Jueves, 09 de junio de 2011

NOTA INTRODUCTIVA

Esta publicaci?n tiene como ?nico objetivo la presentaci?n de un cuadro general del Consejo Pontificio para los Laicos que permita comprender su peculiar identidad, sus finalidades institucionales, sus tareas y atribuciones, sus ?rganos y estructura, destinado a los interlocutores de este dicasterio, a todos los que est?n interesados en su trabajo, as? como tambi?n a quienes entren en contacto con ?l por cualquier motivo.

Si bien esta publicaci?n ilustra su g?nesis y desarrollo, no puede ser considerada como una suerte de rese?a, y menos a?n con pretensiones exhaustivas, de los programas y de las actividades llevadas a cabo por el Consejo hasta la actualidad. Se pueden solicitar al secretariado del dicasterio informaciones m?s detalladas al respecto, que se pondr?n con todo gusto a disposici?n.

Un dicasterio de la Santa Sede no puede ser definido sino a la luz del magisterio pontificio y, en modo especial, de los documentos y de las orientaciones de los Papas que se han referido directamente a ?l o a la Curia romana en general. Es por eso que hemos retomado sobre todo este material, agregando algunas referencias a escritos espec?ficos sobre la materia.

I PRESENTACION

1. Dicasterio de la curia romana al servicio de los fieles laicos

El Consejo Pontificio para los Laicos es un dicasterio de la Curia romana, que coadyuva al Sumo Pont?fice en el ejercicio de su supremo oficio pastoral para bien y servicio de la Iglesia universal y de las Iglesias particulares en lo que ata?e a la promoci?n y a la coordinaci?n del apostolado de los laicos y, en general, a la vida cristiana de los laicos en cuanto tales.(1) Su ?ndole ministerial resalta muy claramente si se la considera desde la perspectiva indicada por el Concilio Vaticano II: ? En el ejercicio de su potestad suprema, plena e inmediata sobre la Iglesia universal, el Romano Pont?fice se vale de los dicasterios de la Curia romana, los cuales, por lo tanto, cumplen su funci?n en nombre y por autoridad del mismo Pont?fice, para bien de las Iglesias y en servicio de los sagrados Pastores ?.(2)

El Consejo es, pues, uno de los instrumentos que, con inmediata adhesi?n, pronta obediencia y disponibilidad de servicio, asisten al Pastor universal de la Iglesia en el ?mbito de las competencias por ?l mismo asignadas a cada uno de ellos, de modo que la misi?n confiada por Cristo a Pedro y a sus sucesores sea cumplida lo m?s eficazmente posible.

Su peculiaridad se manifiesta ya, en cierto modo, en la posici?n singular que el dicasterio ocupa en el conjunto de los organismos que constituyen la Curia romana. Si bien su nombre lo acomuna a los dem?s Consejos Pontificios, se distingue de ellos porque tiene por objeto un estado de vida o categor?a de cristianos ?los ? christifideles ? laicos?, a diferencia de los que est?n orientados a cuidar una determinada realidad o fomentar una actividad determinada, como la vida familiar, la cultura, la justicia y la paz, el ecumenismo... En este sentido, por su materia y, en parte, por su horizonte y su finalidad, se asemeja a algunas Congregaciones, como la Congregaciones para el Clero o para los Religiosos.(3)

2. Or?genes

La renovada conciencia del misterio de la Iglesia y de su misi?n en el mundo, que se manifest? en el Concilio Vaticano II, no pod?a no inspirar una profunda reforma de la Curia, que Pablo VI emprendi? con la constituci?n apost?lica Regimini Ecclesiae Universae del 15 de agosto de 1967, en la que, junto a las seculares congregaciones, a los tribunales y a los dem?s oficinas curiales, se creaban nuevos dicasterios y secretariados, creados para responder m?s plenamente a la tarea de aplicar las ense?anzas e indicaciones del Concilio.

El Consejo Pontificio para los Laicos tiene su origen en una propuesta formulada en el n?mero 26 del decreto conciliar Apostolicam Actuositatem, sobre el apostolado de los laicos. Su nacimiento oficial fue establecido por Pablo VI el 6 de enero de 1967 con el Motu proprio Catholicam Christi Ecclesiam. Al t?rmino de su primer per?odo experimental de cinco a?os, el Pont?fice declaraba: ? A nadie se le oculta que el Consejo de Laicos est? destinado a desempe?ar una misi?n privilegiada en la Iglesia ?.(4) De ?l, el mismo Pablo VI dir? al a?o siguiente, que ? est? consolid?ndose cada d?a m?s como un instrumento insustituible y eficiente para la promoci?n del laicado en la Iglesia ?.(5) A diez a?os de su nacimiento, el 10 de diciembre de 1976, con otro Motu proprio, Apostolatus peragendi, Pablo VI lo reformaba, incorpor?ndolo entre los dicasterios permanentes de la Curia romana. Crecido ? en experiencia y madurez ?,(6) apreciadas ? las se?ales evidentes de un servicio fiel, de la importancia de sus-tareas para la vida de la Iglesia y el ministerio del Papa ?,(7) Juan Pablo II ?quien, como arzobispo de Cracovia, fue durante a?os uno de sus consultores? no cesa de alentarlo, confirm?ndolo nuevamente en el ejercicio de las exigentes responsabilidades que le competen. Su competencia y estructura fundamentales est?n actualmente definidas en el cuadro de la constituci?n apost?lica Pastor Bonus sobre la Curia romana del 28 de junio de 1988.

3.? Naturaleza y finalidad

?

? Fruto del Concilio ?,(8) el Consejo Pontificio para los Laicos no puede ser entendido cabalmente sino en cuanto signo elocuente y fecundo de una renovada comprensi?n de la Iglesia como misterio de comuni?n misionera, en la que ha crecido la conciencia de la dignidad y de la corresponsable participaci?n de los fieles laicos.

Pablo VI amaba indicar al nuevo organismo dos ineludibles polos de referencia: los laicos y la jerarqu?a. ? Vuestro Consejo ?, afirmaba, ? debe mantenerse en una actitud de escucha y de di?logo, sensible para discernir en sus ambientes de vida (de los fieles laicos) las necesidades y las posibilidades de salvaci?n,(9) invit?ndolo a ? recoger los ecos procedentes de todos los horizontes, trayendo al mismo tiempo las llamadas que surgen de la vida bajo todos sus aspectos, y la forma bajo la cual se organizan los laicos cristianos, a trav?s de los diversos continentes y de los diversos pa?ses, para responder a las mismas ?.(10) En esa perspectiva, dijo a los superiores, a los miembros y consultores del ? Consilium de Laicis ?: ? Vosotros sois (...) los testigos directos de estos movimientos de pensamiento y de acci?n, de sus m?ltiples manifestaciones y de los profundos sentimientos que los inspiran. Pod?is apreciar los aspectos positivos que encierran y ofrecernos preciosos elementos de juicio (...) y esperamos que vuestro sentido de Iglesia, vuestra adhesi?n a quien hoy es su jefe visible (...) os impulse tambi?n a servir de int?rpretes de nuestras ideas ante vuestros hermanos, a ser portadores del eco de nuestras preocupaciones de Pastor, de nuestras consignas y de las directrices que nos corresponde dar para el apostolado ?.(11) En esta perspectiva, agregaba el Pont?fice, hay que ? recordar y demostrar que el celo y la abnegaci?n no bastan. Son necesarias la reflexi?n, la meditaci?n, la confrontaci?n permanente con el Evangelio y el magisterio de la Iglesia ?.(12) Por eso, es fundamental la responsabilidad del dicasterio de promover ? la articulaci?n del apostolado de los laicos con el de la Jerarqu?a, dos fuerzas que la misma Constituci?n de la Iglesia no permite imaginar divergentes ?.(13) El Consejo tiene, pues, que contribuir para que se establezca ? una corriente ? en ese ? organismo vivo ? que es la Iglesia, en virtud de la cual ? la cabeza y los miembros est?n estrechamente unidos, en un mismo amor a Cristo Salvador, que las preocupaciones de los hijos sean conocidas y compartidas por el padre, pero tambi?n que la palabra del padre sea escuchada, comprendida y llevada a la pr?ctica por todos los hijos ?.(14)

Esta doble, indisociable y fecunda referencia ha sido retomada por Juan Pablo II como caracter?stica y estilo fundamentales del servicio del dicasterio: ? Por una parte, ten?is que prestar atenci?n particular a trav?s de la escucha y el di?logo, a las aspiraciones, necesidades y retos que se manifiestan en la vida de los laicos como personas, en sus familias, movimientos y comunidades cristianas, y asimismo en sus diferentes cometidos sociales y culturales (...). Por otra parte, deb?is evaluarlos a la luz de la Revelaci?n y de la Tradici?n cristiana, velando para que se lleven a cabo con esp?ritu de fidelidad a la Palabra de Dios y al Magisterio de la Iglesia ?(15) y ? en profunda comuni?n con los pastores, a su vez unidos a la C?tedra de Pedro ?.(16) Este servicio a los laicos del mundo entero ?llamados a edificar la Iglesia, fundada y continuamente renovada por los dones sacramentales, jer?rquicos y carism?ticos no puede, por lo tanto, prescindir de una atenta consideraci?n de todo lo que el Esp?ritu de Dios suscita en la vida de las personas y las comunidades.

Cuando se trata de promover y alentar la participaci?n de los fieles laicos en la vida y misi?n de la Iglesia, una actitud realista sabe bien que hablar del ? laicado ? significa referirse a personas muy diferentes, en una gran diversidad de condiciones y contextos de vida, con dis?miles niveles de formaci?n cristiana y en una pluralidad de modalidades de compromiso. Sabe tambi?n que el laicado no puede ser comprendido sino a la luz de una eclesiolog?a de comuni?n y de misi?n en relaci?n a las concretas condiciones de vida en el mundo. No es una casualidad, pues, la estrecha vinculaci?n existente entre el decreto Apostolicam actuositatem y las constituciones conciliares Lumen Gentium sobre la Iglesia y Gaudium et Spes sobre la Iglesia en el mundo contempor?neo.(17)

El amplio horizonte del servicio del dicasterio ha sido claramente indicado por Pablo VI y Juan Pablo II.(18) ? El campo (...) es inmenso. Y la tarea considerable: evangelizar a las personas, a las culturas, trabajar desde dentro, como la levadura en la santificaci?n del mundo, impregnar el orden temporal del esp?ritu evang?lico, para la construcci?n de un mundo m?s digno de los hombres, hijos de Dios ?.(19) A?os despu?s, Juan Pablo II se?alaba una vez m?s al Consejo Pontificio para los Laicos: ? Una tarea inmensa que nos ha legado el gran acontecimiento conciliar: la de hacer que un n?mero siempre creciente de cristianos se comprometan a vivir consciente y coherentemente su sacerdocio de bautizados, como piedras del edificio de Cristo, ciudadanos y protagonistas de un pueblo peregrino ?.(20)


Publicado por mario.web @ 3:57
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