tambi?n forma parte de la condici?n humana, y por ello muy de cuando en cuando se nos conceden milagros como el de Calanda, que le devolvi? a Miguel Juan Pellicer en 1640 la pierna gangrenada que a?os antes le hab?an amputado unos cirujanos. Despu?s de todo, parece que los creyentes lo tenemos bastante f?cil si queremos tener Fe.

La necesidad humana de fe se extiende a otros ?rdenes y por ejemplo sustenta en buena medida al sistema econ?mico actual. Veamos, ?cu?ntas tarjetas de cr?dito tiene usted?, ?las utiliza?, ?se las admiten en cualquier sitio?, ?las acepta usted en pago de sus servicios?. ?Por qu??, ?qui?n le garantiza que pasar la tarjeta de pl?stico por un aparatito vaya a aumentar su riqueza personal o la de su negocio?. ?La ley!, dir? alguno. Discrepo. La ley persigue a quien defrauda la confianza puesta en ese sistema, pero el sistema en s? funciona porque todos queremos que funcione, o mejor dicho, porque creemos que funciona. El diccionario define confianza como esperanza firme que se tiene de una persona o cosa, pero confiar no es un estado de ?nimo como la esperanza, sino que es un acto de voluntad, por el que confiamos o no independientemente de los elementos que tengamos para decidir.

Cuentan los libros de Historia que Federico Barbarossa, emperador romano de la naci?n alemana, estuvo empe?ado en tener bajo su cetro la pen?nsula italiana, y no por expansionar sus dominios, ni por controlar al papado, sino porque carec?a de algo muy importante, carec?a de dinero. Y no es que fuese pobre, sino que la econom?a de sus dominios se basaba en el trueque, su reino carec?a adem?s de ciudades y por lo tanto no ten?a dinero para pagarse caros pa?os y armaduras de otros pa?ses. El dinero por aquel entonces eran monedas de plata y oro, que ten?an valor intr?nseco, si a Federico le hubi?semos dado uno de esos papeles que llamamos "billete", probablemente habr?a hecho que su caballo nos atropellara.

Hay que recordar que no estamos tan lejos de aquello: hasta 1944, si la memoria no me falla, el dinero estuvo respaldado por el oro que un pa?s pose?a, lo que se llamaba el patr?n oro, sistema que los EEUU abandonaron en esa fecha. Si usted no ten?a fe, sab?a que hab?a oro "detr?s" de ese billete o moneda.

Hoy estamos a a?os luz de aquello: el dinero no pasa de ser un mero apunte electr?nico, o sea, nada, un calambre si acaso. Y sin embargo el mecanismo sigue funcionando, y lo hace a pesar de que nos han cambiado el valor y nombre de la moneda cuando y como lo decidieron las instituciones financieras, que son las que manejan esos electrones que representan nuestro dinero. Impresionante ejercicio de fe el nuestro. Los brit?nicos son unos infieles.

Tener fe, o sea confiar, en personas individuales o en determinadas organizaciones puede ser todav?a m?s arriesgado. Recordemos por ejemplo el caso del exdirector felipista de la Guardia Civil, el Sr. Rold?n, sin licenciatura ni verg?enza alguna, como descubrieron tarde los que hab?an confiado en ?l, o Gescartera, un agujero negro en el universo econ?mico, que atrajo dinero ajeno a otra dimensi?n inalcanzable para sus antiguos poseedores. En estos casos se habla de fe ciega, que es algo as? como hablar de nieve blanca o de fuego ardiente, en un intento de describir la actitud de aquellos que se vieron defraudados.

Colectivamente, dilapidamos nuestra capacidad para la fe, deposit?ndola como Carl Sagan, en la Ciencia, sin darnos cuenta de que no pasa de ser un modelo de la realidad, y no la realidad misma (por cierto, es digno de leer su libro titulado "El mundo y sus demonios", pero espero que al final de su vida dejase de esperar una prueba cient?fica de la existencia de Dios). O como en un momento de su vida hizo Chesterton, en la ouija y el espiritismo, ... o en las ideas de un estramb?tico individuo del siglo XIX que tuvo la ocurrencia, inspirado por vaya usted a saber qu?, de que en determinada zona del norte de Espa?a hab?a una raza excelsa de humanos, muy superior y distinta a la de sus vecinos.

El hombre tiene sin duda una tendencia natural a creer en lo intangible, indemostrable e invisible, pero adem?s ha sido lo suficientemente h?bil como para servirse de ello para progresar, como en el caso de la econom?a o de la Fe cat?lica.

?Dios nos libre de aquellos que no tienen fe!, pero que el Esp?ritu les gu?e en el objeto de su fe


Publicado por mario.web @ 0:19
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