Mi?rcoles, 01 de junio de 2011
Meditaci?n que dirigi? Benedicto XVI en la plaza de la catedral de Bresanona.

Bresanona, domingo 3 de agosto de 2008.

Queridos hermanos y hermanas:

????????Os doy una cordial bienvenida a todos. Quiero dirigir unas palabras de agradecimiento en primer lugar a usted, querido obispo Egger, que ha hecho posible esta fiesta de fe. Gracias a usted he podido volver una vez m?s a mi pasado, proyectando al mismo tiempo mi futuro. Una vez m?s puedo pasar mis vacaciones en la hermosa Bressanone, esta tierra donde el arte, la cultura y la bondad de la gente est?n muy unidas. Le doy gracias por todo esto. Naturalmente, doy las gracias a todos los que, juntamente con usted, han contribuido a hacer que yo pueda pasar aqu? d?as de paz y serenidad. Doy las gracias a todos los que han organizado esta fiesta. Agradezco de coraz?n a las autoridades de la ciudad, de la regi?n y del Estado lo que han hecho para organizarla; a los voluntarios que han prestado su ayuda; a los m?dicos; a las numerosas personas que han colaborado, y en particular a las fuerzas del orden. A todos doy las gracias por su colaboraci?n. Seguramente he olvidado a algunas personas. Que el Se?or os recompense a todos. A todos os encomiendo en mi oraci?n, que es el ?nico modo que tengo para agradeceros. Doy las gracias sobre todo a Dios, que nos ha dado esta tierra y que nos ha regalado tambi?n este domingo inundado de sol. As? hemos llegado a la liturgia del d?a. La primera lectura nos recuerda que las cosas m?s grandes de nuestra vida no pueden ser adquiridas ni pagadas, porque las cosas m?s importantes y elementales de nuestra vida s?lo pueden ser un regalo: el sol y su luz, el aire que respiramos, el agua, la belleza de la tierra, el amor, la amistad, la vida misma. Todos estos bienes esenciales y centrales no podemos comprarlos, sino que los recibimos como regalo. La segunda lectura a?ade que eso significa que tambi?n hay cosas que nadie nos puede quitar, que ninguna dictadura, ninguna fuerza destructora nos puede robar. Nadie nos puede quitar el ser amados por Dios, que en Cristo nos conoce y ama a cada uno; y, mientras tengamos esto, no somos pobres, sino ricos. El evangelio a?ade un tercer paso. Si de Dios recibimos dones tan grandes, tambi?n nosotros debemos dar: en ?mbito espiritual debemos dar bondad, amistad y amor. Pero tambi?n debemos dar en el ?mbito material. El evangelio habla de compartir el pan. Estas dos cosas deben penetrar hoy en nuestra alma. Debemos dar, porque tambi?n nosotros hemos recibido. Debemos transmitir a los dem?s el don de la bondad, del amor y de la amistad. A la vez, a todos los que necesitan de nosotros y a los que podemos ayudar, debemos darles tambi?n dones materiales, haciendo as? que la tierra sea m?s humana, es decir, m?s cercana a Dios.

????????Ahora, queridos amigos, os invito a recordar con afecto filial, juntamente conmigo, al siervo de Dios Papa Pablo VI, de cuya muerte dentro de tres d?as conmemoraremos el trig?simo aniversario. En efecto, la tarde del 6 de agosto de 1978 entreg? su alma a Dios. Era la tarde de la fiesta de la Transfiguraci?n de Jes?s, misterio de luz divina que siempre ejerci? una gran fascinaci?n sobre su esp?ritu. Como Pastor supremo de la Iglesia, Pablo VI gui? al pueblo de Dios a la contemplaci?n del rostro de Cristo, Redentor del hombre y Se?or de la historia. Precisamente la amorosa orientaci?n de la mente y del coraz?n hacia Cristo fue uno de los ejes del concilio Vaticano II, una actitud fundamental que mi venerado predecesor Juan Pablo II hered? e impuls? con el gran jubileo del a?o 2000. En el centro de todo est? siempre Cristo: en el centro de las Escrituras y de la Tradici?n; en el coraz?n de la Iglesia, del mundo y de todo el universo. La divina Providencia llam? a Giovanni Battista Montini de la c?tedra de Mil?n a la de Roma en el momento m?s delicado del Concilio, cuando la intuici?n del beato Juan XXIII corr?a el peligro de no tomar forma. ?C?mo no dar gracias al Se?or por su fecunda y valiente actividad pastoral! A medida que nuestra mirada retrospectiva se hace m?s amplia y consciente, resulta cada vez m?s grande, me atrever?a a decir m?s sobrehumano, el m?rito de Pablo VI al presidir la asamblea conciliar, al llevarla felizmente a t?rmino y al gobernar la agitada fase del posconcilio. En realidad, podr?amos decir, con el ap?stol san Pablo, que la gracia de Dios en ?l "no fue vana" (cf. 1 Co 15, 10). Hizo fructificar sus notables dotes de inteligencia y su amor apasionado a la Iglesia y al hombre. A la vez que damos gracias a Dios por el don de este gran Papa, nos comprometemos a sacar provecho del tesoro de sus ense?anzas.

????????En el ?ltimo per?odo del Concilio, Pablo VI quiso rendir un homenaje especial a la Madre de Dios y la proclam? solemnemente "Madre de la Iglesia". A ella, la Madre de Cristo, nos dirigimos ahora con la plegaria del ?ngelus.


Publicado por mario.web @ 9:48
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