Jueves, 09 de junio de 2011

por Jos? Miguel Arr?iz Roberti,

http://www.prodigos.org/articulos/200706a02.asp

An?lisis de la evidencia hist?rica en favor de la primac?a petrina

San Pedro

??Continuamos analizando ejemplos de distorsiones presentadas por lo que hemos dado en llamar la historia alternativa, elaborada en parte por sectores protestantes con referencia al tema del primado de Pedro. Nos enfocaremos en dos casos muy citados por apologetas protestantes: San Agust?n y San Cipriano.

San Agust?n

Considerado como uno de los m?s grandes padres de la Iglesia por su notable y perdurable influencia en el pensamiento de la Iglesia. Nacido en el a?o 354 d. C. lleg? a ser, no s?lo obispo de Hipona, sino uno de los m?s grandes te?logos que el mundo ha conocido y uno de los primeros doctores de la Iglesia. Intervino en las controversias que los cristianos sostuvieron con los maniqueos, donatistas, pelagianos, arrianos y paganos. Muere el 430, dejando tras de si una gran cantidad de obras, parte de un legado que perdura hasta hoy.

San Agust?n no rechaza el primado petrino

San Agust?n es citado frecuentemente por protestantes debido a que afirman que su interpretaci?n de Mateo 16, 18 es una negaci?n directa del Papado. Presentan textos como los siguientes:

?Sobre esta piedra edificar? esta misma fe que profesas. Sobre esta afirmaci?n que t? has hecho: T? eres el Mes?as, el Hijo de Dios vivo, edificar? mi Iglesia. ? [1] San Agust?n tambi?n escribi?: ?Cristo, como ves, edific? su Iglesia no sobre un hombre sino sobre la confesi?n de Pedro. ?Cu?l es la confesi?n de Pedro? ?T? eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente?. Aqu? est? la roca para vosotros, aqu? el fundamento, aqu? es donde la Iglesia ha sido construida, la cual las puertas del inframundo no pueden conquistar. ?

Para entender porqu? los hermanos protestantes ven en estos textos una negaci?n del primado petrino debemos entender su interpretaci?n de Mateo 16, 18. La interpretaci?n m?s extendida entre ellos es que, si es la fe de Pedro la piedra sobre la que se edifica la Iglesia, cualquiera que tenga fe es otro Pedro, por lo tanto el ap?stol Pedro no habr?a recibido de Cristo una autoridad especial sobre el resto de los ap?stoles, en resumen, nunca fue Papa.

Sin embargo, un estudio detenido del contexto b?blico y del resto de la obra de San Agust?n dan por tierra con dicha interpretaci?n, ya que no se halla nada en la obra de Agust?n que implique un rechazo al obispo de Roma como leg?timo sucesor de Pedro y a la sujeci?n que le corresponde como heredero leg?timo de dicho ministerio.

La lectura detenida del texto citado, muestra que el santo reconoce a Pedro en virtud de su fe como primero de los ap?stoles, quien representa a la Iglesia entera y por medio de la cual esta recibe las llaves que le autorizan a ejercer su ministerio:

?San Pedro, el primero de los ap?stoles, que amaba ardientemente a Cristo, y que lleg? a o?r de ?l estas palabras: 'Ahora te digo yo: T? eres Pedro'. ?l hab?a dicho antes: T? eres el Mes?as, el Hijo de Dios vivo'. Y Cristo le replic?: 'Ahora te digo yo: T? eres Pedro, y sobre esta piedra edificar? mi Iglesia. Sobre esta piedra edificar? esta misma fe que profesas. Sobre esta afirmaci?n que t? has hecho: T? eres el Mes?as, el Hijo de Dios vivo, edificar? mi Iglesia. Porque t? eres Pedro. ' 'Pedro' es una palabra que se deriva de 'piedra', y no al rev?s. 'Pedro' viene de 'piedra', del mismo modo que 'cristiano' viene de 'Cristo'. El Se?or Jes?s, antes de su Pasi?n, como sab?is, eligi? a sus disc?pulos, a los que dio el nombre de ap?stoles. Entre ellos, Pedro fue el ?nico que represent? la totalidad de la Iglesia casi en todas partes. Por ello, en cuanto que ?l solo representaba en su persona a la totalidad de la Iglesia, pudo escuchar estas palabras: Te dar? las llaves del reino de los cielos. Porque estas llaves las recibi? no un hombre ?nico, sino la Iglesia ?nica. De ah? la excelencia de la persona de Pedro, en cuanto que ?l representaba la universalidad y la unidad de la Iglesia, cuando se le dijo: Yo te entrego, trat?ndose de algo que ha sido entregado a todos. Pues, para que sep?is que la Iglesia ha recibido las llaves del reino de los cielos, escuchad lo que el Se?or dice en otro lugar a todos sus ap?stoles: Recibid el Esp?ritu Santo. Y a continuaci?n: A quienes les perdon?is los pecados les quedan perdonados; a quienes se los reteng?is les quedan retenidos. En este mismo sentido, el Se?or, despu?s de su resurrecci?n, encomend? tambi?n a Pedro sus ovejas para que las apacentara. No es que ?l fuera el ?nico de los disc?pulos que tuviera el encargo de apacentar las ovejas del Se?or; es que Cristo, por el hecho de referirse a uno solo, quiso significar con ello la unidad de la Iglesia; y, si se dirige a Pedro con preferencia a los dem?s, es porque Pedro es el primero entre los ap?stoles. No te entristezcas, ap?stol; responde una vez, responde dos, responde tres. Venza por tres veces tu profesi?n de amor, ya que por tres veces el temor venci? tu presunci?n. Tres veces ha de ser desatado lo que por tres veces hab?as ligado. Desata por el amor lo que hab?as ligado por el temor. A pesar de su debilidad, por primera, por segunda y por tercera vez encomend? el Se?or sus ovejas a Pedro? [1]

Sorprendentemente, el catecismo cat?lico casi dos milenios despu?s nos da una interpretaci?n bastante similar:

?En el colegio de los doce Sim?n Pedro ocupa el primer lugar (cf. Marcos 3, 16; 9, 2; Lucas 24, 34; 1 Corintios 15, 5). Jes?s le conf?a una misi?n ?nica. Gracias a una revelaci?n del Padre, Pedro hab?a confesado: "T? eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo". Entonces Nuestro Se?or le declar?: "T? eres Pedro, y sobre esta piedra edificar? mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecer?n contra ella" (Mateo 16, 18). Cristo, "Piedra viva" (1 Pedro 2, 4), asegura a su Iglesia, edificada sobre Pedro la victoria sobre los poderes de la muerte. Pedro, a causa de la fe confesada por ?l, ser? la roca inquebrantable de la Iglesia. Tendr? la misi?n de custodiar esta fe ante todo desfallecimiento y de confirmar en ella a sus hermanos (cf. Lucas 22, 32). ? [2]

?Jes?s ha confiado a Pedro una autoridad espec?fica: "A ti te dar? las llaves del Reino de los cielos; y lo que ates en la tierra quedar? atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedar? desatado en los cielos" (Mateo 16, 19). El poder de las llaves designa la autoridad para gobernar la casa de Dios, que es la Iglesia. Jes?s, "el Buen Pastor" (Juan 10, 11) confirm? este encargo despu?s de su resurrecci?n: "Apacienta mis ovejas" (Juan 21, 15-17). El poder de "atar y desatar" significa la autoridad para absolver los pecados, pronunciar sentencias doctrinales y tomar decisiones disciplinares en la Iglesia. Jes?s confi? esta autoridad a la Iglesia por el ministerio de los ap?stoles (cf. Mateo 18, 18) y particularmente por el de Pedro, el ?nico a quien ?l confi? expl?citamente las llaves del Reino. ? [3]

Ahora bien, ser?a injusto para con el santo, sacar conclusiones de su pensamiento usando solamente con uno solo de sus textos. Existen pasajes bastante expl?citos donde San Agust?n reconoce al Obispo de Roma como el sucesor de Pedro, quien preside la sede apost?lica:

?Si la sucesi?n de obispos es tomada en cuenta, cuanto m?s cierta y beneficiosa la Iglesia que nosotros reconocemos llega hasta Pedro mismo, aquel quien port? la figura de la Iglesia entera, el Se?or le dijo: ?Sobre esta roca edificar? mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecer?n contra ella!?. El sucesor de Pedro fue Linus, y sus sucesores en orden de sucesi?n ininterrumpida fueron estos: Clemente, Anacleto, Evaristo, Alejandro, Sixto, Telesforo, Higinio, Aniceto, P?o, Sotero, Eleuterio, Victor, Ceferino, Calixto, Urbano, Ponciano, Antero, Fabi?n, Cornelio, Licio, Esteban, Sixto, Dionisio, Felix, Eutiquiano, Cayo, Marcelino, Marcelo, Eusebio, Miltiades, Silvestre, Marcos , Julio, Liberio, Damaso, y Siricius, cuyo sucesor es el presente obispo Anastasio. En esta orden de sucesi?n, ning?n obispo donatista es encontrado?.[5]

El texto anterior demuestra de forma indiscutible que la interpretaci?n de San Agust?n de Mateo 16, 18 no implica en ning?n modo que el rechace al obispo de Roma como sucesor de Pedro. He all? el error protestante: superponer una interpretaci?n a la otra en vez de armonizarlas como corresponde.

A los maniqueos escribe:

?A?n prescindiendo de la sincera y genuina sabidur?a?, que en vuestra opini?n no se halla en la Iglesia Cat?lica, muchas otras razones me mantienen en su seno: el consentimiento de los pueblos y de las gentes; la autoridad, erigida con milagros, nutrida con la esperanza, aumentada con la caridad, confirmada por la antig?edad; la sucesi?n de los obispos desde la sede misma del ap?stol Pedro, a quien el Se?or encomend?, despu?s de la resurrecci?n, apacentar sus ovejas, hasta el episcopado de hoy; y en fin, el apelativo mismo de Cat?lica, que son sin raz?n s?lo la Iglesia ha alcanzado . . . Estos v?nculos del nombre cristiano ? tantos, tan grandes y dulc?simos- mantienen al creyente en el seno de la Iglesia cat?lica, a pesar de que la verdad, a causa de la torpeza de nuestra mente e indignidad de nuestra vida, a?n no se muestra?. [5]

Nuevamente aqu? se ve lo mismo. Para el santo obispo de Hipona el ministerio concedido a Pedro lo desempe?aron espec?ficamente los obispos de Roma en sucesi?n ininterrumpida.

San Agustin de Hipona

Luego de ver como San Agust?n da inclusive la lista de Papas como sucesores del ap?stol Pedro, uno podr?a preguntarse ?Qu? evidencia adicional podr?a faltar? ?Se pretende acaso que se les llame expl?citamente ?Papas?? Esto tambi?n lo hace en incontables ocasiones, las cuales ser?a muy laborioso contabilizar, conform?monos con tomar una de sus obras: Sobre el pecado original (13 veces, en los cap?tulos 2, 7, 8, 9). All? se expresa con mucha reverencia sobre los pont?fices y se leen expresiones como ?el m?s bendito Papa Z?simo en Roma? (Cap?tulo 2), ?el venerable Papa Z?simo? (Cap?tulos 8 y 9), ?el m?s bendito Papa Inocencio? (Cap?tulos 8, 10), ?el m?s bendito Papa Z?simo?, ?El santo Papa Inocencio? (Cap?tulo 9), ?El santo Papa Z?simo? (Cap?tulos 10, 19) y ?el Papa Inocencio de bendita memoria? (Cap?tulo 19).

Hay evidencia adicional suficiente para que podamos estar seguros en negar como falsa la suposici?n que propone la negaci?n del primado petrino utlizando frases seleccionadass fuera de contexto de entre los sermones de Agust?n. Quienes piensan as? tendr?an que explicar si comparten con ?l lo que dijera sobre la iglesia de los donatistas: que no puede ser la verdadera por no ser una, santa, cat?lica, y apost?lica; y que quien se separa de la Iglesia sacrifica su salvaci?n [6].

?Basta la confesi?n de fe como fundamento para la edificaci?n de la Iglesia? Para San Agust?n la respuesta es rotundamente: no.

A diferencia de la postura protestante, para San Agust?n no hay motivo justo para efectuar la separaci?n de la Iglesia y establecer la propia secta, separada de ella [7]. San Agust?n ve en la Iglesia de Roma aquella ?in qua semper apostolicae cathedrae viguit principatus? [aquella en la que siempre ha estado vigente el principado de la c?tedra apost?lica [8], afirmaci?n que es un reconocimiento claro del primado de la Iglesia de Roma. Inclusive atribuye a las sentencias de Roma en materia de fe la m?xima importancia, como por ejemplo, cuando combate al pelagianismo. As?, cuando San Agust?n dice que las llaves las recibi?. no solo Pedro, sino toda la Iglesia, est? defendiendo el primado no solo de ?l, sino de sus sucesores. ?Sicut enim quaedam dicuntur quae ad apostolum Petrum propriae pertinere videantur, nec tamen habent illustrem intellectum, nisi cum referuntur ad Ecclesiam, cuius ille agnoscitur in figura gestasse personam, propter primatum quem in discipulis habuit? [Algunas cosas, se dice, parecen pertenecer propiamente al ap?stol Pedro, sin embargo?quienes as? piensan?no tienen un entendimiento iluminado, pues se las ha de referir a la Iglesia de la que se confiesa, represent? la figura en su persona a causa del primado que tuvo entre los disc?pulos] [9].

Para San Agust?n, por la comuni?n con la sede apost?lica se tiene la adhesi?n a los ap?stoles, y eso es as? solamente en la verdadera Iglesia. Es de entender entonces que para ?l, solamente el testimonio de la Iglesia de occidente es decisivo, ya que en occidente se encuentre la sede del pr?ncipe de los ap?stoles: ?Puto tibi eam partem orbis sufficere debere, in qua primum apostolorum voluit Dominus gloriosissimo martyrio conorare. Cui Ecclesiae praesidentem beatum Innocentium si audire voluisses, iam tum periculosam iuventutem tuam pelagianis laqueis exuisses?. [10] [Considero que te debe bastar esa parte del orbe en la que el Se?or quiso coronar al primero de los ap?stoles con un martirio glorios?simo. Si quisieras o?r al beato Inocencio que es quien preside a esta Iglesia, librar?as tu peligrosa juventud de las insidias pelagianas].

Adicionalmente vemos al obispo de Hipona, someter sus obras al Papa Bonifacio, no para instruirle, sino para solicitar su aprobaci?n y censura si fuere necesario: ?Haec ergo quae. . . respondeo, ad tua potissimum dirigere sanctitatem, non tam discenda quam examinanda, et ubi forsitan aliquid displicuerit emendanda, constitui? [11] [Estas cosas que. . . respondo, he decidido dirigir de modo especial a tu santidad no para instruir sino para que sean examinadas, y donde tal vez haya algo que displiciera, sea enmendado]. Es de entender entonces porqu? San Agust?n hace tambi?n referencia al obispo de Roma como ?El Obispo de la Sede Apost?lica?.

San Agust?n y la sumisi?n de los obispos africanos a Roma

Obispo Strossmayer

Otro alegato promovido por ciertos protestantes consiste en afirmar que San Agust?n amenaz? con excomulgar a quienes apelaran a Roma en la controversia pelagiana. Luego de investigar encontramos el origen de este argumento en un art?culo de la web cristianismo-primitivo. org [12] que no hace sino transcribir literalmente una porci?n del discurso falsamente atribu?do al obispo Strossmayer, participante del Concilio Vaticano I que dice ". . . siendo secretario del Concilio de Melive, escribi?, entre los decretos de esta venerable asamblea: "Todo fiel u obispo que apelase a los de la otra parte del mar, no ser? admitido a la comuni?n por ninguno en las Iglesias de Africa". [13]

Es importante aclarar que, entre otros, el sacerdote cat?lico Juan Carlos Sack, (IVE)?director de apologetica.org?luego de una exhaustiva investigaci?n, demostr? que dicho discurso es una falsificaci?n. Como consecuencia la mayor?a de sitios de apolog?tica protestantes retiraron las copias del discurso al verificar su evidente falsedad. [14] No obstante eso, aun siguen circulando art?culos que lo citan como prueba. Sorprendentemente el art?culo que extrae la informaci?n del fraudulento discurso incluye textualmente los errores ortogr?ficos de la versi?n que circulaba en la web (i.e. "M?live" por Milevi).

Lo que realmente ocurri? luego de los concilios de C?rtago y Milevi fue que el mismo San Agust?n escribi? al Papa para que confirmara las decisiones de los susodichos concilios (411, 412 y 416) condenando el pelagianismo. Fue entonces cuando el Papa Inocencio confirm? las decisiones de los concilios reserv?ndose el deber de citar a Pelagio y Celestio, y de reformar, si era necesario, la sentencia de Di?spolis, donde conden? la doctrina incriminada en una carta conocida como "In requirendis" dirigida a los obispos que se reunieron en los concilios de Cartago y Milevi.

En dicha carta el Papa se alegra que se haya desenmascarado al pelagianismo y se haya recurrido a la sede de Roma para solucionar o confirmar las resoluciones, puesto que la sede de Pedro goza de la autoridad vinculante a toda la Iglesia.

Lo mejor de todo es que cuando San Agust?n da a conocer al pueblo las decisiones de Roma, pronunci? esta c?lebre frase: ?Iam de hac causa duo concilia missa sunt ad sedem apostolicam: inde etiam rescripta venerunt. Causa finita est, utinam aliquando finiatur error? La cual podr?a traducirse como: ?Ya por este motivo se han enviado dos misivas a la sede apost?lica y tambi?n de all? han venido dos rescriptos. La causa ha terminado y con ella queda finalmente terminado el error?. [15]

Despu?s de considerar todo esto, es casi incre?ble escuchar de los autores de estos art?culos frases como ?Los obispos de este continente [Africa] no reconoc?an al de Roma y castigaban con excomuni?n a los que recurriesen a su arbitraje? [16] ?Debemos interpretar que San Agust?n debi? haberse excomulgado a s? mismo por apelar a Roma?

San Agust?n, el Papa Z?simo y los pelagianos

En ciertos c?rculos protestantes se acusa frecuentemente al Papa Z?simo de aprobar el pelagianismo y a San Agust?n de resistirle. Esto ocurri? luego de que Z?simo sucediera a Inocencio I (que muri? en el 417). Pelagio y Celestio enviaron apelaciones a la Sede Romana. Es de hacer notar que hasta los herejes sab?an a qui?n apelar.

Las decisiones de Inocencio I hab?an sido contundentes pero Z?simo quer?a comprobar si realmente Pelagio y Celestio hab?an ense?ado las doctrinas condenadas como her?ticas. A continuaci?n cito la Enciclopedia Cat?lica que da una detallada explicaci?n sobre los hechos:

"El sentido de justicia de Z?simo le imped?a castigar a alguien con excomuni?n, siendo ?ste dudosamente convicto de su error. Y, si los pasos recientemente dados por los dos que se defend?an hab?an sido considerados, las dudas que debieron surgir sobre este punto no fueron enteramente carentes de fundamento. En el 416 Pelagio public? un nuevo trabajo, ahora perdido, ?De libero arbitrio libri IV? que, en su fraseolog?a parece inclinarse hacia la concepci?n agustiniana de gracia y del bautismo de los infantes, aunque en principio no se separe del anterior punto de vista del mismo autor. . . Pelagio envi? esta obra junto con una confesi?n de fe que a?n se conserva. En ella testimonia su obediencia como la de un ni?o, humildemente necesitado y, al mismo tiempo reconoce inexactitudes fortuitas que pueden ser corregidas por ?l quien ?sostiene la misma fe y el parecer de Pedro?. Todo esto fue dirigido a Inocencio I, de cuyo deceso Pelagio no se hab?a a?n enterado. Celestio quien, mientras tanto, hab?a cambiado su residencia de ?feso a Constantinopla, pero hab?a sido proscrito desde entonces por el obispo anti-pelagiano Atico, dio activamente pasos hacia su rehabilitaci?n. En el 417 fue a Roma en persona y dej? a los pies de Z?simo una confesi?n de fe detallada (Fragmentos, P. L. , XLV, 1718), en ?sta afirma su creencia en todas las doctrinas, ?desde que hay un Dios Uno y Trino hasta la resurrecci?n de los muertos? (cf. S. Agust?n, "De peccato orig. ", xxiii). Muy contento con esta fe cat?lica y obediencia, Z?simo envi? dos cartas diferentes (P. L. , XLV, 1719 sqq. ) a los obispos africanos, diciendo que, en el caso de Celestio, los obispos Heros y L?zaro hab?an procedido sin la debida circunspecci?n y que, Pelagio tambi?n, como se hab?a probado por su reciente confesi?n de fe, no se hab?a desviado de la verdad cat?lica. Como para el caso de Celestio, quien estaba entonces en Roma, el Papa encarg? a los Africanos revisar la anterior sentencia o acusarlo de herej?a delante del mismo Papa dentro de dos meses. El mandato papal golpe? Africa como una bomba. Con gran rapidez se convoc? un s?nodo en Cartago en noviembre del 417, y se escribi? a Z?simo pidi?ndole no rescindir la sentencia que su predecesor, Inocencio I, hab?a pronunciado contra Pelagio y Celestio, hasta que ambos hubieran confesado la necesidad de la gracia interior para todos los pensamientos, palabras y actos saludables. Al fin Z?simo se detuvo. Por un rescripto del 21 de marzo del 418, asegur? a ellos que no se hab?a pronunciado definitivamente, sino que hab?a despachado al Africa todos los documentos sobre el pelagianismo para pavimentar el camino hacia una nueva investigaci?n conjunta. De acuerdo con el mandato papal se celebr? el primero de mayo del 418, en presencia de 200 obispos, el famoso Concilio de Cartago, que otra vez tipific? al pelagianismo como una herej?a en ocho (o nueve) c?nones (Denzinger, "Enchir. ", 10th ed. , 1908, 101-8). "

Lo m?s que podr?a demostrarse con este evento?adem?s del hecho de que hasta los herejes apelaban a Roma?es que el Papa Z?simo fue h?bilmente enga?ado, quiz? complaciente, excesivamente indulgente o simplemente precipitado, y que San Agust?n plenamente conciente de la doctrina predicada por los heresiarcas, quer?a hacerle entender al Papa que la cuesti?n ya hab?a sido zanjada por su predecesor y que, por lo tanto, no deb?a revocar dichas sanciones.

Decisivo es sin embargo que el propio Agust?n es quien defiende el Papa Z?simo de las acusaciones donde Juliano le intenta utilizar a su favor:

??Por qu?, para persistir en tu error perverso, acusas de prevaricaci?n al obispo de la Sede Apost?lica Z?simo, de santa memoria? Pues no se apart? ni un ?pice de la doctrina de su predecesor, Inocencio I, al que temes nombrar. Prefieres citar a Zosimo, porque en un principio actu? con cierta benevolencia con Celestio?? [18]

San Cipriano

San Cipriano

Importante te?logo africano nacido hacia el a?o 200 d. C. Elegido obispo de Cartago en el 248 y martirizado el 258. De ?l se conservan una gran variedad de escritos (una docena de op?sculos y 81 cartas). Sobre su vida se conserva el Vita Cypriani, (un conjunto de manuscritos atribuidos a su di?cono Poncio) y sobre su martirio se conservan las Actae proconsulariae Cypriani, basada en documentos oficiales. Durante su vida se enfrent? a dos conflictos importantes. Uno, sobre la actitud a tomar con quienes en tiempos de persecuci?n hab?an accedido a ofrecer sacrificios a ?dolos, y el bautismo de los herejes el cual no reconoc?a como v?lido, a diferencia del Papa. Es precisamente por eso que los protestantes le citan, y alegan que de haberle reconocido con una autoridad superior a la suya (como Papa) hubiera cedido y no se hubiera llegado a una situaci?n cercana al cisma?lo cual nunca lleg? a ocurrir porque ambos fueron martirizados durante la persecuci?n de Valeriano?Podr?a reconocerse, en esta tard?a resistencia, que el santo ten?a ideas algo exageradas sobre la independencia de los obispos, pero sus escritos respecto a la primac?a del obispo de Roma como sucesor de Pedro son tan claros que no se puede negar su reconocimiento del primado romano.

?El Se?or habla a San Pedro y le dice: ?Yo te digo que t? eres Pedro y sobre esta piedra edificar? mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecer?n contra ella?? Y aunque a todos los ap?stoles confiere igual potestad despu?s de su resurrecci?n y les dice: ?As? como me envi? el Padre, tambi?n os env?o a vosotros. Recibid el Esp?ritu Santo. Si a alguno perdonareis los pecados, le ser?n perdonados; si alguno se los retuviereis, le ser?n retenidos?, sin embargo, para manifestar la unidad estableci? una c?tedra, y con su autoridad dispuso que el origen de esta unidad empezase por uno. Cierto que lo mismo eran los dem?s Ap?stoles que Pedro, adornados con la misma participaci?n de honor y potestad, pero el principio dimana de la unidad. A Pedro se le da el primado, para que se manifieste que es una la Iglesia de Cristo?El que no tiene esta unidad de la Iglesia ?cree tener fe?. . El que se opone y resiste a la Iglesia, ?Tiene la confianza de encontrarse dentro de la Iglesia?. . . El episcopado es uno solo, cuya parte es pose?da por cada uno in solidum. La Iglesia tambi?n es una, la cual se extiende con su prodigiosa fecundidad en la multitud, a la manera que son muchos los rayos del sol, y un solo sol, y muchos los ramos de un ?rbol, pero uno solo el tronco fundado en firme ra?z, y cuando varios arroyos proceden de un mismo manantial, aunque se haya aumentado su n?mero con la abundancia de agua, se conserva la unidad de su origen. Separa un rayo del cuerpo del sol: la unidad no admite la divisi?n de la luz, corta un ramo del ?rbol: este ramo no podr? vegetar, ataja la comunicaci?n del arroyo con el manantial y se secar?. As? tambi?n la Iglesia, iluminada con la luz del Se?or, extiende sus rayos por todo el orbe; pero una sola es la luz que se derrama por todas partes, sin separarse la unidad del cuerpo; con su fecundidad y lozan?a extiende sus ramos por toda al tierra, dilata largamente sus abundantes corrientes, pero una es la cabeza, uno el origen y una la madre, abundante en resultados de fecundidad. De su parto nacemos, con su leche nos alimentamos y con su esp?ritu somos animados (trad. Caminero 4, 404-5). [19]

As?, en el pensamiento del santo, todos son ap?stoles pero uno tiene el primado del cual dimana la unidad, y que sin comuni?n con esta unidad no se pertenece verdaderamente a la Iglesia. Cabe resaltar que esta no es precisamente la posici?n protestante.

En los escritos de San Cipriano se pueden encontrar evidencias adicionales de la autoridad del obispo de Roma sobre la Iglesia. La primera la tenemos cuando estalla la persecuci?n de Decio (250). San Cipriano se oculta pero env?a una carta a la Iglesia de Roma explicando las razones que le motivaron a huir:

?He cre?do necesario escribiros esta carta para daros cuenta de mi conducta, de mi conformidad de la disciplina y de mi celo?Pero aunque ausente en el cuerpo, he estado presente en esp?ritu?? [20].

Es evidente que en ese momento reconoc?a en la Iglesia de Roma una autoridad a quien dar cuentas, de lo contrario, una carta a Roma justificando su conducta hubiera sido innecesaria.

Otra evidencia la encontramos en su Ep?stola CIX. En ella se ve como unos herejes en conflicto con San Cipriano recurren a la Iglesia de Roma por medio de cartas para que el Papa actuara en su favor. A pesar de que San Cipriano no ve con buenos ojos esta actitud, porque seg?n su criterio ellos deben defender su posici?n ante su propio obispo, demuestra nuevamente que, inclusive de parte de los cism?ticos, hab?a conocimiento de que la autoridad de la Iglesia de Roma era superior a la del resto, y de all? su apelaci?n a ella. Es notable tambi?n como en la ep?stola San Cipriano se refiere a la Iglesia de Roma como a la ?c?tedra de Pedro? y la Iglesia principal de la que brot? la unidad del sacerdocio: ?ad ecclesiam principalem unde unitas sacerdotalis exorta est?.

?Ellos no tuvieron bastante con apartarse del Evangelio, con arrancar a los herejes la esperanza del perd?n y la penitencia, con apartar de todo sentimiento y fruto de penitencia a los enredados en robos, o manchados con adulterios, o contaminados con el funesto contagio de los sacrificios, de suerte que ?stos ya no ruegan a Dios ni confiesan sus pecados en la Iglesia; no se contentaron con constituir fuera de la Iglesia y contra la Iglesia un convent?culo de facci?n corrompida, al que pudieran acogerse la caterva de los que tienen mala conciencia y no quieren ni rogar a Dios ni hacer penitencia. Despu?s de todo esto, todav?a, habi?ndose dado un falso obispo, creaci?n de los herejes, han tenido la audacia de hacerse a la vela y de llevar cartas de parte de los cism?ticos y profanos a la c?tedra de Pedro, a la Iglesia principal de la que brot? la unidad del sacerdocio; y nisiquiera pensaron que aquellos son los mismos romanos cuya fe alab? el Ap?stol cuando les predic?, a los que no deber?a tener acceso la perfidia. ?Por qu? fueron all? a anunciar que hab?a sido creado un pseudo-obispo contra los obispos? Porque, o se sienten satisfechos de lo que hicieron y con ello perseveran en su crimen, o se arrepienten y se retractan y ya saben ad?nde han de volver. Porque fue establecido por todos nosotros que es cosa a la vez razonable y justa que la causa de cada uno se trate all? donde se cometi? el crimen y que cada uno de los pastores tenga adscrita una porci?n de la grey, que cada uno ha de regir y gobernar dando cuenta de sus actos al Se?or. Por tanto, los que son nuestros s?bditos, no han de andar de ac? para all?, ni han de lacerar la coherente concordia de los obispos con su audacia astuta y enga?osa, sino que han de defender su causa all? donde pueda haber acusadores y testigos de su crimen. A no ser que se crea que la autoridad de los obispos establecidos en Africa es demasiado peque?a para esos pocos desesperados y pervertidos?. [21]

En la ep?stola CXVII ocurre algo similar, Cipriano denuncia que Basilides, luego de haber confesado ser culpable fue a la lejana Roma a apelar a la autoridad de Esteban?a la saz?n Obispo de Roma?y enga?arle para que le restituya en el obispado. Nuevamente, de tener todos los obispos la misma autoridad, no tendr?a sentido este m?s que frecuente tipo de apelaciones al obispo de Roma, y tampoco ser?a posible que este pudiera restaurar a alg?n obispo a su ministerio. Sin embargo esto no es nada nuevo, desde el primer siglo hay evidencia temprana de c?mo el obispo de Roma disciplinaba y dictaba sentencias en comunidades en conflicto . Por ejemplo, en el caso de la disensi?n en Corinto ya mencionada en el art?culo anterior.

?Con toda diligencia hay que guardar la tradici?n divina y las pr?cticas apost?licas, y hay que atenerse a lo que se hace entre nosotros que es lo que se hace casi en todas las provincias del mundo, a saber, que para hacer una ordenaci?n bien hecha, los obispos m?s pr?ximos de la misma provincia se re?nan con el pueblo al frente del cual ha de estar el obispo ordenando, y ?ste se elija en presencia del pueblo, ya que ?ste conoce muy bien la vida de cada uno y ha podido observar por la convivencia el proceder de sus actos. As? vemos que se hizo tambi?n entre vosotros en la ordenaci?n de nuestro colega Sabino: se le confiri? el episcopado y se le impusieron las manos para que sustituyera a Basilides por el sufragio de toda la comunidad de hermanos y el de los obispos que estuvieron presentes y el de los que os enviaron su voto por carta. No puede invalidar esta ordenaci?n jur?dicamente bien hecha el que Basilides, despu?s que sus cr?menes quedaron patentes y que ?l mismo confes? su culpa, fuera a Roma y enga?ase a nuestro colega Esteban ?que reside lejos y no ten?a conocimiento de los hechos ni de la verdad?, a fin de conseguir que fuera injustamente repuesto en el episcopado del que con justicia hab?a sido despose?do. Esto s?lo significa que los cr?menes de Basilides no s?lo no han sido borrados, sino que se han aumentado, puesto que a sus faltas anteriores se ha a?adido el crimen de enga?o e impostura. No hay que culpar tanto a aquel que por descuido se dej? sorprender cuanto hay que anatematizar a ?ste que lo sorprendi? con sus fraudes. Pero si Basilides pudo sorprender a los hombres, no puede sorprender a Dios, pues est? escrito que 'de Dios nadie se burla' (G?latas 6, 7)? [22]

Conclusi?n

Podemos concluir resaltando este noble consejo de Cipriano. Nadie puede burlarse de Dios, nadie puede enga?arlo, aunque a veces sea posible enga?ar y confundir a los fieles por un tiempo limitado. Es necesario considerar seriamente qu? clase de servicio puede estar haci?ndole a Dios?y a la verdad que Dios mismo es?aquella persona que cita selectivamente de fuentes honestas con la intenci?n de afirmar doctrinas que esas mismas fuentes nunca sostuvieron ?Desde cu?ndo la deshonestidad intelectual es parte del Evangelio? ?Es posible echar mano de la mentira para defender a Cristo? Jam?s ning?n cristiano ha tenido que recurrir al enga?o para afirmar el Evangelio.

Quienes citan de fuentes falsas?como en el caso del discurso que falsamente se atribuye al Obispo Strossmayer?o se aprovechan de la ignorancia del p?blico para poner en boca de los padres de la Iglesia unas ideas que ellos jam?s afirmaron, cometen una grave falta, levantando falso testimonio y ayudando a la perdici?n de las almas y a la difamaci?n de la eterna y verdadera doctrina.

Referencias

[1] San Agust?n, Sermones 295; PL 38, 1348-1352
[2] Catecismo de la Iglesia Cat?lica, 552
[3] Catecismo de la Iglesia Cat?lica, 553
[4] San Agust?n, Ep?stolas 53, 2
[5] San Agust?n, Contra epistolae Mani 4, 5
[6] De Baptismo; 4, 17. 24
[7] E. Cp Parm; 2, 11, 25
[8] Epistolae 43, 7
[9] In Psalmi CVIII, t. XXXVII, col 1431
[10] Contra Iulianum pelagianum, I, IV, 13 t. XLIV, col 648
[11] Contra duas epistolae Pelagiae, I, 1 t. XLIV, col 549-551
[12] La sucesi?n apost?lica y la infalibilidad Papal, http://www.cristianismo-primitivo.org/estudios/papado%20e%20infabilidad.htm
[13] Discurso Por el Obispo Strossmayer en el Vaticano del A?o 1870, http://www.javieraguacero.org/verdad1.htm
[14] Sobre el famoso discurso del obispo Strossmayer en el Concilio Vaticano I, http://www.apologetica.org/strossmayer.htm
[15] Sermones, 131, 10, 10; Ep 1507.
[16] El Papado, Alejandro Matos
[17] Enciclopedia Cat?lica, Pelagianismo
[18] San Agust?n, Contra Iulianum pelagianum; VI, XII, 37, Obras completas San Agust?n Tomo XXXV, pag. 876
[19] San Cipriano, De la Unidad de la Iglesia, 4, 5
[20] Epistolae, 20
[21] San Cipriano, Epistolas; 59, 14; Sobre la legitimidad de la apelaci?n a Roma
[22] San Cipriano, Epistolas 67, 5
[23] http: //www. corazones. org/santos/gregorio_magno. htm
[24] Lorraine Boettner, Roman Catholicism, 127

Publicado por mario.web @ 3:50
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