Mi?rcoles, 27 de abril de 2011
La literatura actual y la prensa han desperdigado ya por todo el planeta una opini?n, quiz?s ingeniosa, pero falta de todo tipo de fundamento, de lo que es la Iglesia Cat?lica.
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La Iglesia a juicio
La Iglesia a juicio


La literatura actual y la prensa han desperdigado ya por todo el planeta una opini?n, quiz?s ingeniosa, pero falta de todo tipo de fundamento, de lo que es la Iglesia Cat?lica.?


Los autores ponen a la Iglesia en el banquillo de los acusados. A trav?s de art?culos, novelas y libros pseudo-cient?ficos, van alargando su dedo hasta hacer una larga lista de acusaciones (los t?picos y requemados proyectiles): las brujas muertas en la hoguera, los monjes depravados, los Papas dementes...; en fin, una instituci?n intrigante, preocupada por mantener supuestos "secretos" a costa de la vida de muchos.?

Si esta denuncia que hacen los autores se llevara a un tribunal, ?qu? pasar?a? ?Ser?a encontrada culpable la Iglesia y el cristianismo? La denuncia est? hecha, a la supuesta culpable s?lo le queda comparecer y defenderse.?

Veamos qu? pas? en el tribunal. Curiosos, afectados y testigos est?n ya en la sala, ansiosos por ver el desenlace de este gran juicio.?

El magistrado, despu?s de haber escuchado las acusaciones, da dos fuertes golpes de martillo, y con un vozarr?n tosco y serio mira a la acusada y le dice ??Tiene algo que replicar???

- Prefiero que deje hablar a todos estos testigos que parecen ansiosos por dar su opini?n sobre el tema -replica la Iglesia con voz delicada.?

Sali? un frailecillo de nombre Francisco. Con ojos vivaces y pasos ?giles se acerc? al estrado.?

- Soy hijo de la acusada. Le puedo decir que fui caballero, pero un d?a me encontr? con un crucifijo abandonado y le escuch?. Comprend? que mi vida de lujo y vanidad nada ten?a que ver con el mensaje del pobre crucificado. Dej? todo y le segu?. Con gusto recuerdo cuando fui a ver al Sult?n sin armas, ni espadas. Dej? a mis hermanos en Bel?n, en Jerusal?n, en tierras de guerra para hacer el bien. No todo fue f?cil, a muchos los mataron, pero siguen all?, con h?bito de sayal y predicando el amor. Lo mismo se podr?a decir de los miles de hermanos franciscanos que hoy est?n por todo el mundo siguiendo mis huellas.?

Kamel al-Sharif, secretario general del Consejo Isl?mico Internacional, uno de los mayores organismos isl?micos del mundo con sede en Amm?n y El Cairo, interrumpe desde su asiento para apoyar a Francisco:?

- El santo de As?s fue de los primeros en invitar al di?logo entre civilizaciones. Durante las cruzadas abri? un paso dentro de los dos campos rivales para encontrase con el sult?n, llam?ndolo a la paz.?

- Se?or juez, pido al testigo que aclare qui?n mat? a las brujas, -grit? el fiscal francamente enfadado?

- ?Qui?n mat? a la bruja? Eso s? no le s? decir, estaba ocupado en otras cosas.?

- Se?or magistrado, d?jeme decirle... yo tambi?n s? algo -retumb? otra voz en la sala del juicio.?

- Viv? en Barcelona, all? por el siglo XIII. Una ?poca dura, la guerra arreciaba y muchos cristianos ca?an prisioneros para ir a morir en tierra extranjera. Fund? una orden dentro de la Iglesia ?para la liberaci?n de los cautivos? (a?n perdura hasta hoy para los miles de religiosas y religiosos mercedarios). Muchos de los nuestros iban a tierras extra?as para liberar cristianos ?c?mo? ?con guerra? Nada de eso, con su propia vida y sin una lanza. Si no lograban obtener el rescate por medios econ?micos, voluntariamente se ofrec?an a s? mismos para intercambiarse por los cautivos, sabiendo que les esperaban trabajos forzados y muy probablemente la muerte. Gracias a Dios desde que empez? esta idea hasta 1616 pudimos rescatar a medio mill?n de esclavos. Otras ?rdenes liberaron a muchos tambi?n, por ejemplo, los trinitarios a unos 900,000.?

- ?Alguien m?s? -Dijo el juez?

- Dejadme hablar a m?, poca cosa soy, pero algo podr? contar -una mujercilla peque?a, arrugada y sonriente se puso de pie.?

- Soy de Albania, aunque la mayor parte de mi vida viv? en la India. Mi nombre es Teresa. Un d?a en la ciudad de Calcuta caminaba por un barrio miserable, escuch? un chillido tenue en un basurero. Me detuve, abr? el contenedor y encontr? nada menos que a un ser humano, una mujer. La saqu?, la cargu?, cur? sus heridas y la acompa?? en mi casa hasta que muri? poco despu?s. As? hice con muchas personas m?s que si bien murieron, experimentaron la dicha de ser amadas antes de expirar. Quisiera que quede asentado en el acta que no lo hubiera hecho si no es porque detr?s de esos moribundos siempre ve?a el rostro de otra persona por quien hago todo, es f?cil que adivine qui?n es. Perdone, se?or, juez, me desvi? del tema, ya no recuerdo qu? quer?a saber usted de la Iglesia.?

- A ver, usted, el se?or de atr?s con la corona ?Tiene algo que declarar??

- Est? bien. Si usted lo quiere. Me llamo Gregorio, fui Papa hace ya mucho tiempo. En mi ?poca, all? por el a?o 600, el rey de N?poles intentaba prohibir a los hebreos la celebraci?n de sus fiestas. Prefiero leer lo que escrib? al obispo de ese lugar: ?Unos jud?os que viven en N?poles se nos han quejado. Deben proveer con palabras de bondad, no ?speras, de modo que la enemistad no los aleje(...) no permita que sean molestados de nuevo por raz?n de sus festividades, sin que tengan la libre concesi?n de observar y de celebrar sus festividades? (Documento f?cilmente accesible en Denzinger n. 480).?

El murmullo crec?a en la sala del tribunal, las manos alzadas se acumulaban. Entre ?stos hab?a tullidos, hu?rfanos, cojos, gente rica y pobre, de todos colores y lenguas. Algunos con atuendo oriental, otros con traje de ejecutivo y otros con andrajos de mendigo todos quer?an acercarse y dar su testimonio.?

El juez se empezaba a poner nervioso; no digamos el fiscal...?

- A ver t?..., el indito ?Qu? dices a todas estas acusaciones contra la Sra. Iglesia??

- Me apena que no tenga tiempo para contar la historia de Tata Vasco, de las Casas, Fray Margil de Jes?s y muchos m?s. Recordar? s?lo que gracias a un dominico, Francisco de Vitoria, que luch? desde su c?tedra universitaria en Salamanca, a los ind?genas se nos reconoci? la dignidad de personas, hijos de Dios con los mismos derechos que cualquier otra persona sea de la naci?n o del color que fuera. Gracias a ?l ni mis padres ni yo fuimos nunca esclavos.?

Uno de lo polic?as le dice algo al o?do al juez, manda abrir la puerta de entrada de la sala y entra un se?or mayor con traje y guardaespaldas.?

- Soy el Presidente de la Rep?blica Italiana, Carlo Azeglio Ciampi. Quisiera comentar que el pasado 27 de enero, jornada de conmemoraci?n de la Shoa, en nombre de todo el pueblo italiano otorgu? un reconocimiento al obispo Umberto Rossi, quien como tantos otros hombres de Iglesia, arriesgaron su vida para salvar a millares de hebreos y perseguidos pol?ticos de la deportaci?n y de la muerte durante los dram?ticos a?os de la Segunda Guerra Mundial.?

Dos toques de martillo. El juez se dirige a la Sra. Iglesia que observa y escucha. -?Tiene algo m?s que decir??

Esboz? una peque?a sonrisa, encogi? ligeramente los hombros y dijo -?Qu? m?s le podr?a decir? Basta con lo que ya han hecho y dicho estos hijos m?os en representaci?n de los 4.217.572 que colaboran en actividades de pastoral en escuelas, hospitales, asilos, catequesis etc (cifra del anuario pontificio 2003).?

Creo que nadie contesta que ha habido y hay personas que despu?s de pasar por la pila bautismal han tenido comportamientos acristianos, subcristianos y anticristianos. Lo que me parece injusto y a veces rid?culo es que se ataque a la Iglesia, como si ella propusiera esos comportamientos como modelos. El ideal propuesto por el Evangelio ha sido siempre el mismo y ah? est? lo que nunca podr?n criticar: hombres y mujeres que han cre?do en el amor y han dejado en ello la propia vida y a veces la sangre. Tarde o temprano veremos que el argumento del testimonio vale m?s que el argumento del enga?o.


Publicado por mario.web @ 19:45
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