Mi?rcoles, 27 de abril de 2011
En la actualidad cada vez comprobamos m?s que muchas parejas juzgan que la familia es de menor importancia que el trabajo, pues tanto ?l como ella empiezan a considerar que el trabajo los autorrealiza m?s.
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Estamos perdiendo familia
Estamos perdiendo familia


Dr. cat?lico, laico y casado,
ingeniero, fil?sofo, pedagogo, te?logo.

La vida se nos ha hecho dif?cil (7)



Hola, amigos:

Muchas parejas piensan que el matrimonio es hoy una mala opci?n.

Breve preart?culo


En la actualidad cada vez comprobamos m?s que muchas parejas juzgan que la familia es de menor importancia que el trabajo, pues tanto ?l como ella empiezan a considerar que el trabajo los autorrealiza m?s. Tambi?n piensan que la educaci?n de ni?os no es una actividad propia de ellos, sino de personas que consideran de menor nivel, como profesoras y normalistas. Y as? el hogar se va convirtiendo en un hotel cualificado, y los hijos van creciendo sin suficiente amor y unidad familiar.

Las p?rdidas mencionadas en los art?culos anteriores de esta serie, La vida se nos ha hecho dif?cil, sobre todo las de amor y moral, nos est?n llevando a un continuo deterioro de la familia. El porcentaje de ni?os que nacen fuera de una familia es cada vez m?s alto. Incluso estamos llamando ?matrimonios? y ?familias? a uniones que en realidad no responden a esos nombres. La falta de un compromiso estable indica pobreza de amor en la relaci?n de tales parejas. Sus hijos crecen sin respirar el debido amor conyugal de sus padres, ni el aut?ntico amor familiar; se desarrollan con un vac?o de amor en sus corazones y suelen convertirse en futuros inadaptados o malhechores, porque ese vac?o se les convierte en resentimiento.

Mucho se ha repetido que la familia es la c?lula de la sociedad. Tomando un giro anglicista dir?amos que las familias son los ladrillos de construcci?n de la f?brica social. Y es verdad, por mucho que la repetici?n haya desgastado tales frases. Adem?s, el n?cleo de la familia es la unidad conyugal, y el combustible cohesivo de la uni?n conyugal es el amor conyugal. Por tanto, del amor conyugal depende la uni?n y la estabilidad familiar, la higiene mental y emocional de los hijos y, finalmente, la salud de la sociedad, hoy en proceso de globalizaci?n. En s?ntesis, la salud mundial depende finalmente del amor conyugal.

Por eso es tan importante conocer la naturaleza del amor conyugal. ?Podemos dise?arlo o est? dise?ado ya? ?Se fundamenta en el matrimonio o podemos lograrlo en otro tipo de uniones? ?C?mo inicia, c?mo termina, cu?l es su duraci?n? ?C?mo funciona o c?mo se ejerce? ?Es un medio para lograr alg?n fin o es un fin en s? mismo? Se trata de preguntas a las que debemos buscar respuesta de una manera personal a fin de lograr convicciones, pues el pretender seguir tradiciones familiares, sociales o religiosas, sin convicci?n, es algo que est? dejando de funcionar.

Aunque los art?culos de esta serie pueden leerse independientemente, hay entre ellos una relaci?n; debido a lo cual se aprovechar? mejor la lectura de cada uno si previamente se han le?do los anteriores, que pueden encontrarse activando el v?nculo que se ofrece en seguida:

La vida se nos ha hecho dif?cil

Cuerpo del art?culo


El amor conyugal es tan importante, que estar perdiendo familia equivale pr?cticamente a estar perdiendo amor conyugal. Sin el amor conyugal la familia dif?cilmente surge, ya surgida funciona pobremente, y ya en funciones su estabilidad peligra. Aun as?, tendemos a rebelarnos contra lo que implique obligaci?n en el amor conyugal, que, como todo amor, es libre. Tendemos a rebelarnos contra lo que pretenda normar nuestros actos libres; y por eso tendemos a rebelarnos contra la moral.

No sucede lo mismo respecto a lo que no depende de nuestra libertad, como las leyes fisicoqu?micas o nuestra realidad de seres humanos. Sin embargo, a medida que nuestra libertad se expande, gracias a la tecnolog?a, nuestra rebeli?n tambi?n va en aumento. Por ejemplo, muchos no aceptan ya su propio sexo, y los avances de la gen?tica pronto permitir?n que se experimenten alteraciones en la naturaleza humana misma.

Sea de ello lo que fuere, lo seguro es que el amor conyugal es libre, y que es factible y atractivo rebelarse contra ?l y contra las obligaciones que implica, tanto m?s si son de tipo conyugal y familiar. Adem?s, anda por ah? la idea de que tener libertad es poder hacer lo que se quiera, sin obligaciones; y tambi?n de que, puesto que el amor es libre, no implica obligaciones.

Hay obligaciones en la libertad


La realidad es justamente al rev?s: podemos tener obligaciones precisamente por ser libres. Hay sem?foros porque somos libres de detenernos ante ellos; nadie le pone sem?foros a un r?o, porque el r?o no es libre de detenerse ante ellos. Ponerles sem?foros a los r?os ser?a mucho m?s f?cil y econ?mico que construir presas. Las obligaciones no son la libertad, pero ciertamente son signos de libertad, porque la implican. Por tanto, puede haber y de hecho hay obligaciones que norman nuestra libertad, tambi?n en lo referente al amor, y en concreto al amor conyugal; pero como somos libres, podemos violar esas obligaciones.

Dichas obligaciones son razonables, buenas, y su existencia nos hace la vida m?s llevadera y agradable, sobre todo en un mundo acelerado, como el de hoy. Todos sabemos que en una ciudad con un tr?fico intenso, como la de M?xico, es m?s dif?cil conducir cuando los sem?foros est?n apagados, pues inmediatamente se producen embotellamientos. Y lo mismo sucede con las obligaciones de la vida; por eso hoy, al ir apagando libremente nuestros ?sem?foros vitales?, estamos quedando ?vitalmente embotellados?.

Una persona me dec?a lo siguiente: Si yo hubiera sido consejero de Dios a la hora de la creaci?n, las cosas habr?an sido... ?muy diferentes! Quiz? sea bueno intentar ese experimento. Respetando lo que ya est? dado, como la naturaleza humana, la fuerza de gravedad y tantas otras cosas, procuremos al menos dise?ar y proyectar ?a nuestro propio criterio? el modo de ser de los actos libres conyugales y familiares.

?Deber?n ser los padres los educadores de sus hijos? ?Deber?n los hijos obedecer a sus padres? ?Ser? conveniente la monogamia, o quiz? sea preferible la poligamia, la poliandria o la total promiscuidad? ?Ser? conveniente que la familia viva bajo un mismo techo, duerma junta, coma junta y tenga un horario, aunque sea m?nimo y flexible? ?Ser? bueno para los hijos que sus padres permanezcan unidos toda la vida, o ser? preferible que se separen y formen nuevas uniones, con o sin nuevos hijos? ?Ser? mejor que la naturaleza del amor sea perpetuarse, o quiz? sea mejor que tenga un fin previsto? Y as? en todo lo dem?s... ?dise??moslo a nuestro criterio!

Si tomamos en serio hacer el experimento de tal proyecto, quiz? descubramos que es muy conveniente ?o incluso necesaria? la existencia de algunas normas, y que muchas de esas normas son las que ya existen. Y quiz?s eso nos ayude a controlar nuestras rebeld?as y nos sea m?s f?cil tratar de vivir y convivir con nuestra familia. Observemos que los padres quieren que sus hijos los obedezcan, y que de ninguna manera piensan que tal obediencia atente contra su libertad ni que viole su dignidad y derechos.

Y lo mismo piensan los hijos, respecto a sus padres, cuando quieren que sigan casados. Y lo mismo piensan todos cuando quieren que los dem?s cumplan sus obligaciones. El problema se presenta ?nicamente con el cumplimiento de las obligaciones propias: ??sas s? que atentan contra nuestra libertad y violan nuestra dignidad y derechos! En verdad... en plata... ?no es ?sta una actitud pueril?

El proceso hist?rico de la desuni?n familiar


Desde otro punto de vista, hay circunstancias hist?ricas que han favorecido la desuni?n familiar y, consecuentemente, las formas de pensar adversas a la uni?n familiar. Una de las principales fue la invenci?n de la m?quina de vapor, que dio lugar a la aparici?n de las f?bricas; y otra fue la idea napole?nica de una escuela obligatoria, gratuita y laica. Antes de todo eso, hace apenas un par de siglos, la humanidad era analfabeta en su mayor?a, pues las escuelas eran de elites, como sacerdotes, militares y nobles.

Los padres de familia sol?an trabajar en su casa o tener un tallercito junto a ella; y all? marido y mujer se ayudaban mutuamente, ya fuera que ella le llevara a ?l un jarro de agua fresca o que ?l le ayudara a ella a mover algo pesado; y los hijos eran aprendices del oficio del pap?, mientras que las hijas ayudaban a la mam? en las labores de la casa.

Pues result? que f?brica y escuela se fueron desarrollando de forma paralela, y que la f?brica sac? del hogar al padre, mientras que la escuela hac?a lo propio con los hijos. Y la madre se fue quedando sola en el hogar, o por lo menos sin compa??a adulta, sola con los hijos peque?itos; mas pronto aparecieron los jardines de ni?os, y con el tiempo la madre acab? por irse al sal?n de belleza, al club deportivo o a trabajar en alguna empresa.

As? fue como las paredes y techos de la casa, el hogar, se fue quedando solo, o en manos de la servidumbre, durante la mayor parte del d?a. Poco a poco los horarios se fueron relajando y el hogar se fue convirtiendo en una especie de hotel cualificado, donde cada quien desayuna, come, cena y duerme a la hora que quiere, si es que lo hace en su casa.


Las labores de padres e hijos favorecen hoy la desuni?n familiar

El trabajo del padre consiste en ganar el sustento familiar; el de los hijos consiste en estudiar en la escuela, y el de la madre en atender la casa, si no tiene servidumbre. Y si la tiene, su trabajo hogare?o suele hacerse m?s y m?s indefinido. El hecho es que la familia ha dejado de convivir, y de conocerse y valorarse, mientras trabaja. La mujer no valora al marido mientras trabaja; quien lo valora es la secretaria o a la asistente ejecutiva, y ?l a ella, y por eso suelen enredarse. La mujer no es valorada mientras trabaja dom?sticamente, y por eso quiere dejar ese trabajo y salir a trabajar fuera del hogar.

Los hijos suelen ser unos vagos, en el sentido de pas?rsela en grupos de amigos hasta salir del bachillerato, sin saber casi nada de lo que se supone debieron aprender en 15 a?os de escuela ?incluido el kinder?: ni hablar correctamente, ni escuchar, ni leer, ni escribir, ni Geograf?a, ni Historia, ni Matem?ticas, ni F?sica, ni Qu?mica, ni civismo, ni moral, ni religi?n, ni ayudar en su casa... y mucho menos trabajar. Y esto no habla mal tanto de los hijos, sino principalmente de la escuela, de nuestro sistema educativo en general.

Fuera de quienes han tenido que trabajar desde chicos por necesidad, lo dicho en el p?rrafo anterior es lo que suele suceder. Yo quisiera enfatizar que no es un p?rrafo que pretenda lograr efectos de expresi?n; ni siquiera es un p?rrafo que exagere, sino que quiere tan s?lo expresar la verdad con claridad, aunque se trate de una verdad cuya claridad sea cruda.

Lo que importa es destacar el hecho de que la familia se est? desuniendo, est? dejando de convivir, est? dejando de conocerse y valorarse mientras trabaja; todo lo cual redunda en falta de comprensi?n mutua, en carencia de amor y en soledad. Un vac?o socava el interior de cada miembro de la familia; vac?o que buscar? llenarse con lo que sea ?dinero f?cil, alcohol, infidelidades, amantes, drogas, agresividades, depresiones? y que tender? a separar definitivamente a los padres y a hacer de los hijos unos conflictivos o unos malhechores.

No deja de ser aleccionador el hecho de que el terrorismo se desarrollara entre ?rabes, que han tenido harenes en vez de familias bien constituidas. Estar perdiendo familia es indudablemente un foco rojo. Menos mal que la invenci?n de la computadora ha hecho posible trabajar y estudiar virtualmente, y que, al contrario de la m?quina de vapor, est? regresando al hogar a los miembros de la familia, empezando por el padre. Ojal? que sepamos aprovechar estas nuevas oportunidades para volver a la unidad familiar.


Publicado por mario.web @ 0:28
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