Jueves, 16 de junio de 2011

La frase dicha por Mar?a, la Virgen, en las bodas de Can?, es ruta
?nica para los disc?pulos de Cristo que quieren inmolarse en la fe de
los siglos. Esa consigna de obediente sumisi?n brota de la Primera
Cristiana como un s? emancipador, como un equilibrio de vida y
esperanza. No son palabras aprendidas en un curso de ?ltimo cu?o, ni
una reivindicaci?n a la tr?gala. Son el producto de una eterna
complacencia con la verdad liberadora, con el Cristo Nuestro Se?or,
sanador por excelencia.

? Toda la acci?n pastoral de la Iglesia viaja por el Cristo
Resucitado, eje y canal de la gracia divina. La Santa Iglesia, Cristo
en el tiempo, custodia los abastos de gracia para que ?stos no sean
contaminados con ilusiones, choques sicol?gicos, argumentos de
ficci?n. La mente tiene sus rutas, la fe las suyas, y ?stas,
sobrepasan los esfuerzos humanos. Para creer es necesario abrir el
coraz?n a la luz divina, a la trascendencia que nos arropa con su amor
y su verdad.

? La inspiraci?n divina llega en vasijas arcanas. Es un don para el
creyente que se deja abrazar por el misterio. Dios comunica la virtud
que rueda por la existencia y se torna en manantial de "h?gase tu
voluntad", que es la respuesta m?s contundente para no caer en la
tentaci?n, ni en precipicios de muerte. El fiel cristiano se asegura
de que va por el campo correcto al hablar y escuchar a los que tienen
la autoridad de custodiar y proteger el dep?sito de la fe, que son los
sucesores de los Ap?stoles.

? La Virgen Mar?a, Madre de la Iglesia, dirige a sus hijos hacia el
Se?or Jes?s para que ?l sea el que deslinde los campos y cambie el
agua en vino en una fiesta de esponsales que es esquisitez de la
gracia divina. Mar?a siempre es la ruta por excelencia para llegar con
toda confianza a su Hijo que es Se?or y Salvador. Ella no obstaculiza,
ni pone reparos, sino que se ofrece toda ella en humildad y obediencia
para no defraudar al Cristo Muerto y Resucitado por nosotros.

? La vida de fe requiere de una constante luz que nos haga ver el
camino de esta jurisdicci?n terrenal. Aunque siempre en tensi?n porque
somos caminantes de la tierra y propensos a la duda, la apacible
llegada de la Virgen hace la diferencia. Junto a Ella volcamos nuestro
ser en llamas y cantamos el Am?n de los siglos, que es apertura hacia
la eternidad.

De: Nelson Luis Rom?n Santiago


Publicado por mario.web @ 3:58
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