Viernes, 20 de mayo de 2011
Instrucci?n firmada por el Card. Ratzinger en el que expone la importancia que tienen los medios de comunicaci?n en la difusi?n del mensaje evang?lico. Incluye orientaciones pr?cticas para los comunicadores sociales.
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Algunos aspectos relativos al uso de los instrumentos de comunicaci?n social
Algunos aspectos relativos al uso de los instrumentos de comunicaci?n social
CONGREGACION PARA LA DOCTRINA DE LA FE

?INSTRUCCION SOBRE ALGUNOS ASPECTOS RELATIVOS AL USO DE LOS INSTRUMENTOS DE COMUNICACION SOCIAL EN LA PROMOCION DE LA DOCTRINA DE LA FE

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INTRODUCCION


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El Concilio Vaticano II recuerda que entre las tareas principales de los Obispos ?sobresale la predicaci?n del Evangelio? (Lumen gentium, n. 25), siguiendo as? el mandato del Se?or de ense?ar a todas las gentes y predicar el Evangelio a toda criatura (cf. Mt 28,19).

Entre los instrumentos m?s eficaces de que hoy se dispone para la difusi?n del mensaje evang?lico se encuentran ciertamente los medios de comunicaci?n social. La Iglesia no solamente afirma su derecho a utilizarlos (cf. c. 747), sino que exhorta a los Pastores a servirse de ellos en el cumplimiento de su misi?n (cf. c. 822 ? 1).

De la importancia de los medios de comunicaci?n social y de su significado, a la luz de la misi?n evangelizadora de la Iglesia, han tratado ya ampliamente el Decreto del Concilio Vaticano II Inter mirifica y las Instrucciones pastorales del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales Communio et Progressio y Aetatis novae. Hay que mencionar asimismo el documento Orientaciones sobre la formaci?n de los futuros sacerdotes para el uso de los instrumentos de la comunicaci?n social, publicado por la Congregaci?n para la Educaci?n Cat?lica.

De los medios de comunicaci?n social trata tambi?n el nuevo C?digo de Derecho Can?nico (cf. cc. 822-832), que encomienda a los Pastores una especial atenci?n y vigilancia. Los Superiores religiosos, especialmente los Mayores, en virtud de su competencia disciplinar, tienen tambi?n determinadas responsabilidades al respecto.

Son bien conocidas las dificultades que, por razones diversas, encuentran quienes est?n llamados a desempe?ar esta tarea de cuidado y vigilancia. Por otra parte, a trav?s de los medios de comunicaci?n social en general y de los libros en particular, se van difundiendo, cada vez m?s, ideas err?neas. Despu?s de haber ilustrado, bajo el aspecto doctrinal, la responsabilidad de los Pastores en materia de Magisterio aut?ntico con la publicaci?n de la Instrucci?n sobre la vocaci?n eclesial del te?logo, del 24 de mayo de 1990, la Congregaci?n para la Doctrina de la Fe, en su misi?n de promover y tutelar la doctrina de la fe y las costumbres, ha considerado oportuno publicar la presente Instrucci?n, de acuerdo con la Congregaci?n para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apost?lica, y despu?s de haber consultado tambi?n al Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales.

En este Documento se presenta nuevamente y de forma org?nica la legislaci?n de la Iglesia sobre esta materia. Recordando las normas can?nicas, aclarando las disposiciones, desarrollando y determinando los procedimientos a trav?s de los cuales han de ser aplicadas, la Instrucci?n se propone, pues, alentar y ayudar a los Pastores en el cumplimiento de su deber (cf. c. 34).

Las normas can?nicas constituyen una garant?a para la libertad de todos, tanto de los fieles en particular ?los cuales tienen derecho a recibir el mensaje del Evangelio en su pureza e integridad? como de los agentes de pastoral, los te?logos y todos los periodistas cat?licos, los cuales tienen derecho a exponer su opini?n, salvando siempre la integridad de la fe y de las costumbres y el respeto debido a los Pastores. Por otra parte, las leyes reguladoras de la informaci?n garantizan y promueven el derecho de todos los usuarios de los medios de comunicaci?n social a la informaci?n veraz, y de los periodistas en general a la comunicaci?n de su pensamiento dentro de los l?mites de la deontolog?a profesional, tambi?n en lo que se refiere al modo de tratar los temas religiosos.

A este prop?sito, considerando las dif?ciles condiciones en las que desarrollan sus funciones, la Congregaci?n para la Doctrina de la Fe siente aqu? el deber, en particular, de expresar a los te?logos, a los agentes de pastoral y a los periodistas cat?licos, as? como a los periodistas en general, estima y aprecio por la aportaci?n concreta que dan en este campo.

?I RESPONSABILIDAD DE LOS PASTORES EN GENERAL

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1. Responsabilidad de instruir a los fieles


? 1. Los Obispos, en cuanto maestros aut?nticos de la fe (cf. cc. 375 y 753), deben mostrar particular solicitud en instruir a los fieles sobre el derecho y el deber que tienen de:

a) ?trabajar para que el mensaje divino de salvaci?n alcance m?s y m?s a los hombres de todo tiempo y del orbe entero? (c. 211);

b) manifestar a los Pastores sus propias necesidades, principalmente las espirituales, y tambi?n sus aspiraciones (cf. c. 212 ? 2);

c) manifestar a los Pastores su opini?n sobre aquello que ata?e al bien de la Iglesia (cf. c. 212 ? 3);

d) exponer a los dem?s fieles ?su opini?n sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia?, salvando siempre la integridad de la fe y de las costumbres y la reverencia hacia los Pastores, habida cuenta de la utilidad com?n y de la dignidad de las personas? (c. 212 ? 3).

? 2. Los fieles deben ser instruidos adem?s sobre el deber que tienen de:

a) ?observar siempre la comuni?n con la Iglesia, incluso en su modo de obrar? (c. 209 ? 1; cf. c. 205);

b) ?seguir, por obediencia cristiana, todo aquello que los Pastores sagrados, en cuanto representantes de Cristo, declaran como maestros de la fe o establecen como rectores de la Iglesia? (c. 212 ? 1);

c) observar, en caso de dedicarse a las ciencias sagradas, la debida sumisi?n al Magisterio de la Iglesia, sin menoscabo de una justa libertad para investigar as? como para manifestar prudentemente su opini?n sobre todo aquello en que sean peritos (cf. c. 218).

d) cooperar para que el uso de los instrumentos de comunicaci?n social est? vivificado por un esp?ritu humano y cristiano (cf. c. 822 ? 2), de manera que ?la Iglesia lleve a cabo eficazmente su misi?n, tambi?n mediante esos instrumentos? (c. 822 ? 3).

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2. Responsabilidad respecto a los escritos y al uso de los medios de comunicaci?n social

Los mismos Pastores, en el ?mbito de su deber de vigilar y custodiar intacto el dep?sito de la fe (cf. cc. 386 y 747 ? 1), y de responder al derecho que tienen los fieles de ser guiados por el camino de la sana doctrina (cf. cc. 213 y 217), tienen el derecho y el deber de:

a) ?velar para que ni los escritos ni la utilizaci?n de los medios de comunicaci?n social da?en la fe y las costumbres de los fieles cristianos? (c. 823 ? 1);

b) ?exigir que los fieles sometan a su juicio los escritos que vayan a publicar y tengan relaci?n con la fe o costumbres? (c. 823 ? 1);

c) ?reprobar los escritos nocivos para la rectitud de la fe o para las buenas costumbres? (c. 823 ? 1);

d) aplicar, seg?n los casos, las sanciones administrativas o penales previstas por el derecho de la Iglesia a quien, trasgrediendo las normas can?nicas, viole los deberes de su oficio, constituya un peligro para la comuni?n eclesial o produzca da?o a la fe o a las costumbres de los fieles (cf. cc. 805; 810 ? 1; 194 ? 1 n. 2; 1369; 1371 n. 1; 1389).

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3. Deber de intervenir con medios id?neos


Los instrumentos morales y jur?dicos que la Iglesia prev? para la salvaguardia de la fe y de las costumbres, y que pone a disposici?n de los Pastores, no pueden ser descuidados sin faltar a las propias obligaciones, cuando el bien de las almas lo requiera o aconseje. Mant?nganse los Pastores en contacto permanente con el mundo de la cultura y de la teolog?a en sus respectivas di?cesis, de modo que cualquier eventual dificultad pueda ser resuelta con premura a trav?s del di?logo fraterno, en el que las personas interesadas tengan la posibilidad de ofrecer las aclaraciones necesarias. En la aplicaci?n de los procedimientos can?nicos, los instrumentos disciplinares sean los ?ltimos a los que se recurra (cf. c. 1341), aunque no se puede olvidar que para proveer mejor a la disciplina eclesi?stica, la aplicaci?n de las penas en ciertos casos se muestra necesaria (cf. c. 1317).

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4. Peculiar responsabilidad de los Obispos diocesanos

Dejando a salvo la competencia de la Santa Sede (cf. Constituci?n Apost?lica Pastor Bonus, art. 48 y 50-52), de las Conferencias Episcopales y de los Concilios particulares (cf. c. 823 ? 2), los Obispos, en el ?mbito de la propia di?cesis y de la propia competencia, han de ejercer oportunamente, aunque con prudencia, el derecho-deber de vigilar sobre la fe y las costumbres, pues ellos, como Pastores, son los pricipales responsables de la sana doctrina (cf. cc. 386; 392; 753; 756 ? 2). En el ejercicio de tal funci?n el Obispo se remitir?, si es necesario, a la Conferencia Episcopal, a los Concilios particulares o a la misma Santa Sede, a trav?s del Dicasterio competente (cf. c. 823 ? 2).

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5. Ayuda de las Comisiones doctrinales

? 1. Las Comisiones doctrinales, tanto a nivel diocesano como a nivel de Conferencias Episcopales, pueden ser de gran ayuda para los Obispos; y su actividad ha de ser seguida y alentada convenientemente con el fin de que puedan ofrecer una valiosa ayuda a los Obispos en el cumplimiento de su misi?n doctrinal (cf. Carta de la Congregaci?n para la Doctrina de la Fe, de 23 de noviembre de 1990, a todos los Presidentes de las Conferencias Episcopales).

? 2. Asimismo, se ha de buscar la colaboraci?n de personas e instituciones, como los Seminarios, Universidades y Facultades eclesi?sticas que, fieles a las ense?anzas de la Iglesia y con la necesaria competencia cient?fica, puedan contribuir al cumpli?miento de las obligaciones de los Pastores.

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6. Comuni?n con la Santa Sede

Los Pastores mantendr?n contacto con los Dicasterios de la Curia Romana, particularmente con la Congregaci?n para la Doctrina de la Fe (cf. c. 360; Constituci?n Apost?lica Pastor Bonus, art. 48-55), a la cual remitir?n las cuestiones que sobrepasen su competencia (cf. Ib?d., art. 13) o que por cualquier motivo pueden hacer conveniente la intervenci?n o la consulta de la Santa Sede. A ?sta comunicar?n, adem?s, todo lo que se considere relevante en materia doctrinal, tanto en sentido positivo como negativo, sugiriendo incluso eventuales intervenciones.

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II APROBACION O LICENCIA PARA LAS DIVERSAS CLASES DE ESCRITOS

7. Obligatoriedad de la aprobaci?n o licencia


? 1. Para determinadas publicaciones el C?digo de Derecho Can?nico exige o bien la aprobaci?n o bien la licencia.

a) En particular, se exige la aprobaci?n previa para la publicaci?n de los libros de la Sagrada Escritura y sus traducciones a la lengua vern?cula (cf. c. 825 ? 1), para los catecismos y otros materiales catequ?ticos (cf. cc. 775 ? 2; 827 ? 1), para los libros de texto de uso en las escuelas, tanto elementales como medias o superiores, que traten de materias relacionadas con la fe o la moral (cf. c. 827 ? 2).

b) Es necesaria, en cambio, la licencia previa para la preparaci?n y publicaci?n, por parte de los fieles, incluso en colaboraci?n con los hermanos separados, de traducciones de la Sagrada Escritura (cf. c. 825 ? 2), para los libros de oraciones de uso p?blico o privado (cf. c. 826 ? 3), para las reediciones de colecciones de decretos o actas de la autoridad eclesi?stica (cf. c. 828), para los escritos de cl?rigos o religiosos en los peri?dicos, folletos o revistas que de modo manifiesto suelen atacar a la religi?n cat?lica o a las buenas costumbres (cf. c. 831 ? 1), para los escritos de los religiosos que traten de cuestiones de religi?n o de costumbres (cf. c. 832).

? 2. La aprobaci?n o licencia eclesi?stica presupone el dictamen del censor o censores ?si se considera oportuno que haya m?s de uno (cf. c. 830)?, garantiza que lo escrito no contiene nada contrario al Magisterio aut?ntico de la Iglesia sobre fe y costumbres y atestigua que han sido observadas todas las prescripciones de la ley can?nica en la materia. Por consiguiente, es oportuno que la misma concesi?n haga referencia expl?cita al canon correspondiente.

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8. Escritos para los cuales es oportuno el juicio del Ordinario del lugar


? 1. El C?digo de Derecho Can?nico recomienda que se sometan al juicio del Ordinario del lugar (cf. c. 827 ? 3) los libros sobre materias relacionadas con la Sagrada Escritura, la teolog?a, el derecho can?nico, la historia eclesi?stica y materias religiosas o morales, aunque no se empleen como libros de texto en la ense?anza, e igualmente aquellos escritos en los que se contenga algo que afecte de manera peculiar a la religi?n o a la integridad de las costumbres.

? 2. El Obispo diocesano, en virtud del derecho que le compete de vigilar sobre la integridad de la fe y de las costumbres, en caso de tener motivos particulares y espec?ficos, podr?a incluso exigir, con precepto singular (cf. c. 49), que los citados escritos sean sometidos a su juicio. En efecto, el c. 823 ? 1 confiere a los Pastores el derecho a ?exigir que los fieles sometan a su juicio los escritos que vayan a publicar y tengan relaci?n con la fe o costumbres?, sin ninguna limitaci?n, si no es la de orden general ?para preservar la integridad de las verdades de fe y costumbres?. Tal precepto podr?a ser impuesto en casos particulares, tanto a personas individuales, como a categor?as de personas (cl?rigos, religiosos, editoriales cat?licas, etc.), o sobre determinadas materias.

? 3. Tambi?n en este caso la licencia tiene el significado de una declaraci?n oficial que garantiza que lo escrito no contiene nada contrario a la integridad de la fe y de las costumbres.

? 4. Considerando que lo escrito pudiera contener opiniones o cuestiones propias de especialistas o concernientes a determinados c?rculos, y podr?a causar esc?ndalo o confusi?n en algunos ambientes o personas y no en otros, la licencia podr?a darse bajo determinadas condiciones, que se refieran al medio de publicaci?n o a la lengua y que, en todo caso, eviten los peligros indicados.

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9. Extensi?n de la aprobaci?n o licencia


La aprobaci?n o licencia para editar una obra es v?lida para el texto original; no es extensible ni a las ediciones sucesivas ni a las traducciones del mismo (cf. c. 829). Las simples reimpresiones no se consideran nuevas ediciones.

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10. Derecho a la aprobaci?n o licencia


? 1. Puesto que la licencia constituye una garant?a tanto jur?dica como moral para los autores, editores y lectores, quien hace la petici?n, bien porque sea obligatoria o solamente recomendada, tiene derecho a una respuesta por parte de la autoridad competente.

? 2. En el examen previo para la licencia es necesaria la m?xima diligencia y seriedad, habida cuenta de los derechos de los autores (cf. c. 218) as? como de los de todos los fieles (cf. cc. 213 y 217).

? 3. Contra la negaci?n de la licencia o aprobaci?n es posible el recurso administrativo, a tenor de los cc. 1732-1739, ante la Congregaci?n para la Doctrina de la Fe, que es el Dicasterio competente en la materia (cf. Constituci?n Apost?lica Pastor Bonus, art. 48).

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11. Autoridad competente para conceder la aprobaci?n o la licencia


? 1. La autoridad competente para conceder la licencia o la aprobaci?n, a norma del c. 824, es indistintamente el Ordinario del lugar propio del autor o el Ordinario del lugar donde se editan los libros.

? 2. Cuando la licencia ha sido denegada por un Ordinario del lugar se puede recurrir a otro Ordinario competente, con la obligaci?n, no obstante, de hacer menci?n de la negaci?n precedente; el segundo Ordinario, por su parte, no deber? conceder la licencia sin haber recibido antes del primero las razones de la negativa (cf. c. 65 ? 1).

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12. Procedimiento que se ha de seguir


? 1. El Ordinario, antes de dar la licencia, someta el escrito al juicio de personas que considere seguras, eligi?ndolas eventualmente de la lista elaborada por la Conferencia Episcopal o consultando, si existe, la comisi?n de censores, a norma del c. 830 ? 1. El censor, al emitir su parecer, se atendr? a los criterios del c. 830 ? 2.

? 2. El censor debe dar su dictamen por escrito. Si ?ste es favorable, el Ordinario podr? conceder la licencia, haciendo constar su nombre, as? como la fecha y el lugar de la concesi?n; si, por el contrario, considerase oportuno no concederla, comunique al autor de la obra las razones de la negativa (cf. c. 830 ? 3).

? 3. Las relaciones con los autores est?n siempre marcadas por un esp?ritu constructivo de respetuoso di?logo y comuni?n eclesial, que facilite los cauces adecuados para que en las publicaciones no haya nada contrario a la doctrina de la Iglesia.

? 4. La licencia, con las indicaciones se?aladas, debe aparecer impresa en los libros que se editan; no basta pues el uso de la f?rmula ?con aprobaci?n eclesi?stica? o similar; deben imprimirse tambi?n el nombre del Ordinario que concede la licencia, as? como la fecha y el lugar de la concesi?n (cf. la interpretaci?n aut?ntica del c. 830 ? 3: AAS, 79 [1987], 1249).

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13. Licencia para escribir en algunos medios de comunicaci?n


El Ordinario del lugar pondere atentamente si es oportuno o no, y en qu? condiciones, conceder permiso a los cl?rigos y a los religiosos para escribir en peri?dicos, folletos o revistas que de modo manifiesto suelen atacar a la religi?n cat?lica o a las buenas costumbres (cf. c. 831 ? 1).

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III EL APOSTOLADO DE LOS FIELES EN EL CAMPO EDITORIAL Y, EN PARTICULAR, LA ACTIVIDAD EDITORIAL CATOLICA

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14. Compromiso y la cooperaci?n por parte de todos


Los fieles que trabajan en el campo editorial, incluida la distribuci?n y venta de escritos, tienen, cada cual seg?n la funci?n espec?fica que desarrolla, una responsabilidad propia y peculiar en la promoci?n de la sana doctrina y de las buenas costumbres. ?stos, por tanto, no s?lo est?n obligados a no cooperar en la difusi?n de obras contrarias a la fe y a la moral, sino que deben esmerarse positivamente en la divulgaci?n de escritos que contribuyan al bien humano y cristiano de los lectores (cf. c. 822 ?? 2-3).

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15. Actividad editorial dependiente de instituciones cat?licas


? 1. La actividad editorial que depende de instituciones cat?licas (di?cesis, institutos religiosos, asociaciones cat?licas, etc.) tiene una peculiar responsabilidad en este sector. ?sta debe desarrollarse en sinton?a con la doctrina de la Iglesia y en comuni?n con los Pastores, as? como en obediencia a las leyes can?nicas, habida cuenta tambi?n del v?nculo especial con la autoridad eclesi?stica. Los editores cat?licos no publiquen escritos que carezcan de licencia eclesi?stica, cuando ?sta sea preceptiva.

? 2. Las editoriales dependientes de instituciones cat?licas deben ser objeto de particular solicitud por parte de los Ordinarios del lugar, a fin de que sus publicaciones sean siempre conformes a la doctrina de la Iglesia y contribuyan eficazmente al bien de las almas.

? 3. Los Obispos tienen el deber de impedir que sean expuestas o vendidas en las iglesias publicaciones que traten sobre cuestiones de religi?n o de costumbres y que no hayan obtenido la licencia o la aprobaci?n eclesi?stica (cf. c. 827 ? 4).

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IV RESPONSABILIDAD DE LOS SUPERIORES RELIGIOSOS

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16. Principios generales


? 1. Los Superiores religiosos, aunque en sentido propio no sean maestros aut?nticos en la fe ni Pastores, tienen una potestad que viene de Dios por ministerio de la Iglesia (cf. c. 618).

? 2. La actividad apost?lica de los institutos religiosos debe realizarse en nombre de la Iglesia y por su mandato, y ha de ejercerse en comuni?n con la misma (cf. c. 675 ? 3). Para ellos vale, de manera particular, cuanto prescribe el c. 209 ? 1 sobre la necesidad de que todos los fieles observen siempre la comuni?n con la Iglesia, incluso en su modo de obrar. El c. 590 recuerda a los institutos de vida consagrada su peculiar raz?n de sumisi?n a la autoridad suprema de la Iglesia y el v?nculo sagrado de obediencia que une a cada uno de sus miembros con el Sumo Pont?fice.

? 3. Los Superiores religiosos tienen la responsabilidad, junto con el Ordinario del lugar, de conceder la licencia a los miembros de sus institutos para publicar escritos que se refieran a cuestiones de religi?n o de costumbres (cf. cc. 824 y 832).

? 4. Todos los Superiores, particularmente los que son Ordinarios (cf. c. 134 ? 1), tienen el deber de vigilar para que en el ?mbito de sus institutos se respete la disciplina eclesi?stica tambi?n en materia de medios de comunicaci?n social, y de urgir su aplicaci?n en caso de que se descubrieran abusos.

? 5. Los Superiores religiosos, particularmente aqu?llos cuyos institutos tienen como finalidad propia el apostolado de la prensa y de los medios de comunicaci?n social, deber?n esmerarse para que sus miembros respeten fielmente las normas can?nicas sobre la materia, y cuidar?n de modo particular las editoriales, librer?as, etc., ligadas al instituto, de manera que sean un instrumento de apostolado eficaz y fiel a la Iglesia y a su Magisterio.

? 6. Los Superiores religiosos actuar?n en colaboraci?n con los Obispos diocesanos (cf. c. 678 ? 3) y, si se estima conveniente, tambi?n mediante apropiados acuerdos escritos (cf. c. 681 ?? 1-2).

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17. Licencia del Superior religioso


? 1. El Superior religioso a quien, a tenor del c. 832, corresponde conceder a sus propios religiosos la licencia para publicar escritos que se refieran a cuestiones de religi?n o de costumbres, no la otorgue sino despu?s de haberse cerciorado ?previo juicio de al menos un censor de su confianza? de que la publicaci?n no contiene nada contra la doctrina de fe o costumbres.

? 2. El Superior puede exigir que su licencia preceda a la del Ordinario del lugar y que se haga menci?n expl?cita de ella en la publicaci?n.

? 3. La licencia puede ser concedida de modo general cuando se trate de una colaboraci?n habitual en publicaciones peri?dicas.

? 4. Tambi?n en este sector es particularmente importante la mutua colaboraci?n entre los Ordinarios del lugar y los Superiores religiosos (cf. c. 678 ? 3).

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18. Casas editoriales de los religiosos


A las casas editoriales dependientes de los institutos religiosos se aplica cuanto se ha dicho a prop?sito de las editoriales dependientes de las instituciones cat?licas en general. Estas iniciativas editoriales han de considerarse siempre como obras de apostolado realizado por mandato de la Iglesia y en comuni?n con ella, en fidelidad al carisma propio del instituto y en sumisi?n al Obispo diocesano (cf. c. 678 ? 1).

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El Sumo Pont?fice Juan Pablo II, durante la Audiencia concedida al infrascrito Cardenal Prefecto, ha aprobado la presente Instrucci?n, acordada en la reuni?n ordinaria de esta Congregaci?n, y ha ordenado su publicaci?n.

Roma, en la sede de la Congregaci?n para la Doctrina de la Fe, 30 de marzo de 1992.

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Joseph Card. RATZINGER
Prefecto

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?+ Alberto BOVONE
Arzobispo tit. de Cesarea de Numidia
Secretario

Publicado por mario.web @ 20:04
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