Viernes, 29 de abril de 2011

Fuente: Catholic.net
Autor: P. Fernando Pascual

Podemos quedar encadenados por cosas grandes o por cosas peque?as.

A veces somos prisioneros de ambiciones profundas o de angustias prolongadas: ascender en el trabajo, conseguir una casa fuera de la ciudad, encontrar un buen m?dico para un c?ncer doloroso, superar los problemas familiares.

Otras veces el alma queda atrapada en cosas muy peque?as: un crucigrama, un juego electr?nico, un programa de computadora, el sello que falta para completar la colecci?n...

Las almas humanas pueden vivir entre cadenas, emborrachadas, no s?lo por culpa de sustancias qu?micas, de alcohol, de droga, de tabaco. Los problemas y las inquietudes del coraz?n tambi?n nos atan internamente, con angustias intensas, con fobias o a euforias, que distorsionan la realidad, que nos llevan a ver cosas banales como si resultaran imprescindibles, a valorar objetos inofensivos como si fueran temibles, o a tratar asuntos triviales como si de ellos dependiera nuestra existencia temporal y eterna.

El alma necesita descubrir una escala de valores que ayude a reconocer el sentido aut?ntico de la propia vida, que nos permita colocar las cosas en su sitio, que rompa cadenas asfixiantes.

En esa escala lo secundario ser? simplemente eso, secundario, y no provocar? borracheras absurdas que han generado, en los jefes de estado, guerras absurdas, y en los hombres sencillos fracasos en el trabajo o la familia.

A la vez, esa escala dar? a lo primario, a lo esencial, a lo que vale siempre y en todo lugar, su lugar de gu?a en todos nuestros deseos y opciones.

?D?nde radica lo esencial? ?Cu?les son las ideas primarias de la vida humana? Est?n en la fe cat?lica, que nos muestra el verdadero rostro de Dios, que desvela el sentido de lo temporal y de lo eterno, que genera corazones dispuestos al amor, que lleva a trabajar por la justicia y la paz, que une a las familias, que fomenta la honradez en el trabajo.

Est? en ese Evangelio vivo que nos ense?? Jes?s el Nazareno, que alimenta la historia de la Iglesia hasta nuestros d?as, que permite vivir en el mundo del amor sincero.

Podemos romper cadenas del alma con una acci?n decisiva y eficaz, con la gracia que viene desde el cielo. Necesitamos escuchar en toda su belleza las palabras de quien nos ense?? que no vale la pena preocuparse tanto por el vestido y por el alimento y tan poco por el Reino, la Justicia, el Amor.

S?lo almas sin cadenas podr?n respirar aires limpios. Sentir?n, en su propia libertad interior, que Dios y los hombres merecen todo nuestro esfuerzo mientras seguimos en camino en esta Tierra fugaz que nos lleva hacia el cielo eterno.


Publicado por mario.web @ 9:33
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios