Mi?rcoles, 27 de abril de 2011
Art?culo de Alejandro Llano, ex Rector de la Universidad de Navarra en el que habla de la confusi?n mental, la verdad y la mentira.
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Control mental y objeci?n de conciencia
Control mental y objeci?n de conciencia
Lo peor no es la mentira. Lo peor es instalarse en la confusi?n mental y difundir alrededor esa neblina de la inteligencia en la cual ya no hay ni verdad ni error. Y es que, donde no hay error, tampoco hay verdad.

Lo peor no es la mentira. Lo peor es instalarse en la confusi?n mental y difundir alrededor esa neblina de la inteligencia en la cual ya no hay ni verdad ni error. Y es que, donde no hay error, tampoco hay verdad.?

Si no se admite que hay juicios falsos, tampoco se sabe ya qu? podr?n significar los ciertos. Pero quien denuncie que algo oficialmente establecido no es verdadero, ser? acusado de derrotismo. Y muchos se sentir?n obligados a creer tal censura, porque viene marcada por el solemne sello de la autoridad. Tal es la estrategia del totalitarismo. Consiste en mantener que todo es pol?tica, en excluir cualquier ?mbito de la realidad que no est? sometido a la aspiraci?n de dominio.?

Nada queda fuera de una ret?rica hecha de apelaciones a la emotividad, de gestos y sonrisas, m?s que de argumentos. Pero ya Plat?n hizo ver que, cuando la ret?rica se convierte en la m?s alta instancia, lo que se busca con ella no es el conocimiento, sino el poder. Ya no se trata de hacer veros?mil lo verdadero, sino de hacer veros?mil lo que interese en cada caso a los poderosos. Lo cual ni siquiera merece el nombre de ret?rica: es sof?stica.?

Quienes no se sometan a los lugares comunes establecidos por este simulacro de razonamiento, quedar?n fuera del discurso dominante y se ver?n excluidos de una cultura tan superficial como f?cil de digerir.


En ?sas estamos. Espa?a se ha convertido ?ltimamente ?aunque la cosa viene de atr?s? en campo abonado para cualquier intento de convertir el razonamiento m?s d?bil en el m?s fuerte. Es lo m?s grave de lo que nos est? pasando. Nos encontramos en un atolladero intelectual, en un punto muerto de la cultura c?vica, del que no resultar? nada f?cil salir. Sobre todo, si casi nadie se da cuenta de lo que ocurre, justo porque una de las virtudes de la confusi?n es que se oculta a s? misma.

Este control mental al que se ve sometida ?sin sospecharlo quiz? buena parte de la poblaci?n espa?ola lleva al conformismo de aceptar d?cilmente planteamientos que resultan insostenibles en una sociedad democr?tica. La actualidad nos ofrece uno muy notorio: la acusaci?n de que es ilegal la objeci?n de conciencia ante la aplicaci?n de posibles ordenamientos jur?dicos que repugnan al sano sentir de millones de ciudadanos.

Exigir que el objetor de conciencia se atenga a la ley positiva correspondiente es una trampa sof?stica que se llama petici?n de principio. Porque aquello ante lo que objeta es justamente esa ley que ?con s?lidos fundamentos? ?l considera injusta. Lo que pasa es que otro aspecto clave de la confusi?n mental que nos aqueja consiste en no distinguir adecuadamente lo moral de lo jur?dico.?

Llegar a pensar que todo lo que emana de la autoridad civil resulta justo y bueno, es el caldo de cultivo propio del Estado ?tico de los fascismos. Algo de esto experimentamos ya los que tenemos cierta edad. En una sociedad libre, el ciudadano no est? obligado a seguir las prescripciones del poder p?blico cuando son contrarias a las exigencias de un orden moral reconocido universalmente durante largo tiempo. Todas las presunciones est?n, en tales casos, a favor del ciudadano que no se pliega a las desmesuras del poder pol?tico.

Es lamentable que a los gobernantes se les ocurra inmiscuirse en asuntos que no les competen, al menos sin el acuerdo expl?cito de los afectados. Mas peor a?n es que pretendan controlar sus mentes, para que no rechacen aquello que les perjudica en aspectos esenciales de la condici?n humana, como es el caso de la tergiversaci?n de la ?ndole propia del matrimonio y la familia.

A nadie le agrada ?no es signo de victoria? encontrarse en una situaci?n que le obligue a acogerse a la objeci?n de conciencia. Quien recurra a ella (como ?ltimo asidero) ha de estar a salvo de represalias penales y de cualquier sanci?n disciplinar o administrativa. Cuando se sabe que la reserva ?tica ante un determinado proyecto de ley est? muy extendida en la sociedad ?como es, por ejemplo, el caso de la atribuci?n del car?cter de matrimonio a las uniones homosexuales?, la propia ley civil debe reconocer y proteger el ejercicio de este derecho b?sico a salvaguardar la propia integridad moral.


En todo caso, nos encontramos ante una realidad prejur?dica, porque ning?n poder humano puede legislar sobre algo tan ?ntimo y profundo como es la conciencia. Se trata de un asunto demasiado serio para dejarlo exclusivamente en manos de los pol?ticos, o para perderse en sutilezas jur?dicas que embarullan lo que cualquier persona en su sano juicio comprende perfectamente. La libertad de conciencia es una parte esencial de la libertad de pensamiento, que representa la conquista ?tica fundamental de la modernidad.?

Nadie me persuadir? de que ponerla entre par?ntesis sea conveniente por el bien de la paz, por la vigencia de la correcci?n pol?tica o por el logro de la moderaci?n en la discusi?n p?blica. Hasta en las peleas callejeras de mi infancia se sab?a que quien golpea primero no puede pedir calma al que procura defenderse. No vale que el violento reclame serenidad y sosiego de sus propias v?ctimas. Seg?n ha demostrado Ren? Girard, intentar que la v?ctima se declare culpable es la t?ctica de todos los violentos que en el mundo han sido, desde los relatos b?blicos hasta los reg?menes totalitarios.

Resulta cuando menos imprudente esperar que sean los dominadores quienes promuevan las libertades que procuran neutralizar por muy diversos medios. No hay m?s libertades que las que uno mismo se toma de una vez por todas. Ojal? llegara a ser de nuevo realidad el verso de Miguel Hern?ndez: ?Nunca medraron los bueyes en los p?ramos de Espa?a?.
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Publicado por mario.web @ 19:35
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