Lunes, 13 de junio de 2011

Homil?a del cardenal Bertone ante la tumba del beato

CIUDAD DEL VATICANO, s?bado, 17 noviembre 2007 (ZENIT.org).- Publicamos la homil?a que pronunci? el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado, el 10 de noviembre en Fort?n Mercedes, durante una misa celebrada ante la tumba del beato Ceferino Namuncur?.

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Queridos hermanos y hermanas:

"El Dios de Abrah?n, Dios de Isaac, Dios de Jacob, no es Dios de muertos, sino de vivos".

Esta tarde celebramos la Eucarist?a, es decir nuestra acci?n de gracias al Dios de los vivos, en la tumba del venerable siervo de Dios Ceferino Namuncur?, que ma?ana, por voluntad del Santo Padre Benedicto XVI, ser? inscrito en el cat?logo de los beatos.

Ante este luminoso ejemplo de santidad juvenil queremos reconocer y proclamar que el amor es m?s fuerte que la muerte. Mirando a este peque?o y, sin embargo, gran h?roe de la fe, deseamos confesar la perenne validez de la paradoja evang?lica del "perder la vida para encontrarla de nuevo", inscrita ante todo en el coraz?n de Dios y, despu?s, como consecuencia, en el coraz?n humano. La vida entregada, regalada, "gastada" en favor de los otros, no muere nunca: permanece para siempre. El amor total, que es don gratuito de s? mismo, rompe las barreras, acerca los pueblos y las culturas, acrecienta la humanidad, y deja el signo indeleble de la vida que no muere.

Este es el proyecto del "pan partido y del vino derramado", que ahora celebramos, y que Ceferino, enamorado de la Eucarist?a, personific? generosamente durante su corta vida.

En la noche del Jueves santo de 1904, un a?o antes de morir, vivi? ?l una profunda y misteriosa experiencia eucar?stica. "Oy? una voz suave" ?as? confes? Ceferino un d?a despu?s a sus amigos?, "una voz que me llamaba insistentemente, dici?ndome: "Ven, amigo, ven". Me sorprendi? no ver a nadie junto a mi cama; pero, cuando me despert?, descubr? en mis manos una estampa de la Eucarist?a, que tengo siempre la costumbre de poner en la funda de la almohada, y cuando la bes?, me pareci? o?r nuevamente aquella insistente invitaci?n".

"Ven, amigo, ven": el Dios de los vivos llamaba a Ceferino a la vida eucar?stica, a esa vida que deja vac?a la tumba y vence la muerte.

?Qu? puede ofrecer a nuestra existencia un adolescente que muere, cuando apenas tiene diecinueve a?os? ?Qu? mensaje nos ha dejado con su breve existencia? ?Qu? es lo que qued? grabado en el coraz?n de quienes lo conocieron?

Muchas cosas han quedado impresas en el coraz?n de quien conoci? a Ceferino. Los testimonios del proceso can?nico est?n envueltos, por as? decir, en una atm?sfera de admiraci?n y nostalgia. Como muestra, se puede recordar un frase de mons. Cagliero. Contemplando emocionado el candor que irradiaba la figura de Ceferino, el ap?stol de la Patagonia exclam?: "En este muchacho se ve que reina la gracia".

Se ha dicho, y es verdad, que "hace m?s ruido un ?rbol que cae que un bosque que crece". Los peri?dicos generalmente est?n llenos de "otras historias", las que manifiestan los l?mites de nuestra humanidad y la triste herencia del pecado original. Sin embargo, no debemos olvidar que la historia de los hombres es, sobre todo, una historia de gracia, siempre sostenida e iluminada por la providencia de Dios


Publicado por mario.web @ 19:47
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