Lunes, 23 de mayo de 2011
Pautas de educaci?n sexual de la Sagrada Congregaci?n para la Educaci?n Cat?lica
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Orientaciones Educativas y Sobre el Amor Humano
Orientaciones Educativas y Sobre el Amor Humano

INTRODUCCI?N

1. El desarrollo arm?nico de la personalidad humana revela progresivamente en el hombre la imagen de hijo de Dios. ?La verdadera educaci?n se propone la formaci?n de la persona humana en orden a su fin ?ltimo?.(1) Tratando de la educaci?n cristiana, el Concilio Vaticano II ha se?alado la necesidad de ofrecer ?una positiva y prudente educaci?n sexual? a los ni?os y a los j?venes.(2)

La Congregaci?n para la Educaci?n Cat?lica, dentro del ?mbito de su competencia, considera un deber contribuir a la aplicaci?n de la Declaraci?n Conciliar, as? como lo vienen haciendo las Conferencias Episcopales en sus demarcaciones respectivas.

2. Este documento, elaborado con la ayuda de expertos en problemas educativos y sometido a una vasta consulta, se propone un objetivo concreto: examinar el aspecto pedag?gico de la educaci?n indicando orientaciones oportunas para la formaci?n integral del cristiano, seg?n la vocaci?n de cada uno.

Aunque no se descienda en cada ocasi?n a la cita expl?cita, se presuponen siempre los principios doctrinales y las normas morales correspondientes, seg?n el Magisterio.

3. La Congregaci?n es muy consciente de las diferencias culturales y sociales existentes en los diversos pa?ses. Por tanto, estas orientaciones deber?n ser adaptadas por los respectivos episcopados a las necesidades propias de cada Iglesia local.

Significado de la sexualidad

4. La sexualidad es un elemento b?sico de la personalidad; un modo propio de ser, de manifestarse, de comunicarse con los otros, de sentir, expresar y vivir el amor humano. Por eso, es parte integrante del desarrollo de la personalidad y de su proceso educativo: ?A la verdad en el sexo radican las notas caracter?sticas que constituyen a las personas como hombres y mujeres en el plano biol?gico, psicol?gico y espiritual, teniendo as? mucha parte en su evoluci?n individual y en su inserci?n en la sociedad?.(3)

5. La sexualidad caracteriza al hombre y a la mujer no s?lo en el plano f?sico, sino tambi?n en el psicol?gico y espiritual con su impronta consiguiente en todas sus manifestaciones. Esta diversidad, aneja a la complementariedad de los dos sexos, responde cumplidamente al dise?o de Dios en la vocaci?n enderezada a cada uno.

La genitalidad, orientada a la procreaci?n, es la expresi?n m?xima, en el plano f?sico, de la comuni?n de amor de los c?nyuges. Arrancada de este contexto de don rec?proco ?realidad que el cristiano vive sostenido y enriquecido de una manera muy especial, por la gracia de Dios? la genitalidad pierde su significado, cede al ego?smo individual y pasa a ser un desorden moral.(4)

6. La sexualidad orientada, elevada e integrada por el amor adquiere verdadera calidad humana. En el cuadro del desarrollo biol?gico y ps?quico, crece arm?nicamente y s?lo se realiza en sentido pleno con la conquista de la madurez afectiva que se manifiesta en el amor desinteresado y en la total donaci?n de s?.

Situaci?n actual

7. Se pueden observar actualmente, aun entre cristianos, notables divergencias respecto a la educaci?n sexual. En el clima presente de desorientaci?n moral amaga el peligro tanto del conformismo que acarrea no leves da?os, como del prejuicio que falsea la ?ntima naturaleza del ser humano salida ?ntegra de las manos del Creador.

8. Reactivo necesario frente a tal situaci?n, es para muchos una oportuna educaci?n sexual. Conviene observar que si bien la necesidad es una convicci?n ampliamente difundida en teor?a, en la pr?ctica persisten incertidumbres y divergencias notables sea respecto a las personas e instituciones que deber?an asumir la responsabilidad educativa, sea en relaci?n al contenido y metodolog?a.

9. Los educadores y los padres reconocen con frecuencia no estar suficientemente preparados para llevar a cabo una adecuada educaci?n sexual. La escuela no siempre est? capacitada para ofrecer una visi?n integral del tema; la cual quedar?a incompleta con la sola informaci?n cient?fica.

10. Particulares dificultades se encuentran en pa?ses donde la urgencia del problema no se advierte o se piensa, tal vez, que pueda resolverse por s? mismo, al margen de una educaci?n espec?fica.

11. En general, es necesario reconocer que se trata de una empresa dif?cil por la complejidad de los diversos elementos (fisiol?gicos, psicol?gicos, pedag?gicos, socio-culturales, jur?dicos, morales y religiosos) que intervienen en la acci?n educativa.

12. Algunos organismos cat?licos, en diversas partes, ?con la aprobaci?n y el est?mulo del Episcopado local? han comenzado a desarrollar una positiva tarea de educaci?n sexual, dirigida no s?lo a ayudar a los ni?os y adolescentes en el camino hacia la madurez psicol?gica y espiritual, sino tambi?n, y sobre todo, a prevenirlos contra los peligros provenientes de la ignorancia y degradaci?n ambientales.

13. Es tambi?n laudable el esfuerzo de cuantos, con seriedad cient?fica, estudian el problema, a partir de las ciencias humanas integrando los resultados de tales investigaciones en un proyecto conforme a las exigencias de la dignidad humana, como aparece en el Evangelio.

Declaraciones del Magisterio

14. Las declaraciones del Magisterio sobre educaci?n sexual reflejan un progreso que responde a las justas exigencias de la historia en plena fidelidad a la tradici?n.(5)

El Concilio Vaticano II en la ?Declaraci?n sobre la Educaci?n cristiana? presenta la perspectiva correspondiente a la educaci?n sexual (6) tras afirmar el derecho de la juventud a recibir una educaci?n adecuada a las exigencias personales.

El Concilio concreta: ?Hay que ayudar, pues, a los ni?os y a los adolescentes, teniendo en cuenta el progreso de la psicolog?a, de la pedagog?a y de la did?ctica, para desarrollar arm?nicamente sus condiciones f?sicas, morales e intelectuales, a fin de que adquieran gradualmente un sentido m?s perfecto de la responsabilidad en el recto y laborioso desarrollo de la vida, y en la consecuci?n de la verdadera libertad, superando los obst?culos con grandeza y constancia de alma. Hay que iniciarlos, conforme avanza su edad, en una positiva y prudente educaci?n sexual?.(7)

15. La Constituci?n Pastoral ?Gaudium et spes?, a prop?sito de la dignidad del matrimonio y de la familia, presenta esta ?ltima como el lugar preferente para la formaci?n de los j?venes en la castidad.(8) Pero siendo ?sta un aspecto de la educaci?n integral, exige la cooperaci?n de los educadores con los padres en el cumplimiento de su misi?n.(9) Esta educaci?n, en definitiva, se debe ofrecer a los ni?os y j?venes en el ?mbito de la familia(10) y darla de manera gradual, mirando siempre a la formaci?n integral de la persona.

16. En la Exhortaci?n apost?lica sobre la misi?n de la familia cristiana en el mundo actual, Juan Pablo II reserva un puesto destacado a la educaci?n sexual como un valor de la persona. ?La educaci?n para el amor como don de s? mismo, dice el Santo Padre, constituye tambi?n la premisa indispensable para los padres, llamados a ofrecer a los hijos una educaci?n sexual clara y delicada. Ante una cultura que "banaliza" en gran parte la sexualidad humana, porque la interpreta y la vive de manera reductiva y empobrecida, relacion?ndola ?nicamente con el cuerpo y el placer ego?sta, el servicio educativo de los padres debe basarse sobre una cultura sexual que sea verdadera y plenamente personal. En efecto, la sexualidad es una riqueza de toda la persona ?cuerpo, sentimiento y esp?ritu? y manifiesta su significado intimo al llevar la persona hacia el don de s? misma en el amor?.(11)

17. El Papa, inmediatamente despu?s, hace a la escuela responsable de esta educaci?n al servicio y en sinton?a con los padres. ?La educaci?n sexual, derecho y deber fundamental de los padres, debe realizarse siempre bajo su direcci?n sol?cita, tanto en casa como en los centros educativos elegidos y controlados por ellos. En este sentido la Iglesia reafirma la ley de la subsidiariedad, que la escuela tiene que observar cuando coopera en la educaci?n sexual, situ?ndose en el esp?ritu mismo que anima a los padres?.(12)

18. Para que el valor de la sexualidad alcance su plena realizaci?n, ?es del todo irrenunciable la educaci?n para la castidad, como virtud que desarrolla la aut?ntica madurez de la persona y la hace capaz de respetar y promover el "significado esponsal" del cuerpo?.(13) La castidad consiste en el dominio de s?, en la capacidad de orientar el instinto sexual al servicio del amor y de integrarlo en el desarrollo de la persona. Fruto de la gracia de Dios y de nuestra colaboraci?n, la castidad tiende a armonizar los diversos elementos que componen la persona y a superar la debilidad de la naturaleza humana, marcada por el pecado, para que cada uno pueda seguir la vocaci?n a la que Dios lo llame.

En el esfuerzo por conseguir una completa educaci?n para la castidad, ?los padres cristianos reservar?n una atenci?n y cuidado especial ?discerniendo los signos de la llamada de Dios? a la educaci?n para la virginidad, como forma suprema del don de uno mismo que constituye el sentido genuino de la sexualidad humana?.(14)

19. En la ense?anza de Juan Pablo II, la consideraci?n positiva de los valores que se deben descubrir y apreciar, antecede a la norma que no se debe violar. ?sta, sin embargo, interpreta y formula los valores a que el hombre debe tender. ?Por los v?nculos estrechos que hay entre la dimensi?n sexual de la persona y sus valores ?ticos, esta educaci?n debe llevar a los hijos a conocer y estimar las normas morales como garant?a necesaria y preciosa para un crecimiento personal y responsable en la sexualidad humana. Por esto la Iglesia se opone firmemente a un sistema de informaci?n sexual separado de los principios morales y tan frecuentemente difundido, el cual no seria m?s que una introducci?n a la experiencia del placer y un estimulo que lleva a perder la serenidad, abriendo el camino al vicio desde los a?os de la inocencia?.(15)

20. Este documento, por tanto, partiendo de la visi?n cristiana del hombre y anclado en los principios enunciados recientemente por el Magisterio, desea ofrecer a los educadores algunas orientaciones fundamentales sobre la educaci?n sexual y las condiciones y modalidades a tener presentes en el plano operativo.

I. ALGUNOS PRINCIPIOS FUNDAMENTALES


21. Toda educaci?n se inspira en una determinada concepci?n del hombre. La educaci?n cristiana aspira a conseguir la realizaci?n del hombre a trav?s del desarrollo de todo su ser, esp?ritu encarnado, y de los dones de naturaleza y gracia de que ha sido enriquecido por Dios. Est? enraizada en la fe que ?todo lo ilumina con nueva luz y manifiesta el plan divino sobre la entera vocaci?n del hombre?.(16)

Concepci?n cristiana de la sexualidad.

22. La visi?n cristiana del hombre, reconoce al cuerpo una particular funci?n, puesto que contribuye a revelar el sentido de la vida y de la vocaci?n humana. La corporeidad es, en efecto, el modo espec?fico de existir y de obrar del esp?ritu humano. Este significado es ante todo de naturaleza antropol?gica: ?el cuerpo revela el hombre?,(17) ?expresa la persona?(18) y por eso es el primer mensaje de Dios al hombre mismo, casi una especie de ?sacramento primordial, entendido como signo que transmite eficazmente en el mundo visible, el misterio invisible escondido en Dios desde la eternidad?.(19)

23. Hay un segundo significado de naturaleza teologal: el cuerpo contribuye a revelar a Dios y su amor creador, en cuanto manifiesta la creaturalidad del hombre, su dependencia de un don fundamental que es don del amor. ?Esto es el cuerpo: testigo de la creaci?n como de un don fundamental, testigo, pues, del Amor como fuente de la que naci? este mismo donar?.(20)

24. El cuerpo, en cuanto sexuado, manifiesta la vocaci?n del hombre a la reciprocidad, esto es, al amor y al mutuo don de s?.(21) El cuerpo, en fin, llama al hombre y a la mujer a su constitutiva vocaci?n a la fecundidad, como uno de los significados fundamentales de su ser sexuado.(22)

25. La distinci?n sexual, que aparece como una determinaci?n del ser humano, supone diferencia, pero en igualdad de naturaleza y dignidad.(23)

La persona humana, por su ?ntima naturaleza, exige una relaci?n de alteridad que implica una reciprocidad de amor.(24) Los sexos son complementarios: iguales y distintos al mismo tiempo; no id?nticos, pero s? iguales en dignidad personal; son semejantes para entenderse, diferentes para completarse rec?procamente.

26. El hombre y la mujer constituyen dos modos de realizar, por parte de la criatura humana, una determinada participaci?n del Ser divino: han sido creados ?a imagen y semejanza de Dios? y llenan esa vocaci?n no s?lo como personas individuales, sino asociados en pareja, como comunidad de amor.(25) Orientados a la uni?n y a la fecundidad, el marido y la esposa participan del amor creador de Dios, viviendo a trav?s del otro la comuni?n con El.(26)

27. La presencia del pecado, que obscurece la inocencia original del hombre, dificulta la percepci?n de estos mensajes; su interpretaci?n se ha convertido as? en quehacer ?tico, objeto de una ardua tarea confiada al hombre: ?El hombre y la mujer despu?s del pecado original perder?n la inocencia originaria. El descubrimiento del significado esponsalicio del cuerpo dejar? de ser para ellos una simple realidad de la revelaci?n y de la gracia. Sin embargo, este significado permanecer? como una prenda dada al hombre por el ?ethos? del don, inscrito en lo profundo del coraz?n humano, como eco lejano de la inocencia originaria?.(27)

En presencia de esta capacidad del cuerpo de ser al mismo tiempo signo e instrumento de vocaci?n ?tica cabe descubrir una analog?a entre el cuerpo mismo y la econom?a sacramental, que es el camino concreto a trav?s del cual alcanza el hombre la gracia y la salvaci?n.

28. Dada la inclinaci?n del hombre ?hist?rico? a reducir la sexualidad a la sola experiencia genital, se explican las reacciones tendentes a desvalorizar el sexo, como si por naturaleza fuese indigno del hombre. Las presentes orientaciones pretenden oponerse a tal desvalorizaci?n.

29. ?El misterio del hombre s?lo se esclarece en el misterio del Verbo Encarnado?(28) y la existencia humana adquiere su significado pleno en la vocaci?n a la vida divina. S?lo siguiendo a Cristo, responde el hombre a esta vocaci?n y se afirma plenamente tal creciendo hasta llegar a ser ?hombre perfecto, a la medida de la plenitud de Cristo?.(29)

30. A la luz del misterio de Cristo, la sexualidad aparece como una vocaci?n a realizar el amor que el Esp?ritu Santo infunde en el coraz?n de los redimidos. Jesucristo ha sublimado tal vocaci?n con el Sacramento del matrimonio.

31. Jes?s ha indicado, por otra parte, con el ejemplo y la palabra, la vocaci?n a la virginidad por el reino de los cielos.(30) La virginidad es vocaci?n al amor: hace que el coraz?n est? m?s libre para amar a Dios.(31) Exento de los deberes propios del amor conyugal, el coraz?n virgen puede sentirse, por tanto, m?s disponible para el amor gratuito hacia los hermanos.

En consecuencia, la virginidad por el reino de los cielos, expresa mejor la donaci?n de Cristo al Padre por los hermanos y prefigura con mayor exactitud la realidad de la vida eterna, que ser? esencialmente caridad.(32)

La virginidad implica, ciertamente, renuncia a la forma de amor t?pica del matrimonio, pero asume a nivel m?s profundo el dinamismo, inherente a la sexualidad, de apertura oblativa a los otros, potenciado y transfigurado por la presencia del Esp?ritu el cual ense?a a amar al Padre y a los hermanos como el Se?or Jes?s.

32. En s?ntesis, la sexualidad est? llamada a expresar valores diversos a los que corresponden exigencias morales espec?ficas; orientada hacia el di?logo interpersonal, contribuye a la maduraci?n integral del hombre abri?ndolo al don de s? en el amor; vinculada, por otra parte, en el orden de la creaci?n, a la fecundidad y a la transmisi?n de la vida, est? llamada a ser fiel tambi?n, a esta finalidad suya interna. Amor y fecundidad son, por tanto, significados y valores de la sexualidad que se incluyen y reclaman mutuamente y no pueden, en consecuencia, ser considerados ni alternativos ni opuestos.

33. La vida afectiva, propia de cada sexo, se manifiesta de modo caracter?stico en los diversos estados de vida: la uni?n de los c?nyuges, el celibato consagrado elegido por el Reino, la condici?n del cristiano que no ha llegado al momento de su compromiso matrimonial o porque es todav?a c?libe o porque ha elegido permanecer tal. En todos los casos esta vida afectiva debe ser acogida e integrada en la persona humana.

Naturaleza, finalidad y medios de la educaci?n sexual

34. Objetivo fundamental de esta educaci?n es un conocimiento adecuado de la naturaleza e importancia de la sexualidad y del desarrollo arm?nico e integral de la persona hacia su madurez psicol?gica con vistas a la plenitud de vida espiritual, a la que todos los creyentes est?n llamados.(33)

A este fin el educador cristiano recordar? los principios de fe y los diversos m?todos de intervenci?n, teniendo en cuenta la positiva valoraci?n que la pedagog?a actual hace de la sexualidad.

35. En perspectiva antropol?gica cristiana, la educaci?n afectivo-sexual considera la totalidad de la persona y exige, por tanto, la integraci?n de los elementos biol?gicos, psico-afectivos, sociales y espirituales. Esta integraci?n resulta dif?cil porque tambi?n el creyente lleva las consecuencias del pecado original.

Una verdadera ?formaci?n?, no se limita a informar la inteligencia, sino que presta particular atenci?n a la educaci?n de la voluntad, de los sentimientos y de las emociones. En efecto, para tender a la madurez de la vida afectivo sexual, es necesario el dominio de s?, el cual presupone virtudes como el pudor, la templanza, el respeto propio y ajeno y la apertura al pr?jimo.


Publicado por mario.web @ 10:36
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