Domingo, 22 de mayo de 2011

Para el cristiano un tema central, decisivo, del cual depende la vida eterna de miles y miles de personas, es el de la confesi?n.
Autor: P. Fernando Pascual L.C. | Fuente: Catholic net
Puede ocurrir que en corazones cat?licos haya m?s preocupaci?n por el f?tbol, por la marcha de la bolsa, por los accidentes de tr?fico, por las obras que crean desorden en la propia ciudad, por la muerte de un famoso actor de cine, y por muchos otros temas... que por la confesi?n.

Cine, f?tbol, econom?a, tr?fico, obras p?blicas: son argumentos que tocan nuestra vida, que interesan a unos m?s y a otros menos, que incluso exigen una reflexi?n seria a la luz de los aut?nticos principios ?ticos.

Pero para el cristiano un tema central, decisivo, del cual depende la vida eterna de miles y miles de personas, es el de la confesi?n.

Porque el sacramento de la penitencia, o confesi?n, es un encuentro que permite a Dios derramar su misericordia en el coraz?n arrepentido. Se trata, por lo tanto, de la medicina m?s profunda, m?s completa, m?s necesaria para todo ser humano que ha sido herido por la desgracia del pecado.

Por eso, precisamente por eso, la confesi?n debe ocupar un puesto muy importante en las reflexiones de los bautizados. ?Valoramos este sacramento? ?Reconocemos que viene de Cristo? ?Apreciamos la doctrina de la Iglesia cat?lica sobre la confesi?n? ?Conocemos sus ?etapas?, los actos que corresponden al penitente, la labor que debe realizar el sacerdote confesor?

San Juan Mar?a Vianney sab?a muy bien, despu?s de miles y miles de confesiones, lo que ocurr?a en este magn?fico sacramento, por lo que pudo decir: ?No es el pecador el que vuelve a Dios para pedirle perd?n, sino Dios mismo quien va tras el pecador y lo hace volver a ?l?.

Uno de los objetivos del A?o sacerdotal (2009-2010) convocado por el Papa Benedicto XVI era precisamente promover entre los sacerdotes un mayor aprecio por este sacramento, para que dedicasen m?s tiempo al mismo, y acogiesen a los penitentes con competencia y entusiasmo, desde la identificaci?n con el mismo Coraz?n de Cristo que busca cada una de sus ovejas, que desea celebrar una gran fiesta por la conversi?n de cada pecador (cf. Jn 10; Lc 15).

La crisis que ha llevado en muchos lugares al abandono de este importante sacramento ha de ser superada, lo cual exige que los sacerdotes ?se dediquen generosamente a la escucha de las confesiones sacramentales; que gu?en el reba?o con valent?a, para que no se acomode a la mentalidad de este mundo (cf. Rm 12,2), sino que tambi?n sepa tomar decisiones contracorriente, evitando acomodamientos o componendas? (Benedicto XVI, 11 de marzo de 2010).

En este d?a, miles de personas se presentar?n ante el tribunal de Dios. ?Qu? mejor manera de prepararse al encuentro con un Dios que es Amor que hacerlo a trav?s de una buena confesi?n?

Tambi?n en este d?a, miles de personas sucumbir?n al mal; dejar?n que la avaricia, la soberbia, la pereza, les ciegue; actuar?n desde odios o envidias muy profundas; acoger?n las caricias enga?osas de las pasiones de la carne o de la gula desenfrenada. ?Qu? mejor remedio para borrar el pecado en la propia vida y para reemprender la lucha cristiana hacia el bien que una confesi?n sincera, concreta, valiente y llena de esperanza en la misericordia divina?

Si los cat?licos damos, de verdad, a nuestra fe el lugar que merece en la propia vida, dejaremos de lado gustos, pasatiempos o incluso algunas ocupaciones sanas y buenas, para encontrar ese momento irrenunciable que nos lleva al encuentro con Alguien que nos espera y nos ama.

Dios perdona, si se lo pedimos con la humildad de un pecador arrepentido (cf. Lc 18,13). En la sencillez de una cita sencilla y envuelta por el misterio de la gracia, un sacerdote dir? entonces palabras que tienen el poder que s?lo Dios le ha dado: tus pecados quedan perdonados, vete en paz.


Publicado por mario.web @ 9:22
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