Domingo, 22 de mayo de 2011

Es el mejor consolador, el dulce huesped del alma, el que sana el coraz?n enfermo
Autor: P. Mariano de Blas | Fuente:



Santa Teresa llama a nuestra alma un castillo interior, un palacio. En ese castillo, palacio o templo vive "El dulce hu?sped del alma": El Esp?ritu Santo.

?Qui?n es el Esp?ritu Santo? Jesucristo le llama el Consolador. En nuestra alma vive el AMOR, vive all? de forma permanente, lleg? a nuestra alma para quedarse. ??No sab?is que sois templos de Dios y que el Esp?ritu Santo vive en vosotros?? dec?a San Pablo a los primeros cristianos.

Su estancia en el castillo obedece a una tarea que debe realizar, se le ha encargado que haga de ti un santo ? una santa, un ap?stol. Desde el primer momento de la entrada en tu alma, en el bautismo, se ha dedicado a trabajar a destajo, ha trabajado muchos a?os, se ha llevado muchos desenga?os, porque hay que ver c?mo nos hemos portado con ?l.

Ha sufrido, posiblemente, el destierro, le hemos roto su obra maestra, como el ni?o malo que destruye de un puntapi? el castillo que construye el ni?o bueno en la playa. Y sobre las ruinas de nosotros mismos ha vuelto a colocar otra vez piedra sobre piedra, con una paciencia y con un amor tan grandes que s?lo porque es Dios los tiene. ?l no desespera, m?s a?n tiene abrigadas firm?simas esperanzas de acabar con su obra maestra contigo. ?l sabe que puede aunque t? no seas m?rmol de Carrara, s?lo necesita algo de colaboraci?n de tu parte o por lo menos que no le estorbes..

Los medios:la gracia santificante, las gracias actuales, sus inspiraciones, dones y frutos.

?Cu?l es su estrategia? La describe muy bien un himno dedicado al Esp?ritu Santo. Seleccionar? algunas partes de este himno.


Primero: El mejor consolador.

Consolando, secando l?grimas, arrancando los cardos y las ortigas del desaliento, tristeza y amargura. Uno de sus mejores oficios -lo sabe hacer muy bien- es consolar, por fortuna para nosotros que somos bastante llorones y necesitamos algo m?s que Kleenex para nuestros ratos de tristeza. El mejor Consolador, ya sabemos. Cuando lleguen los momentos m?s penosos en los que llorar es poco, cuando la crisis nos agarre por el cuello y nos patee, acudir a quien quiere y puede consolarnos.

Nosotros podemos decir: aqu? me sorprende la realidad m?s radiante que vivimos los cristianos y, por tanto, adi?s soledad, adi?s tristeza, adi?s l?grimas. Arrancarnos la tristeza peor, la de la separaci?n de Dios, la de la infidelidad. Alegrarnos inmensamente de haber sido hechos hijos de Dios, alegrarnos de que nuestros nombres est?n escritos en el cielo, vivir con alegr?a diaria contagiosa, alegr?a en el dolor, en la enfermedad, alegr?a en las buenas y en las malas. Esp?ritu Santo, haznos ap?stoles de la alegr?a, haznos vivir un cristianismo alegre, que vivamos con aire de resucitados, y que hagamos vivir a los otros as? tambi?n.


Segundo: Dulce hu?sped del alma.

Es uno de los t?tulos m?s hermosos. No hu?sped inoportuno. Cuantos hu?spedes con los que nosotros no quisi?ramos encontrarnos, a los que les damos la vuelta. En el caso del Esp?ritu Santo es un dulce hu?sped, esperado con ansia, acogido con cari?o, porque siempre trae buenas noticias, buenos regalos, dones; El mismo es el Don por excelencia.

?Me alegro de tenerlo siempre conmigo, lo entristezco con mi desamor, le pido muchos regalos espirituales? Y ?qu? le doy yo: mi amor, mi fidelidad? ?Le escucho d?cilmente? ?El himno "Ven, Esp?ritu Creador" es mi saludo ma?anero, son las ma?anitas al dulce hu?sped de mi alma? ?Alguna vez se las he cantado? Recordemos la frase de San Pablo; "?No sab?is que sois templos del Esp?ritu Santo? ?l ora con nosotros y por nosotros. Vivo, por tanto, en la presencia del Esp?ritu Santo, gozo minuto a minuto de su compa??a grat?sima, y su gracia est? siempre a mi disposici?n.


Tercero: Dulce refrigerio.

Cuando el bochorno arrecia y la lengua se reseca como ladrillo y el sudor empapa la ropa, una simple coca-cola fr?a, un ventilador oportuno, una alberca, solucionan el problema. Pero hay otros bochornos y calores interiores que requieren de otro refrigerio. Cuando se encrespan las pasiones, cuando el orgullo se revuelve como le?n herido, cuando la sensualidad con su baba venenosa quiere mancharel coraz?n y el alma, cuando la fiebre del mundo (placeres, dolce vita...) queman de ambici?n nuestro esp?ritu, llamar urgentemente al Esp?ritu Santo, para que nos brinde su dulce refrigerio y vuelvan las cosas a su lugar: El mundo all? y yo ac?.


Cuarto: Tregua en el duro trabajo

Ofreciendo descanso en el duro bregar de la vida. Una ma?ana de domingo en la casa con ni?os, un d?a en la oficina en que todo sali? mal, cansa, erociona, desgasta, produce no rara vez frustraci?n. Cuando uno de plano est? agotado, abrumado por el trabajo los problemas y las preocupaciones, acudir sencillamente a quien es descanso en el trabajo, ?Oh Esp?ritu Santo, desperdiciado tantas veces que gemimos bajo el peso del trabajo! ?Oh jornaleros que teniendo la fuente a unos metros se mueren de sed! Dios es abismo de amor, torrente de felicidad, ?xtasis de la vida, tenerlo tan cerca y morirse de hambre, la fuente a unos pasos y morirse de sed, la hoguera alumbrando en torno y morirse de fr?o, el amor cerca del coraz?n. S?lo unos pasos ten?a que dar. Vivir cerca de la luz, y morir en el t?nel de las tinieblas.


Quinto: Brisa en las horas de fuego

Siendo frescura en medio del calor. Un vaso de agua fr?a en un d?a de verano, la sombra de un ?rbol en el campo abrasado, una brisa fresca, una fuente fr?a junto al camino polvoriento, cuanto se agradecen. En la vida no podemos estar luchando todo el tiempo, somos humanos y necesitamos de tanto en tanto de un respiro. El Esp?ritu Santo es el agua fria, es la sombra, la brisa fresca y nuestra fuente de agua viva junto al camino de la vida.


Sexto: Gozo que enjuga las l?grimas

Consolando en la aflicci?n. Buena falta nos hace: lloramos como ni?os chicos por cualquier cosa. Llorar equivale a desanimarnos, a perder el entusiasmo por nuestra vocaci?n cristiana y humana, a querer volver atr?s. Para esos momentos malos, en que podemos reaccionar como ni?os caprichosos, acudir a quien es el consuelo en la aflicci?n.

Se le atribuye al Esp?ritu Santo casi un oficio de madre. El sufrimiento se encuentra en la vida de todos . Cuando se le espera y cuando no. Por ello necesitamos la presencia del Esp?ritu Santo .

Posteriormente, el himno al que nos estamos refiriendo a?ade una serie de peticiones al Esp?ritu Santo.


S?ptimo: Lava lo que est? manchado

Lava lo que est? manchado: mi alma llena de arrugas, mi coraz?n manchado de afectos desordenados, mi peque?o mundo lleno de cosas humanas, de tierra, de lodo; mi mente y mis sentidos a veces tan vac?os de Dios y tan llenos de mis pasiones desordenadas. Lava sobre todo la conciencia de todo pecado e imperfecci?n, de las salpicaduras del mundo, de las manchas de pasiones, del barro de los malos pensamientos. Lava y purifica nuestra intenci?n en el obrar, que a veces se ti?e de negras aficiones: el ego?smo, vanidad, respeto humano son manchas grasientas que requieren de un eficaz blanqueador. Necesitamos que des una limpiadita a nuestras virtudes.


Octavo: Riega el desierto del alma

Somos ra?z de tierra ?rida, ?rbol que crece en la estepa. ?Han visto ustedes los ?rboles que crecen en las orillas de los r?os? ?Qu? diferencia! Siempre est?n verdes. Dec?a el poeta Antonio Machado estas hermosas palabras: ?Al olmo viejo, hendido por el rayo y en su mitad podrido, con las lluvias de abril y el sol de mayo, algunas hojas verdes le han salido".

A base de agua los jud?os han hecho florecer el desierto del Sina?. T? puedes, Esp?ritu Santo, hacer florecer mi desierto, esa estepa en que a penas los cardos y las jaras crecen. Y entonces crecer?n virtudes, crecer?n buenas obras en mi alma.


Noveno: Sana el coraz?n enfermo.

M?dico de todas las enfermedades, m?dico de las enfermedades que he tenido y que ahora sufro, m?dico a domicilio.
Se?or, si quieres, puedes curarme la lepra, el c?ncer, el sida, la cangrena, la par?lisis espiritual, las fiebres reum?ticas, el escorbuto. ?Cu?l es mi enfermedad? Escuchemos en seguida la frase de mando: ?Lev?ntate y anda! M?dico de las almas, que sabes la enfermedad y conoces la medicina, ?cu?l es mi enfermedad y mi mal? ?D?melo!.. Y proporciona el remedio que T? sabes y yo no quiero aceptar a veces; c?rame antes de que la enfermedad me cause la muerte, c?rame las heridas que mi orgullo, sensualidad y ego?smo me abren a diario, las heridas de mis pecados antiguos y de mis pecados de hoy.


D?cimo: Doma el Esp?ritu ind?mito.

Dobla mi orgullo, ablanda mi cabeza dura y mi duro coraz?n; si es de piedra, hazlo de carne; hazme bajar la cabeza ante la obediencia y dar el brazo a torcer. Hazme duro para conmigo mismo, que no acepte flojedades, medias tintas, farise?smos, pero hazme blando con los dem?s, como un pedazo de pan que d? alimento a todos los que se crucen en mi camino; hazme, Se?or, instrumento de paz, como te ped?a Francisco de As?s: "Donde haya odio, ponga yo tu amor, donde haya injurias, perd?n".


Once: Calienta lo que est? fr?o.

A veces somos t?mpanos flotantes, corazones en frigor?fico, que nos se derriten con las grandes motivaciones del amor de Cristo, el celo por la salvaci?n de las almas, la vocaci?n a la misi?n. Te pido un amor apasionado, pasi?n por la misi?n.


Doce : Endereza lo que est? torcido

?Cu?ntos criterios en mi vida andan torcidos? Ender?zalos endereza los malos h?bitos, por ejemplo, el h?bito de pensar mal, el h?bito tan arraigado de murmurar de mis hermanos, el h?bito terrible de la ociosidad, del no hacer nada, el h?bito que mata la oraci?n, la rutina, el h?bito de la pereza, el h?bito que empeque?ece mis fuerzas con la pusilanimidad, la timidez. Quiero dejarte el tim?n de mi vida, de mi barca, y quiero remar con todas las fuerzas de mis brazos.

Para concluir, demos un repaso a los deberes que tenemos con este ilustre hu?sped: En primer lugar, tomarlo en cuenta, hacerle caso, no dejarlo solo, ignorado abandonado. Porque dejamos abandonado el Amor.

En segundo lugar: Gratitud: le debemos tanto. La ingratitud es cardo que crece en los corazones pero sobre todo en los corazones de los cristianos, por el simple hecho de haber recibido demasiadas cosas de Dios.

En tercer lugar: Amor. Deber?a ser f?cil amar al AMOR, enamorarse del que nos ama infinitamente a cada uno de nosotros. Antes de pedirnos que le amemos con todo el coraz?n, con toda el alma, con toda la mente y todas las fuerzas, antes nos ha dicho ?l: "Te am? con un amor eterno".

En cuarto lugar: Docilidad y colaboraci?n. Para ser santos debemos dejarnos guiar y obedecer al capit?n del barco.

En quinto lugar: Cuando menos no estorbarle, dejarle trabajar en nosotros. ?Hoy, si escuch?is su voz, no endurezc?is el coraz?n?.




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Publicado por mario.web @ 9:12
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