Viernes, 20 de mayo de 2011
Publicamos la homil?a que pronunci? el cardenal Antonio Mar?a Rouco Varela, arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal Espa?ola, durante la misa que congreg? el domingo de la Sagrada Familia a familias de Europa en la plaza de Lima en Ma
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Homil?a del Cardenal Rouco en la misa de las familias de Europa en Madrid
Homil?a del Cardenal Rouco en la misa de las familias de Europa en Madrid
Mis queridos hermanos y hermanas en el Se?or:
Una vez m?s, una Plaza madrile?a, la Plaza de Lima, nos ofrece un bello marco para celebrar la Fiesta de la Sagrada Familia p?blicamente ante la sociedad y ante el mundo como "una Misa de las Familias": de las familias de Madrid y de toda Espa?a. As? sucedi? el pasado a?o. Hoy, adem?s, como una Eucarist?a de las familias de toda Europa. Me es muy grato, por ello, saludar con afecto fraterno en el Se?or a los Sres.

Cardenales, Arzobispos y Obispos de las Di?cesis de Espa?a, pero, especialmente, a los hermanos venidos de Roma y de diversos pa?ses europeos. En un lugar destacado quisiera hacerlo con el Sr. Cardenal Prefecto del Pontificio Consejo para las Familias, que subraya con su presencia el valor pastoral que le merecen al Santo Padre y a sus colaboradores m?s pr?ximos nuestra iniciativa a favor de la familia. El luminoso y siempre certero mensaje del Papa Benedicto XVI no nos ha faltado tampoco en esta ocasi?n en que la Eucarist?a de las familias cristianas de Espa?a se abre a las Iglesias particulares de Europa. Mi saludo muy cordial se dirige tambi?n a los innumerables hermanos sacerdotes espa?oles y europeos, cercanos siempre a las familias que ellos atienden y sirven con cuidadoso celo y caridad pastorales. Nuestro m?s efusivo saludo va dirigido, sin embargo, a las innumerables familias - abuelos, padres, hijos, hermanos... - que se han sacrificado para venir a Madrid y poder celebrar en esta fr?a ma?ana madrile?a, unidos en una extraordinaria asamblea lit?rgica con los fieles de nuestra di?cesis, la Acci?n de Gracias eucar?stica con alegr?a jubilosa por el inmenso don de la familia cristiana: familia que se mira en la Sagrada Familia de Nazareth como el modelo insuperable y decisivo para poder vivir en plenitud la riqueza de la gracia del matrimonio cristiano en el d?a a d?a del crecer y del quehacer de la propia familia. La familia cristiana sabe, adem?s, que en Jes?s, Mar?a y Jos?, encuentra el apoyo sobrenatural necesario que le ha sido preparado amorosamente por Dios para que no desfallezca en la realizaci?n de su hermosa vocaci?n.

Vuestra multitudinaria presencia, queridas familias, y vuestra participaci?n atenta, piadosa y activa en esta celebraci?n eucar?stica habla un claro y elocuente lenguaje: ?quer?is a vuestras familias! ?quer?is a la familia!; ?manten?is fresca y vigorosa la fe en la familia cristiana!; est?is seguras, compartiendo la doctrina de la Iglesia una, santa, cat?lica y apost?lica, de que el modelo de la familia cristiana es el que responde fielmente a la voluntad de Dios y, por ello, es el que garantiza el bien fundamental e insustituible de la familia para sus propios miembros -los padres y los hijos en eminente lugar-, para toda la sociedad y, no en ?ltimo lugar, para la Iglesia. La Iglesia es, en definitiva, la "construcci?n de Dios", "en la que habita su familia", como ense?a el Vaticano II; y la familia en ella es "Iglesia dom?stica" (LG 6 y 11). Queridas familias cristianas: sois muy conscientes, incluso en virtud de vuestras propias experiencias de la vida en el matrimonio y en vuestra familia, de que ese otro lenguaje de los diversos modelos de familia, que parece adue?arse, avasallador y sin r?plica alguna, de la mentalidad y de la cultura de nuestro tiempo, no responde a la verdad natural de la familia, tal como viene dada al hombre "desde el principio" de la creaci?n y de que, por ello, es incapaz de resolver la problem?tica tantas veces cruel y dolorosa de los fracasos materiales, morales y espirituales que afligen hoy al hombre y a la sociedad europea de nuestro tiempo con una gravedad pocas veces conocida por la historia. Queridas familias: porque quer?is vivir vuestra familia en toda la verdad, la bondad y la belleza que le viene dada por el plan salvador de Dios, est?is aqu? como protagonistas del nuevo Pueblo y de la nueva Familia de Dios, que peregrina en este mundo hacia la Casa y la Gloria del Padre, celebrando con la Iglesia el Sacramento del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, culmen y fuente de toda la vida cristiana -y consecuentemente ?de la verdadera vida de vuestras familias!- como una Fiesta, iluminada por la memoria, hecha actualidad, de la Sagrada Familia de Nazareth.

Con la Sagrada Familia, formada por Jes?s, Mar?a y Jos?, se inicia el cap?tulo de la nueva y definitiva historia de la familia: el de la familia, que, fundada por el Creador en el verdadero matrimonio entre el var?n y la mujer, va a quedar liberada de la esclavitud del pecado y transformada por la gracia del Redentor. Acerqu?monos pues con la mirada de la fe, clarificada por la palabra de Dios, a la realidad de esta familia, sagrada y entra?able a la vez, que abre a las nuestras el tiempo nuevo del amor y de la vida sin ocaso. Llama la atenci?n desde el primer momento de su preparaci?n y constituci?n que lo que gu?a y mueve a Mar?a y a Jos? a desposarse y acoger en su seno al Hijo, a Jes?s, es el cumplimiento de la voluntad de Dios sin condiciones; aunque, humanamente hablando, les cueste comprenderla. Mar?a dice "S?" a la maternidad de su Hijo, que era nada menos que el Hijo del Alt?simo. Lo concibe por obra del Esp?ritu Santo, siendo Virgen y permaneciendo Virgen. Jos? acepta acoger a Mar?a en su casa como esposa, castamente, sabiendo que el Hijo que lleva en sus entra?as no es suyo, ?es de Dios! Se abandonan a su sant?sima voluntad, sabiendo que responden as? a los designios inescrutables, pero ciertos, del amor de un Dios que quiere salvar al hombre por caminos que le sobrepasan por la magnitud infinita de la misericordia que revelan.

Son cada vez m?s conscientes de que a ellos se les ha confiado la vida y la muerte terrena de un ni?o, que es el Hijo de Dios, el Mes?as, el Se?or. S?, sobre todo, lo sabe su Madre Mar?a que lo acompa?a, a veces desde la distancia f?sica, pero siempre desde una inefable cercan?a del coraz?n hasta el momento de la Cruz: ?la hora de la expropiaci?n total del Hijo y de la Madre en aras del Amor m?s grande! En la escena del adolescente Jes?s, perdido y hallado por sus padres en el Templo de Jerusal?n, que nos relata hoy el Evangelio de San Lucas, se confirmaba y se preludiaba hasta qu? grado de entrega y oblaci?n de la vida conllevaba la aceptaci?n amorosa de la voluntad del Padre: "?Por qu? me buscabais? ?No sab?ais que yo deb?a estar en la casa de mi Padre?". Y, aunque ellos no comprendieron del todo lo que les quer?a decir, su angustia precedente qued? enternecedoramente compensada por el Hijo: Jes?s baj? con ellos a Nazareth y, bajo su autoridad, "iba creciendo en sabidur?a, estatura, y en gracia ante Dios y ante los hombres". Y "su madre conservaba todo esto en su coraz?n". De aquel amor de Mar?a y Jos?, amor de total entrega a Dios, y, por ello, de una fecundidad humanamente inimaginable, ?sobrenatural!, surge la familia en la que nace, crece y vive el Salvador del hombre, el Autor de la Nueva Vida, el Cabeza del Nuevo Pueblo de Dios, el Primero entre una incontable multitud de hermanos, que habr?an de configurar la nueva familia humana.

Queridas familias cristianas de Espa?a y de toda
Europa: miraos a vosotras mismas como esposas y esposos, padres e hijos, en el l?mpido espejo de ese prototipo de la nueva familia querida y dispuesta por Dios en su plan de salvaci?n del hombre, que es la familia de Jes?s, Mar?a y Jos?.

?Verdad que tambi?n vosotros pod?is certificar que, cuando todo ese edificio de ?ntimas relaciones personales entre vosotros y con vuestros hijos se fundamenta en la vivencia fiel y siempre renovada de vuestro compromiso contra?do sacramentalmente en Cristo, ante Dios y ante la Iglesia, os es posible e incluso sencillo y gratificante configurar vuestra familia como esa ?ntima comunidad de vida y amor donde se va abriendo d?a a d?a, "cruz a cruz", el camino de la verdadera felicidad? Entonces os sent?s "como elegidos de Dios, santos y amados, para revestiros "de la misericordia entra?able, bondad, humildad, dulzura, comprensi?n". Sab?is pedir perd?n y perdon?is. Sab?is sobrellevaros y ?os santific?is mutuamente? Coloc?is por encima de todo "el amor" que "es el ce?idor de la unidad consumada". ?En qui?n y en d?nde podr?n encontrar los ni?os, que van a nacer, los discapacitados, los enfermos, los rechazados... etc., el don de la vida y del amor incondicional sino en vosotros, padres y madres de las familias cristianas? ?Hay quien responda mejor y m?s eficazmente a las situaciones dram?ticas de los parados, de los ancianos, de los angustiados por la soledad f?sica y espiritual, de los rotos por las decepciones y fracasos sentimentales, matrimoniales y familiares, que la familia verdadera, la fundada en la ley de Dios y en el amor de Jesucristo?

En esta madrile?a Plaza de Lima, el d?a 2 de noviembre de 1982, el inolvidable Juan Pablo II, declarado Venerable el pasado d?a 19 de diciembre por nuestro Santo Padre Benedicto XVI, celebraba una Eucarist?a memorable, convocada como "la Misa para las familias" en el tercer d?a de su largo primer viaje por toda la geograf?a de las Di?cesis de Espa?a ?Viaje Apost?lico inolvidable! En su vibrante homil?a se encuentra un pasaje, cuya vigorosa fuerza prof?tica no ha perdido ni un ?pice de actualidad. Permitidme que os lo recuerde:

"Adem?s, seg?n el plan de Dios, -afirmaba el Papa- el matrimonio es una comunidad de amor indisoluble ordenado a la vida como continuaci?n y complemento de los mismos c?nyuges. Existe una relaci?n inquebrantable entre el amor conyugal y la transmisi?n de la vida, en virtud de la cual, como ense?? Pablo VI, "todo acto conyugal debe permanecer abierto a la transmisi?n de vida". Por el contrario, -como escrib? en la Exhortaci?n Apost?lica "Familiaris Consortio"-"al lenguaje natural que expresa la rec?proca donaci?n total de los esposos, el anticoncepcionismo impone un lenguaje objetivamente contradictorio, es decir, el de no darse al otro totalmente: se produce no s?lo el rechazo positivo de la apertura a la vida, sino tambi?n una falsificaci?n de la verdad interior del amor conyugal.

Pero hay otro aspecto a?n m?s grave y fundamental, que se refiere al amor conyugal como fuente de la vida: hablo del respeto absoluto a la vida humana, que ninguna persona o instituci?n, privada o p?blica, puede ignorar. Por ello, quien negara la defensa a la persona humana m?s inocente y d?bil, a la persona humana ya concebida aunque todav?a no nacida, cometer?a una grav?sima violaci?n del orden moral. Nunca se puede legitimar la muerte de un inocente. Se minar?a el mismo fundamento de la sociedad."

Benedicto XVI nos ense?a hoy, en medio de una crisis socio-econ?mica generalizada, un cuarto de siglo despu?s de la homil?a de la Plaza de Lima, en su Enc?clica "C?ritas in Veritate": "La apertura moralmente responsable a la vida es una riqueza social y econ?mica... Por eso, se convierte en una necesidad social, e incluso econ?mica, seguir proponiendo a las nuevas generaciones la hermosura de la familia y del matrimonio, su sinton?a con las exigencias m?s profundas del coraz?n y de la dignidad de la persona. En esta perspectiva, los estados est?n llamados a establecer pol?ticas que promuevan la centralidad y la integridad de la familia, fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, c?lula primordial y vital de la sociedad".

El panorama que presenta la realidad de la familia en la Europa contempor?nea no es precisamente halag?e?o. El preocupante diagn?stico del estado de salud de la familia europea, que hac?a en octubre de 1999 la II Asamblea Especial para Europa del S?nodo de los Obispos y que, despu?s, Juan Pablo II recog?a, detallaba y confirmaba en la Exhortaci?n Postsinodal "La Iglesia en Europa", se ha ido agravando m?s y m?s. La actualidad del matrimonio y de la familia en los pa?ses europeos est? marcada por la facilitaci?n jur?dica del divorcio hasta extremos impensables hasta hace poco tiempo y asimilables al repudio; por la aceptaci?n creciente de la difuminaci?n, cuando no de la eliminaci?n, primero cultural y luego legal de la consideraci?n del matrimonio como la uni?n irrevocable de un var?n y una mujer en ?ntima comunidad de amor y de vida, abierta a la procreaci?n de los hijos; por el crecimiento, al parecer imparable, de las rupturas matrimoniales y familiares con las conocidas y dram?ticas consecuencias que acarrean para la suerte y el bien de los ni?os y de los j?venes. A esta situaci?n se ha a?adido la crisis econ?mica, con la inevitable secuela del paro y el desempleo como factor sobrevenido a la situaci?n ya muy extendida de la crisis del matrimonio y de la familia. El derecho a la vida del ni?o, todav?a en el vientre de su madre -del "nasciturus"-, se ve lamentablemente suplantado en la conciencia moral de un sector cada vez m?s importante de la sociedad, y en la legislaci?n que la acompa?a y la estimula, por un supuesto derecho al aborto en los primeros meses del embarazo. La vida de las personas con discapacidades varias, de los enfermos terminales y de los ancianos, sin un entorno familiar que las cobije, se ve cada vez m?s en peligro. Un panorama a primera vista oscuro y desolador. S?lo a primera vista. En el trasfondo alumbran los signos luminosos de la esperanza cristiana: ?Aqu? est?is vosotras, las queridas familias cristianas de Espa?a y de toda Europa, para dar testimonio de esa esperanza y corroborarla. Con el "s?" gozoso a vuestro matrimonio y a vuestra familia, sentida y edificada cristianamente como representaci?n viva del amor de Dios -amor de oblaci?n y entrega, ofrecido y fecundo tambi?n en "vuestra carne"- y con vuestro "s?" al matrimonio y a la familia como "el santuario de la vida" y fundamento de la sociedad, est?is abriendo de nuevo el surco para el verdadero porvenir de la Europa del presente y del futuro. Europa, sin vosotras, queridas familias cristianas, se quedar?a pr?cticamente sin hijos o, lo que es lo mismo, sin el futuro de la vida. Sin vosotras, Europa se quedar?a sin el futuro del amor, conocido y ejercitado gratuitamente; se quedar?a sin la riqueza de la experiencia del ser amado por lo que se es y no por lo que se tiene. El futuro de Europa, su futuro moral, espiritual e, incluso, biol?gico, pasa por la familia realizada en su primordial y plena verdad. ?El futuro de Europa pasa por vosotras, queridas familias cristianas!
Hab?is recibido el gran don de poder vivir vuestro matrimonio y vuestra familia cristianamente, siguiendo el modelo de la Familia de Nazareth, y, con el don, una grande y hermosa tarea : la de ser testigos fieles y valientes, con obras y palabras, del Evangelio de la vida y de la familia en una grave coyuntura hist?rica de los pueblos de Europa, vinculados entre s? por la com?n herencia de sus ra?ces cristianas. Unidas en la Comuni?n de la Iglesia, alentadas y fortalecidas por la Sagrada Familia de Nazareth, por Jes?s, Mar?a y Jos?, la podr?is llevar a un buen y feliz t?rmino.

?S?, con el gozo jubiloso de los que han descubierto y conocen que en Bel?n de Jud?, hace dos mil a?os, nos naci? de Mar?a, la Virgen y Doncella de Nazareth, el Mes?as, el Se?or, el Salvador, lo podr?is!
Am?n.

Publicado por mario.web @ 2:23
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