S?bado, 25 de junio de 2011

SE CUMPLEN 50 A?OS DE LAS POL?MICAS APARICIONES

RODOLFO VARGAS RUBIO

El domingo 18 de junio de 1961, es decir hace cincuenta a?os, tuvo lugar la primera de una serie de manifestaciones conocidas como las apariciones de Garabandal. Conviene repasar la historia de las manifestaciones de San Sebasti?n en dicha localidad, pueblo situado en una peque?a meseta en medio de las estribaciones de la cordillera Cant?brica, a 600 metros de altura y a 90 kil?metros de Santander (a cuya provincia pertenece y de cuya circunscripci?n episcopal depende eclesi?sticamente), con una poblaci?n de alrededor de 300 habitantes hacia 1960. En este lugar viv?an cuatro ni?as, unidas por v?nculo de amistad: Conchita Gonz?lez Gonz?lez (nacida el 7 de febrero de 1949), Jacinta Gonz?lez Gonz?lez (nacida el 27 de abril de 1949), Mari Loli Maz?n Gonz?lez (nacida el 1? de mayo de 1949) y Maricruz Gonz?lez Barrido (nacida el 21 de junio de 1950). A pesar del apellido Gonz?lez, com?n a las cuatro, no ten?an parentesco pr?ximo entre s?. As? pues, tres de ellas ten?an 12 a?os y la cuarta 11 en el momento en que se convirtieron en protagonistas de uno de los fen?menos m?s interesantes en la historia de las revelaciones privadas.

Era el domingo 18 de junio de 1961. Despu?s de las funciones religiosas en la iglesia parroquial (uno de los pocos entretenimientos de los pac?ficos habitantes de este lugar tan apartado del tr?fago urbano), todos hac?an tiempo hasta el momento de la cena. Conchita y Maricruz jugaban en la encrucijada m?s o menos desahogada en la que desembocaban las callejuelas del pueblo y que llamaban ?la Plaza? cuando se les ocurri? animar la tarde yendo a coger manzanas al huerto de un vecino, en las afueras del pueblo, al borde de ?la Calleja?, un camino que conduce a ?los Pinos?, peque?o emplazamiento en el que crec?an ocho de estos ?rboles, plantados por el abuelo de Conchita. En el momento de perpetrar la infantil travesura, pasaban por el paraje Mari Loli y Jacinta, acompa?adas de otras dos ni?as. Estas dos ?ltimas siguieron su camino mientras las otras se un?an a sus amigas, escondi?ndose todas al o?r la voz del due?o del manzano (que era el maestro del pueblo).

En eso, sintieron un fragor como de trueno. Miraron hacia el cielo pensando en una tormenta de verano, pero no vieron nubes. Conchita cay? en la cuenta de que hab?an obrado mal tomando fruta en huerto ajeno y dijo a las otras que quiz?s hab?an entristecido al ?ngel de la guarda con su acci?n, inspirada seguramente por el diablo. En su ingenuidad, empezaron a tirar guijarros a su izquierda, del lado en que pensaban que se hallaba el tentador seg?n lo que por entonces se explicaba a los ni?os al instru?rseles en el catecismo. Fue en medio de esta acci?n cuando Conchita vio un ?ngel, cayendo en arrobamiento y no dejando de exclamar ??Ah, ah!?. Las dem?s ni?as pensaron que su amiga era presa de un ataque e iban a avisar a su madre cuando tambi?n ellas cayeron en ?xtasis y exclamaron al un?sono: ?Ay, el ?ngel!?.

M?s tarde, describir?an c?mo vieron al ?ngel a la maestra do?a Serafina G?mez. A las preguntas de ?sta respondieron: ?El ?ngel vino con una t?nica azul, larga, suelta y sin costuras. Las alas rosas, muy grandes. Su rostro peque?o, ni alargado ni redondo. Los ojos negros. Las manos muy finas. Las u?as cortadas. Los pies invisibles. Parec?a tener unos nueve a?os, pero a pesar de ser tan joven, daba la impresi?n de poseer una fuerza invencible?. Se les present? entre grandes resplandores, que, sin embargo, no las cegaban. La visi?n fue breve; sin decir palabra, en medio de un corto silencio de las ni?as el ser celestial desapareci?. Vueltas en s?, las cuatro se fueron corriendo con una mezcla de susto y emoci?n en direcci?n de la iglesia. En el camino encontraron a una ni?a que les pregunt? por qu? iban tan p?lidas y azoradas. Le respondieron: ??Es que hemos visto al ?ngel!? y siguieron su camino mientras ella iba a contar a sus amigas lo que le acababan de decir, corri?ndose as? la voz, ya desde los primeros momentos, de que algo fuera de lo com?n hab?a sucedido en el hasta entonces apacible villorrio.

Al llegar a la iglesia, en vez de entrar de inmediato se fueron por detr?s para desahogar la excitaci?n que llevaban dentro. Otras ni?as las vieron y les preguntaron el motivo de su llanto. Volvieron a dar la misma respuesta: ??Es que hemos visto al ?ngel!?. Y mientras las chicas part?an a la carrera para cont?rselo a la maestra, las cuatro amigas, un poco m?s calmadas, entraron en la iglesia. All? les dio alcance do?a Serafina, que las interrog? sobre lo que dec?an haber visto. La buena maestra, que era como una segunda madre para sus alumnas, las conoc?a bien y sab?a que se trataba de jovencitas normales, para nada dadas a exaltaciones de misticismo. Su hablar franco y llano la convenci? de que no se inventaban la aparici?n que dec?an haber visto. Entonces les propuso rezar una estaci?n al Sant?simo Sacramento, lo que hicieron en medio de una mezcla de sollozos y de risas producto de la impresi?n que hab?an recibido. Acabada la devoci?n regresaron a sus respectivas casas.

Las cuatro fueron re?idas por llegar tarde, ya anochecido. Cada una cont? a los suyos lo que les hab?a acontecido. La madre de Conchita, despu?s de mucho replicar con su hija acab? inclin?ndose a creerle despu?s de haberse mostrado esc?ptica. Maricruz fue re?ida por su madre al enterarse por una vecina de lo que se andaba diciendo por el pueblo por cuenta de su hija y sus amigas. Tem?a que hiciera el rid?culo ?con los ?ngeles y las cosas de la Iglesia?. A Mariloli tampoco le crey? su madre, que la envi? como de costumbre a dormir a casa de su abuela para hacerle compa??a. La anciana not? que, al rezar las oraciones de la noche, su nieta temblaba y le pregunt? qu? le pasaba. Despu?s de escucharla hablarle de la aparici?n del ?ngel, sin darle todav?a cr?dito, la tranquiliz? y rez? con ella el ofrecimiento del escapulario del Carmen antes de acostarse. En cuanto a Jacinta, ni su madre ni su hermano mayor le creyeron, pero su padre dijo que conoc?a bien a su hija y que la sab?a incapaz de inventarse algo como lo que les cont?. As? termin? el 18 de junio de hace cincuenta a?os.

Esta primera manifestaci?n del que despu?s se sabr?a que era el arc?ngel san Miguel, fue el preludio de un aut?ntico torrente de apariciones (m?s de dos mil entre 1961 y 1965). Las de la Sant?sima Virgen, bajo la advocaci?n del Carmen, empezaron con la del 2 de julio del mismo a?o de 1961 en los Pinos. Conchita la describe as?: ?La Virgen viene con un vestido blanco, con flores blancas, manto azul, corona de estrellucas doradas, no se le ven los pies; las manos estiradas con el escapulario en la derecha; el escapulario es marr?n; el pelo largo ?casi hasta la cintura? cay?ndole por los hombros y la espalda; color casta?o obscuro, ondulado; la nariz alargada, fina; la boca muy bonita, con los labios un poquito grueso, el color de la cara es trigue?o, m?s claro que el del ?ngel, diferente a la vez, muy bonita; una voz muy rara ?extraordinaria? no s? c?mo explicarlo ?dulc?sima? no hay mujer que se parezca a la Virgen, ni en la voz ni en nada ?los ojos negros?. Estatura mediana un poco alta, cuerpo muy proporcionado?. Algunos quisieron ver una muestra de que las apariciones eran cosa de las ni?as en el hecho de que se les apareciera la Virgen del Carmen vestida con manto azul y no de marr?n, pero resulta que, al aparec?rsele a san Sim?n Stock en el siglo XIII, la Madre de Dios se le mostr? vestida tal como dice Conchita. El h?bito marr?n de Nuestra Se?ora del Carmelo es posterior.


Publicado por mario.web @ 7:10
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