Viernes, 20 de mayo de 2011
Ofrecemos a continuaci?n la intervenci?n del Papa a los miembros de las Administraciones de la Regi?n Lacio, de la Provincia y del Ayuntamiento de Roma, a quienes recibi? hoy en audiencia en la Sala Clementina del Palacio Apost?lico.
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Benedicto XVI: Es necesaria una gesti?n p?blica centrada en la persona
Benedicto XVI: Es necesaria una gesti?n p?blica centrada en la persona
CIUDAD DEL VATICANO, jueves 14 de enero de 2010 (ZENIT.org).-
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Ilustres se?ores y gentiles se?oras
Estoy contento de encontrarles en esta tradicional cita, que nos ofrece la ocasi?n de intercambiarnos cordiales augurios para el nuevo a?o, y de reflexionar sobre la realidad de nuestro territorio, en el que desde hace 2000 a?os est? presente el Sucesor de Pedro, como obispo de Roma y arzobispo metropolitano de la Provincia eclesi?stica romana, que comprende todo el Lacio.

Os estoy agradecido por esta visita y dirigo mi deferente y cordial saludo al Vicepresidente de la Junta Regional del Lacio, honorable Esterino Montino, al Alcalde de Roma, honorable Gianni Alemanno, y al Presidente de la Provincia de Roma, honorable Nicola Zingaretti, a quienes deseo expresar mi vivo agradecimiento por las corteses palabras que me han dirigido en nombre de las Administraciones que dirigen. Con ellos, saludo a los Presidentes de las respectivas Asambleas del Consejo y a todos los presentes.

La crisis que ha afectado a la econom?a mundial ? como se ha recordado ? ha tenido consecuencias tambi?n para los habitantes y las empresas de Roma y del Lacio. Al mismo tiempo, ha ofrecido la posibilidad de volver a revisar el modelo de crecimiento perseguido estos ?ltimos a?os. En la enc?clica Caritas in veritate record? que el desarrollo humano para ser aut?ntico debe tener en cuenta al hombre en su totalidad, y debe realizarse en la caridad y en la verdad. La persona humana, de hecho, est? al centro de la acci?n pol?tica y su crecimiento moral y espiritual debe ser la primera preocupaci?n para aquellos que han sido llamados a administrar la comunidad civil. Es fundamnetal que cuantos han recibido de la confianza de los ciudadanos la alta responsabilidad de gobernar las instituciones adviertan como prioritaria la exigencia de perseguir constantemente el bien com?n, que ?no es un bien buscado por s? mismo, sino para las personas que forman parte de esa comunidad social y que s?lo en ella pueden realmente y m?s eficazmente conseguir su bien" (Caritas in veritate, 7). Para que esto suceda, es oportuno que en las sedes institucionales se busque favorecer una sana dial?ctica ya que cuanto m?s sean compartidos las decisiones y los procesos, tanto m?s estos permitir?n un eficaz desarrollo para los habitantes de los territorios administrados.

En este contexto deseo expresar mi aprecio por los esfuerzos realizados por estas Administraciones para salir al encuentro de los sectores m?s d?biles y marginados de la sociedad, de cara a la promoci?n de una convivencia m?s justa y solidaria. Al respecto, quisiera invitaros a poner todo cuidado para que la centralidad de la persona humana y de la familia constituyen el principio inspirador de cada decisi?n vuestra. A ?l, particularmente, es necesario hacer referencia en la realizaci?n de los nuevos asentamientos de la ciudad, para que los complejos habitacionales que est?n surgiendo no sean s?lo barrios dormitorio.

Con este fin, es oportuno que se prevean esas estructuras que favorecen los procesos de socializaci?n, evitando as? que surja y se incremente la cerraz?n en el individualismo y la atenci?n exclusiva a los propios intereses, lo que es da?oso para toda convivencia humana. Respetando las competencias de las autoridades civiles, la Iglesia est? contenta de ofrecer su propia contribuci?n para que en estos barrios haya una vida social digna del hombre. S? que en diversas zonas perif?ricas de la ciudad esto ya ha sucedido, gracias al empe?o de la Administraci?n del Ayuntamiento para la realizaci?n de importantes obras, y auguro que estas exigencias sean tenidas en cuenta en todas partes. Estoy contento por la consolidada colaboraci?n existente entre las Administraciones dirigidas por vosotros y el Vicariato, en particular en lo que concierne a la construcci?n de nuevos complejos parroquiales que, adem?s de ser puntos de referencia para la vida cristiana, desarrollan tambi?n una funci?n social y educativa fundamental.

Esta colaboraci?n ha permitido alcanzar objetivos significativos. Al respecto, quiero recordar que en algunos barrios nuevos, donde viven en particular familias j?venes con ni?os peque?os, las comunidades eclesiales, conscientes de que la apertura a la vida est? en el centro del verdadero desarrollo humano (cfr Ibid., 28), han realizado los ?oratorios de los peque?os?. Estas ?tiles estructuras permiten a los ni?os transcurrir las horas de la jornada, mientras sus padres trabajan.

Conf?o en que una sinergia cada vez m?s fecunda entre las diversas instituciones permita el surgimiento en las zonas perif?ricas, como tambi?n en el resto de la ciudad, de estructuras an?logas que ayuden a los j?venes padres en su tarea educativa. Auguro tambi?n que puedan adoptarse otros procedimientos ulteriores a favor de las familias, en particular de las numerosas, para que toda la ciudad goce de la funci?n insustituible de esta instituci?n, primaria e indispensable c?lula de la sociedad.

Dentro de la promoci?n del bien com?n, la educaci?n de las nuevas generaciones, que constituyen en futuro de nuestra regi?n, representa una preocupaci?n predominante que los Administradores del ente p?blico comparten con la Iglesia y con todas las instituciones formativas. Desde hace algunos a?os, la di?cesis de Roma y las del Lacio est?n comprometidas en ofrecer su contribuci?n para afrontar las instancias cada vez m?s urgentes que proceden del mundo juvenil y que piden respuestas educativas adecuadas de perfil alto. Est? ante los ojos de todos la necesidad y la urgencia de ayudar a los j?venes a proyectar su vida sobre valores aut?nticos, que hagan referencia a una visi?n ?alta? del hombre y que encuentran en el patrimonio religioso y cultural cristiano una de sus expresiones m?s sublimes. Hoy las nuevas generaciones piden saber qui?n es el hombre y cu?l es su destino, y buscan respuestas capaces de indicarles el camino a recorrer para fundar su existencia en valores perennes. En particular, en las propuestas formativas sobre los grandes temas de la afectividad y de la sexualidad, tan importantes para la vida, es necesario evitar proponer a los adolescentes y a los j?venes caminos que favorezcan la banalizaci?n de estas dimensiones fundamentales de la existencia humana. Deseo, con este prop?sito, invitar a todos a comprender que, al pronunciar su no, la Iglesia en realidad dice s? a la vida, al amor vivido en la verdad del don de s? al otro, al amor que se abre a la vida y que no se cierra en una visi?n narcisista de la pareja. Ella est? convencida de que s?lo estas elecciones pueden llevar a un modelo de vida, en el que la felicidad es un bien compartido. Sobre estos temas, como tambi?n sobre los de la familia fundada sobre el matrimonio y sobre el respeto a la vida desde su concepci?n hasta su t?rmino natura?, la comunidad eclesial no puede no ser fiel a la verdad ?que, por s? sola, es garant?a de libertad y de la posibilidad de un desarrollo humano integral? (Ibid., 9).

Finalmente, no puedo dejar de exhortar a las autoridades competentes a una atenci?n constante y coherente al mundo de la enfermedad y del sufrimiento. Las estructuras sanitarias, tan numerosas en Roma y en el Lacio, que ofrecen un importante servicio a la comunidad, deben ser lugares en los cuales se encuentren cada vez m?s una gesti?n atenta y responsable de los asuntos p?blicos, competencias profesionales y dedicaci?n generosa hacia el enfermo, cuya acogida y cuidados, deben ser el sumo criterio de cuantos trabajan en ese ?mbito. Toma y el Lacio, junto a las estructuras sanitarias p?blicas, ven desde hace siglos la presencia de las de inspiraci?n cat?lica, que trabajan a favor de amplias capas de la poblaci?n. En ellas se intenta conjugar la competencia profesional y la atenci?n al enfermo con la verdad y la caridad de Cristo. De hecho, inspir?ndose en el Evangelio, ellas se esfuerzan por acercarse a las personas que sufren con amor y esperanza, apoyando tambi?n la b?squeda de sentido e intentando proporcionar respuestas a los interrogantes que inevitablemente surgen en los corazones de cuantos viven la dif?cil dimensi?n de la enfermedad y del dolor. El hombre necesita, de hecho, ser atendido en su unidad de ser espiritual y corporal. Conf?o por tanto en que, a pesar de las persistentes dificultades econ?micas, estas estructuras puedan ser adecuadamente apoyadas en su precioso servicio.

Gentiles Autoridades, mientras expreso mi m?s viva gratitud por esta cort?s y agradable visita, aseguro mi cordial cercan?a y mi oraci?n por vosotros, por las altas responsabilidades que se os han confiado y por los habitantes de las realidades que administr?is. Que el Se?or os sostenga, os gu?e y de cumplimiento a las expectativas de bien presentes en el coraz?n de cada uno.

Con estos sentimientos, con afecto y benevolencia, imparto la Bendici?n Apost?lica, extendi?ndola de coraz?n a vuestras familias y a cuantos viven y trabajan en Roma, en su provincia y en todo el Lacio.

Publicado por mario.web @ 18:05
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