Viernes, 03 de junio de 2011

Fuente: Catholic.net
Autor: P. Fernando Pascual LC



La enfermedad, el dolor, pueden ser aislantes. El que sufre siente la tentaci?n de encerrarse en s? mismo, de guardar el dolor dentro de su alma, de no desvelar un secreto que le pertenece a ?l, que no puede ser comprendido del todo por los otros.

Pero otras veces la enfermedad nos impulsa a pedir ayuda. Sufrir en soledad no es nada f?cil. Sufrir con alguien nos permite sentir que en el dolor somos valiosos, que nuestra incapacidad, nuestra peque?ez, nuestra nulidad, no resultan un obst?culo para que otros nos cuiden, nos amen, nos apoyen.

Las manos de muchos hombres y mujeres que sufren nos aprietan con firmeza. Nos piden una parte de nuestra vida. El enfermo necesita amor, cari?o, cercan?a, a veces tanto o m?s que una medicina, que una nueva dosis de calmante. El m?dico que sabe acariciar la frente de sus enfermos, que les conoce, que les da no s?lo su ciencia y su t?cnica, sino su coraz?n, hace un bien incalculable. El enfermero o la enfermera que peina a una anciana, que le ayuda a refrescarse la boca, que le cuenta una historia del peri?dico o le pregunta por sus nietos, ofrece un b?lsamo profundo, que llega al coraz?n. El familiar, el amigo, que pasa horas y horas junto al trabajador o al estudiante v?ctima de un accidente inesperado, hace un gesto de amor y de cari?o que s?lo los que han sufrido saben apreciar en toda su grandeza.

Es cierto que vivimos en un mundo de prisas. Es cierto que tenemos mil cosas por hacer. Es cierto que desde muy temprano hemos de luchar contra el tr?fico, en medio de mil tensiones y problemas. Pero tambi?n es cierto que somos m?s hombres cuando podemos darnos al que sufre, para que su dolor no sea vac?o, para que su pena no lo hunda en la soledad, para que su angustia no lo lleve a la desesperaci?n.

Cuando alg?n enfermo nos apriete la mano y no nos deje ir, no tengamos miedo. Nos pide un poco de tiempo, pero sobre todo nos pide un poco de amor. Nos ofrece tambi?n, quiz? sin saberlo, la oportunidad de ser un poco m?s buenos, de sentir lo hermoso que es ser hombre cuando el amor se convierte en lo m?s importante. Quiz? incluso el enfermo sepa amarnos m?s de lo que nosotros le amemos. Entonces, de un modo misterioso, nuestro dar se convierte en recibir. Los dos somos as? un reflejo de Dios, que supo amar sin buscar recompensa, que dio su sangre en una Cruz porque nos quiso, que ha iluminado cada lecho de hospital con un rayo de esperanza, con una l?grima de alegr?a. L?grima de un enfermo y de un sano que supieron dejar algo de s? mismos para vivir, generosos, buenos, junto al que sigue all?, a nuestro lado.


Publicado por mario.web @ 2:14
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